martes, 23 de abril de 2013

Capítulo 12: Todo comienza (Parte II)


“…Sigue mirando por la ventana de su habitación hacia el bosque, aguantando cada lágrima que amenaza con salir de sus ojos, preguntándose una y otra vez dónde está su hijo.”

Sus manos pararon de teclear. Un dolor de cabeza empezó a venirle y el hambre y la sed acudieron a ella. Se agarró a la mesa un momento, para no caerse de la silla dado que había empezado a marearse, respiró hondo y, lentamente, Fanny abrió los ojos. Parpadeó unas cuantas veces para aclarar la vista y miró su alrededor para orientarse, seguía en la habitación de Hugo. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? Fanny no lo sabía. De repente, alguien abrió la puerta. Hugo entraba con un vaso de agua, cuando la vio al fin con los ojos abiertos, sonrió.

-Y decías que no podías concentrarte-dijo alegre.

-¿Cuánto tiempo llevo escribiendo?

-Veamos-pensó Hugo-viniste aquí a las nueve de la mañana, empezaste a escribir a las diez y media y son las seis de la tarde, así que llevas escribiendo siete horas y media.

-Vaya-dijo asombrada.

De pronto, el hambre y la sed volvieron a llamar su atención.

-Necesito…-empezó a decir Fanny.

-Comida y bebida, lo sé-completó Hugo-Te he dejado un plato de filetes de pollo con queso, un yogurt, cerezas, una jarra de agua y un vaso-finalizó levantando la mano.

-Gracias-dijo Fanny sonriente.

-No me las des, es normal que tengas hambre después de todo lo que has escrito.-se acercó al ordenador portátil de Fanny y miró en la esquina inferior izquierda-Madre mía, cien páginas escritas.

Empezó a ojear el documento de Word que Fanny había escrito, eran historias diferentes, que no tenían que ver nada unas entre otras.

-¿Qué es lo que he escrito?-preguntó Fanny mientras se bebía un vaso de agua.

-No hay muchas cosas interesantes, todo se centra en la capital de Elimara, Camskar.-siguió ojeando cada una de las cien páginas escritas- la mayoría de las historias no están enteras, solo hay fragmentos-continuó-.Toma, sigue mirando tú.

Fanny asintió y continuó con lo que había estado haciendo Hugo, mientras éste salía por la puerta. Vio que tenía razón: solo había pequeñas historias que describían el bosque, la luna, una niña recogiendo manzanas, otros niños jugando al escondite en su casa, una mujer limpiando la cocina… Llegó rápidamente a la última página, y lo que vio hizo que se le helara la sangre.

Hugo volvió a entrar, con un trozo de galleta en la mano.

-¿Qué pasa?-dijo cuando vio la expresión de la cara de Fanny.

-En el último fragmento que he escrito, hablo del padre de Max.

 

 

-Vamos, por favor, despierta-suplicó Dalia llorando, arrodillada en la cama de Cristel-por favor, por favor…

Igor entró por la puerta en ese mismo momento y casi se derrumba. Ver a Dalia así era casi lo que más le dolía de esos momentos, ella había sido como su hermana mayor siempre, y a los hermanos se les coge cariño. La imagen de Dalia, fuerte, que lo aguanta todo, que siempre consigue arreglar cualquier cosa que él siempre había visto en ella, parecía haberse desvanecido. Acababa de volver a aplicar la Terapia del Fuego en Cristel, pues ésta se estaba agitando bastante durante su estado de inconsciencia. Ya era la tercera vez que la aplicaba en el día, y solo eran las seis de la tarde. Lo mejor después de la Terapia del Fuego es sumirse en un sueño que repare todas tus fuerzas perdidas, pues tienes que poner una gran concentración en ella, pero Dalia llevaba sin dormir desde las seis de las cinco de la mañana porque Cristel empezaba a gritar, pero sin despertarse por desgracia. Cada vez se sentía peor por Dalia, se le notaba cansada, pero se negaba a dormir hasta la noche.

-Dalia-dijo Igor.

Ella le miró, tenía los ojos llorosos y la cara mojada por sus lágrimas, igual que las sábanas de Cristel.

-Cambio de turno, me toca a mí.

-Pero si aún no son las seis y media-replicó Dalia con voz llorosa, mientras se secaba las lágrimas.

-Da igual, es solo media hora, vete tranquila y duerme un poco, que lo necesitas.

Dalia fue a replicar, pero estaba cansada y sabía que Igor tenía razón necesitaba dormir un buen rato. Se levantó del suelo y estiró un poco su camiseta. Después sonrió un poco a su amigo para agradecerle el favor y se fue camino de su cuarto.

Igor la vio marchar y luego se sentó en una silla, mirando a Cristel y reflexionando. Luego se dio cuenta de un detalle, Max no estaba allí, cosa que era rara porque en toda la semana prácticamente no había salido de esa habitación, ¿dónde estaría ahora?

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