“…Sigue mirando por la ventana de
su habitación hacia el bosque, aguantando cada lágrima que amenaza con salir de
sus ojos, preguntándose una y otra vez dónde está su hijo.”
Sus manos pararon de teclear. Un
dolor de cabeza empezó a venirle y el hambre y la sed acudieron a ella. Se
agarró a la mesa un momento, para no caerse de la silla dado que había empezado
a marearse, respiró hondo y, lentamente, Fanny abrió los ojos. Parpadeó unas
cuantas veces para aclarar la vista y miró su alrededor para orientarse, seguía
en la habitación de Hugo. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? Fanny no lo sabía. De
repente, alguien abrió la puerta. Hugo entraba con un vaso de agua, cuando la
vio al fin con los ojos abiertos, sonrió.
-Y decías que no podías
concentrarte-dijo alegre.
-¿Cuánto tiempo llevo
escribiendo?
-Veamos-pensó Hugo-viniste aquí a
las nueve de la mañana, empezaste a escribir a las diez y media y son las seis
de la tarde, así que llevas escribiendo siete horas y media.
-Vaya-dijo asombrada.
De pronto, el hambre y la sed
volvieron a llamar su atención.
-Necesito…-empezó a decir Fanny.
-Comida y bebida, lo sé-completó
Hugo-Te he dejado un plato de filetes de pollo con queso, un yogurt, cerezas,
una jarra de agua y un vaso-finalizó levantando la mano.
-Gracias-dijo Fanny sonriente.
-No me las des, es normal que
tengas hambre después de todo lo que has escrito.-se acercó al ordenador
portátil de Fanny y miró en la esquina inferior izquierda-Madre mía, cien
páginas escritas.
Empezó a ojear el documento de
Word que Fanny había escrito, eran historias diferentes, que no tenían que ver
nada unas entre otras.
-¿Qué es lo que he
escrito?-preguntó Fanny mientras se bebía un vaso de agua.
-No hay muchas cosas
interesantes, todo se centra en la capital de Elimara, Camskar.-siguió ojeando
cada una de las cien páginas escritas- la mayoría de las historias no están
enteras, solo hay fragmentos-continuó-.Toma, sigue mirando tú.
Fanny asintió y continuó con lo
que había estado haciendo Hugo, mientras éste salía por la puerta. Vio que
tenía razón: solo había pequeñas historias que describían el bosque, la luna,
una niña recogiendo manzanas, otros niños jugando al escondite en su casa, una
mujer limpiando la cocina… Llegó rápidamente a la última página, y lo que vio
hizo que se le helara la sangre.
Hugo volvió a entrar, con un
trozo de galleta en la mano.
-¿Qué pasa?-dijo cuando vio la
expresión de la cara de Fanny.
-En el último fragmento que he
escrito, hablo del padre de Max.
-Vamos, por favor,
despierta-suplicó Dalia llorando, arrodillada en la cama de Cristel-por favor,
por favor…
Igor entró por la puerta en ese
mismo momento y casi se derrumba. Ver a Dalia así era casi lo que más le dolía
de esos momentos, ella había sido como su hermana mayor siempre, y a los
hermanos se les coge cariño. La imagen de Dalia, fuerte, que lo aguanta todo,
que siempre consigue arreglar cualquier cosa que él siempre había visto en
ella, parecía haberse desvanecido. Acababa de volver a aplicar la Terapia del
Fuego en Cristel, pues ésta se estaba agitando bastante durante su estado de
inconsciencia. Ya era la tercera vez que la aplicaba en el día, y solo eran las
seis de la tarde. Lo mejor después de la Terapia del Fuego es sumirse en un
sueño que repare todas tus fuerzas perdidas, pues tienes que poner una gran
concentración en ella, pero Dalia llevaba sin dormir desde las seis de las
cinco de la mañana porque Cristel empezaba a gritar, pero sin despertarse por
desgracia. Cada vez se sentía peor por Dalia, se le notaba cansada, pero se
negaba a dormir hasta la noche.
-Dalia-dijo Igor.
Ella le miró, tenía los ojos
llorosos y la cara mojada por sus lágrimas, igual que las sábanas de Cristel.
-Cambio de turno, me toca a mí.
-Pero si aún no son las seis y
media-replicó Dalia con voz llorosa, mientras se secaba las lágrimas.
-Da igual, es solo media hora,
vete tranquila y duerme un poco, que lo necesitas.
Dalia fue a replicar, pero estaba
cansada y sabía que Igor tenía razón necesitaba dormir un buen rato. Se levantó
del suelo y estiró un poco su camiseta. Después sonrió un poco a su amigo para
agradecerle el favor y se fue camino de su cuarto.
Igor la vio marchar y luego se
sentó en una silla, mirando a Cristel y reflexionando. Luego se dio cuenta de
un detalle, Max no estaba allí, cosa que era rara porque en toda la semana
prácticamente no había salido de esa habitación, ¿dónde estaría ahora?
No hay comentarios:
Publicar un comentario