Hugo soltó una pequeña risita y
dejó los prismáticos en la cama de su habitación.
-Terapia del Fuego-dijo en voz
baja, hablando para sí-hacía tiempo que no lo oía.
Alguien llamó a la puerta de su cuarto y, rápidamente,
guardó los papeles que había sacado una hora antes.
-Hola, ¿puedo pasar?-dijo una voz
femenina detrás de la puerta.
Hugo se levantó de la silla y fue
a abrirla.
-Claro-le dijo-entra.
-Gracias-respondió la chica con
una sonrisa, mientras entraba en aquella habitación.
Era de un tamaño normal, con una
ventana encima de un escritorio marrón, donde encima habían colocado un
ordenador portátil blanco.. Las paredes estaban pintadas de un tono naranja que
la chica rubia de ojos azules nunca había visto. En un lateral del cuarto,
había una cama de una estatura normal. Encima de ésta, había una pequeña
estantería roja, con un montón de suvenires encima. Detrás de la cama, había un
gran bloque de estanterías colgado en la pared, donde encima estaban colocados
unos cuantos libros y fotos.
-Soy Hugo, ¿y tú?
-Eva-respondió con otra
sonrisa-soy la hija de, como la llama todo el mundo, “La Chismosa”
-Pues no te pareces mucho a ella
la verdad-respondió Hugo, recordando la imagen de Doña Luisa.
-Eso es porque me adoptó, a mis
cuatro años.
-Oh, eso explica muchas cosas.
-¿Cómo cuáles?-preguntó Eva-¿qué
no sea morena ni tenga los ojos verdes? ¿Ni la más alta del instituto?
-No, que no seas una chica que
presume de todo y que no es capaz de guardar un secreto. Una pena que tengas la
marca de “Chismosa Junior” en la frente.
-Eso es porque la gente no sabe
que no soy su hija de verdad. Pero prefiero esa marca a que todo el mundo se
compadezca de mi, que me pregunten de dónde soy en realidad o el por qué me
abandonaron mis padres…
-Te entiendo, yo tampoco tengo
padres. Ellos… ellos murieron hace dos años-soltó Hugo por fin, sin saber por
qué le confesaba esto a una chica que acababa de conocer mientras que ni si
quiera Fanny sabía esto.
-Vaya lo siento mucho. Es peor
perder a tus padres cuando los conoces más.
Ángel cerró la puerta de su casa
tras salir. Eran las seis de la tarde y se dirigía a casa de Clary para que los
tres amigos fueran juntos a la fiesta de La Chismosa. Suspiró, eso es lo que
eran y serían siempre, amigos, y nada más.
Pero no debía derrumbarse así,
tenía que aguantar, no permitiría que Clary le viera triste. Se obligó a
sonreír y a pensar en cosas buenas que le hubieran pasado, esa noche tenía que
pasárselo genial.
-Max, venga, tenemos que irnos
ya-dijo Dalia.
-Ya voy-contestó Max.
A él no le parecía bien que,
después de que Dalia se pasara hasta la una de la tarde con La Terapia del
Fuego para ayudar a Cristel fuera a la fiesta. En cuanto acabó con su trabajo,
cayó dormida en el suelo, y no se había despertado hasta las siete. Eso le
había hecho recuperar parte de su sueño, pero Max estaba seguro de que no era
suficiente. Aún así Dalia se había preparado para ir a la fiesta, tenían que ir
todos los demás ahora que Asier se quedaba para cuidar a Cristel porque no
querían que la gente se preocupara demasiado y empezara a hacer preguntas, si
solo se quedaba uno de ellos en casa, le restarían importancia ante la gente de
la fiesta a lo que Cristel pasaba.
Por otra parte, Khalil no se
había recuperado del todo. Había pasado gran parte de la noche llorando por el
problema de su hermana, diciendo que todo era culpa suya por no haberse dado
cuenta antes. Pero aunque él no quería salir de casa, Vito le había obligado,
no podía permitir que Khalil se siguiera lamentando todo el día.
-¡Max!-gritó Vito, bastante
estresado, desde la puerta-¡Mueve el culo o llegaremos tarde!
-¡Ya voy!
Se fue con los demás, e igual de
preocupados todos, se marcharon de la calle para ir a casa de La Chismosa.
Sonó el timbre de la casa de
Clary. Las dos amigas, ya arregladas, fueron a abrir la puerta.
Fanny llevaba el vestido que le
había prestado a Clary en su cita con Max, unas sandalias marrones con unos
pocos centímetros de tacón y las uñas pintadas del mismo color del vestido,
pero con un tono diferente. También llevaba el colgante de La Luna de Elimara,
si se encontraba con Max, quería hacerle ver que hacía caso a lo que le había
dicho la noche anterior, en su casa, que aceptaba lo que era y que no tenía
miedo a creerlo. Clary llevaba un vestido blanco que le llegaba por las
rodillas. A diferencia del de Fanny, éste llevaba un cinturón negro y se ataca
con una fina cinta al cuello. Llevaba también unas manoletinas negras, pero no
se había pintado las uñas como su amiga, pero si se había puesto unas cuantas
pulseras en su mano derecha.
Volvió a sonar el timbre.
-¡Ya vamos Ángel!-gritó Clary
desde el final de las escaleras.
Fanny abrió la puerta y salió a
la calle, con Ángel. Él fue a preguntar, pero Fanny se adelantó y respondió
antes de que Ángel formulara su pregunta.
-En seguida viene, ha ido a coger
sus llaves de casa.
Ángel sonrió, algo avergonzado de
ser tan predecible.
-Bien, vámonos-dijo Clary
cerrando la puerta detrás de sí.
Ángel se quedó mirándola un
momento. Cada vez que la veía se enamoraba más, y esa noche no era una
excepción, sobre todo con lo preciosa que estaba su amiga en ese momento.
Clary se dio cuenta de que la
estaba mirando, pero no dijo nada, simplemente sonrió y se apartó un mechón
rizado de la cara, feliz de que el chico que la gustaba se hubiera fijado en
ella.
Y los tres se fueron a la casa donde se celebraría una
de las famosas fiestas de Doña Luisa.
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