lunes, 1 de abril de 2013

Capítulo 10: Empezando a creer (Parte II)


Hugo soltó una pequeña risita y dejó los prismáticos en la cama de su habitación.

-Terapia del Fuego-dijo en voz baja, hablando para sí-hacía tiempo que no lo oía.

Alguien llamó  a la puerta de su cuarto y, rápidamente, guardó los papeles que había sacado una hora antes.

-Hola, ¿puedo pasar?-dijo una voz femenina detrás de la puerta.

Hugo se levantó de la silla y fue a abrirla.

-Claro-le dijo-entra.

-Gracias-respondió la chica con una sonrisa, mientras entraba en aquella habitación.

Era de un tamaño normal, con una ventana encima de un escritorio marrón, donde encima habían colocado un ordenador portátil blanco.. Las paredes estaban pintadas de un tono naranja que la chica rubia de ojos azules nunca había visto. En un lateral del cuarto, había una cama de una estatura normal. Encima de ésta, había una pequeña estantería roja, con un montón de suvenires encima. Detrás de la cama, había un gran bloque de estanterías colgado en la pared, donde encima estaban colocados unos cuantos libros y fotos.

-Soy Hugo, ¿y tú?

-Eva-respondió con otra sonrisa-soy la hija de, como la llama todo el mundo, “La Chismosa”

-Pues no te pareces mucho a ella la verdad-respondió Hugo, recordando la imagen de Doña Luisa.

-Eso es porque me adoptó, a mis cuatro años.

-Oh, eso explica muchas cosas.

-¿Cómo cuáles?-preguntó Eva-¿qué no sea morena ni tenga los ojos verdes? ¿Ni la más alta del instituto?

-No, que no seas una chica que presume de todo y que no es capaz de guardar un secreto. Una pena que tengas la marca de “Chismosa Junior” en la frente.

-Eso es porque la gente no sabe que no soy su hija de verdad. Pero prefiero esa marca a que todo el mundo se compadezca de mi, que me pregunten de dónde soy en realidad o el por qué me abandonaron mis padres…

-Te entiendo, yo tampoco tengo padres. Ellos… ellos murieron hace dos años-soltó Hugo por fin, sin saber por qué le confesaba esto a una chica que acababa de conocer mientras que ni si quiera Fanny sabía esto.

-Vaya lo siento mucho. Es peor perder a tus padres cuando los conoces más.

 

 

 

Ángel cerró la puerta de su casa tras salir. Eran las seis de la tarde y se dirigía a casa de Clary para que los tres amigos fueran juntos a la fiesta de La Chismosa. Suspiró, eso es lo que eran y serían siempre, amigos, y nada más.

Pero no debía derrumbarse así, tenía que aguantar, no permitiría que Clary le viera triste. Se obligó a sonreír y a pensar en cosas buenas que le hubieran pasado, esa noche tenía que pasárselo genial.

 

-Max, venga, tenemos que irnos ya-dijo Dalia.

-Ya voy-contestó Max.

A él no le parecía bien que, después de que Dalia se pasara hasta la una de la tarde con La Terapia del Fuego para ayudar a Cristel fuera a la fiesta. En cuanto acabó con su trabajo, cayó dormida en el suelo, y no se había despertado hasta las siete. Eso le había hecho recuperar parte de su sueño, pero Max estaba seguro de que no era suficiente. Aún así Dalia se había preparado para ir a la fiesta, tenían que ir todos los demás ahora que Asier se quedaba para cuidar a Cristel porque no querían que la gente se preocupara demasiado y empezara a hacer preguntas, si solo se quedaba uno de ellos en casa, le restarían importancia ante la gente de la fiesta a lo que Cristel pasaba.

Por otra parte, Khalil no se había recuperado del todo. Había pasado gran parte de la noche llorando por el problema de su hermana, diciendo que todo era culpa suya por no haberse dado cuenta antes. Pero aunque él no quería salir de casa, Vito le había obligado, no podía permitir que Khalil se siguiera lamentando todo el día.

-¡Max!-gritó Vito, bastante estresado, desde la puerta-¡Mueve el culo o llegaremos tarde!

-¡Ya voy!

Se fue con los demás, e igual de preocupados todos, se marcharon de la calle para ir a casa de La Chismosa.

 

 

Sonó el timbre de la casa de Clary. Las dos amigas, ya arregladas, fueron a abrir la puerta.

Fanny llevaba el vestido que le había prestado a Clary en su cita con Max, unas sandalias marrones con unos pocos centímetros de tacón y las uñas pintadas del mismo color del vestido, pero con un tono diferente. También llevaba el colgante de La Luna de Elimara, si se encontraba con Max, quería hacerle ver que hacía caso a lo que le había dicho la noche anterior, en su casa, que aceptaba lo que era y que no tenía miedo a creerlo. Clary llevaba un vestido blanco que le llegaba por las rodillas. A diferencia del de Fanny, éste llevaba un cinturón negro y se ataca con una fina cinta al cuello. Llevaba también unas manoletinas negras, pero no se había pintado las uñas como su amiga, pero si se había puesto unas cuantas pulseras en su mano derecha.

Volvió a sonar el timbre.

-¡Ya vamos Ángel!-gritó Clary desde el final de las escaleras.

Fanny abrió la puerta y salió a la calle, con Ángel. Él fue a preguntar, pero Fanny se adelantó y respondió antes de que Ángel formulara su pregunta.

-En seguida viene, ha ido a coger sus llaves de casa.

Ángel sonrió, algo avergonzado de ser tan predecible.

-Bien, vámonos-dijo Clary cerrando la puerta detrás de sí.

Ángel se quedó mirándola un momento. Cada vez que la veía se enamoraba más, y esa noche no era una excepción, sobre todo con lo preciosa que estaba su amiga en ese momento.

Clary se dio cuenta de que la estaba mirando, pero no dijo nada, simplemente sonrió y se apartó un mechón rizado de la cara, feliz de que el chico que la gustaba se hubiera fijado en ella.
Y los tres se fueron a la casa donde se celebraría una de las famosas fiestas de Doña Luisa.

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