-¿Por qué?-preguntó Hugo mientras
acariciaba la suave cabellera de Fanny mientras ella apoyaba la cabeza en su hombro.
-¿Por qué el qué?
-¿Por qué no querías hablar
conmigo?
-No lo sé Hugo, no lo sé. Es
complicado, todo esto está pasando muy deprisa y supongo que…
-Te asusta, ¿no es eso?
-Sí, pero no sé por qué.
-Porque no me conoces del todo.
Entiendes la causa de Max, porque la has escrito, pero no sabes nada de mí. Eso
es porque no soy ninguno de tus personajes, no aparezco en tu libro, no puedes
escribir lo que me ha pasado ni lo que me pasará.
-Sí, tienes razón. ¿También me
puedes explicar eso?
-Hay dos razones.
Fanny esperó pacientemente a que
Hugo le explicara ambas razones, pero descubrió que no pensaba decirlo.
-¿Cuáles son?-preguntó.
-Piensa Fanny, ¿qué hacen Los
Donistas?
Fanny cerró los ojos y volvió a
la conversación que había tenido con Max la noche anterior, donde, en dos
horas, le había explicado prácticamente todo, desde lo que les estaba pasando
en Alcorcón, hasta las tradiciones y otras cosas de Elimara. Recordó su
tranquila voz: “Los Donistas solo se producían con una mezcla de razas. Aunque
no lo parezca, los de Elimara y La Ciudad sin Alma son diferentes razas, a
simple vista no encuentras diferencia entre unos y otros, parecen seres
humanos, pero, si te fijas muy bien, descubrirás que los ahora llamados
desalmados, tienen un pelo muy extraño, con diferentes tonalidades de su color,
según su estado de ánimo. Bien, tras esta explicación, se deduce que la mezcla
de razas es de humanos y desalmados. Ahora esto no ocurre, porque se supone que
los desalmados están malditos. Bien, Los Donistas predicen el futuro, pasado y
presente de la gente de Elimara y La Ciudad sin Alma…”
-Claro, me contaste que tus
padres son… eran-se corrigió Fanny-de Elimara, pero tú no. Los Donistas
predicen el pasado, presente y futuro de las personas de Elimara y La Ciudad
sin Alma, pero no dice nada de los que viven fuera de allí. ¿Y la otra razón?
Hugo respiró hondo. Ni si quiera
sus padres habían llegado a averiguar lo que pensaba decirle a Fanny a
continuación, incluso Garci y él tardaron meses en averiguarlo. Cogió una de
las manos de Fanny como si lo necesitara para continuar. Giró la cabeza para
mirar a Fanny porque esto era muy importante para él y… y no pudo hablar. Se
había perdido en ella: en su mirada, que aun que fuera de un color oscuro, era
la mirada más brillante y bonita que había visto en su vida. En su suave
melena, tan larga que si no se la cortaba en unos meses, le llegaría por los
codos. En su brillante sonrisa, que le decía que se podía ser feliz con la cosa
más pequeña. Y se dio cuenta de que podía decírselo, de que podía darle la
segunda razón sin que pasara nada.
Así que se aceró más a ella y
acarició su mejilla. Fanny no se alejó y disfrutó de la caricia de Hugo. Entonces
lo dijo:
-La otra razón es que estoy
enamorado de una Donista.
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