“-Hugo, recuerda esto siempre,
nunca te enamores de una Donista. Puede ser bueno o malo. Si te enamoras de
una, no podrá adivinar tu pasado, lo que es bueno si has hecho algo malo, dado
que Los Donistas se toman el amor como un asunto privado, no pueden escribir
sobre ello porque sus escritos son públicos. Pero es malo, porque no puede
escribir tu futuro, no puede salvarte si lo necesitas, ni siquiera puede
ayudarte.”
Pero su sobrino no había hecho
caso de sus avisos y se había enamorado de Fanny. En el fondo, sabía que Hugo
no podía evitarlo, que él no decidía de quién se enamoraba y de quien no, pero
a Garci le fastidiaba igual, había hecho lo posible para que su sobrino no se
acercara a Fanny por si daba el extraño caso de que se enamorara, diciéndole
que no confiaba en él, pero había sido necesario, ya que la intervención de Los
Buscadores no había sido suficiente para que Fanny creyera. Ahora tenía miedo,
miedo de que su Hugo, el Hugo con el que había vivido tanto tiempo, el Hugo que
había encontrado gravemente herido en un callejón, volviera a sufrir y no
pudieran evitarlo.
-¿Más canapés Francisco?-preguntó
Luisa.
-No gracias, voy a dar un paseo
por su maravilloso jardín si no le importa-contestó, en un intento desesperado
por no seguir hablando con La Chismosa.
Y se fue a perderse por el gran
jardín.
-En seguida vuelvo-dijo Marco al
oído de su esposa.
Marta le sonrió cuando recibió un
cariñoso beso en la mejilla de su marido. Después de tanto tiempo, sabía que
aun quería a Marco. Bebió un poco más de su vaso de agua, aunque todos le
habían ofrecido, había decidido no beber el carísimo vino de Doña Luisa hasta
que sacaran la cena.
-Hola Tikia-dijo alguien detrás
de ella.
Tikia se sobresaltó, solo había
una persona que le llamara así. Se dio la vuelta y, en efecto, era él.
-Hola Francisco-dijo ella,
dejando claro que su vida como Tikia había acabado.
-Llámame Garci, para los amigos
no he cambiado de nombre.
-Pero tú ya no eres mi amigo, lo
dejaste de ser el día que quisiste arrebatarme a Fanny.
-No quise arrebatártela, ni
quiero hacerlo. Te lo estoy pidiendo, revélale quién eres, quiénes sois los
dos. Sabes que es la única que puede hacernos volver y…
-Pero yo no quiero volver-dijo
Tikia, cortándole-aquí soy feliz-añadió, con voz llorosa.
-No, no lo eres. A mí no me
engañas, aquí estás segura, pero no eres feliz, la echas de menos, como todos,
¿verdad? Y ese colgante era lo único que te hacía sentirte feliz aquí, porque
podías verla, ahora que tu hija lo tiene. Tus deseos de volver han aumentado.
Ningún habitante de Elimara puede pasar tanto tiempo como nosotros sin ver la
luna y no sentirse, aun que sea muy en el fondo, desgraciado.
-Pero yo no soy de Elimara.
-¡Sí lo eres! La Ciudad sin
Nombre era de Elimara hasta que llegó El Gran Mago, era la séptima bandera del
castillo de Gland, y para mí y otros sigue siendo parte de Elimara.
-Tú lo has dicho Garci, era de
Elimara, ahora allí soy una desalmada, incluso antes de ser los desalmados
éramos diferentes.
-Sí, y la gente os apreciaba, les
daba igual vuestra pequeña diferencia, y sin ese estúpido mago todo seguiría
igual.
-Pero ese “estúpido mago” como tú
dices sigue allí, ¿para qué voy a decírselo a Fanny? ¿Para qué descubra cómo
volver y vea que todos la odian por ser
la última Donista de Elimara? ¿Para qué la repudien? ¿Para qué sufra lo que
todos los sin nombre sufrimos?
-No, para vengar ese sufrimiento, para cambiar las cosas allí, para que todo vuelva a ser como antes. ¡Y para destruir a ese estúpido mago! Porque por muy poderoso que sea, sigue siendo un estúpido mago.
-No, para vengar ese sufrimiento, para cambiar las cosas allí, para que todo vuelva a ser como antes. ¡Y para destruir a ese estúpido mago! Porque por muy poderoso que sea, sigue siendo un estúpido mago.
-Es una locura, lo sabes,
¿quieres que me arriesgue a que mi hija muera o sufra por eso?
-Puede que sea una locura, pero
recuerda el lema de nuestro grupo, ¿te acuerdas de Camisas Negras? ¿Nuestro
grupo de cuando éramos más jóvenes? Elegimos ese nombre porque lo negro es lo
más difícil de ver, como nosotros, nadie nos encontraba si no queríamos, ¿lo
recuerdas?-hubo un breve silencio que Garci rompió-Claro que te acuerdas, es
imposible olvidarlo, piensa en nuestro lema: hasta la idea más loca, puede ser
posible.
Tikia no volvió a contestar, pero
una lágrima de añoranza resbaló por su mejilla.
-Piénsalo-dijo Garci antes de
marcharse y dejarla sola.
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