Todos se estaban divirtiendo en
la fiesta, al parecer, habían conseguido apartar todos sus problemas de su
cabeza.
Fanny acababa de despedirse de
Clary, que iba a por una Coca Cola a la cocina con Eva, cuando alguien la
abrazó por detrás de ella.
-Hola-dijo una voz masculina, muy
familiar para Fanny.
Miró para atrás y lo vio.
-Hola, Hugo-dijo con una sonrisa
en los labios.
Hugo le devolvió la sonrisa.
-Al fin se han ido esas pesadas,
¿no?
-¿Te parecen pesadas mis
amigas?-preguntó Fanny, algo más seria.
-Lo son cuando intento pasar un
rato a solas contigo-contestó cariñosamente, guiñándola un ojo.
Fanny empezó a ruborizarse sin
remedio.
-No te sonrojes-dijo Hugo con una
sonrisa.
-Si me dices que no me sonroje
voy a hacerlo más.
-Así que esto es la ley de Murphy, ¿eh?, y si te pido
que me beses, ¿no lo harás?
-Prueba a ver.
-Bésame-pidió Hugo.
Y Fanny se acercó a él hasta que
sus labios se rozaron, cada vez más cerca, pero Hugo no aguantó la espera y la
besó él.
De pronto, todos los invitados a
la fiesta oyeron un agudo chillido. La mayoría pensó que no sería nada, pero
los que sabían la verdad salieron corriendo del jardín, deseando no encontrar allí
a Cristel.
-No lo entiendo-dijo Dalia,
decepcionada y triste-le apliqué la Terapia del Fuego, ¿cómo es posible que
pase esto?
-Tranquila Dalia-intentó animarla
Fanny-tal vez haya que añadir algo al tratamiento, o hacer más veces esa
terapia.
Nada más oír el grito, Fanny,
Hugo y Los Buscadores habían salido en ayuda de Cristel. Después, Fanny se
había buscado una gran excusa para poder irse a casa de Max antes de que
acabara la fiesta. Ahora Los Buscadores, Hugo y Fanny estaban en una misma casa,
esperando a que Cristel despertara.
-Eso no servirá de nada
Fanny-dijo Hugo-lo que necesitan añadir es…
No pudo continuar porque un gritó
cortó sus palabras. Todos se asustaron aún más, ese grito no podía ser de
Cristel, no era su voz y provenía de la habitación de Igor, lo que era aún más
espeluznante porque todos estaban reunidos en el salón. Salieron corriendo,
asustados, en dirección al cuarto de Igor y, al llegar, Fanny comprendió:
-Dalia, Cristel estaba casi
recuperada, pero no estaría preparada para la llegada de un desalmado, ¿no es
así?
Dalia, que iba más retrasada que
ella, no la entendió hasta que vio que el grito provenía de una chica de más o
menos trece años, pálida y muy delgada que tiritaba de frío. En sus ojos, se
veía la marca del miedo y la desorientación.
-Por… por favor….-tartamudeó la
extraña desalmada- necesito… a… ayuda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario