domingo, 14 de abril de 2013

Capítulo 11: Ayuda (Parte IV)


Todos se estaban divirtiendo en la fiesta, al parecer, habían conseguido apartar todos sus problemas de su cabeza.

Fanny acababa de despedirse de Clary, que iba a por una Coca Cola a la cocina con Eva, cuando alguien la abrazó por detrás de ella.

-Hola-dijo una voz masculina, muy familiar para Fanny.

Miró para atrás y lo vio.

-Hola, Hugo-dijo con una sonrisa en los labios.

Hugo le devolvió la sonrisa.

-Al fin se han ido esas pesadas, ¿no?

-¿Te parecen pesadas mis amigas?-preguntó Fanny, algo más seria.

-Lo son cuando intento pasar un rato a solas contigo-contestó cariñosamente, guiñándola un ojo.

Fanny empezó a ruborizarse sin remedio.

-No te sonrojes-dijo Hugo con una sonrisa.

-Si me dices que no me sonroje voy a hacerlo más.

-Así que esto es la ley de Murphy, ¿eh?, y si te pido que me beses, ¿no lo harás?

-Prueba a ver.

-Bésame-pidió Hugo.

Y Fanny se acercó a él hasta que sus labios se rozaron, cada vez más cerca, pero Hugo no aguantó la espera y la besó él.

De pronto, todos los invitados a la fiesta oyeron un agudo chillido. La mayoría pensó que no sería nada, pero los que sabían la verdad salieron corriendo del jardín, deseando no encontrar allí a Cristel.

 

 

-No lo entiendo-dijo Dalia, decepcionada y triste-le apliqué la Terapia del Fuego, ¿cómo es posible que pase esto?

-Tranquila Dalia-intentó animarla Fanny-tal vez haya que añadir algo al tratamiento, o hacer más veces esa terapia.

Nada más oír el grito, Fanny, Hugo y Los Buscadores habían salido en ayuda de Cristel. Después, Fanny se había buscado una gran excusa para poder irse a casa de Max antes de que acabara la fiesta. Ahora Los Buscadores, Hugo y Fanny estaban en una misma casa, esperando a que Cristel despertara.

-Eso no servirá de nada Fanny-dijo Hugo-lo que necesitan añadir es…

No pudo continuar porque un gritó cortó sus palabras. Todos se asustaron aún más, ese grito no podía ser de Cristel, no era su voz y provenía de la habitación de Igor, lo que era aún más espeluznante porque todos estaban reunidos en el salón. Salieron corriendo, asustados, en dirección al cuarto de Igor y, al llegar, Fanny comprendió:

-Dalia, Cristel estaba casi recuperada, pero no estaría preparada para la llegada de un desalmado, ¿no es así?

Dalia, que iba más retrasada que ella, no la entendió hasta que vio que el grito provenía de una chica de más o menos trece años, pálida y muy delgada que tiritaba de frío. En sus ojos, se veía la marca del miedo y la desorientación.

-Por… por favor….-tartamudeó la extraña desalmada- necesito… a… ayuda.

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