-¿Quieres algo de comer o
beber?-preguntó Eva
-No gracias, estoy bien, ya
comeré con los demás-contestó Hugo.
Había pasado toda la tarde con
Eva y le caía bastante bien. Ahora estaban en su casa, preparando las cosas
para la fiesta. La casa era enorme, cosa que Hugo no entendía porque las demás
casas de la calle no se acercaban si quiera al tamaño de ésta. La fiesta se iba
a celebrar en un gran jardín ya preparado con mesas, comida, luces… Pero ni la
fiesta, ni la aparición de Eva, ni siquiera la Terapia del Fuego de Los
Buscadores habían podido quitarle a Fanny de la cabeza. Y estaba seguro de qué
era lo que le pasaba, por mucho que no quisiera: estaba enamorado. Esto era
nuevo para él, más bien toda su vida estaba siendo nueva para él. Nunca había
hecho amigos, ni se había quedado en un sitio más de un día, ni había tenido
casa, ni familia, ni se había enamorado… Siempre había ido de un sitio para
otro, sobreviviendo como podía en ese sitio, intentando localizar Elimara, solo
desde… desde la muerte de sus padres. No había vuelto a tener familia hasta
que, un día, Garci y Las Gemelas le encontraron, con un ojo morado y la boca
sangrando en un callejón de…
-¿…vas a nuestro
instituto?-concluyó Eva, sacándolo de su ensoñación.
-¿Qué?
-Que por qué no vas a nuestro
instituto, está más cerca de aquí que cualquiera, no lo entiendo.
-Es que vinimos de Valencia hace
poco y mi tío quiso matricularme pero no había plaza-mintió, en realidad
estudiaba con Garci en casa, no veían la necesidad de llevarle a un instituto.
-Pues deberías venir el año que
viene-le animó Eva-conoces a bastante gente en el instituto y eso de que tu tío
sea profesor allí es una ventaja, ¿no?
-Sí, podría, pero mi tío solo
está de sustituto.
-Bueno, siempre podría presentarse
como fijo y…
Sonó el timbre de la casa.
-Eva cielo, ¿puedes abrir? Estoy
poniéndome los pendientes nuevos.
-Voy-dijo en un suspiro.
Se marchó hacia la puerta,
dejando a Hugo solo, mientras volvía a sus pensamientos anteriores.
-Muchas gracias por
invitarnos-dijo Marta, que se había cruzado con Fanny y sus amigos de camino.
-No las des-dijo Eva sonriendo,
suplicando que pasaran rápido para poder seguir con Hugo. Era la única persona
de su edad que no la juzgaba por el comportamiento de su madrastra ni paraba de
preguntarle sobre cotilleos que ella no había escuchado nunca.
Los tres amigos dieron dos besos
a la anfitriona sin mucho ánimo y luego salieron al patio, dejando a Eva sola.
-¿Y tu madre?-preguntó Marta.
-En seguida baja, ir saliendo al
patio-contestó E va, sin
quitar la sonrisa de su cara, una sonrisa que suplicaba que la dejaran en paz y
se fueran de una vez.
Como si la entendieran, Marta y
Marco, los padres de Fanny, se fueron sin decir nada más. Eva dejo escapar un
suspiro de alivio y cerró la puerta. Se estaba a punto de irse otra vez con
Hugo cuando volvieron a llamar a la puerta. Se lamentó por dentro, ¿es que no
iban a dejarla nunca en paz?
Entraron al patio entre risas, y
Fanny se quedó de piedra. Sabía que tenía que ir a hablar con él pero no sabía
que decir, lo único que salió de su boca fue:
-Clary por favor, no me dejes
sola.
-¿Qué? ¿Qué pasa Fanny?
-Ese es Hugo-la susurró en el
oído.
-Pues yo prefiero a Ángel-dijo
muy convencida.
-¿Qué?-preguntó Ángel, que lo
había oído.
Clary se puso roja, no sabía que
decir. Por suerte, Eva, que acababa de aparecer, se había dado cuenta de ello,
e intentó intervenir para salvar a Clary de ese apuro:
-Bonito colgante, Fanny.
-Gracias, me lo han regalado mis
padres hace poco.
-¿De dónde es?-preguntó Eva,
mientras se fijaba en que los mofletes de Clary volvían a su color natural y
sus ojos le agradecían la intervención.
-Pues…-tuvo que reprimir decir su
verdadero origen, cuando lo consiguió, continuó hablando-creo que de Venecia.
-Vaya, tienes mucha suerte, debe
de ser muy caro.
Un silencio vino a la
conversación, a nadie se le ocurría qué decir, sobre todo a los tres amigos,
que acababan de ver que habían juzgado bastante mal a Eva.
-¿Queréis algo de beber?-preguntó
su anfitriona.
Todos contestaron negativamente
con un ligero movimiento de cabeza. Entonces, alguien habló detrás de Fanny:
-¿Tienes Coca Cola?-preguntó.
Fanny reconoció su voz, la habría
reconocido en cualquier sitio, Hugo. Sus pulsaciones se iban acelerando y un
leve color rojo empezaba a asomar por sus mejillas. Cogió la mano de su amiga
con fuerza, nerviosa, y ella no la soltó.
-Claro Hugo, enseguida
vuelvo-dijo Eva con una sonrisa mientras entraba a su casa de nuevo.
-Hola Fanny-dijo con una voz
alegre.
Se atrevió a soltar la mano de
Clary y se dio la vuelta para encontrarse con unos ojos color marrón que a ella
le parecían perfectos. Estaban cerca, muy cerca, como si Hugo lo hubiera
planeado así. Le mostró una de sus encantadoras y perfectas sonrisas, Fanny
sintió que se derretía por dentro.
-Hola-contestó mientras buscaba
nerviosa la mano de su amiga.
No la encontró, dado que Ángel y
Clary se habían ido. Lo que sí encontró fue la mano de Hugo, su contacto la
estremeció. Sentía ganas de besarlo, de abrazarlo, pero se reprimía, no le
parecía el momento, aunque su corazón le decía que cualquier momento era
perfecto para estar con él.
-¿Podemos hablar?-preguntó él.
Fanny quería decirle que no, que
no sabía si debía ir, pero no podía negarse, había algo que se lo impedía, así
que asintió levemente i dejó que Hugo la llevara a una fuente que había en ese
mismo patio, para estar solos.
-¿Estás segura de qué…?
-Shh, calla Ángel, tienen que
hablar-replicó Clary.
Pero él no quería callarse.
Sentía que ese era el momento perfecto para confesarse a su amiga, por
desgracia, alguien se lo impidió.
-Hola chicos, ¿habéis visto a
Fanny? Tengo que hablar con ella-dijo Max.
-Ahora no puede hablar, luego se
lo dices-cortó Clary.
La sensación de celos que acababa
de invadir a Ángel se desvaneció de repente e hizo que se preguntara bastantes
cosas: ¿Clary ya no estaba enamorada? ¿Era su oportunidad?
Recordó entonces la conversación
que había tenido la noche anterior con Fanny.
-¿Vas a hablarle de Elimara,
Max?-preguntó Ángel.
Max se quedó sorprendido.
-¿Cómo sabes tú...?-preguntó.
-Me lo ha dicho-mintió, no era
por eso exactamente.
-Sí, es eso-contestó Max, todavía
más sorprendido de que Ángel hubiera creído a la primera.
-Sea lo que sea de lo que estéis
hablando-interrumpió Clary, que no se enteraba de nada-va a tener que
esperar.-dicho esto se fue a la cocina para ayudar a Eva, que tardaba mucho en
llegar.
Los dos la vieron marchar. Cuando
ya había entrado en la cocina, Ángel agarró por el brazo a Max y le dijo muy
claro:
-Escúchame príncipe Melas de Elimara,
porque solo lo diré una vez. Fanny lo está pasando muy mal y no me parece bien
que la estéis atosigando con todo esto. Ella ya cree, si no, no hubiera vuelto
a tocar ese colgante que hizo mi padre en su tiempo. Así que no vayas a ir
ahora a preguntarla si cree, el por qué y que cuando piensa decirle a sus
padres que lo sabe, porque es mejor que no lo haga hasta que aprenda a utilizar
el Don, y eso, vosotros no podéis enseñárselo.-tomó aire para calmarse un poco,
estaba asustando a Max, y tenía que pedirle algo muy importante-lo único que
tenéis que hacer vosotros, porque yo tengo que seguir ayudándola en su vida
normal, es ayudarla a desarrollar su parte de Elimara y su parte desalmada.
-Claro.
-Bien, me voy para dentro con
Clary.
-Espera- le llamó Max.
Ángel se dio la vuelta para
escucharlo.
-¿Cómo sabes tú todo esto? Dudo
que Fanny te haya contado tanto que no sabe.
-Taia y Dalei-dijo simplemente.
Después, se marchó.
Pero Max ya lo había comprendido.