lunes, 29 de abril de 2013

Capítulo 12: Todo comienza (Parte III)


Beda guiaba, sonriente, a Sadhie por el parque para llegar a casa. Aún les quedaba un largo camino, de hecho, dudaba que llegaran antes de que anocheciera un poco, ¿se preocuparían por ellos?

Estaba tan metido en sus pensamientos que casi resbala por una rampa bastante empinada, por suerte Sadhie le sujetó.

-Gracias-dijo Beda, avergonzado por su casi caída.

-No las des, le podía pasar a cualquiera, más posiblemente a mí, pero a cualquiera-contestó sonriente.

Beda le devolvió la sonrisa, le encantaba Sadhie. Desde esa mañana, había estado muy sonriente, activa, más habladora y divertida. Por supuesto, ese día había hecho que Sadhie cogiera mucho más color en la piel y se le fuera quitando su anterior tono pálido. Su pelo irradiaba felicidad, al igual que su sonrisa. Lo único malo de pasar el día entero fuera era que las mochilas que llevaban empezaban a pesar cada vez más por el cansancio. A pesar de todo, a Beda le daba igual, estaba enseñando a Sadhie todo lo que sabía sobre Alcorcón y ayudándola a mejorar bastante su salud.

 

Max estaba tumbado en el jardín, exactamente en el mismo sitio que el primer día de cada mes, cuando iba a mirar la luna. Ese día no estaba llena, como tampoco lo estaba el primero de mes, para el que quedaba poco, muchas diferencias entre Elimara y España para él. La verdad era que no se acordaba cómo había acabado allí, recordaba haber salido por la mañana de la habitación de Cristel para comer algo y había escuchado la noticia sobre Sadhie. Después había cogido el último zumo de naranja de la nevera y, en vez de ir a la habitación de Cristel, se había ido a su habitación. Desde ese momento no recordaba nada del resto del día, parecía haber salido en ese momento de un estado extraño, en lo que era incapaz de saber qué hacía. Fijó su mirada en las estrellas. Desde allí no se veían muchas, deseaba ir al bosque como cuando era niño, con su madre para verlas brillar que, en esos momentos, superaban la belleza de la luna que, como solía decir él a sus cuatro años, tenía forma de sonrisa. Sus padres solían reírse de ello, les parecía una forma extraña y a la vez bonita y divertida de llamar a la luna. Cerró los ojos e imaginó una de esas noches, con su madre, y se vio a él tumbado sobre la inmensa y fresca hierba, sin parar de sonreír.

“-Hijo-le preguntaba su madre, entonces-¿por qué sonríes tanto? Hemos hecho esto un montón de veces y nunca te he visto así.

-Verás mamá-le contestaba Max, a los cuatro años-hoy papá me ha dicho que cuando alguien te enseña una sonrisa sincera, es muy bonito devolverla, para que la otra persona se sienta alagada.

-Sí, es verdad, pero eso no contesta a mi pregunta.

-Es que mamá, hoy la luna tiene forma de sonrisa, así que se la devuelvo, para que se sienta muy feliz y siga sonriendo.”

Su madre entonces se reía y le daba un gran abrazo y un beso cariñoso, echaba de menos esas noches, esos años de su infancia y echaba de menos Elimara, aunque en su conciencia sabía que nunca podría volver allí. Había huido en medio de la caza de los desalmados, y eso era un grave delito, uno de los más graves que había.

-¿Por qué lloras?-preguntó una voz masculina, detrás de él.

martes, 23 de abril de 2013

Capítulo 12: Todo comienza (Parte II)


“…Sigue mirando por la ventana de su habitación hacia el bosque, aguantando cada lágrima que amenaza con salir de sus ojos, preguntándose una y otra vez dónde está su hijo.”

Sus manos pararon de teclear. Un dolor de cabeza empezó a venirle y el hambre y la sed acudieron a ella. Se agarró a la mesa un momento, para no caerse de la silla dado que había empezado a marearse, respiró hondo y, lentamente, Fanny abrió los ojos. Parpadeó unas cuantas veces para aclarar la vista y miró su alrededor para orientarse, seguía en la habitación de Hugo. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? Fanny no lo sabía. De repente, alguien abrió la puerta. Hugo entraba con un vaso de agua, cuando la vio al fin con los ojos abiertos, sonrió.

-Y decías que no podías concentrarte-dijo alegre.

-¿Cuánto tiempo llevo escribiendo?

-Veamos-pensó Hugo-viniste aquí a las nueve de la mañana, empezaste a escribir a las diez y media y son las seis de la tarde, así que llevas escribiendo siete horas y media.

-Vaya-dijo asombrada.

De pronto, el hambre y la sed volvieron a llamar su atención.

-Necesito…-empezó a decir Fanny.

-Comida y bebida, lo sé-completó Hugo-Te he dejado un plato de filetes de pollo con queso, un yogurt, cerezas, una jarra de agua y un vaso-finalizó levantando la mano.

-Gracias-dijo Fanny sonriente.

-No me las des, es normal que tengas hambre después de todo lo que has escrito.-se acercó al ordenador portátil de Fanny y miró en la esquina inferior izquierda-Madre mía, cien páginas escritas.

Empezó a ojear el documento de Word que Fanny había escrito, eran historias diferentes, que no tenían que ver nada unas entre otras.

-¿Qué es lo que he escrito?-preguntó Fanny mientras se bebía un vaso de agua.

-No hay muchas cosas interesantes, todo se centra en la capital de Elimara, Camskar.-siguió ojeando cada una de las cien páginas escritas- la mayoría de las historias no están enteras, solo hay fragmentos-continuó-.Toma, sigue mirando tú.

Fanny asintió y continuó con lo que había estado haciendo Hugo, mientras éste salía por la puerta. Vio que tenía razón: solo había pequeñas historias que describían el bosque, la luna, una niña recogiendo manzanas, otros niños jugando al escondite en su casa, una mujer limpiando la cocina… Llegó rápidamente a la última página, y lo que vio hizo que se le helara la sangre.

Hugo volvió a entrar, con un trozo de galleta en la mano.

-¿Qué pasa?-dijo cuando vio la expresión de la cara de Fanny.

-En el último fragmento que he escrito, hablo del padre de Max.

 

 

-Vamos, por favor, despierta-suplicó Dalia llorando, arrodillada en la cama de Cristel-por favor, por favor…

Igor entró por la puerta en ese mismo momento y casi se derrumba. Ver a Dalia así era casi lo que más le dolía de esos momentos, ella había sido como su hermana mayor siempre, y a los hermanos se les coge cariño. La imagen de Dalia, fuerte, que lo aguanta todo, que siempre consigue arreglar cualquier cosa que él siempre había visto en ella, parecía haberse desvanecido. Acababa de volver a aplicar la Terapia del Fuego en Cristel, pues ésta se estaba agitando bastante durante su estado de inconsciencia. Ya era la tercera vez que la aplicaba en el día, y solo eran las seis de la tarde. Lo mejor después de la Terapia del Fuego es sumirse en un sueño que repare todas tus fuerzas perdidas, pues tienes que poner una gran concentración en ella, pero Dalia llevaba sin dormir desde las seis de las cinco de la mañana porque Cristel empezaba a gritar, pero sin despertarse por desgracia. Cada vez se sentía peor por Dalia, se le notaba cansada, pero se negaba a dormir hasta la noche.

-Dalia-dijo Igor.

Ella le miró, tenía los ojos llorosos y la cara mojada por sus lágrimas, igual que las sábanas de Cristel.

-Cambio de turno, me toca a mí.

-Pero si aún no son las seis y media-replicó Dalia con voz llorosa, mientras se secaba las lágrimas.

-Da igual, es solo media hora, vete tranquila y duerme un poco, que lo necesitas.

Dalia fue a replicar, pero estaba cansada y sabía que Igor tenía razón necesitaba dormir un buen rato. Se levantó del suelo y estiró un poco su camiseta. Después sonrió un poco a su amigo para agradecerle el favor y se fue camino de su cuarto.

Igor la vio marchar y luego se sentó en una silla, mirando a Cristel y reflexionando. Luego se dio cuenta de un detalle, Max no estaba allí, cosa que era rara porque en toda la semana prácticamente no había salido de esa habitación, ¿dónde estaría ahora?

domingo, 14 de abril de 2013

Capítulo 12: Todo comienza (Parte I)


-Venga Fanny, concéntrate-dijo Hugo-si no conseguimos esto no avanzaremos.

-No puedo concentrarme-contestó, mientras dejaba su estado de tensión para medio tumbarse en la silla de la habitación de Hugo-no mientras Cristel sigue sin despertarse y Sadhie acaba de aparecer de repente.

Ya habían pasado dos semanas desde los sucesos de la fiesta de La Chismosa. La llegada de Sadhie, una desalmada, había alterado a todos. Nunca habían tenido a nadie procedente de La Ciudad sin Alma hasta entonces, así que no sabían cómo cuidarla. Estaba pálida y era muy delgada. Su pelo castaño se lucía sin el brillo alegre que el de Fanny poseía, más bien parecía asustado, algo extraño que Los Buscadores nunca habían podido ver. Al principio pensaron que era simple suciedad, ya que, al llegar, tenía la ropa hecha girones, el pelo lleno de hojas del bosque y llena de barro por cualquier sitio. Pero, después de un largo baño y de la explicación de Max sobre el pelo de los desalmados, descubrieron el por qué del extraño tono de su pelo. Sus ojos azules también reflejaban el miedo y la desconfianza que sentía en esos momentos, de hecho, no había vuelto a hablar desde la noche en la que llegó.

Desde entonces, Max, Igor y Dalia habían estado cuidando de Cristel por turnos, ya habían aplicado otra vez la Terapia del Fuego, pero no despertaba, por lo que dedujeron que aun les hacía falta algo más, así que se pasaban los días pensando qué podían añadir. Khalil aún no se había recuperado de la noticia de su hermana, se pasaba los días encerrado en su habitación, sin hablar con nadie, mirando una foto de Cristel y, de vez en cuando, lloraba. Solo salía para comer, ir al baño o al instituto y solo se movía para acomodarse en su cama  cuando tenía sueño. Asier y Vito intentaban seguir ellos solos con la búsqueda de La Brecha, pero era una tarea muy difícil y agotadora si no se turnaban con los demás Buscadores, había noches que ni dormían y aguantaban a base de cafés. Por suerte, Beda intentaba ocuparse solo de Sadhie, dado que todos los demás parecían tener cosas mejores a las que prestar atención. Tampoco era demasiado difícil para él, pues lo único que hacía era llevarla bastante comida, que había aprendido a hacer el año anterior con Asier, compartir alguna que otra sonrisa con Sadhie, pedir ropa a Dalia, que rebuscaba en su armario hasta encontrar algo de la talla de su nueva inquilina, incluso había camisas de Cristel que la valían. Por último, intentaba que saliera más de sui habitación y la llevaba al jardín, la enseñaba toda la casa… incluso habían llegado a salir de allí para dar un corto paseo por la calle y que así Sadhie cogiera algo de color en la piel.

-Vamos-dijo Hugo, colocándose justo enfrente de ella-sé que puedes hacerlo, concéntrate.

Fanny dejó escapar un suspiro y volvió a poner las manos en el teclado de su ordenador portátil. Respiró hondo varias veces e intentó volver a visualizar la capital de Elimara, de la que aún no sabía el nombre, tal como la había descrito Max. La intención de este trabajo, era comenzar con la instrucción de Fanny como Donista, que, a pesar de todo lo sucedido, tenía que seguir con su trabajo y hacer unos esfuerzos inmensos por no descentrarse.

Se quedó un momento más como estaba, y de repente bajó la mirada al teclado, visualizando la posición de cada tecla, para poder escribir perfectamente cada detalle de su cabeza.

Cerró los ojos y rápidamente se empezó a oír el suave tecleo que provocaban los dedos de Fanny.

 

 

 

-Buenos días-dijo Beda a Sadhie.

La chica le sonrió, pero no dijo nada. A Beda no le importaba, ya se empezaba a acostumbrar. Sadhie empezó a desperezarse, solía despertarse más tarde que los demás, así que a Beda no le extrañaba que Sadhie se acabara de despertar a la una de la tarde.

-Te he dejado el desayuno en la mesa, en cuanto quieras desayuna, ¿vale?

Ella asintió. Beda se dirigió a la puerta para salir al salón y seguir preparando el día con Sadhie, había pensado llevarla andando hasta el instituto, para que fuera reconociendo aún más los sitios por donde seguramente pasaría mucho tiempo. Pero algo le obligó a pararse justo antes de salir:

-Gracias Beda-dijo Sadhie-gracias por todo.

Beda se dio la vuelta, sorprendido, y encontró a una chica sonriente, algo menos delgada que otros días y con una tonalidad mucho más bonita y alegre en su pelo castaño.

-De nada-respondió el, devolviéndole la sonrisa.

Salió de la habitación, muy contento de que Sadhie volviera a hablar, pero lo que le esperaba fuera no era muy alentador: Asier y Vito volvían a servirse una taza de café mientras se frotaban los ojos, intentando no echarse a dormir en medio de la cocina. Khalil había salido de su cuarto para tomarse un Cola Cao, y ahora removía el contenido de su vaso distraídamente con una cuchara color plata. La puerta de la habitación de Cristel se abrió en ese momento, para dar el paso a Dalia, que lloraba desconsoladamente por su falta de sueño y sus pocas esperanzas con Cristel, detrás de ella salía Igor con una cara desanimada y el pelo revuelto. Pero el peor era Max: se negaba a abandonar la habitación de Cristel, incluso cuando no le tocaba cuidarla, se quedaba sentado en una silla mirando a Cristel y lamentándose de no poder hacer nada. Otras veces, repasaba mentalmente las lecciones sobre enfermedades y botánica que le enseñaba su padre y, al ver que no se le ocurría nada, empezaba a golpearse la cabeza contra la pared. Ahora lucía u n pelo desordenado y sucio, un gran chichón en la cabeza y ropa arrugada.

Todos los ánimos que había recogido Beda en la mañana se desplomaron de repente. Pero no podía tomarse el lujo de deprimirse él también, tenía que aguantar todo lo que estaba viendo y sonreír, no s derrumbaría con ellos, sería el soplo de alegría que necesitaban.

-Buenos días-dijo, intentando aparentar felicidad.

Todos giraron sus caras deprimidas hacia él y se quedaron un rato mirándole, sorprendido s de su alegría en esos momentos difíciles.

Beda respiró hondo y sacó una gran sonrisa mientras se dirigía a la cocina. Empezó a coger pan, algo de fruta, queso, jamón… y más tipos de embutido. Después abrió un armarito que había al lado del fregadero de la cocina y cogió un par de botellas para llenarlas de agua.

-¿Quieres desayunar algo?-preguntó Vito en tono irónico.

-No gracias-respondió Beda, después de una pequeña risa- todo esto es para llevarme a Sadhie de picnic. Había pensado llevarla solo hasta el instituto pero he cambiado de opinión.

-Aquí no hay muchos sitios para montar un picnic, ¿no te parece?-preguntó Asier, expresando en su cara lo extraño que le resultaba eso.

-Lo sé, por eso voy a llevarla hasta el parque de Polvoranca.

-Eso está demasiado lejos-dijo Dalia, entrando en la conversación para animarse un poco-¿piensas ir andando hasta allí?

-Sí, ese es el objetivo del picnic, enseñarle más cosas que lo que tenemos alrededor, qué vaya cogiendo más color en la piel…

-Pero es muy delgada y débil, ¿aguantará bien todo el camino?-preguntó Igor.

.Creo que sí, durante esta semana ha cogido algo más de peso y ahora parece menos débil que antes.

-Pero está el problema de que no habla, ¿y si os cruzáis con alguien conocido y os pregunta?

-Bueno, podría decir que es tímida pero, creo que el hablar ya no es un problema.-paró un momento para cerrar el grifo y enroscar el tapón de la segunda botella, ya llena de agua-Esta mañana, Sadhie ha hablado.

Capítulo 11: Ayuda (Parte IV)


Todos se estaban divirtiendo en la fiesta, al parecer, habían conseguido apartar todos sus problemas de su cabeza.

Fanny acababa de despedirse de Clary, que iba a por una Coca Cola a la cocina con Eva, cuando alguien la abrazó por detrás de ella.

-Hola-dijo una voz masculina, muy familiar para Fanny.

Miró para atrás y lo vio.

-Hola, Hugo-dijo con una sonrisa en los labios.

Hugo le devolvió la sonrisa.

-Al fin se han ido esas pesadas, ¿no?

-¿Te parecen pesadas mis amigas?-preguntó Fanny, algo más seria.

-Lo son cuando intento pasar un rato a solas contigo-contestó cariñosamente, guiñándola un ojo.

Fanny empezó a ruborizarse sin remedio.

-No te sonrojes-dijo Hugo con una sonrisa.

-Si me dices que no me sonroje voy a hacerlo más.

-Así que esto es la ley de Murphy, ¿eh?, y si te pido que me beses, ¿no lo harás?

-Prueba a ver.

-Bésame-pidió Hugo.

Y Fanny se acercó a él hasta que sus labios se rozaron, cada vez más cerca, pero Hugo no aguantó la espera y la besó él.

De pronto, todos los invitados a la fiesta oyeron un agudo chillido. La mayoría pensó que no sería nada, pero los que sabían la verdad salieron corriendo del jardín, deseando no encontrar allí a Cristel.

 

 

-No lo entiendo-dijo Dalia, decepcionada y triste-le apliqué la Terapia del Fuego, ¿cómo es posible que pase esto?

-Tranquila Dalia-intentó animarla Fanny-tal vez haya que añadir algo al tratamiento, o hacer más veces esa terapia.

Nada más oír el grito, Fanny, Hugo y Los Buscadores habían salido en ayuda de Cristel. Después, Fanny se había buscado una gran excusa para poder irse a casa de Max antes de que acabara la fiesta. Ahora Los Buscadores, Hugo y Fanny estaban en una misma casa, esperando a que Cristel despertara.

-Eso no servirá de nada Fanny-dijo Hugo-lo que necesitan añadir es…

No pudo continuar porque un gritó cortó sus palabras. Todos se asustaron aún más, ese grito no podía ser de Cristel, no era su voz y provenía de la habitación de Igor, lo que era aún más espeluznante porque todos estaban reunidos en el salón. Salieron corriendo, asustados, en dirección al cuarto de Igor y, al llegar, Fanny comprendió:

-Dalia, Cristel estaba casi recuperada, pero no estaría preparada para la llegada de un desalmado, ¿no es así?

Dalia, que iba más retrasada que ella, no la entendió hasta que vio que el grito provenía de una chica de más o menos trece años, pálida y muy delgada que tiritaba de frío. En sus ojos, se veía la marca del miedo y la desorientación.

-Por… por favor….-tartamudeó la extraña desalmada- necesito… a… ayuda.

viernes, 12 de abril de 2013

Capítulo 11: Ayuda (Parte III)


Su marido  volvió poco después de la conversación de Garci y encontró a Marta llorando.

-Cielo, ¿qué te pasa? Eh, eh, mírame-le dijo, intentando calmarla.

Marta le miró con sus ojos brillantes por las lágrimas. Se acercó a su oído y dijo simplemente:

-Los Camisas Negras.

Su marido entendió a la primera, él también añoraba ese grupo e hizo un esfuerzo por retener las lágrimas que querían salir de sus ojos verdes. Abrazó a su mujer con fuerza, lo que hizo que su vaso se callera al suelo y derramara su contenido, sin romperse por suerte.

-Se lo diremos si es lo que quieres, tranquila-dijo Marco mientras consolaba a su mujer-y Tikia volverá a existir.

 

 

-Bueno, me ha costado convencer a mi madre pero, ahí tenéis unas cuantas pizzas-dijo Eva, muy contenta de haberlo conseguido.

Todos los alumnos de su clase que habían asistidos se emocionaron de que por una vez no tuvieran que fingir no tener hambre para no comer caracoles o cosas extrañas que nunca habían visto ni oído y que, al verlas te daban ganas de vomitar. Por primera vez podían comer pizza como adolescentes normales. Había de diferentes clases: barbacoa., jamón y queso, bacon y queso, hawallana…

Ahora empezaban a ver a Eva con otros ojos, la veían muy diferente a su madre, cosa que les parecía extraña, claro que, ellos no sabían lo que Hugo. Todos fijaron sus miradas de agradecimiento en ella.

-No me miréis así-dijo Eva, con algo de vergüenza-se van a quedar frías.

Todos tomaron asiento, a pesar de las pizzas, Eva no había conseguido que su madrastra quitara las ridículas etiquetas que marcaban donde tenía que sentarse cada uno. Siempre se equivocaba con los sitios y luego echaba la culpa a su hija por aconsejarla mal, una de las muchas razones por la que la gente prefería pensar que Eva era igual que La Chismosa. Había intentado quitarlas más de una vez en toda la tarde, pero siempre le pillaban.

Esta vez, a Fanny le había tocado muy separada de Clary y Ángel, por lo que no podían ni si quiera hablar a distancia. Este año le había tocado al lado de Max, lo que era una suerte en teoría, ya que, aunque no era ninguno de sus mejores amigos, ni tampoco Hugo, al menos lo conocía bastante bien como para hablar juntos.

Lo malo es que ninguno sabía que decir, ambos estaban pensando en sus respectivos problemas, al igual que Hugo, Dalia, Beda, Clary, Khalil, Igor y Ángel. Eva intentaba entablar una conversación con Hugo, Max y Fanny, dado que los tenía más cerca que los demás, pero era inútil, cada uno había aguantado como había podido sus penas hasta ese mismo momento, donde todos se sumergían en su propia mente, cogían porciones de distintas pizzas como autómatas y respondían a los comentarios de Eva con respuestas cortas que dieran por terminada cualquier conversación que Eva intentara comenzar.

-Vaya, si nos animamos más creo que conseguiremos llegar al nivel de funeraria-dijo Eva, con un tono algo sarcástico.

Fanny quería contestarle muy enfadada por ponerse así cuando todos ellos lo estaban pasando muy mal y ninguno quería haber ido a esa fiesta, pero ahí estaban, aguantando. Pero algo en su mente le dijo: “tiene razón, ¿qué narices haces tan depre? A Hugo le gustas, acabas de descubrir algo mágico con lo que mucha gente sueña. Sí, tienes tus problemas, pero, es una fiesta y te has prometido antes de entrar dejar todo lo triste fuera de tu mente por una noche, ¡disfruta de tu descanso!

-Eva tiene razón, es una fiesta, ¿no?, pasémoslo bien-dijo Hugo, adelantándose a Fanny.

Todos sacaron fuerzas de donde podían y mostraron una sonrisa, dejaron sus problemas atrás e intentaron divertirse.

 

 

 

-En serio, Asier-dijo Cristel con una voz algo ronca-estoy bien, quiero ir a la fiesta.

-No, tienes que quedarte aquí Cristel, lo sabes, podrías desmayarte en medio de la fiesta y no sabríamos como explicar lo sucedido.

-Pero no es justo que tenga que retenerte aquí cuando todos están fuera.

-No me retienes, me ofrecí voluntario.

-Pero…

-Cristel-cortó Asier-no vamos a ir a la fiesta, ya habrá más, seguro que se las ingenia para que haya otra en tres semanas-añadió sonriendo, mientras proporcionaba una cariñosa caricia a Cristel.

-Pero no puedo quedarme tirada en la cama todo el día.

-Ya lo has hecho.

-Ahí me has pillado-confesó Cristel-¿te importaría traerme un zumo de naranja?

-¿Otro? Ya te has tomado tres.

-Es que me encantan.

-Vale-dijo Asier en un suspiro-en seguida vuelvo.

Cristel le enseñó una sonrisa y, en cuanto Asier cerró la puerta de su cuarto, se destapó, dejando ver que tenía puesta ropa arreglada. Cada vez que Asier salía de la habitación, Cristel iba cogiendo una cosa tras otra del armario y se la ponía en un tiempo récord.

Primero había pensado en escaparse por la ventana, pero sabía que no era capaz de hacer una cosa así, y luego la consecuencias serían fatales para ella. Así que, al final, había decidido convencer en el último minuto a Asier, aunque tuviera que arrastrarle hasta la puerta.

-Cristel, aquí tienes tu…

Asier no pudo continuar. Ver a Cristel con una sonrisa y perfectamente vestida le había dejado sin habla.

-¿Pero qué estás haciendo Cristel?

-Vamos a ir a la fiesta, venga.

-Cristel, ya lo hemos hablado y…

Pero no pudo decir nada más, porque la ágil niña de doce años se había escabullido entre las piernas de Asier y ahora corría en dirección a la puerta.

Asier dejó el vaso de zumo en una mesa y empezó a seguir a Cristel intentando convencerla de que parara sin resultados, no se atrevía a gritarla.

Al final Cristel consiguió salir a la calle y comenzó a correr mientras Asier gritaba detrás de ella.

-¡Cristel ven aquí!

-¡Ven tú a la fiesta!-replicó ella, mientras seguía corriendo.

Ambos siguieron corriendo, cada uno por distintas razones, hasta llegar a la calle donde se celebraba la fiesta. Por suerte corría un viento fresco así que ninguno había sudado en su carrera.

Solo unos pasos más para llegar a casa de Doña Luisa, en nada, Cristel podría llamar al timbre. Pero no lo consiguió. De repente, se paró en seco, y comenzó a mover los brazos lentamente hacia sus orejas, pestañeaba muy deprisa, como si fuera una especie de tic nervioso. Cayó de rodillas al suelo y comenzó a gritar sin poder parar de hacerlo.

 

 

jueves, 11 de abril de 2013

Capítulo 11: Ayuda (Parte II)


“-Hugo, recuerda esto siempre, nunca te enamores de una Donista. Puede ser bueno o malo. Si te enamoras de una, no podrá adivinar tu pasado, lo que es bueno si has hecho algo malo, dado que Los Donistas se toman el amor como un asunto privado, no pueden escribir sobre ello porque sus escritos son públicos. Pero es malo, porque no puede escribir tu futuro, no puede salvarte si lo necesitas, ni siquiera puede ayudarte.”

Pero su sobrino no había hecho caso de sus avisos y se había enamorado de Fanny. En el fondo, sabía que Hugo no podía evitarlo, que él no decidía de quién se enamoraba y de quien no, pero a Garci le fastidiaba igual, había hecho lo posible para que su sobrino no se acercara a Fanny por si daba el extraño caso de que se enamorara, diciéndole que no confiaba en él, pero había sido necesario, ya que la intervención de Los Buscadores no había sido suficiente para que Fanny creyera. Ahora tenía miedo, miedo de que su Hugo, el Hugo con el que había vivido tanto tiempo, el Hugo que había encontrado gravemente herido en un callejón, volviera a sufrir y no pudieran evitarlo.

-¿Más canapés Francisco?-preguntó Luisa.

-No gracias, voy a dar un paseo por su maravilloso jardín si no le importa-contestó, en un intento desesperado por no seguir hablando con La Chismosa.

Y se fue a perderse por el gran jardín.

 

-En seguida vuelvo-dijo Marco al oído de su esposa.

Marta le sonrió cuando recibió un cariñoso beso en la mejilla de su marido. Después de tanto tiempo, sabía que aun quería a Marco. Bebió un poco más de su vaso de agua, aunque todos le habían ofrecido, había decidido no beber el carísimo vino de Doña Luisa hasta que sacaran la cena.

-Hola Tikia-dijo alguien detrás de ella.

Tikia se sobresaltó, solo había una persona que le llamara así. Se dio la vuelta y, en efecto, era él.

-Hola Francisco-dijo ella, dejando claro que su vida como Tikia había acabado.

-Llámame Garci, para los amigos no he cambiado de nombre.

-Pero tú ya no eres mi amigo, lo dejaste de ser el día que quisiste arrebatarme a Fanny.

-No quise arrebatártela, ni quiero hacerlo. Te lo estoy pidiendo, revélale quién eres, quiénes sois los dos. Sabes que es la única que puede hacernos volver y…

-Pero yo no quiero volver-dijo Tikia, cortándole-aquí soy feliz-añadió, con voz llorosa.

-No, no lo eres. A mí no me engañas, aquí estás segura, pero no eres feliz, la echas de menos, como todos, ¿verdad? Y ese colgante era lo único que te hacía sentirte feliz aquí, porque podías verla, ahora que tu hija lo tiene. Tus deseos de volver han aumentado. Ningún habitante de Elimara puede pasar tanto tiempo como nosotros sin ver la luna y no sentirse, aun que sea muy en el fondo, desgraciado.

-Pero yo no soy de Elimara.

-¡Sí lo eres! La Ciudad sin Nombre era de Elimara hasta que llegó El Gran Mago, era la séptima bandera del castillo de Gland, y para mí y otros sigue siendo parte de Elimara.

-Tú lo has dicho Garci, era de Elimara, ahora allí soy una desalmada, incluso antes de ser los desalmados éramos diferentes.

-Sí, y la gente os apreciaba, les daba igual vuestra pequeña diferencia, y sin ese estúpido mago todo seguiría igual.

-Pero ese “estúpido mago” como tú dices sigue allí, ¿para qué voy a decírselo a Fanny? ¿Para qué descubra cómo volver  y vea que todos la odian por ser la última Donista de Elimara? ¿Para qué la repudien? ¿Para qué sufra lo que todos los sin nombre sufrimos?
-No, para vengar ese sufrimiento, para cambiar las cosas allí, para que todo vuelva a ser como antes. ¡Y para destruir a ese estúpido mago! Porque por muy  poderoso que sea, sigue siendo un estúpido mago.

-Es una locura, lo sabes, ¿quieres que me arriesgue a que mi hija muera o sufra por eso?

-Puede que sea una locura, pero recuerda el lema de nuestro grupo, ¿te acuerdas de Camisas Negras? ¿Nuestro grupo de cuando éramos más jóvenes? Elegimos ese nombre porque lo negro es lo más difícil de ver, como nosotros, nadie nos encontraba si no queríamos, ¿lo recuerdas?-hubo un breve silencio que Garci rompió-Claro que te acuerdas, es imposible olvidarlo, piensa en nuestro lema: hasta la idea más loca, puede ser posible.

Tikia no volvió a contestar, pero una lágrima de añoranza resbaló por su mejilla.

-Piénsalo-dijo Garci antes de marcharse y dejarla sola.

 

miércoles, 10 de abril de 2013

Capítulo 11: Ayuda (Parte I)


-¿Por qué?-preguntó Hugo mientras acariciaba la suave cabellera de Fanny mientras ella apoyaba la cabeza en su hombro.

-¿Por qué el qué?

-¿Por qué no querías hablar conmigo?

-No lo sé Hugo, no lo sé. Es complicado, todo esto está pasando muy deprisa y supongo que…

-Te asusta, ¿no es eso?

-Sí, pero no sé por qué.

-Porque no me conoces del todo. Entiendes la causa de Max, porque la has escrito, pero no sabes nada de mí. Eso es porque no soy ninguno de tus personajes, no aparezco en tu libro, no puedes escribir lo que me ha pasado ni lo que me pasará.

-Sí, tienes razón. ¿También me puedes explicar eso?

-Hay dos razones.

Fanny esperó pacientemente a que Hugo le explicara ambas razones, pero descubrió que no  pensaba decirlo.

-¿Cuáles son?-preguntó.

-Piensa Fanny, ¿qué hacen Los Donistas?

Fanny cerró los ojos y volvió a la conversación que había tenido con Max la noche anterior, donde, en dos horas, le había explicado prácticamente todo, desde lo que les estaba pasando en Alcorcón, hasta las tradiciones y otras cosas de Elimara. Recordó su tranquila voz: “Los Donistas solo se producían con una mezcla de razas. Aunque no lo parezca, los de Elimara y La Ciudad sin Alma son diferentes razas, a simple vista no encuentras diferencia entre unos y otros, parecen seres humanos, pero, si te fijas muy bien, descubrirás que los ahora llamados desalmados, tienen un pelo muy extraño, con diferentes tonalidades de su color, según su estado de ánimo. Bien, tras esta explicación, se deduce que la mezcla de razas es de humanos y desalmados. Ahora esto no ocurre, porque se supone que los desalmados están malditos. Bien, Los Donistas predicen el futuro, pasado y presente de la gente de Elimara y La Ciudad sin Alma…”

-Claro, me contaste que tus padres son… eran-se corrigió Fanny-de Elimara, pero tú no. Los Donistas predicen el pasado, presente y futuro de las personas de Elimara y La Ciudad sin Alma, pero no dice nada de los que viven fuera de allí. ¿Y la otra razón?

Hugo respiró hondo. Ni si quiera sus padres habían llegado a averiguar lo que pensaba decirle a Fanny a continuación, incluso Garci y él tardaron meses en averiguarlo. Cogió una de las manos de Fanny como si lo necesitara para continuar. Giró la cabeza para mirar a Fanny porque esto era muy importante para él y… y no pudo hablar. Se había perdido en ella: en su mirada, que aun que fuera de un color oscuro, era la mirada más brillante y bonita que había visto en su vida. En su suave melena, tan larga que si no se la cortaba en unos meses, le llegaría por los codos. En su brillante sonrisa, que le decía que se podía ser feliz con la cosa más pequeña. Y se dio cuenta de que podía decírselo, de que podía darle la segunda razón sin que pasara nada.

Así que se aceró más a ella y acarició su mejilla. Fanny no se alejó y disfrutó de la caricia de Hugo. Entonces lo dijo:

-La otra razón es que estoy enamorado de una Donista.

 

 

Capítulo 10: Empezando a creer (Parte III)


-¿Quieres algo de comer o beber?-preguntó Eva

-No gracias, estoy bien, ya comeré con los demás-contestó Hugo.

Había pasado toda la tarde con Eva y le caía bastante bien. Ahora estaban en su casa, preparando las cosas para la fiesta. La casa era enorme, cosa que Hugo no entendía porque las demás casas de la calle no se acercaban si quiera al tamaño de ésta. La fiesta se iba a celebrar en un gran jardín ya preparado con mesas, comida, luces… Pero ni la fiesta, ni la aparición de Eva, ni siquiera la Terapia del Fuego de Los Buscadores habían podido quitarle a Fanny de la cabeza. Y estaba seguro de qué era lo que le pasaba, por mucho que no quisiera: estaba enamorado. Esto era nuevo para él, más bien toda su vida estaba siendo nueva para él. Nunca había hecho amigos, ni se había quedado en un sitio más de un día, ni había tenido casa, ni familia, ni se había enamorado… Siempre había ido de un sitio para otro, sobreviviendo como podía en ese sitio, intentando localizar Elimara, solo desde… desde la muerte de sus padres. No había vuelto a tener familia hasta que, un día, Garci y Las Gemelas le encontraron, con un ojo morado y la boca sangrando en un callejón de…

-¿…vas a nuestro instituto?-concluyó Eva, sacándolo de su ensoñación.

-¿Qué?

-Que por qué no vas a nuestro instituto, está más cerca de aquí que cualquiera, no lo entiendo.

-Es que vinimos de Valencia hace poco y mi tío quiso matricularme pero no había plaza-mintió, en realidad estudiaba con Garci en casa, no veían la necesidad de llevarle a un instituto.

-Pues deberías venir el año que viene-le animó Eva-conoces a bastante gente en el instituto y eso de que tu tío sea profesor allí es una ventaja, ¿no?

-Sí, podría, pero mi tío solo está de sustituto.

-Bueno, siempre podría presentarse como fijo y…

Sonó el timbre de la casa.

-Eva cielo, ¿puedes abrir? Estoy poniéndome los pendientes nuevos.

-Voy-dijo en un suspiro.

Se marchó hacia la puerta, dejando a Hugo solo, mientras volvía a sus pensamientos anteriores.

 

 

 
-Muchas gracias por invitarnos-dijo Marta, que se había cruzado con Fanny y sus amigos de camino.

-No las des-dijo Eva sonriendo, suplicando que pasaran rápido para poder seguir con Hugo. Era la única persona de su edad que no la juzgaba por el comportamiento de su madrastra ni paraba de preguntarle sobre cotilleos que ella no había escuchado nunca.

Los tres amigos dieron dos besos a la anfitriona sin mucho ánimo y luego salieron al patio, dejando a Eva sola.

-¿Y tu madre?-preguntó Marta.

-En seguida baja, ir saliendo al patio-contestó E               va, sin quitar la sonrisa de su cara, una sonrisa que suplicaba que la dejaran en paz y se fueran de una vez.

Como si la entendieran, Marta y Marco, los padres de Fanny, se fueron sin decir nada más. Eva dejo escapar un suspiro de alivio y cerró la puerta. Se estaba a punto de irse otra vez con Hugo cuando volvieron a llamar a la puerta. Se lamentó por dentro, ¿es que no iban a dejarla nunca en paz?

 

 

Entraron al patio entre risas, y Fanny se quedó de piedra. Sabía que tenía que ir a hablar con él pero no sabía que decir, lo único que salió de su boca fue:

-Clary por favor, no me dejes sola.

-¿Qué? ¿Qué pasa Fanny?

-Ese es Hugo-la susurró en el oído.

-Pues yo prefiero a Ángel-dijo muy convencida.

-¿Qué?-preguntó Ángel, que lo había oído.

Clary se puso roja, no sabía que decir. Por suerte, Eva, que acababa de aparecer, se había dado cuenta de ello, e intentó intervenir para salvar a Clary de ese apuro:

-Bonito colgante, Fanny.

-Gracias, me lo han regalado mis padres hace poco.

-¿De dónde es?-preguntó Eva, mientras se fijaba en que los mofletes de Clary volvían a su color natural y sus ojos le agradecían la intervención.

-Pues…-tuvo que reprimir decir su verdadero origen, cuando lo consiguió, continuó hablando-creo que de Venecia.

-Vaya, tienes mucha suerte, debe de ser muy caro.

Un silencio vino a la conversación, a nadie se le ocurría qué decir, sobre todo a los tres amigos, que acababan de ver que habían juzgado bastante mal a Eva.

-¿Queréis algo de beber?-preguntó su anfitriona.

Todos contestaron negativamente con un ligero movimiento de cabeza. Entonces, alguien habló detrás de Fanny:

-¿Tienes Coca Cola?-preguntó.

Fanny reconoció su voz, la habría reconocido en cualquier sitio, Hugo. Sus pulsaciones se iban acelerando y un leve color rojo empezaba a asomar por sus mejillas. Cogió la mano de su amiga con fuerza, nerviosa, y ella no la soltó.

-Claro Hugo, enseguida vuelvo-dijo Eva con una sonrisa mientras entraba a su casa de nuevo.

-Hola Fanny-dijo con una voz alegre.

Se atrevió a soltar la mano de Clary y se dio la vuelta para encontrarse con unos ojos color marrón que a ella le parecían perfectos. Estaban cerca, muy cerca, como si Hugo lo hubiera planeado así. Le mostró una de sus encantadoras y perfectas sonrisas, Fanny sintió que se derretía por dentro.

-Hola-contestó mientras buscaba nerviosa la mano de su amiga.

No la encontró, dado que Ángel y Clary se habían ido. Lo que sí encontró fue la mano de Hugo, su contacto la estremeció. Sentía ganas de besarlo, de abrazarlo, pero se reprimía, no le parecía el momento, aunque su corazón le decía que cualquier momento era perfecto para estar con él.

-¿Podemos hablar?-preguntó él.

Fanny quería decirle que no, que no sabía si debía ir, pero no podía negarse, había algo que se lo impedía, así que asintió levemente i dejó que Hugo la llevara a una fuente que había en ese mismo patio, para estar solos.

 

-¿Estás segura de qué…?

-Shh, calla Ángel, tienen que hablar-replicó Clary.

Pero él no quería callarse. Sentía que ese era el momento perfecto para confesarse a su amiga, por desgracia, alguien se lo impidió.

-Hola chicos, ¿habéis visto a Fanny? Tengo que hablar con ella-dijo Max.

-Ahora no puede hablar, luego se lo dices-cortó Clary.

La sensación de celos que acababa de invadir a Ángel se desvaneció de repente e hizo que se preguntara bastantes cosas: ¿Clary ya no estaba enamorada? ¿Era su oportunidad?

Recordó entonces la conversación que había tenido la noche anterior con Fanny.

-¿Vas a hablarle de Elimara, Max?-preguntó Ángel.

Max se quedó sorprendido.

-¿Cómo sabes tú...?-preguntó.

-Me lo ha dicho-mintió, no era por eso exactamente.

-Sí, es eso-contestó Max, todavía más sorprendido de que Ángel hubiera creído a la primera.

-Sea lo que sea de lo que estéis hablando-interrumpió Clary, que no se enteraba de nada-va a tener que esperar.-dicho esto se fue a la cocina para ayudar a Eva, que tardaba mucho en llegar.

Los dos la vieron marchar. Cuando ya había entrado en la cocina, Ángel agarró por el brazo a Max y le dijo muy claro:

-Escúchame príncipe Melas de Elimara, porque solo lo diré una vez. Fanny lo está pasando muy mal y no me parece bien que la estéis atosigando con todo esto. Ella ya cree, si no, no hubiera vuelto a tocar ese colgante que hizo mi padre en su tiempo. Así que no vayas a ir ahora a preguntarla si cree, el por qué y que cuando piensa decirle a sus padres que lo sabe, porque es mejor que no lo haga hasta que aprenda a utilizar el Don, y eso, vosotros no podéis enseñárselo.-tomó aire para calmarse un poco, estaba asustando a Max, y tenía que pedirle algo muy importante-lo único que tenéis que hacer vosotros, porque yo tengo que seguir ayudándola en su vida normal, es ayudarla a desarrollar su parte de Elimara y su parte desalmada.

-Claro.

-Bien, me voy para dentro con Clary.

-Espera- le llamó Max.

Ángel se dio la vuelta para escucharlo.

-¿Cómo sabes tú todo esto? Dudo que Fanny te haya contado tanto que no sabe.

-Taia y Dalei-dijo simplemente. Después, se marchó.

Pero Max ya lo había comprendido.

lunes, 1 de abril de 2013

Capítulo 10: Empezando a creer (Parte II)


Hugo soltó una pequeña risita y dejó los prismáticos en la cama de su habitación.

-Terapia del Fuego-dijo en voz baja, hablando para sí-hacía tiempo que no lo oía.

Alguien llamó  a la puerta de su cuarto y, rápidamente, guardó los papeles que había sacado una hora antes.

-Hola, ¿puedo pasar?-dijo una voz femenina detrás de la puerta.

Hugo se levantó de la silla y fue a abrirla.

-Claro-le dijo-entra.

-Gracias-respondió la chica con una sonrisa, mientras entraba en aquella habitación.

Era de un tamaño normal, con una ventana encima de un escritorio marrón, donde encima habían colocado un ordenador portátil blanco.. Las paredes estaban pintadas de un tono naranja que la chica rubia de ojos azules nunca había visto. En un lateral del cuarto, había una cama de una estatura normal. Encima de ésta, había una pequeña estantería roja, con un montón de suvenires encima. Detrás de la cama, había un gran bloque de estanterías colgado en la pared, donde encima estaban colocados unos cuantos libros y fotos.

-Soy Hugo, ¿y tú?

-Eva-respondió con otra sonrisa-soy la hija de, como la llama todo el mundo, “La Chismosa”

-Pues no te pareces mucho a ella la verdad-respondió Hugo, recordando la imagen de Doña Luisa.

-Eso es porque me adoptó, a mis cuatro años.

-Oh, eso explica muchas cosas.

-¿Cómo cuáles?-preguntó Eva-¿qué no sea morena ni tenga los ojos verdes? ¿Ni la más alta del instituto?

-No, que no seas una chica que presume de todo y que no es capaz de guardar un secreto. Una pena que tengas la marca de “Chismosa Junior” en la frente.

-Eso es porque la gente no sabe que no soy su hija de verdad. Pero prefiero esa marca a que todo el mundo se compadezca de mi, que me pregunten de dónde soy en realidad o el por qué me abandonaron mis padres…

-Te entiendo, yo tampoco tengo padres. Ellos… ellos murieron hace dos años-soltó Hugo por fin, sin saber por qué le confesaba esto a una chica que acababa de conocer mientras que ni si quiera Fanny sabía esto.

-Vaya lo siento mucho. Es peor perder a tus padres cuando los conoces más.

 

 

 

Ángel cerró la puerta de su casa tras salir. Eran las seis de la tarde y se dirigía a casa de Clary para que los tres amigos fueran juntos a la fiesta de La Chismosa. Suspiró, eso es lo que eran y serían siempre, amigos, y nada más.

Pero no debía derrumbarse así, tenía que aguantar, no permitiría que Clary le viera triste. Se obligó a sonreír y a pensar en cosas buenas que le hubieran pasado, esa noche tenía que pasárselo genial.

 

-Max, venga, tenemos que irnos ya-dijo Dalia.

-Ya voy-contestó Max.

A él no le parecía bien que, después de que Dalia se pasara hasta la una de la tarde con La Terapia del Fuego para ayudar a Cristel fuera a la fiesta. En cuanto acabó con su trabajo, cayó dormida en el suelo, y no se había despertado hasta las siete. Eso le había hecho recuperar parte de su sueño, pero Max estaba seguro de que no era suficiente. Aún así Dalia se había preparado para ir a la fiesta, tenían que ir todos los demás ahora que Asier se quedaba para cuidar a Cristel porque no querían que la gente se preocupara demasiado y empezara a hacer preguntas, si solo se quedaba uno de ellos en casa, le restarían importancia ante la gente de la fiesta a lo que Cristel pasaba.

Por otra parte, Khalil no se había recuperado del todo. Había pasado gran parte de la noche llorando por el problema de su hermana, diciendo que todo era culpa suya por no haberse dado cuenta antes. Pero aunque él no quería salir de casa, Vito le había obligado, no podía permitir que Khalil se siguiera lamentando todo el día.

-¡Max!-gritó Vito, bastante estresado, desde la puerta-¡Mueve el culo o llegaremos tarde!

-¡Ya voy!

Se fue con los demás, e igual de preocupados todos, se marcharon de la calle para ir a casa de La Chismosa.

 

 

Sonó el timbre de la casa de Clary. Las dos amigas, ya arregladas, fueron a abrir la puerta.

Fanny llevaba el vestido que le había prestado a Clary en su cita con Max, unas sandalias marrones con unos pocos centímetros de tacón y las uñas pintadas del mismo color del vestido, pero con un tono diferente. También llevaba el colgante de La Luna de Elimara, si se encontraba con Max, quería hacerle ver que hacía caso a lo que le había dicho la noche anterior, en su casa, que aceptaba lo que era y que no tenía miedo a creerlo. Clary llevaba un vestido blanco que le llegaba por las rodillas. A diferencia del de Fanny, éste llevaba un cinturón negro y se ataca con una fina cinta al cuello. Llevaba también unas manoletinas negras, pero no se había pintado las uñas como su amiga, pero si se había puesto unas cuantas pulseras en su mano derecha.

Volvió a sonar el timbre.

-¡Ya vamos Ángel!-gritó Clary desde el final de las escaleras.

Fanny abrió la puerta y salió a la calle, con Ángel. Él fue a preguntar, pero Fanny se adelantó y respondió antes de que Ángel formulara su pregunta.

-En seguida viene, ha ido a coger sus llaves de casa.

Ángel sonrió, algo avergonzado de ser tan predecible.

-Bien, vámonos-dijo Clary cerrando la puerta detrás de sí.

Ángel se quedó mirándola un momento. Cada vez que la veía se enamoraba más, y esa noche no era una excepción, sobre todo con lo preciosa que estaba su amiga en ese momento.

Clary se dio cuenta de que la estaba mirando, pero no dijo nada, simplemente sonrió y se apartó un mechón rizado de la cara, feliz de que el chico que la gustaba se hubiera fijado en ella.
Y los tres se fueron a la casa donde se celebraría una de las famosas fiestas de Doña Luisa.