Cada vez andaba más rápido, cada vez más, solo quería perder a Ángel de vista. Llevaba toda la tarde con él, y la verdad es que a Clary le empezaba a parecer el más pesado del mundo.
-¡Clary, espérate un momento!, ¡tengo que preguntarte una cosa!-gritó Ángel detrás de ella.
Suspiró. Estaba ya cansada de él, quería que se diera la vuelta y se fuera corriendo a su casa, así la dejaría sola, que era exactamente lo que quería.
-Al fin… te alcanzo…-dijo mientras cogía el aire que necesitaba, llevaba corriendo desde la manzana anterior- quería preguntarte…
-Venga, suéltalo ya para que me pueda ir a casa-dijo Clary muy borde.
-¿Por qué estás enfadada con Fanny? Es que no lo entiendo, una tarde sois tan amigas y a la siguiente no paráis de discutir todo el rato, sin que ella supiera por qué y…
-¿Y la niñita repipi te ha mandado aquí de espía para sonsacármelo porque no tiene narices de preguntármelo? Pues te lo diré, Ángel, ¡estoy harta de ella! ¿Lo entiendes? ¡HAR-TA! Y de lo que más estoy harta es de que no pares de seguirme como un perrito faldero y que me estés lamiendo el culo todo el día.
-Es que te veía tan sola que…
-¿Y no pensaste que tal vez era eso lo que quería? No, solo pensaste: oh, pobre Clary, Fanny lo tiene todo y ella nada, voy a perseguirla por toda la ciudad a ver si así la animo. ¡Pues no te necesito! ¡Ni a ti, ni a Fanny, ni a los demás! Así que por favor, vete, y déjame en paz, porque de todas las personas que hay en el mundo, eres a la que menos quiero ver ahora mismo.
Eso a Ángel le dolió mucho, pero intentó contener las lágrimas, no pensaba dejar que la nueva Clary le viera así. Porque esa ya no era la Clary de la que él se había enamorado.
-Ya no sé quién eres –le dijo Ángel, intentando parecer lo más duro posible- no te molestes en decir ni una palabra más. Lo siento cuando sobro en algún lugar, así que me iré. Pero antes te voy a dejar claro un par de cositas que necesita saber tu cerebro. Fanny no era ni la mitad de genial que tú, siempre has sido mejor que ella en todo. Eras lista, amable, simpática, guapa… lo tenías todo. Pero ahora no te reconozco, te apartas del mundo, cuando antes odiabas estar sola, vas detrás de un chico, cuando siempre decías que nunca irías detrás de uno, que no pensabas quedar tan mal. No te molestes en decir que siempre has sido así, que si pienso esto es porque nunca te he conocido del todo, pero sabes que eso es mentira. Ahora no sé quién eres, no eres Clary, no eres la Clary de la que yo me enamoré. Y la echo de menos, todos la echamos de menos.
Y dicho esto, dejó de mirarla y se fe por donde había venido.
A Clary a penas le importó en ese momento Ángel, porque, al darse la vuelta, vio a Fanny con un chico. Ardió de rabia por dentro, Fanny era la culpable de todo: de su cambio, de su humor, de sus celos, de haber gritado a Ángel y perderlo… Y ahora, cuando vio a Fanny allí, con un chico que no era Max, no pudo contenerse. Echó a correr hacia ellos, sin dejar de maldecirla en su mente: “ella es la culpable, tiene que pagarlo. Ella está engañando a Max, y no sabe apreciarlo. Está con otro, y a punto de besarlo”
En cuanto llegó, cogió a Fanny del brazo, la levantó del banco donde estaba sentada, y la tiró al suelo.
Se golpeó la cabeza con el suelo y se quedó aturdida un momento. Al fin reaccionó, y vio a Clary encima de ella, gritándola entre sollozos mientras Hugo la sujetaba y la intentaba levantar. Parpadeó un poco y al fin consiguió entender lo que le gritaba Clary:
-… ¡No sabes apreciar lo que él vale, y le estás engañando!
Se levantó poco a poco del suelo, con una mano en la cabeza, estaba segura de que, si no se ponía hielo pronto, le saldría un chichón bien grande. Oía como Hugo intentaba calmar a Clary y la sentaba en el banco donde antes habían estado, mientras Ania y Eri los miraban sin entender lo que acababa de pasar.
Fanny también se sentó. Clary no paraba de gritar mientras lloraba y lloraba, aunque Fanny sabía de sobra que no estaba llorando por eso. Era imposible, su amiga nunca lloraba por un chico.
-Eh eh –dijo Fanny intentando tranquilizarla- para empezar me gustaría que me dijeras a quién engaño y a quién no se apreciar.
-La encontré llorando, en la acera, justo enfrente de esta casa –comenzó Dalia- salí corriendo acompañada de Asier y Vito. La tranquilizamos un poco y la metimos en casa, parecía una niña tan dulce. Entonces nos contó cómo había llegado hasta allí, y su historia me pareció la más triste que yo había oído en mi vida. Me encantó que llegara y escuchar todas sus historias, me sentía muy sola en la casa, porque yo era la única aparte de Vito y Asier, y me hacía sentir que seguía en Elimara.
>>Luego llegaron los problemas con Cristel. Cada vez que llegaba alguien nuevo, hacía unas cosas muy raras y se desmayaba muy amenudeo. Entonces recordé un libro que había leído cuando llegué, lo único que conservo de Elimara. Era de mi madre, o es, no sé qué pasó con ella como comprenderás. Ella es o era psicóloga, y yo soñaba con ser como ella en el futuro, por eso muchas veces leía sus libros. Decía que, los niños que viven horrores de pequeños en Elimara, son capaces de desarrollar un sexto sentido especial. Algunas veces podía ser bueno y no afectar al niño, pero, en el caso de Cristel, cualquier cosa o persona nueva y relacionada con Elimara, la haría daño por dentro, de ahí que actuara de esa forma tan rara. Se lo conté a Asier y Vito, pero no les parecía muy bien la forma de quitar ese trauma.
-¿Cuál era esa forma? –preguntó Max.
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