sábado, 8 de diciembre de 2012

Capítulo 7: ¿Y si no mentía? (Parte II)

-Anda, qué casualidad ¿verdad? -dijo Max regalándola una sonrisa.
-Sí, me han pedido que salga a comprar pan y aquí estoy -contestó Clary rezando para que su cara no hubiera decidido que era un buen momento para ponerse colorada.
-Pues yo he salido a dar una vuelta y ya de paso, vengo a comprar desayuno para mañana, que nadie se molesta en mi casa en ir a la compra.
Clary soltó una risita y continuó la conversación:
-Si quieres, te acompaño en tu paseo, no tengo nada que hacer.
-Vale, pues en cuanto terminemos aquí vamos.
Salieron de la panadería y Max continuó su paseo junto a Clary. Hablaron y se rieron un buen rato, al final, de muy mala gana, Clary volvió a casa. Max se despidió de ella y se dio la vuelta dispuesto a seguir su paseo.

-¿Quieres un poco?-le preguntó Hugo a Fanny.
-No gracias, no soy muy apasionada a los regalices rojos.-
-¡¿Qué no qué! ¿Tú los has probado? ¡Si son la maravilla de las chuches!
Fanny rió un poco por el comentario de su amigo. Estaban dando una vuelta por la calle tranquilamente y acababan de comprarse chuches. Habían quedado en salir un rato por la calle para hablar de las peleas constantes entre Clary y Fanny, pero ninguno había hablado de ese tema de momento.
-Bueno-continuó Fanny-la verdad es que nunca los he probado, de pequeña tuve una mala experiencia con uno.
-¿Qué?-respondió Hugo sin poder evitar una risita detrás de sus palabras.
-Sí, intenté probar uno y mi primo hizo que se me metiera el regaliz en el ojo, desde entonces no he vuelto a tocar un regaliz.
Hugo se paró en seco y empezó a reírse a carcajadas sin poder parar, tuvo que apoyarse en una señal de tráfico que había ahí al lado para no caerse al suelo de la risa.
-Bueno, pues hoy vas a probar uno.
-No pienso hacerlo.
-¿Qué nos apostamos?

Seguía riéndose de lo que había pasado esa tarde. Acababa de probar el regaliz y le encantaba. Todo había sido gracias a Hugo, que la había sujetado como podía y le había hecho comerse un regaliz entero. De pronto, una gota de agua le cayó en la cara, luego otra, y otra más, así hasta que empezó a llover. Debía darse prisa o se empaparía antes de llegar a casa, por suerte, solo estaba a un par de calles de su casa. Se puso la chaqueta encima de la cabeza y empezó a correr, quien diría que esa misma tarde estaba el sol iluminando el cielo.
Llegó a su casa, por suerte no muy mojada, aunque su chaqueta sí se había mojado, estaba empapada. Entonces, vio a alguien apoyado en la pared bajo la lluvia que parecía esperando. “¿Qué tarado se queda en la calle esperando cuando está lloviendo?” pensó Fanny. Pronto, descubrió que ese tarado que esperaba bajo la lluvia era Max. Un montón de dudas la vinieron de pronto: ¿qué hacía allí bajo la lluvia, empapándose?, ¿ habría venido a verla a ella?, y si era así, ¿para qué? ¡Si llevaban un montón de tiempo sin hablar!, ¿sería por la historia que le contó en el hospital?

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