sábado, 1 de diciembre de 2012

Capítulo 6: Un nuevo profesor (Parte III)

El timbre se escuchó por toda la casa y los dos apartaron la mirada de sus libros.
-Debe de der Fanny, voy a abrir-dijo Clary mientras se levantaba y se dirigía a la puerta.
-Vale-contestó Ángel.
Y vio como se marchaba Clary por la puerta y se dirigía a las escaleras. Lanzó un suspiro, siempre lo hacía cuando Clary lo dejaba solo. Y es que llevaba dos años enamorado de Clary. La única persona que lo sabía era Fanny, que siempre le había dicho que se lo dijera a Clary, pero Ángel se negaba, y al fin tenía una razón para hacerlo, ya que Clary acababa de confesarle que le gustaba Max, aunque lo conocía poquísimo. Eso le había derrumbado, ahora sí que nunca podría decírselo, no había ninguna duda de que le rechazaría, como a todos los chicos que se le habían declarado.

-¡Ya era hora! -gritó Clary a su amiga.
-Lo siento, me he entretenido un poco por el camino, pero ya estoy aquí, así que, ¿puedo pasar?
Clary se apartó de la puerta y dejó pasar a su amiga. Juntas, subieron las escaleras y llegaron hasta la habitación de Clary. A Fanny le encantaba esa habitación: las pareces estaban llenas de pósters y el armario decorado con fotos de los tres y recortes de letras de revistas. Se acordó del día en el que hicieron todo eso. Era verano y estaban los tres aburridos, tirados en el suelo y sin saber qué hacer, cuando de repente Clary propuso decorar su habitación con todo lo que había ahora colgado. Se pasaron una semana haciendo eso, se divirtieron mucho.
Habían pasado dos años desde aquello. Quién iba a pensar que la tontería de decorar la habitación siguiera durando, porque cada mes, cambiaba algo y entre los tres traían todos los recortes, fotos o cualquier cosa que encontraran por casa y añadían y cambiaban algo en la habitación.
-¡Ya estamos! -gritó Clary cuando entró por la puerta.
Ángel levantó la mirada y la puso en ellas.
-No hace falta gritar, estoy aquí al lado. Y yo que estaba concentrado… -protestó Ángel, en el fondo contento de que Clary ya estuviera de vuelta.
-¿Tú estudiando? Haber avisado y lo grabábamos -respondió Clary.
Ángel le soltó una risilla irónica y devolvió su mirada al libro. Fanny cogió uno de los sándwiches que había en la mesa, se sentó en la cama al lado de Ángel y sacó su libro y su cuaderno.


Garci no paraba de dar vueltas en su despacho. Le parecía que había hecho una cosa estúpida al meterse de sustituto para dar lengua en ese instituto, pero no le había quedado otra opción. No le preocupaba dar mal las clases, sabía todo lo que había que saber para dar esa clase lo que le preocupaba es que el otro grupo de Elimara lo reconociera. Suspiró. Ya no había marcha atrás, ahora, desde las ocho y media de la mañana hasta las dos y veinte de la tarde dejaba de ser Garci y se convertía en Francisco García.
Oyó un portazo y unos pasos que iban corriendo hasta su despacho.
-¡Garci, Garci! -gritaban fuera de su despacho mientras llamaban a la puerta- ¡ya tengo lo que me pediste, una forma de verla otra vez!
Garci abrió la puerta y dejó pasar a Hugo.
-Estupendo muchacho, pero no grites tanto o despertarás a las gemelas que hoy han decidido echarse una siesta.
-Lo siento -se disculpó Hugo.
-No te disculpes por una tontería así Hugo. Por cierto, ve a preparar la merienda para vosotros tres mientras voy yo a por el pan. En cuanto vuelva, las despertamos, que siempre es divertido ver cómo se ponen al oler los bollos.
Los dos sacaron una sonrisa y salieron del despacho, uno, hacia la cocina, y el otro, hacia la puerta de salida.

-¡Eh, no me tires trozos de tu pizza si no te gusta, déjala en el plato!
-Es tu culpa por pedir esta  Ángel, sabes que no me gusta -replicó Fanny.
-Lo siento, es que con tanto estudio se me olvidan las cosas -dijo mientras cogía otro trozo de pizza hawaiana.
Hacía media hora que habían acabado de estudiar, así que eso a Fanny no le bastaba como excusa por pedir la pizza con el peor ingrediente del mundo en su opinión
-Al menos has tenido la decencia de pedir una de bacon -le dijo Fanny mientras cogía ella un trozo de su pizza favorita.
-¿Decencia?, ¿quién eres, la señora Pérez o qué? -le dijo Clary a su amiga.
-Es una palabra como otra cualquiera -replicó Fanny.
Terminaron el resto de las porciones y subieron a la habitación de Clary.
-Vale -empezó a decir Clary- ¿qué me habéis traído para decorar mi cuarto este mes?
Ángel y Fanny se miraron mutuamente, no habían quedado hoy en eso.
-¿Cómo?, ¿es que no habéis traído nada?
-¿No quedamos en que eso se haría este finde Clary? -le dijo Ángel.
-Sí, quedamos en eso, siempre es un finde salvo en vacaciones -dijo Fanny apoyando a Ángel.
-Vale, pero es que no podía esperar -admitió Clary- ¿no tenéis nada por aquí?
Los dos negaron con la cabeza.
Una musiquilla sonó en la habitación, era el móvil de Fanny. Fue directa a cogerlo, seguro que sería su madre. A Ángel le llegó justo en ese momento un mensaje y el móvil de Clary también sonó, pero esta llamada era más interesante que las demás: era Max.
Los demás dejaron sus teléfonos mientras Clary daba saltitos de alegría.
-¡AHHH! -gritó entusiasmada -¡Es él, es él!
-Yo me tengo que ir -dijo Fanny- mi padre está en la puerta con el coche en doble fila, acaba de llegar del aeropuerto y tengo unas ganas tremendas de verle. Ángel, me han dicho que vienes conmigo.
-Sí, ya nos contarás qué te dice Max, adiós Clary -dijo Ángel intentando no parecer desanimado. La reacción que había tenido su amiga al ver quién la llamaba le había derrumbado.
Los dos amigos salieron de la casa y Clary cogió el teléfono mientras se despedía con la mano.

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