martes, 11 de diciembre de 2012

Capítulo 7: ¿Y si no mentía? (Parte III)

Pensó que ya lo averiguaría luego, lo primero era evitar que se quedara más tiempo bajo la lluvia, empapándose en medio de la calle, posiblemente lejos de su casa y cogiendo frío, así que lo primero que dijo fue:
-¡Max!, ¿qué haces aquí?, vamos, pasa a mi casa, vas a ponerte malo.
Lo único que hizo el chico fue asentir y hacerle caso. Hasta que no estuvieron dentro, ninguno de los dos dijo nada.
-Voy a por una toalla para ti, tú espera, que enseguida vuelvo.


Beda iba tranquilo por la calle, con el paraguas en la mano. Asier le había obligado a cogerlo si quería salir a dar una vuelta y sus quejas no habían servido para nada. Y es que a Beda le encantaba la lluvia.
De pronto oyó un sonido que sí, que detestaba muchísimo. Miró hacia el suelo y dio un suspiro, en efecto, se había metido en un charco. Y, aunque parezca raro, Beda odiaba los charcos, eran agua sucia que se amontonaba en el suelo y que te hacía mojarte los pies exageradamente en un segundo. No como su amada lluvia, que te mojaba poco a poco, suavemente, dejándote unas gotitas graciosas por el cuerpo.
-¡Vamos Ania! -gritó alguien delante suya- ¡al final nos vamos a empapar, deja ya las flores!
-¡Espérate Hugo! -contestó la que debía ser Ania- ¡Eri, coge tú esas blancas!
-¡Voy!- respondió la que debería ser Eri mientras se soltaba de la mano del chico que Beda había entendido que se llamaba Hugo.
-Está bien, coged más, pero daos prisa o Garci se enfadará -contestó Hugo.
Beda se había quedado mirando, pensativo y asombrado, aquella escena. Exceptuando Hugo, todos esos nombres eran de Elimara. Cuando los tres se quedaron aún más a la vista de Beda, descubrió que Eri y Ania eran gemelas. “¿Qué tendrían que ver dos gemelas de aparentemente 4 años con nombres de Elimara con un chico de 14 años más o menos que se llama Hugo?” se preguntó Beda, “¿Y quién será ese Garci?”


Se sentaron en el sofá del salón. Max llevaba una toalla que le había dejado Fanny para que se secara, pero tenía un tema más importante que tratar con ella que el estar mojado.
-¿Qué hacías ahí fuera con la que está cayendo?-preguntó Fanny preocupada de que a Max se le hubiera ido la cabeza por tantos golpes.
-Tenía que hablar contigo y sabía que mañana no me harías caso, como siempre.
-¿Y cómo has averiguado dónde vivía?
Max la miró sorprendido.
-Fanny -dijo sin salirse de su asombro- vivo en frente.
Ahora la sorprendida era Fanny, a la que se le habían colorado las mejillas por no haberse dado cuenta de ese detalle.
-¿A si?, bueno, ya que has venido a hablar conmigo, dime.
Max la miró un momento, después respiró hondo y dijo:
-Tenía que preguntarte por qué no me crees, por qué no crees que exista Elimara, ni La Ciudad sin Alma ni…
-Para -le interrumpió Fanny- no empecemos otra vez. No me lo creo porque es ridículo que pase eso: que existan los desalmados, el mago que hace sufrir a todo y a todos, el príncipe Melas…
-¿Cómo has dicho? -preguntó Max sabiendo que al fin tenía un punto donde apoyarse.
-El príncipe Melas, un nombre extraño, ¿verdad? Aunque en mi historia se explica que no le gustó nunca su nombre y acordó con su padre que se cambiaría el nombre a…
-Max -le cortó él.
-Sí, exacto, ¿cómo lo sabes? Si eso lo añadí la semana pasada y tú…
-¿Leí tu historia mucho antes? Eso tiene una explicación Fanny, yo soy ese príncipe Melas, pero como nunca me gustó ese nombre me lo cambié por Max, Sé todo lo que has escrito en tu libro, al menos que escribas sobre lo que está pasando ahora mismo en Elimara, Fanny, y espero que estén bien allí y que pueda volver cuanto antes. ¿Por qué no me crees?
-¡Porque es una teoría estúpida que mis historias pasen en la vida real!

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