Todos siguieron intentando aguantar la risa mientras Asier miraba y estiraba de su delantal, no veía en él nada malo: era un pequeño delantal rosa de cuadros adornados con pequeñas florecillas de colores alegres. La antigua propietaria de la casa se lo había dejado allí y luego no había querido recuperarlo, así que Asier se lo quedó.
-En mi familia todos trabajamos con delantal, da igual cómo sea, mientras sea un delantal.
La imagen de gente parecida a Asier con delantales más ridículos que el que él llevaba se metió en las cabezas de todos los presentes, haciendo estallar una carcajada general.
Enfurecido, Asier dejó los platos en la mesa y se quitó el delantal de un tirón.
-Vamos Asier-dijo Vito intentando calmarlo-tienes que reconocer que tiene gracia, si alguna vez llego a ver a tu padre, con lo serio y fuerte que es, con un delantal tan ridículo como ese creo que me hubiera reído más que ahora.
-Ohh… eso me anima mucho sí…-le respondió en un tono irónico-bueno, dejemos esto de una vez y escuchemos lo que nos tienen que contar para poder cenar ya.
Los tres se miraron entre sí, decidiendo quién lo diría. Beda y Khalil estaban seguros de quién hablaría, dado que era justo que el más mayor soltara la noticia, por eso se quedaron casi igual de sorprendidos cuando, Cristel, sacando fuerzas de donde podía:
-Hemos visto a un chico y dos niñas pequeñas de Elimara en el parque.
Lo único que se oyó en esa casa a continuación, fue la banda sonora que tocaron los cubiertos de cada uno al caer al suelo.
-¡Papa!-gritó Fanny en su casa, mientras corría a abrazar a su padre.
Siempre estaba viajando por el mundo por motivos de trabajo y casi nunca le veía al menos que no estuvieran en fiestas, por eso, antes de entrar en casa, había decidido hacer un esfuerzo sobrehumano y dejar en un rincón de su mente la conversación que acababa de tener con Hugo, para disfrutar plenamente de la compañía de su padre.
-Hola cielo, ¿de dónde vienes a estas horas?
-Lo siento, pero hubo problemas con Clary, una historia muy larga que espero que no vuelva a repetirse.
-Por lo menos, está arreglado. Bueno, ven, mira lo que te traigo desde Venecia.
Los dos corrieron a sentarse en el sofá junto a la madre de Fanny y empezaron a remover una gran bolsa que había en el suelo.
Fanny recogió los dos regalos envueltos que llevaban su nombre. Sonrió para sí, estos momentos siempre le recordaban a los amigos invisibles que hacían en su clase y a los días de Navidad, donde, en su casa, te tocaba recorrer de esquina a esquina todas las habitaciones hasta encontrar tus regalos.
Abrió el primero, era un libro que llevaba pidiendo durante todo el mes, pero que nunca llegaban a ir a comprarlo. Siguió con el segundo, una camiseta muy divertida de colores claros y alegres. Le dio las gracias a su padre y se levantó del sofá para ir a guardar sus regalos, pero su padre la llamó de pronto, diciendo que tenía un regalo más para ella.
-Verás Fanny-dijo su madre- le he contado a tu padre que tenías cierto interés en uno de mis colgantes. Es un regalo muy especial para nosotros, porque… nos recuerda a nuestra vida cuando éramos más jóvenes, pero…
-Hemos decidido regalártelo-acortó su padre.
Fanny les dio un fuerte abrazo a los dos. Ahora que sabía qué significaba ese colgante, había deseado que su madre dejara que se lo quedara.