lunes, 24 de diciembre de 2012

Capítulo 9:¿Qué se supone que debo hacer? (Parte II)

Todos siguieron intentando aguantar la risa mientras Asier miraba y estiraba de su delantal, no veía en él nada malo: era un pequeño delantal rosa de cuadros adornados con pequeñas florecillas de colores alegres. La antigua propietaria de la casa se lo había dejado allí y luego no había querido recuperarlo, así que Asier se lo quedó.
-En mi familia todos trabajamos con delantal, da igual cómo sea, mientras sea un delantal.
La imagen de gente parecida a Asier con delantales más ridículos que el que él llevaba se metió en las cabezas de todos los presentes, haciendo estallar una carcajada general.
Enfurecido, Asier dejó los platos en la mesa y se quitó el delantal de un tirón.
-Vamos Asier-dijo Vito intentando calmarlo-tienes que reconocer que tiene gracia, si alguna vez llego a ver a tu padre, con lo serio y fuerte que es, con un delantal tan ridículo como ese creo que me hubiera reído más que ahora.
-Ohh… eso me anima mucho sí…-le respondió en un tono irónico-bueno, dejemos esto de una vez y escuchemos lo que nos tienen que contar para poder cenar ya.
Los tres se miraron entre sí, decidiendo quién lo diría. Beda y Khalil estaban seguros de quién hablaría, dado que era justo que el más mayor soltara la noticia, por eso se quedaron casi igual de sorprendidos cuando, Cristel, sacando fuerzas de donde podía:
-Hemos visto a un chico y dos niñas pequeñas de Elimara en el parque.
Lo único que se oyó en esa casa a continuación, fue la banda sonora que tocaron los cubiertos de cada uno al caer al suelo.



-¡Papa!-gritó Fanny en su casa, mientras corría a abrazar a su padre.
Siempre estaba viajando por el mundo por motivos de trabajo y casi nunca le veía al menos que no estuvieran en fiestas, por eso, antes de entrar en casa, había decidido hacer un esfuerzo sobrehumano y dejar en un rincón de su mente la conversación que acababa de tener con Hugo, para disfrutar plenamente de la compañía de su padre.
-Hola cielo, ¿de dónde vienes a estas horas?
-Lo siento, pero hubo problemas con Clary, una historia muy larga que espero que no vuelva a repetirse.
-Por lo menos, está arreglado. Bueno, ven, mira lo que te traigo desde Venecia.
Los dos corrieron a sentarse en el sofá junto a la madre de Fanny y empezaron a remover una gran bolsa que había en el suelo.
Fanny recogió los dos regalos envueltos que llevaban su nombre. Sonrió para sí, estos momentos siempre le recordaban a los amigos invisibles que hacían en su clase y a los días de Navidad, donde, en su casa, te tocaba recorrer de esquina a esquina todas las habitaciones hasta encontrar tus regalos.
Abrió el primero, era un libro que llevaba pidiendo durante todo el mes, pero que nunca llegaban a ir a comprarlo. Siguió con el segundo, una camiseta muy divertida de colores claros y alegres. Le dio las gracias a su padre y se levantó del sofá para ir a guardar sus regalos, pero su padre la llamó de pronto, diciendo que tenía un regalo más para ella.
-Verás Fanny-dijo su madre- le he contado a tu padre que tenías cierto interés en uno de mis colgantes. Es un regalo muy especial para nosotros, porque… nos recuerda a nuestra vida cuando éramos más jóvenes, pero…
-Hemos decidido regalártelo-acortó su padre.
Fanny les dio un fuerte abrazo a los dos. Ahora que sabía qué significaba ese colgante, había deseado que su madre dejara que se lo quedara.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Capítulo 9: ¿Qué se supone que debo hacer? (Parte I)

Abrió la boca, pero no se le ocurrió qué decir. No quería mentir a Fanny, pero, por otro lado, tampoco quería hablar de su doloroso pasado.
-Hugo-dijo, mirándole fija y seriamente a los ojos-no me mientas por favor, solo quiero saber la respuesta, porque me estoy volviendo loca.
-No Fanny, no soy de Elimara.
-Entonces, no existe, ¿verdad?-preguntó, deseando con todas sus fuerzas que contestara lo que ella  unos días antes tenía claro.
-Sí existe, pero no lo conozco. Tengo familia allí a la que nunca he visto y conozco a gente que sí nació en Elimara. En parte sí soy de Elimara, dado que mis padres lo eran-paró un poco para respirar hondo y contener sus lágrimas, no le gustaba nada hablar de sus padres-pero nací aquí, así que en parte, tampoco soy de Elimara. No… no me gusta hablar de esto por… por cosas que me pasaron, y…
-No digas más-le cortó-solo necesitaba saberlo, saber que…
-¿Qué no estás loca?, ¿Qué Max no está loco? ¿Qué Elimara existe y así poder asimilar de alguna forma lo que eres? No, no lo lograrás Fanny, no sin saber tus orígenes, no sin lograr comprender de verdad a Los Donistas. Pero eso, solo lo lograrás con tus padres, y dudo mucho que ellos quieran decirte algo.
-Puedo hablar con ellos, preguntarles cosas y…
-No te dirán nada, Fanny-cortó rápidamente, sin siquiera fijarse en el miedo que reflejaba Fanny-porque creen que es lo mejor, que no sepas nada, que no desarrolles tu Don, que tengas lo que aquí llaman “una vida normal”, cuando tener el Don es lo más maravilloso que puede… que podía pasarle a alguien de Elimara.
-Hu… Hugo-tartamudeó Fanny intentando calmarse-no… no te entiendo, que… ¿qué está pasando?
-Ya lo irás descubriendo, de momento, intenta asimilar la información de hoy. Eres la única que puede cumplir nuestro sueño de volver.
Y dicho esto, se fue, sin decir una palabra más.


Habían pasado minutos, puede que incluso dos horas, y Dalia y Max no habían vuelto a hablar. Ambos seguían mirando la luna, que era lo que habían venido a hacer. Se oyó el ruido de la puerta y se fueron encendiendo las luces de la casa, pero ellos seguían sin moverse, sin decir ni una palabra, incluso parecía que no pestañeaban. También se escuchaba a Asier y Vito diciéndoles a Khalil, Beda y Cristel que dejaran las chuches que habían comprado esa tarde, que cenarían dentro de unos minutos y… Max se sobresaltó de repente, sí, había oído bien, Khalil, Beda y Cristel, Khalil y Cristel, juntos, toda una tarde.
-Dalia-dijo Max, moviendo despacio a su supuesta prima para que saliera de su ensoñación-antes has dicho que si Cristel y Khalil pasaran el tiempo juntos, por recordarle a su antigua vida, podría tener problemas, ¿no?
Dalia asintió.
-Y… ¿has oído lo que han dicho Vito y Asier?
-Claro, han dicho que Khalil, Beda y Cristel no se coman las chuches que han… -se paró en seco de repente, acababa de entender lo que Max estaba insinuando.
Ambos se levantaron de un salto y entraron corriendo a casa, preguntándose qué pasaría si  a Cristel le diera uno de sus ataques. Igor sabría exactamente qué hacer, intentar la técnica del fuego, pero podría salir mal y, aunque lo intentara, ni Beda ni Khalil le dejarían acercarse a Cristel.
-…nos dio un susto…-escucharon Max y Dalia cuando entraron en casa.
Vieron a todos en el salón, esperando que Asier trajera la comida de la cocina, escuchando una anécdota de la tarde de Cristel, Khalil y Beda. Ambos suspiraron, no le había pasado nada.
-Ah bien, al fin habéis entrado-dijo Asier, entrando al salón desde una puerta que se conectaba con la cocina, llevando unos platos de pollo y patatas fritas-Cristel, Beda y Khalil nos han dicho que querían contarnos algo a todos, ir sentan…
Se cortó, al ver que todos intentaban aguantar la risa. Asier no entendía de qué iba todo eso.
-¿Qué? ¿De qué os estáis riendo?-dijo, sin entender nada.
Vito tosió un poco para aclararse la garganta.
-Asier-dijo, con una sonrisa tonta en la cara-¿de verdad crees que ese es el delantal más…indicado para ti?

Capítulo 8: Preguntas, ¿de verdad quieres saber su respuesta? (Parte IV)

-Fuego –contestó Dalia muy seria por tener que recordar toda esa historia- había que pasarle una llama de fuego por encima de todo su cuerpo, sin llegar a tocarla. Para que sintiera que esa época horrorosa que había sufrido había pasado, y que podía confiar en nosotros, que no hay nada que temer. Esas son las sensaciones que suele transmitir el fuego de una hoguera o de una chimenea: calor, seguridad de que no te vas a hacer daño y de que no hay peligro.
>>Pero ellos no estuvieron de acuerdo en utilizar fuego con ella, dado que, aunque no lo admitan, no se fiaban de mí. Yo ya había hecho eso varias veces ayudando a mi madre, y sabía de sobra cómo utilizarlo, pero ellos no me dejaron. Pasó el tiempo, y llegó aquí su hermano. Al ser su hermano, le recordaba a todo lo que vivió en Elimara, y le dio más fuerte. Entonces él pensó que nosotros la tratábamos mal y por eso estaba así. Al final, Asier y Vito decidieron dejarme utilizar esa técnica del fuego con ella, así que cogí un mechero y avisé a Igor, que era la persona de la que más me fiaba para mantenerme concentrada y que no me distrajera, se necesita una concentración total para hacerlo bien. Así que, cuando se durmió, empezamos lo planeado, pero Khalil lo vio y nos paró. Pensó que queríamos quemarla. Así que fingí que la odiábamos y que si no quería que la tocáramos, que no la hablara. Pero la verdadera razón era que, cada vez que Khalil se acercaba a ella, lo pasaba peor, y yo no me atrevía a decirle la verdadera razón. De hecho, todavía no sé si Khalil debería acercarse a ella, porque podría volver a sufrir.
Ambos se quedaron callados durante un rato bien largo, sin saber qué decir. Ahora que Max sabía la verdad, no sabía cómo proteger a Cristel.

-Entonces, ¿ya te ha quedado claro que no tengo nada con Max?
-Si –dijo Clary, secándose las lágrimas- oh, Fanny, lo siento mucho, he sido muy tonta, y he dado un cambio estos días que ya ni me reconozco. Lo peor de todo es que he perdido definitivamente a Ángel.
El recordarlo, hizo que se pusiera otra vez a llorar. Fanny la abrazó, intentando consolarla.
-Seguro que no le has perdido –dijo Fanny- ya verás como todo se arregla, de eso estoy segura.

Era ya muy tarde, solo podía pensar en que ojala su madre no la regañara. La había llamado y explicado por qué llegaba tarde, bueno, solo parte, en realidad le había dicho que se retrasaba por la reconciliación con Clary. Hugo la acompañaba hasta casa, ya que vivían casi al lado.
Llegaron a casa de Fanny. Entonces, se acordó de su pregunta. Hugo ya se estaba yendo, así que tuvo que agarrarle por el brazo.
-Espera –dijo Fanny- aún no he hecho mi pregunta.
-Adelante, pregunta –contestó Hugo, sonriendo.
Respiró hondo, intentando prepararse para la pregunta que tenía que hacerle. Levantó la cabeza, seria, para que viera que esto iba en serio, tomó aire por la boca, y lo dijo:
-¿Eres de Elimara, Hugo?


sábado, 15 de diciembre de 2012

Cpaítulo 8: Preguntas, ¿de verdad quieres saber su respuesta? (Parte III)

Cada vez andaba más rápido, cada vez más, solo quería perder a Ángel de vista. Llevaba toda la tarde con él, y la verdad es que a Clary le empezaba a parecer el más pesado del mundo.
-¡Clary, espérate un momento!, ¡tengo que preguntarte una cosa!-gritó Ángel detrás de ella.
Suspiró. Estaba ya cansada de él, quería que se diera la vuelta y se fuera corriendo a su casa, así la dejaría sola, que era exactamente lo que quería.
-Al fin… te alcanzo…-dijo mientras cogía el aire que necesitaba, llevaba corriendo desde la manzana anterior- quería preguntarte…
-Venga, suéltalo ya para que me pueda ir a casa-dijo Clary muy borde.
-¿Por qué estás enfadada con Fanny? Es que no lo entiendo, una tarde sois tan amigas y a la siguiente no paráis de discutir todo el rato, sin que ella supiera por qué y…
-¿Y la niñita repipi te ha mandado aquí de espía para sonsacármelo porque no tiene narices de preguntármelo? Pues te lo diré, Ángel, ¡estoy harta de ella! ¿Lo entiendes? ¡HAR-TA! Y de lo que más estoy harta es de que no pares de seguirme como un perrito faldero y que me estés lamiendo el culo todo el día.
-Es que te veía tan sola que…
-¿Y no pensaste que tal vez era eso lo que quería? No, solo pensaste: oh, pobre Clary, Fanny lo tiene todo y ella nada, voy a perseguirla por toda la ciudad a ver si así la animo. ¡Pues no te necesito! ¡Ni a ti, ni a Fanny, ni a los demás! Así que por favor, vete, y déjame en paz, porque de todas las personas que hay en el mundo, eres a la que menos quiero ver ahora mismo.
Eso a Ángel le dolió mucho, pero intentó contener las lágrimas, no pensaba dejar que la nueva Clary le viera así. Porque esa ya no era la Clary de la que él se había enamorado.
-Ya no sé quién eres –le dijo Ángel, intentando parecer lo más duro posible- no te molestes en decir ni una palabra más. Lo siento cuando sobro en algún lugar, así que me iré. Pero antes te voy a dejar claro un par de cositas que necesita saber tu cerebro. Fanny no era ni la mitad de genial que tú, siempre has sido mejor que ella en todo. Eras lista, amable, simpática, guapa… lo tenías todo. Pero ahora no te reconozco, te apartas del mundo, cuando antes odiabas estar sola, vas detrás de un chico, cuando siempre decías que nunca irías detrás de uno, que no pensabas quedar tan mal.  No te molestes en decir que siempre has sido así, que si pienso esto es porque nunca te he conocido del todo, pero sabes que eso es mentira. Ahora no sé quién eres, no eres Clary, no eres la Clary de la que yo me enamoré. Y la echo de menos, todos la echamos de menos.
Y dicho esto, dejó de mirarla y se fe por donde había venido.
A Clary a penas le importó en ese momento Ángel, porque, al darse la vuelta, vio a Fanny con un chico. Ardió de rabia por dentro, Fanny era la culpable de todo: de su cambio, de su humor, de sus celos, de haber gritado a Ángel y perderlo… Y ahora, cuando vio a Fanny allí, con un chico que no era Max, no pudo contenerse. Echó a correr hacia ellos, sin dejar de maldecirla en su mente: “ella es la culpable, tiene que pagarlo. Ella está engañando a Max, y no sabe apreciarlo. Está con otro, y a punto de besarlo”
En cuanto llegó, cogió a Fanny del brazo, la levantó del banco donde estaba sentada, y la tiró al suelo.


Se golpeó la cabeza con el suelo y se quedó aturdida un momento. Al fin reaccionó, y vio a Clary encima de ella, gritándola entre sollozos mientras Hugo la sujetaba y la intentaba levantar. Parpadeó un poco y al fin consiguió entender lo que le gritaba Clary:
-… ¡No sabes apreciar lo que él vale, y le estás engañando!
Se levantó poco a poco del suelo, con una mano en la cabeza, estaba segura de que, si no se ponía hielo pronto, le saldría un chichón bien grande. Oía como Hugo intentaba calmar a Clary y la sentaba en el banco donde antes habían estado, mientras Ania y Eri los miraban sin entender lo que acababa de pasar.
Fanny también se sentó. Clary no paraba de gritar mientras lloraba y lloraba, aunque Fanny sabía de sobra que no estaba llorando por eso. Era imposible, su amiga nunca lloraba por un chico.
-Eh eh –dijo Fanny intentando tranquilizarla- para empezar me gustaría que me dijeras a quién engaño y a quién no se apreciar.


-La encontré llorando, en la acera, justo enfrente de esta casa –comenzó Dalia- salí corriendo acompañada de Asier y Vito. La tranquilizamos un poco y la metimos en casa, parecía una niña tan dulce. Entonces nos contó cómo había llegado hasta allí, y su historia me pareció la más triste que yo había oído en mi vida. Me encantó que llegara y escuchar todas sus historias, me sentía muy sola en la casa, porque yo era la única aparte de Vito y Asier, y me hacía sentir que seguía en Elimara.
>>Luego llegaron los problemas con Cristel. Cada vez que llegaba alguien nuevo, hacía unas cosas muy raras y se desmayaba muy amenudeo. Entonces recordé un libro que había leído cuando llegué, lo único que conservo de Elimara. Era de mi madre, o es, no sé qué pasó con ella como comprenderás. Ella es o era psicóloga, y yo soñaba con ser como ella en el futuro, por eso muchas veces leía sus libros. Decía que, los niños que viven horrores de pequeños en Elimara, son capaces de desarrollar un sexto sentido especial. Algunas veces podía ser bueno y no afectar al niño, pero, en el caso de Cristel, cualquier cosa o persona nueva y relacionada con Elimara, la haría daño por dentro, de ahí que actuara de esa forma tan rara. Se lo conté a Asier y Vito, pero no les parecía muy bien la forma de quitar ese trauma.
-¿Cuál era esa forma? –preguntó Max.

Capítulo 8: Preguntas, ¿de verdad quieres saber su respuesta? (Parte II)

Beda, Khalil y Cristel se dirigían a casa. Ya se había hecho tarde y sabían que Asier y Vito se enfadarían, pero sobretodo Asier. Decidieron atajar por un pequeño parque para llegar antes a su casa, y entonces Beda las vio: eran las gemelas que había visto justo el día anterior, Ania y Eri.
Cerca de ellas, estaban Hugo y Fanny, sonriendo mientras miraban a las gemelas pelirrojas de cuatro años. “¿Qué narices hace Fanny aquí, con ellos?” Se preguntó Beda.
-Kha…Khalil –dijo, tartamudeando- cre… creo que esas niñas son de…
-Elimara –le cortó él- lo sé, Beda, reconocería a alguien de nuestra tierra a kilómetros.
-¿Y tenéis idea de qué hace Fanny con ellos? –preguntó Cristel, algo asustada.
Khalil entonces reparó en ella, dado que no se había dado cuenta de que estaba con Hugo.
-Creo que ninguno lo sabemos –aclaró definitivamente Cristel.
-Bueno, deberíamos ir a  casa y contárselo a Asier y Vito –dijo Beda.
Y los tres continuaron su camino, mientras seguían pensando en lo que acababan de ver.


Fanny estaba nerviosa, muy nerviosa. Había quedado otra vez con Hugo, y esta vez se había llevado consigo a Ania y a Eri, sus hermanas pequeñas. Eran monísimas, pero su presencia dificultaba a Fanny poder hacer su pregunta. Ya eran las nueve de la noche, y ella tendría que estar volviendo a casa, pero no volvería hasta haber conseguido hacer su pregunta. Volvió a mirar el reloj, inquieta, su madre la iba a matar, y encima su padre volvía esa misma noche de otro viaje, ¡y deseaba verle!
Hugo se dio cuenta de su nerviosismo.
-¿Qué te pasa, Fanny?-preguntó.
-Hugo, es que llevo toda la tarde queriendo preguntarte algo pero… puff, es muy difícil porque hasta ayer mismo yo no me creía nada de esto y encima tú me gustas y… -dejó de hablar de repente cuando se dio cuenta de lo que acababa de decir. Lo había dicho, ¿se habría enterado? Y si se había enterado, ¿qué diría? Otro problema más. Lo que ella no sabía era que, ese  problema que le acababa de surgir, se iría en un momento, pero originando más problemas todavía.

-Hola –dijo Max.
Dalia se dio la vuelta y le saludó con una sonrisa. Max se sentó a su lado y dirigió su mirada al cielo, como tenía pensado.
-¿Qué haces aquí? –preguntó Dalia, sacándolo de su ensueño.
-Me prometí venir aquí cada primero de mes.
-Yo también hago eso.
Silencio. Siguieron contemplando el cielo, memorizando cada posición de cada estrella, mirando y guardando cada detalle de la luna, comparándola con la de su hogar, hasta que el sonido de un búho los hizo despertar de su sueño. Entonces, una duda reconcomió a Max. Era algo que llevaba deseando preguntar desde que llegó. No pudo contenerse, así que dijo:
-¿Por qué tratabais tan mal a Cristel?
-No la tratábamos mal, Max.
-Venga ya –dijo él- si Khalil me dijo que intentasteis quemarla, eso es tratar muy mal a una persona.
Dalia suspiró y dijo:
-¿De verdad quieres saberlo?
-Sí –respondió, mientras asentía.
-Está bien.
Y comenzó a contar su historia.

-¿Qué?-dijo Hugo, sorprendido.
-Nada, nada, no he dicho nada-le contestó Fanny, bastante nerviosa.
-¿En serio?, - dijo Hugo sonriente- a mí me ha parecido oírte decir que te gusto.
Fanny tragó saliva, ¿lo negaba o admitía que lo había dicho?
-No, me habrás oído mal –respondió Fanny con voz algo temblorosa.
Se maldijo a sí misma en su cabeza, no había sonando nada creíble.
-Entonces, -prosiguió Hugo- si yo me acerco a ti de esta forma, tú te apartarás, ¿no?
Fanny abrió la boca para decir algo, pero no sabía el qué. No quería que se apartase. Hugo sonrió al verla tan sorprendida y nerviosa, así que continuó:
-Y si yo intento cogerte la mano, como estoy haciendo ahora, tu lógicamente no me lo permitirás –Fanny seguía sin saber que decir, seguía mirándole embobada, así que Hugo continuó con lo que estaba haciendo- Y si me acerco aún más, como ahora, y estoy a punto de besarte, claramente tu apartarás la cabeza o me empujarás para atrás.
Siguió acercándose a ella, cada vez más y más, sus labios casi se rozaban, cuando entonces alguien tiró del brazo de Fanny y consiguió levantarla del banco.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Capítulo 8: Preguntas, ¿de verdad quieres saber su respuesta?(Parte I)

<<This melody was meant for you; just sing alone to my stereo>>
Ya era la tercera vez que sonaba su  móvil, ¿es que Fanny no pensaba dejarla en paz? Ya estaba cansada, así que apagó el teléfono y se lo metió en el bolsillo. Siguió su camino hasta su casa, procurando no pensar en Fanny para que su día acabara tan bien como había empezado. Ahora, casi siempre iba sola a todos lados, y ya casi no se juntaba  con sus amigos de siempre. De hecho, si no fuera porque Ángel se juntaba con ella, ese casi no existiría.
Entonces se acordó de que Max había prometido llamarla para hablar con ella urgentemente. Se sonrojó enseguida y volvió a encender el móvil sin importarle cuántas llamadas recibiera de Fanny.


Colgó el teléfono. Fanny suspiró, su amiga había apagado el móvil. Estaba decidida a arreglar al menos uno de sus problemas, y es que necesitaba a alguien con quien hablar urgentemente. Para empezar, Clary no la hablaba y seguía sin saber por qué, luego estaba el problema de Max, que aseguraba que sus historias eran reales y Fanny empezaba a creerle cada vez más y más; solo había algo que le impedía creerle del todo, y ese era su tercer problema, Hugo. ¿Cómo creer a Max si eso significaba que el chico que le empezaba a gustar cada vez más y más estaba implicado en esa historia? Normalmente todo esto ya se lo habría contado a Ángel, pero, ¿cómo contárselo si él era su cuarto problema? Ahora Ángel se pasaba el día con Clary porque ella ya no se juntaba con nadie y no quería verla sola, así que llevaba sin hablar con él unos tres días.
Volvió a suspirar. Estaba claro que tendría que hablar primero con Hugo, aunque de una cosa estaba segura, no iba a resultarle nada fácil.


Se tiró en la cama, muy cansado. Había sido un día muy largo para Ángel, sobretodo porque, en su espalda llevaba el peso de saber que estaba dejando a Fanny de lado,  pero , no podía resistirse, estaba pasando más tiempo con Clary ahora a solas que en toda su vida, y a eso no era capaz de renunciar. Aunque se sentía culpable por dejar sola a Fanny, que era la que más la había ayudado cuando Clary tenía un novio, o le gustaba un chico… Cogió la almohada y se la puso en la cara, se empezaba a agobiar.  Pensó en cómo podía recompensar a Fanny por llevar tres días sin decirle ni hola. Ya lo tenía, al día siguiente intentaría sonsacarle a Clary el porqué de su enfado con Fanny. Por desgracia, con eso solo conseguirá hacerse daño.

Apagó el televisor y se levantó muy contento del sofá. Hoy era el primer día del mes de mayo, así que ya habían pasado tres meses desde su llegada a España. Había decidido que, cada primero de mes, saldría al patio de la casa de Los Buscadores y miraría al cielo, para recordar su hogar y nunca olvidarse del brillo de la luna.
Salió al patio y dirigió su mirada hacia el enorme árbol que había crecido ahí en medio: ahí estaba Dalia.
Llevaba sin hablar con ella desde el incidente de Cristel, se habían cruzado varias veces por la casa, pero no se decían nada, y con Igor igual. Max pensaba que era porque le guardaban rencor, pero la verdadera historia le dará mucho en qué pensar.

Capítulo 7: ¿Y si no mentía? (Parte IV)

-Está bien, pregúntame cualquier cosa que hayas escrito, a ver si así me crees.
-Eso solo demostrará que has leído mi historia, pero, vamos a ello, ¿cómo se llamaba antes La Ciudad sin Alma?
-La Ciudad sin Nombre.
-¿Por qué se le cambió el nombre?
-Porque El Gran Mago se apoderó de la ciudad e hizo sufrir a todos y a todo lo que había allí haciendo pensar a Elimara que La Ciudad sin Nombre estaba maldita, así que le cambiaron el nombre. Y solo yo y los que se niegan a matar a los desalmados saben que esa ciudad no está maldita.
-¿Qué don tiene Tania?
-Eso lo descubrí hace poco, Tania eres tú y todo lo que escribe o ha pasado o está pasando en este momento en Elimara. Pero no es un don, es El Don que existía antes entre Elimara y La Ciudad sin Nombre y cuando aún existían más magos. Todo lo que escribían o pasaba, o había pasado, o estaba pasando en ese momento. Entonces, una chica con el Don fue torturada por El Gran Mago para que escribiera el futuro de La Ciudad sin Nombre y de todos los magos.
>>Naturalmente, pasaron años y años hasta que esa chica consiguió que funcionara porque los poseedores de El Don no pueden inventar las cosas, y menos si son negativas. Solo las pueden inventar si son positivas, pero les quedaban muy mal los escritos y con demasiada felicidad, así que los rompían. A ti, al parecer, te ha tocado ser la descendiente de de esa chica y has sido elegida por El Don para continuar la historia que ella dejó abierta, porque el lema de los Donistas es: ninguna historia puede empezar y acabar bien o mal, debe empezar bien y acabar mal o viceversa.
Fanny estaba asombrada, ¡si eso lo escribió justo antes de salir con Hugo esa tarde! Entonces, le vino una duda a la cabeza, ¿y si no mentía? ¿Y si ella era Tania? Todos los demás personajes encajaban con alguien y con algo de su vida, ¿era posible que Max estuviera diciendo la verdad?

martes, 11 de diciembre de 2012

Capítulo 7: ¿Y si no mentía? (Parte III)

Pensó que ya lo averiguaría luego, lo primero era evitar que se quedara más tiempo bajo la lluvia, empapándose en medio de la calle, posiblemente lejos de su casa y cogiendo frío, así que lo primero que dijo fue:
-¡Max!, ¿qué haces aquí?, vamos, pasa a mi casa, vas a ponerte malo.
Lo único que hizo el chico fue asentir y hacerle caso. Hasta que no estuvieron dentro, ninguno de los dos dijo nada.
-Voy a por una toalla para ti, tú espera, que enseguida vuelvo.


Beda iba tranquilo por la calle, con el paraguas en la mano. Asier le había obligado a cogerlo si quería salir a dar una vuelta y sus quejas no habían servido para nada. Y es que a Beda le encantaba la lluvia.
De pronto oyó un sonido que sí, que detestaba muchísimo. Miró hacia el suelo y dio un suspiro, en efecto, se había metido en un charco. Y, aunque parezca raro, Beda odiaba los charcos, eran agua sucia que se amontonaba en el suelo y que te hacía mojarte los pies exageradamente en un segundo. No como su amada lluvia, que te mojaba poco a poco, suavemente, dejándote unas gotitas graciosas por el cuerpo.
-¡Vamos Ania! -gritó alguien delante suya- ¡al final nos vamos a empapar, deja ya las flores!
-¡Espérate Hugo! -contestó la que debía ser Ania- ¡Eri, coge tú esas blancas!
-¡Voy!- respondió la que debería ser Eri mientras se soltaba de la mano del chico que Beda había entendido que se llamaba Hugo.
-Está bien, coged más, pero daos prisa o Garci se enfadará -contestó Hugo.
Beda se había quedado mirando, pensativo y asombrado, aquella escena. Exceptuando Hugo, todos esos nombres eran de Elimara. Cuando los tres se quedaron aún más a la vista de Beda, descubrió que Eri y Ania eran gemelas. “¿Qué tendrían que ver dos gemelas de aparentemente 4 años con nombres de Elimara con un chico de 14 años más o menos que se llama Hugo?” se preguntó Beda, “¿Y quién será ese Garci?”


Se sentaron en el sofá del salón. Max llevaba una toalla que le había dejado Fanny para que se secara, pero tenía un tema más importante que tratar con ella que el estar mojado.
-¿Qué hacías ahí fuera con la que está cayendo?-preguntó Fanny preocupada de que a Max se le hubiera ido la cabeza por tantos golpes.
-Tenía que hablar contigo y sabía que mañana no me harías caso, como siempre.
-¿Y cómo has averiguado dónde vivía?
Max la miró sorprendido.
-Fanny -dijo sin salirse de su asombro- vivo en frente.
Ahora la sorprendida era Fanny, a la que se le habían colorado las mejillas por no haberse dado cuenta de ese detalle.
-¿A si?, bueno, ya que has venido a hablar conmigo, dime.
Max la miró un momento, después respiró hondo y dijo:
-Tenía que preguntarte por qué no me crees, por qué no crees que exista Elimara, ni La Ciudad sin Alma ni…
-Para -le interrumpió Fanny- no empecemos otra vez. No me lo creo porque es ridículo que pase eso: que existan los desalmados, el mago que hace sufrir a todo y a todos, el príncipe Melas…
-¿Cómo has dicho? -preguntó Max sabiendo que al fin tenía un punto donde apoyarse.
-El príncipe Melas, un nombre extraño, ¿verdad? Aunque en mi historia se explica que no le gustó nunca su nombre y acordó con su padre que se cambiaría el nombre a…
-Max -le cortó él.
-Sí, exacto, ¿cómo lo sabes? Si eso lo añadí la semana pasada y tú…
-¿Leí tu historia mucho antes? Eso tiene una explicación Fanny, yo soy ese príncipe Melas, pero como nunca me gustó ese nombre me lo cambié por Max, Sé todo lo que has escrito en tu libro, al menos que escribas sobre lo que está pasando ahora mismo en Elimara, Fanny, y espero que estén bien allí y que pueda volver cuanto antes. ¿Por qué no me crees?
-¡Porque es una teoría estúpida que mis historias pasen en la vida real!

sábado, 8 de diciembre de 2012

Capítulo 7: ¿Y si no mentía? (Parte II)

-Anda, qué casualidad ¿verdad? -dijo Max regalándola una sonrisa.
-Sí, me han pedido que salga a comprar pan y aquí estoy -contestó Clary rezando para que su cara no hubiera decidido que era un buen momento para ponerse colorada.
-Pues yo he salido a dar una vuelta y ya de paso, vengo a comprar desayuno para mañana, que nadie se molesta en mi casa en ir a la compra.
Clary soltó una risita y continuó la conversación:
-Si quieres, te acompaño en tu paseo, no tengo nada que hacer.
-Vale, pues en cuanto terminemos aquí vamos.
Salieron de la panadería y Max continuó su paseo junto a Clary. Hablaron y se rieron un buen rato, al final, de muy mala gana, Clary volvió a casa. Max se despidió de ella y se dio la vuelta dispuesto a seguir su paseo.

-¿Quieres un poco?-le preguntó Hugo a Fanny.
-No gracias, no soy muy apasionada a los regalices rojos.-
-¡¿Qué no qué! ¿Tú los has probado? ¡Si son la maravilla de las chuches!
Fanny rió un poco por el comentario de su amigo. Estaban dando una vuelta por la calle tranquilamente y acababan de comprarse chuches. Habían quedado en salir un rato por la calle para hablar de las peleas constantes entre Clary y Fanny, pero ninguno había hablado de ese tema de momento.
-Bueno-continuó Fanny-la verdad es que nunca los he probado, de pequeña tuve una mala experiencia con uno.
-¿Qué?-respondió Hugo sin poder evitar una risita detrás de sus palabras.
-Sí, intenté probar uno y mi primo hizo que se me metiera el regaliz en el ojo, desde entonces no he vuelto a tocar un regaliz.
Hugo se paró en seco y empezó a reírse a carcajadas sin poder parar, tuvo que apoyarse en una señal de tráfico que había ahí al lado para no caerse al suelo de la risa.
-Bueno, pues hoy vas a probar uno.
-No pienso hacerlo.
-¿Qué nos apostamos?

Seguía riéndose de lo que había pasado esa tarde. Acababa de probar el regaliz y le encantaba. Todo había sido gracias a Hugo, que la había sujetado como podía y le había hecho comerse un regaliz entero. De pronto, una gota de agua le cayó en la cara, luego otra, y otra más, así hasta que empezó a llover. Debía darse prisa o se empaparía antes de llegar a casa, por suerte, solo estaba a un par de calles de su casa. Se puso la chaqueta encima de la cabeza y empezó a correr, quien diría que esa misma tarde estaba el sol iluminando el cielo.
Llegó a su casa, por suerte no muy mojada, aunque su chaqueta sí se había mojado, estaba empapada. Entonces, vio a alguien apoyado en la pared bajo la lluvia que parecía esperando. “¿Qué tarado se queda en la calle esperando cuando está lloviendo?” pensó Fanny. Pronto, descubrió que ese tarado que esperaba bajo la lluvia era Max. Un montón de dudas la vinieron de pronto: ¿qué hacía allí bajo la lluvia, empapándose?, ¿ habría venido a verla a ella?, y si era así, ¿para qué? ¡Si llevaban un montón de tiempo sin hablar!, ¿sería por la historia que le contó en el hospital?

Capítulo 7: ¿Y si no mentía? (Parte I)

Hugo cerró la puerta de su habitación y dejó escapar un suspiro. Le encantaba su tío, pero con el tema de los estudios se ponía muy pesado. Acababan de estar en el invernadero estudiando algunas de las plantas que había allí y Garci aseguraba que Hugo no estaba muy centrado en la clase pero, ¡¿cómo estarlo?! El invernadero era su lugar favorito de la casa, donde todo era bonito y tranquilo, donde uno podía relajarse y olvidarse de todo durante unos momentos, ¡y su tío pretendía que estudiara allí, estropeando su lugar preferido! En cuanto se lo propuso Hugo se empezó a plantear eso que dicen de que los profes solo intentan fastidiar a los alumnos.
Volvió  a suspirar, solo había una cosa que podría animarle en esos momentos. Rápidamente cogió una silla de su cuarto y la acercó a la estantería. Se subió a la silla y buscó por la estantería más alta, el sitio de honor para los libros que consideraba los mejores y buscó el que estaba leyendo en esos momentos. Lo cogió. Volvió a suspirar, apenas le quedaban páginas por leer. Se bajó de la silla con el libro en la mano y se sentó en la cama para empezar a leer.

Fanny cerró su puerta de un portazo y se echó en la cama llorando. No se podía creer lo que le acababa de ocurrir; acababa de perder a su mejor amiga para siempre. Habían pasado un mes muy malo para ellas desde que Max la llamó en su casa. Ella todavía no sabía lo que Max la dijo, pero desde entonces, discutían muy a menudo, ¡y ahora Clary no soportaba siquiera estar cerca de Fanny! Lloró aún más cuando recordó lo que había pasado en clase de gimnasia. 
El profesor les había pedido que ellas dos hicieran una demostración del ejercicio que había que hacer, ya que eran las únicas de la clase que sabían hacerlo, y Clary se había echado para atrás, poniendo cara de asco como si el solo contacto con Fanny la repugnara.
Pensó en llamar a Ángel para ver si él la animaba un poco, pero recordó que le habían castigado por contestar al profesor de matemáticas, y no era bueno  que le pillaran con el móvil.
¿Llamaba a Max? No, llevaban sin hablar desde que él le devolvió el libro y la confesó que se lo había leído y le había encantado… Luego volvió a insistir con su historia de Elimara y Fanny le soltó un sermón. De hecho, en unos días haría un mes desde aquello, ya que en nada empezaba el mes de mayo
De pronto le vino un nombre a la cabeza, sabía perfectamente a quién llamar. Habían hecho buenas migas y él había estado apoyándola mucho últimamente con lo de Clary, y tal vez pudiera animarla. Cogió el móvil y lo buscó en su lista de contactos.
Contestaron bastante rápido.
-¿Sí? -dijeron al otro lado del teléfono.
-Hola Hugo -respondió Fanny con voz tristona- ¿estás ocupado?



Max caminaba por la calle, yendo a la panadería. Este mes había empezado a salir  con la gente de su clase para parecer un chico normal y ver si podía volver a hablar con Fanny, pero no había conseguido nada. Ahora simplemente salía por gusto, solo o con alguno de sus supuestos primos. Hoy había preferido ir solo para pensar en cómo había salido Fanny del instituto, ¿habría discutido otra vez con Clary? Seguramente sería eso, pero le parecía extraño que hubiera salido así, ya se había peleado con ella, pero nunca había acabado llorando, de hecho, Max nunca había visto a Fanny llorando.
Llegó a la panadería y abrió la puerta. Una campanita sonó advirtiendo al propietario de que había entrado otro cliente.


Clary sacó el dinero del bolso y lo fue poniendo en el mostrador mientras esperaba a que la panadera acabara de darle su pedido. No paraba de pensar lo mismo: “¡Estúpida Fanny!” Llevaba así desde que recibió la llamada, “¡cómo la odio!” No se le había olvidado nada de la llamada, “¿Por qué ella y no yo?” La había grabado para recordarla siempre por si Max le decía algo bonito, pero no dijo eso “¡Todo es culpa suya!” La escuchaba todas las tardes, se sabía hasta la última coma, el último punto y el último suspiro o silencio.
A principios de mayo…
-Hola Max.
-Hola Clary.
Se oyó un suspiro al otro lado de la línea.
-¿Qué querías? -preguntó Clary toda ilusionada.
-Quería saber si estaba Fanny por allí, es que no voy a poder salir en una semana y tengo que hablar con ella urgentemente sobre lo que pasó en el hospital.
Clary se quedó de piedra. Sabía perfectamente lo que había pasado en el hospital pero, ¿y si su amiga la había mentido y en realidad se le había declarado? ¿y si se habían besado? No, Fanny nunca haría eso, ¿o sí?
-Pues se ha ido ahora mismo pero si quieres dime a mí lo que querías decirle y yo la llamo.
-No gracias, es privado y no te lo puedo contar, lo siento.
Un silencio muy amargo, lleno de suspiros, invadió la llamada.
Ahora estaba segura, Max se le había declarado a su mejor amiga, ¡seguro!
Y mientras siguió la llamada, Clary no paró de inventarse posibles cosas que hubieran pasado en el hospital.

Apretó el puño, quería gritar que la odiaba, que la mataría, pero no podía, acababa de entrar otro cliente, y precisamente no quería gritar esas cosas delante de Max. Le recorrió un escalofrío, ¡ese era Max! ¿Qué hacía allí? Probablemente iba a comprar pan o bollos, igual que ella, pero, ¿precisamente ese día?

sábado, 1 de diciembre de 2012

Capítulo 6: Un nuevo profesor (Parte III)

El timbre se escuchó por toda la casa y los dos apartaron la mirada de sus libros.
-Debe de der Fanny, voy a abrir-dijo Clary mientras se levantaba y se dirigía a la puerta.
-Vale-contestó Ángel.
Y vio como se marchaba Clary por la puerta y se dirigía a las escaleras. Lanzó un suspiro, siempre lo hacía cuando Clary lo dejaba solo. Y es que llevaba dos años enamorado de Clary. La única persona que lo sabía era Fanny, que siempre le había dicho que se lo dijera a Clary, pero Ángel se negaba, y al fin tenía una razón para hacerlo, ya que Clary acababa de confesarle que le gustaba Max, aunque lo conocía poquísimo. Eso le había derrumbado, ahora sí que nunca podría decírselo, no había ninguna duda de que le rechazaría, como a todos los chicos que se le habían declarado.

-¡Ya era hora! -gritó Clary a su amiga.
-Lo siento, me he entretenido un poco por el camino, pero ya estoy aquí, así que, ¿puedo pasar?
Clary se apartó de la puerta y dejó pasar a su amiga. Juntas, subieron las escaleras y llegaron hasta la habitación de Clary. A Fanny le encantaba esa habitación: las pareces estaban llenas de pósters y el armario decorado con fotos de los tres y recortes de letras de revistas. Se acordó del día en el que hicieron todo eso. Era verano y estaban los tres aburridos, tirados en el suelo y sin saber qué hacer, cuando de repente Clary propuso decorar su habitación con todo lo que había ahora colgado. Se pasaron una semana haciendo eso, se divirtieron mucho.
Habían pasado dos años desde aquello. Quién iba a pensar que la tontería de decorar la habitación siguiera durando, porque cada mes, cambiaba algo y entre los tres traían todos los recortes, fotos o cualquier cosa que encontraran por casa y añadían y cambiaban algo en la habitación.
-¡Ya estamos! -gritó Clary cuando entró por la puerta.
Ángel levantó la mirada y la puso en ellas.
-No hace falta gritar, estoy aquí al lado. Y yo que estaba concentrado… -protestó Ángel, en el fondo contento de que Clary ya estuviera de vuelta.
-¿Tú estudiando? Haber avisado y lo grabábamos -respondió Clary.
Ángel le soltó una risilla irónica y devolvió su mirada al libro. Fanny cogió uno de los sándwiches que había en la mesa, se sentó en la cama al lado de Ángel y sacó su libro y su cuaderno.


Garci no paraba de dar vueltas en su despacho. Le parecía que había hecho una cosa estúpida al meterse de sustituto para dar lengua en ese instituto, pero no le había quedado otra opción. No le preocupaba dar mal las clases, sabía todo lo que había que saber para dar esa clase lo que le preocupaba es que el otro grupo de Elimara lo reconociera. Suspiró. Ya no había marcha atrás, ahora, desde las ocho y media de la mañana hasta las dos y veinte de la tarde dejaba de ser Garci y se convertía en Francisco García.
Oyó un portazo y unos pasos que iban corriendo hasta su despacho.
-¡Garci, Garci! -gritaban fuera de su despacho mientras llamaban a la puerta- ¡ya tengo lo que me pediste, una forma de verla otra vez!
Garci abrió la puerta y dejó pasar a Hugo.
-Estupendo muchacho, pero no grites tanto o despertarás a las gemelas que hoy han decidido echarse una siesta.
-Lo siento -se disculpó Hugo.
-No te disculpes por una tontería así Hugo. Por cierto, ve a preparar la merienda para vosotros tres mientras voy yo a por el pan. En cuanto vuelva, las despertamos, que siempre es divertido ver cómo se ponen al oler los bollos.
Los dos sacaron una sonrisa y salieron del despacho, uno, hacia la cocina, y el otro, hacia la puerta de salida.

-¡Eh, no me tires trozos de tu pizza si no te gusta, déjala en el plato!
-Es tu culpa por pedir esta  Ángel, sabes que no me gusta -replicó Fanny.
-Lo siento, es que con tanto estudio se me olvidan las cosas -dijo mientras cogía otro trozo de pizza hawaiana.
Hacía media hora que habían acabado de estudiar, así que eso a Fanny no le bastaba como excusa por pedir la pizza con el peor ingrediente del mundo en su opinión
-Al menos has tenido la decencia de pedir una de bacon -le dijo Fanny mientras cogía ella un trozo de su pizza favorita.
-¿Decencia?, ¿quién eres, la señora Pérez o qué? -le dijo Clary a su amiga.
-Es una palabra como otra cualquiera -replicó Fanny.
Terminaron el resto de las porciones y subieron a la habitación de Clary.
-Vale -empezó a decir Clary- ¿qué me habéis traído para decorar mi cuarto este mes?
Ángel y Fanny se miraron mutuamente, no habían quedado hoy en eso.
-¿Cómo?, ¿es que no habéis traído nada?
-¿No quedamos en que eso se haría este finde Clary? -le dijo Ángel.
-Sí, quedamos en eso, siempre es un finde salvo en vacaciones -dijo Fanny apoyando a Ángel.
-Vale, pero es que no podía esperar -admitió Clary- ¿no tenéis nada por aquí?
Los dos negaron con la cabeza.
Una musiquilla sonó en la habitación, era el móvil de Fanny. Fue directa a cogerlo, seguro que sería su madre. A Ángel le llegó justo en ese momento un mensaje y el móvil de Clary también sonó, pero esta llamada era más interesante que las demás: era Max.
Los demás dejaron sus teléfonos mientras Clary daba saltitos de alegría.
-¡AHHH! -gritó entusiasmada -¡Es él, es él!
-Yo me tengo que ir -dijo Fanny- mi padre está en la puerta con el coche en doble fila, acaba de llegar del aeropuerto y tengo unas ganas tremendas de verle. Ángel, me han dicho que vienes conmigo.
-Sí, ya nos contarás qué te dice Max, adiós Clary -dijo Ángel intentando no parecer desanimado. La reacción que había tenido su amiga al ver quién la llamaba le había derrumbado.
Los dos amigos salieron de la casa y Clary cogió el teléfono mientras se despedía con la mano.