lunes, 26 de mayo de 2014

Capítulo 3: Bienvenida a los Camisas Negras (Parte III)

Entraron en la cocina justo antes que el barullo de gente. Era una habitación enorme y llena de mesas, alimentos y cubertería que, en unos segundos se llenó de gente. Pero Clary no les prestó atención, siguió a Tris en silencio hasta que una puerta los separó. Se quedó tirada, en medio de la estancia, sin saber qué hacer. Cuando se dio cuenta de su situación, comenzó a fijarse en lo que hacía la gente y siguió sus pasos: comenzando por ir a una enorme pila de bandejas y siguiendo hacia una terrible cola que terminaba en una especie de buffet de comida. Le recordaba a los comedores que salían en las películas americanas de adolescentes en las que siempre salía el comedor escolar.
Cuando terminó la larguísima cola y el extraño paseo por la recogida de su comida, echó un vistazo por las mesas, buscando un sitio libre.
-¿Os importa que me siente?-preguntó en  una de las miles de mesas ocupadas únicamente por chicos.
-Esto… Los novatos no se sientan aquí precios.-dijo uno de ellos con tono burlón y de superioridad- Sobre todo los perritos falderos de Tris.
Clary le dedicó una sonrisa a aquel chico y, sin hacerle caso, apoyó con fuerza su bandeja en la mesa y se sentó y comenzó a comer mientras veía como trataban de ignorarla.
-¿Os importa pasarme la sal?-preguntó Clary con tono brusco.
Ante ese comentario, toda la mesa se levantó y la dejó sola.
-Oh vaya, ¿os marcháis? Pensaba que era vuestra mesa de profesionales.
Sonrió, triunfante, mientras veía como se iban de mala gana sus compañeros de mesa y escuchaba las disimuladas risas de la gente de la mesa que tenía detrás.
-¿Te importa que nos sentemos?-dijo alguien antes de que Clary retomara su almuerzo.
Levantó la vista y se encontró a seis chicos sonriendo, esperando a que Clary respondiera positivamente a su pregunta.
-Claro, no creo que nadie más quiera sentarse.
-¿Es verdad que eres el perrito faldero de Tris?-preguntó uno de ellos, nada más sentarse.
-¡No seas grosero Sil! Perdónale, es un poco idiota. Soy Est, y lo que Sil quería decir es que… es que...
-Justo lo que he dicho, si eres su perrito faldero.-dijo Sil. De no ser por su sonrisa, su aspecto tenebroso de pelo y ojos negros le habría intimidado en el primer instante.
-Yo no me consideraría su perrito faldero ya que no llevo aquí ni un día. Más bien  diría que estoy perdida y que es al único que conozco.
-¿Un día? ¡Entonces es día de presentaciones! Veamos-continuó Est- Ellos son Kop, Ruj, Liz y Jury. Y a los que has echado de esta mesa son…
-No quiero saber sus nombres, me quedaré simplemente con que son idiotas. Soy Clary, encantada.
-Bueno, Clary, y,  ¿dónde está Tris ahora?-preguntó Liz. Ella era de una piel morena, diferente a los otros cinco. Era la más bajita de los seis, pero sus ojos verde esmeralda y su pelo negro le hacían destacar.
-Le han suspendido por mi culpa-contestó.
-¿Suspendido? ¿Otra vez? ¡Ah! Entonces tu eres la que se ha colado en la misión hoy-dijo Kop con una sonrisa en la cara. Su pelo pelirrojo y sus ojos oscuros parecen brillar frente a su piel clara.-Os vais a llevar muy bien, pero espera a que se le pase el cabreo, odia que lo suspendan.
-¿Por qué? No me parece tan malo-dijo Clary.
-Cuando lleves aquí un tiempo lo comprenderás-dice Est- Además, está el caso de que…
-¡Chicos! ¡Le he visto, le han obligado a ponerse el delantal! He ido corriendo a por mi cámara… Oh, Hola, ¿quién eres?
-Soy Clary, ¿y tú?
-Soy Oitsue-contestó. La chica tenía el pelo castaño que le llega a la mitad de la espalda y, a diferencia de Est, que tiene los ojos castaños al igual que su pelo, ella tenía unos ojos azules brillantes.
-Es nueva-aclaró Jury, una chica alta y rubia de ojos color miel- La chica que se ha colado en la misión de hoy y la culpable de la suspensión de Tris.
-¿En serio?-preguntó Oitsue.
Clary asintió, tiste.
-¡Gracias, gracias, gracias!-dijo mientras me da un abrazo y se sienta a mi lado-Hacía tiempo que no veíamos a Tris en suspensión, pensé que iba a perder la porra.
-Y, ¿qué has ganado?-preguntó Clary.
-La oportunidad de quedarse con la foto. ¡Ya van tres seguidas!-comentó Sil. Aunque debería asustar, ya que tiene los ojos y el pelo del mismo negro oscuro, que sonría en todo momento es lo que hace que no sea inquietante.-Yo hace tiempo que no gano. Suertuda…
-Pero, ¿por qué tiene tanta importancia esa foto?
-Ahora lo verás. ¡Comienza la cuenta atrás!-gritó Ruj. El único chico al que Clary había visto con el pelo blanco y los ojos negros.
Todos los de la mesa empiezan a contar a la vez.
-¡…cinco, cuatro, tres, dos, uno!
De pronto, Clary comprendió por qué estaban todos así: Tris salió de lo que parecía ser la cocina con una redecilla de pelo, un delantal blanco y una ropa de rayas de colores, cargando con jarras de agua. Toda la mesa, incluida ella, estalló a carcajadas.
  Mientras veían cómo Tris se acercaba a la mesa se fueron calmando y, cuando llegó le dejaron un hueco después de obligarle a posar para la foto de la ganadora.
-Menudos amigos que tengo…-se quejó Tris.
-Yaya… No te quejes que tienes suerte de que te hagamos caso-dijo  Oitsue.
-Bueno, cambiando de tema, creo que todos le debemos un aplauso enorme a Clary por humillar y echar a Jet y los suyos-dijo Est.
-¿En serio los has echado de aquí?- preguntó Tris. Clary asiente.-Bien, entonces deberíamos dejar de llamarlos así, si Clary los ha echado, ya no son los guays. Ahora son…

-Los Idiotas-dijo Sil.

viernes, 21 de marzo de 2014

Capítulo 3: Bienvenida a los Camisas Negras(Parte II)

Khalil entró en la habitación donde esa noche dormiría su hermana. Desde los episodios de la Terapia de Fuego, no había podido evitar el impulso de ir a verla cada noche. Pero, ese día solo encontró una pequeña bolsa con la marca de aquel motel encima de una mesa.
-Ejem…-dijo alguien a su espalda- ¿Piensas dejarme pasar, Khalil?
-¿Qué hay en esa bolsa, Cristel?-preguntó, apartándose un poco para que su hermana pudiera entrar en la habitación.
-Vayaa, ni un: Hola Cristel ¿cómo estás? No espera, sería mejor decir esto: he venido aquí solo para comprobar que estás bien, ya sabes por… aquello que paso hace…poco tiempo-dijo Cristel.
-Yo nunca digo eso, y no pongo esa cara de estresado.
-Ya, claro,  ¿y de dónde crees que lo he aprendido?
-¿Qué hay en esa bolsa, Cristel?-dijo Khalil, ignorando totalmente la pregunta de su hermana.
-Pues comida, algo de ropa, agua, mantas… ya sabes, lo normal.
-Sí, lo normal si te vas una semana a la montaña, ¿para qué necesitas todo esto?
-Para ir a buscar a Clary-dijo con total normalidad-He pensado que un grupo solo no lo conseguiría.
-¿Un grupo solo, de qué estás hablando?
-Fanny, Hugo, Max y Ángel han salido a buscarla, ¿cómo puedes no haberlos visto? Hace nada estaban en el pasillo hablando de eso.
-Bueno, eso da igual, ¿piensas ir sola a buscarlos? ¿Estás loca?
-Para empezar podría ir perfectamente sola, se cuidar de mi misma, lo demostré cuando papá murió y mamá se ahorcó. Pero no, no voy sola, voy con…
Alguien entró en la habitación hablando, haciendo inútil la explicación de Cristel. Dalia, Asier y Vito.
-¿Estás lista Cristel? No conseguiremos salir de aquí si no te das prisa, he oído al dueño algo sobre otro turno de fregar platos. Oh… Hola Khalil, ¿también te unes?

Todo pasó muy rápido y, cuando Beda y Riah quisieron darse cuenta, ya estaban muy lejos de su casa y de su padre. Estaban un poco desconcertados, hasta que Beda vio una cara conocida.
-¡Clary!-gritó con entusiasmo.
-Shhh, no grites. Estamos muy cerca del motel y no quiero que sepan que estoy aquí.
-¿Qué ha pasado, Clary?
-Los Camisas Negras. Ahora escúchame bien, tienes que hacerme un favor-miró a la chica que lo acompañaba-los dos tenéis que hacerme un favor. Volved con los demás, no les digáis que he estado aquí, necesito tiempo para hacer… cosas. No puedo deciros el qué, pero popr favor, no digáis que me habéis visto.
Ambos asintieron.
-Pero ellos creen que estás muerta-dijo Beda-¿de verdad no quieres que les diga nada?
-Ya sé lo que piensan, pero es mejor que de momento no lo sepan, solo necesito tiempo.
-¿Cuándo volverás?
Clary suspiró y desvió la mirada
-No lo sé.
Y, finalmente, se marchó.
-¿Quién era esa, Beda?-preguntó Riah.
-Una chica a la que no veremos en mucho tiempo, pero, la próxima vez que la veas, dale las gracias porque acaba de salvarnos la vida.

-¡Te dije que no la llevaras Tris! ¿En qué narices estabas pensando?
-Lo siento Hull, lo intenté pero no me hizo caso.
-¡Porque desististe! ¡Nunca desistas en estos casos Tris!
Clary llevaba un buen rato oyendo esos gritos desde fuera del despacho de Hull. No entendía por qué no le gritaba a ella en vez de a Tris, no tenía sentido. De pronto, los gritos cesaron, y las voces de Hull y Tris ya no traspasaban a gruesa puerta cerrada acal y canto de la habitación. Minutos después, Tris salió, serio.
-¿Qué ha pasado?-preguntó Clary, deseando que Tris fuera directamente al grano y se saltara la parte de los gritos.
-Me han suspendido tres semanas.-Contestó Tris mientras se iba alejando del despacho de Hull.
-¿Eso qué significa?-preguntó Clary, siguiendo el rápido ritmo de Tris.
-Que en tres semanas no podré hacer nada, bueno, salvo dar clase y ayudar con la comida y eso. Pero nada de misiones.
-Pero, eso no es justo. Debería cargármela yo, tú no has hecho nada, intestaste detenerme.
-Pero no lo conseguí.
-Pero, lo intentaste-insistió Clary.

-¡Pero no lo conseguí!-contestó Tris, cortante.

domingo, 23 de febrero de 2014

Capítulo 3: Bienvenida a los Camisas Negras (Parte I)

Beda caminaba por el bosque, muerto de frío, no había sido buena idea salir solo a pasear. Como siempre, nadie había notado su ausencia, y había acabado perdido. Empezaba a ver luces al fondo, por lo que pensó que estaría cerca de algún motel o un bar de las afueras. Sonrió, los demás no podían estar muy lejos. Corrió todo lo que le permitieron sus escasas fuerzas, hasta llegar al lugar de donde salían las luces. Pero no era un motel, ni un bar, era una casa, una casa que le traía muchos recuerdos, pero ninguno bueno. Se paró en seco y se apoyó en u árbol para no caerse. El tejado de aquella casa aun estaba lleno de sus juguetes.
¡No te mereces ni uno! ¡¿Me oyes Beda?! ¡No vales nada!”
La puerta todavía tenía aquella marca por aquel golpe con un viejo martillo.
¡Mira lo que has conseguido al apartarte idiota! ¡Has destrozado la puerta que tanto me costó pagar! ¡Tú te merecías ese golpe!”
La ventana seguía teniendo aquellas manchas.
“¡Tu sangre acaba de manchar la ventana y mi camiseta favorita, estúpido! ¡Te mereces otra leche!”
Y parte de la pared todavía tenía ese tono negruzco de la ceniza.
“¿Te crees que mereces aprender? ¡Todos estos libros se desperdiciarían contigo, estúpido! ¡En el fuego están mejor! ¡Y tráeme otra cerveza si no quieres un guantazo!”

Alguien abrió de pronto la puerta. Por ella asomó una mano pálida y llena de cortes, seguida de una manga desgarrada de color grisáceo. Un pie, un cabello rubio y, por último, unos ojos marrones, infantiles, pero llenos de miedo y de dolor. Parecía una niña de no más de ocho años, pero su color de piel era enfermizo y su vestido grisáceo estaba tan sucio y desgastado que parecía que jamás se había puesto otra ropa. Ese era el aspecto de su hermana.
-Riah-dijo Beda al verla.
-Be… ¿Beda?-dijo ella, asustada.
-¡Ron, ron, ron, la botella de ron!-cantó alguien a pleno pulmón dentro de la casa.- ¡Riah! ¿Dónde te has metido?
Al oír eso, Riah cerró la puerta y salió corriendo en dirección a su hermano y le abrazó con fuerza, temblando de puro terror.
-¡Riah! ¡Cría estúpida! ¡Sal de una vez si no quieres que me enfade!
Riah se abrazó con más fuerza a su hermano, temblando, y empezó a repetir una y otra vez la misma frase:
-En cuanto abra los ojos todo habrá acabado, en cuanto abra los ojos todo habrá acabado…
Su padre abrió entonces la puerta de una patada. En su mano sujetaba una botella rota.
-¡Con que estabas aquí! Vamos pequeña acércate.
-¡No!-gritó Riah.
Y siguió repitiendo, con voz temblorosa, la misma frase, mientras ambos oían como su padre gritaba, insultaba y lanzaba amenazas.
-¡Vete! ¡Vete por favor, déjanos en paz!-gritó Beda, mientras abrazaba con fuerza a su hermana pequeña.


Tres toques a la puerta, Hull ya sabía quien llamaba, siempre hacía lo mismo.
-Pasa, Tris-dijo.
Por supuesto, la puerta se abrió, dejando ver la cara de aquel muchacho que le había traído tantos problemas a Hull, pero otras muchas soluciones para problemas imposibles.
-¿Vienes a decirme que tenía razón no?-dijo Hull, con una sonrisa en la cara.
-Pues, la verdad es que…
-Oh, ¿no sabes que decir?-le interrumpió Hull- No te preocupes, yo te digo que decir: “Hull, tenías razón, no volveré a desobedecerte”.
-La verdad es que venía a…-intentó decir Tris.
-Espera, eso no sería verdad-volvió a interrumpir Hull-quedaría mejor decir: “No te volveré a desobedecer, a no ser que me digas que no haga algo, en ese caso sí te desobedeceré”.-y terminó con una carcajada.
-Si me dejas hablar, te diré que vengo a…
Alguien entreabrió la puerta un poco.
-Dijiste un minuto, Tris-dijo una voz femenina detrás.
-Sí, pero todavía no he terminado-contestó él, acercándose a la puerta.
-¿En serio? ¿Tanto se tarda?
-Haciendo las cosas bien sí.
-¿Qué me ocultas tras esa puerta, Tris?-dijo Hull, algo confuso
Tris se giró hacia su jefe.
-Bueno, esto, yo…
-¡Por Dios Tris! Se tarda menos en correr un maratón-dijo la persona de detrás de la puerta, que entró por fin a la habitación.-Lo que le lleva queriendo decir Tris media hora es que me gustaría unirme a los Camisas Negras. ¿Ves como no era tan difícil?-finalizó, mirando a Tris con cara burlona.
-¿Unirte a…? Tris, ¿qué narices le has dicho?
-Nada, ha sido decisión suya, dice que no quiere morir.
Hull suspiró si se frotó los ojos.
-Mira, esto…
-Clary-dijo ella.
-Clary-continuó Hull-, esto es algo duro, ¿sabes? No es solo un juego, es algo serio. Salvamos vidas que, según la gente, no merecen ser salvadas.
-No me lo tomo como un juego, señor. Pero, si pongo un pie fuera, sé que en cinco minutos acabaré muerta. Yo no pertenezco a este lugar, es algo difícil de explicar, pero no sé cómo sobrevivir en un mundo que no es el mío, por eso necesito unirme a vosotros, necesito ser capaz de defenderme, de sobrevivir y de salvar a quien lo necesite.
-Está bien.-dijo, sin mucho ánimo- Cuantos más mejor. Bienvenida a bordo.

Y le estrechó la mano.

Capítulo 2: Cambios de Rumbo (Parte II)

Se habían reunido en aquella habitación, en aquella en la que se habían enterado de su muerte. Todos lloraban, se abrazaban y se consolaban. Ninguno era capaz de contenerse.
Entonces Ángel sintió algo dentro del, se secó las lágrimas y, con una sonrisa en la cara, dijo:
-No está muerta.
-¿Qué dices Ángel?-preguntó Max.
-No está muerta, lo he notado. ¡Clary sigue viva!
Todos le miraron. Fanny no aguantaba allí ni un segundo más, así que salió de aquella habitación, llorando.
-Ángel, no está viva, tus sentimientos te la están jugando.
-No, no Max, sigue viva, lo sé.
-Ángel-dijo Dalia-, está muerta.
-No, no lo está ¿me oís? ¡Está viva!
-Ángel, por favor, tranquilízate-rogó Tikia.
Ángel les miró uno a uno, le miraban como si estuviera loco.
-No estoy loco, ¡está viva!
Y salió corriendo.


Fanny le encontró en una esquina, solo. Sabía que estaría solo, le conocía muy bien. Le tiró una de las mochilas que tenía.
-¿Qué es esto?-preguntó Ángel.
-Comida, ropa, agua, y más comida.-dijo Fanny.
-¿Para qué?
-Nos vamos.
-¿A dónde?
-¿No lo adivinas? A buscar a Clary.
Ángel se quedó asombrado.
-¿Te piensas que no te iba a creer? Vamos, antes de que nos vean.
Ángel sonrió de oreja a oreja, en agradecimiento a su amiga, y salieron corriendo. Entonces, en la puerta, se encontraron a Max, Igor y Hugo. Bueno, más bien, se chocaron con ellos.
-¿Qué hacéis aquí?-preguntó Fanny.
-Pues… esto… nosotros…-tartamudeó Max.
-Íbamos a buscaros, nos creemos lo de Clary.-resumió Igor.
-¿En serio?-preguntó Ángel- ¿Y cómo sabíais que…?
-¿Qué aceptaríais salir a buscarla? Por favor Ángel-dijo Max, mucho más seguro que antes- No somos idiotas.
 Fanny sonrió y, antes de salir, le entregó una nota a un camarero, para que se la diera a los demás.
 Salió corriendo después y se reunió con los demás.
-¿De dónde has sacado el papel?-preguntó Hugo, que la tenía cogida por la cintura.
-Por favor, ¿qué Donista saldría de casa sin papel y boli?-dijo ella con una sonrisa.

Hugo le devolvió la sonrisa. Después se apresuraron para seguir a los demás. La búsqueda de Clary comenzaba.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Capítulo 2:Cambios de rumbo (Parte I)

Cuando Fanny consiguió alcanzar a Ángel, se lo encontró derrumbado en el suelo, con la mirada perdida.
-¿Qué…?-comenzó a decir Fanny.
-No están.-interrumpió Ángel, con voz llorosa- Han desaparecido.
Fanny sintió que le fallaban las piernas y, temblando, cayó al suelo, la historia acababa de empezar. Y ya habían perdido a uno.

Recordaba haber corrido, mientras ramas y hierbajos le arañaban la piel. Recordaba haber escalado un árbol, a duras penas por el cansancio. Y después… nada. Se encontraba en una habitación que no había visto nunca, tumbada en una cama que no era la suya y con un dolor de cabeza muy fuerte. A su derecha, veía una mesilla con una lámpara y un trapo amarillo cubriendo algo. Lo tocó: parecía una bolsa de hielo. De pronto se fijó en las mangas de su camiseta, estaban sucias y rotas. Al destaparse, vio que el resto de su ropa estaba exactamente en el mismo estado. Buscó sus zapatillas alrededor, y las encontró llenas de barro.
Por suerte alguien le había dejado algo de ropa colgada del pomo de la puerta. Se levantó, aguantando todas las agujetas que tenía, y alcanzó la ropa para vestirse: un jersey blanco, una especie de vaqueros marrones y unas zapatillas deportivas negras. De pronto, un olor a pan le hizo girar la cabeza: encima de una cómoda, había una bandeja con mantequilla y una rebanada de pan. No era mucho pero, en ese momento, aquello le parecía un banquete.
Al terminar, no sabía si salir de la habitación o no, pero un grito le hizo decidirse.
-¡Un desalmado!
Sin pensar abrió la puerta, y lo que encontró allí fue un pasillo vacío, sin nadie con agua, ni ropa limpia, ni trayendo comida para el pobre hombre que estaba pálido en el suelo, con unas cuantas manchas de sangre y de barro y la ropa destrozada, junto a otro que no tenía mucha mejor pinta.
-¡Ayúdanos por favor!´-gritó uno.
Pero Clary estaba paralizada. Su mente no paraba de criticarla “¡Eres una inútil! ¡No eres capaz ni de mover un dedo! ¿Vas a llorar? ¡Llora idiota! ¡No vales para nada!”, la tranquilizaba “Relájate, ve a buscar ayuda y todo irá bien, vamos,  solo están pidiendo ayuda”, se quejaba “Por favor… te has dado un golpe muy fuerte… necesitas hielo…por favor…”, incluso la recordaba la marea de gritos que recibió al llegar allí.
-Por… favor… ayuda….nos…-gritó el desalmado, con sus últimas fuerzas.
A Clary le temblaban las piernas, seguía paralizada, sin saber qué hacer: si ayudar, derrumbarse, o hacer como si no hubiera visto nada. Por fin llegó gente y todos se pusieron en marcha, como si aquello fuera lo más normal del mundo. Clary se metió en su habitación, y retrocedió, de espaldas, con una mano en la boca e intentando aguantar las lágrimas. No pudo.


Estaba sentada en frente de la chimenea, sola No habían conseguido encontrar a Clary. En lo que llevaban caminando, la única palabra que habían dicho todos había sido su nombre, pero no había aparecido. Después de eso, habían encontrado un motel y, después de una dura negociación entre el dueño y Asier, había podido hospedarse allí durante una noche a cambio de unas cuantas horas de trabajo en la cocina. Todos habían comenzado a hablar ya, todos menos Fanny y Ángel, cada uno separado, en silencio. Solos. En ese momento. Hugo se acercó a ella. Se estaba preparando para no reaccionar a nada, pero la pilló desprevenida:
-La encontraremos, Fanny-dijo simplemente.
De pronto, lo único que se le ocurrió hacer fue abrazarle, abrazarle y dejar escapar el dolor en sus pequeñas lágrimas.
 De pronto, Igor entró en la habitación.
-Creo que deberíais ver esto-dijo, cogiendo el mando y encendiendo la televisión.
-Aun no se ha reconocido a la víctima de este terrible accidente sucedido esta misma tarde en el bosque.- decía el presentador de las noticias- Encontraron a la joven horas después de la muerte. La policía nos ha dado su descripción: una joven de unos catorce años, pero castaño y rizado. No nos han podido decir micho mas, al parecer le habían sacado los ojos. Se cree que fue obra de desalmados y…
Ya nadie prestaba atención al televisor, todos pensaban lo mismo, pero solo Fanny se atrevió a decirlo:
-Clary ha muerto.


Tris entró en la habitación en la que, horas antes, habían dejado a Clary.
-Hola-dijo.
Pero parecía que Clary no lo escuchaba. Estaba sentada en el borde de la cama. Tenía los ojos rojos y las manos temblorosas, apretando las sábanas.
-Habría venido antes, pero hemos tenido problemas con un desalmado, es increíble que no lo hayas oído, ha ocurrido aquí en frente.
-Estoy muerta.-dijo Clary.
Aquello asombró a Tris. Se acercó  un poco a ella.
-Tú no estás muerta.
Clary asintió.
-Qué faena lo de la chica esa, ¿no?  Ha dicho un chico en mi puerta. Sí, la descripción me suena. ¿Te acuerdas? Pelo castaño y rizado, de unos catorce años… Me suena de algo  Ha dicho una chica Sí, es verdad. Y encima le han sacado los ojos, pobrecilla, qué lunático habrá sido Le ha contestado el primero. Así que, estoy muerta.
-Sé parece a ti, sí, pero, tú estás viva.
-¡Pero mis amigos no lo saben! ¡Todo lo que me queda aquí, todo lo que tengo en ese sitio son ellos, y creen que estoy muerta!
-¿Y qué? Estás viva, les buscaremos y ya está. No hay por qué ponerse así.
Entonces, Clary se levanto, cogió una cosa que había encima de la cama y la tiró con todas sus fuerzas hacia Tris. Al caer al suelo, sonó como a cristales rotos.
-¿¡No entiendes que sigo muerta!?- gritó entre lágrimas- ¡Soy estúpida y estoy muerta! ¡En cuánto ponga un paso en la calle o yo acabaré muerta, o tú acabarás muerto, o cualquiera que me proteja acabará muerto y entonces yo moriré! ¡Y no pienso dejar que unos estúpidos mueran por protegerme! ¡Así que sí, estoy muerta!
 Cayó de pronto al suelo, explotando en lágrimas. Tris se acercó a ella, despacio.
-Escúchame bien Clary, tú no estás muerta, tú no vas a morir.
-No puedes saberlo.
-Sí puedo.
-¿Cómo?
-Porque tú no mereces morir, y algo de justicia queda en este mundo.
Clary le sonrió, agradecida.  Entonces se levantó, se secó las lágrimas y, muy seria, dijo:
-Entonces, me uno a los Camisas Blancas.
-¿Qué? ¿Estás loca?
-No. Es la única solución que veo.
-Clary, unirte a nosotros es una buena forma de que te maten.
-Pero la única para sobrevivir.
Tris lanzó un suspiro de resignación y dijo:
-Está bien, hablaré con Holl, pero no te prometo nada.
-¿Holl?

-Sí Holl, mi jefe.

martes, 28 de enero de 2014

Capítulo 1: Los Camisas Negras (Parte II)

-No entiendo por qué tenemos que ir a buscar a esa idiota.
-Venga ya Ángel, a todos se nos ha pasado el cabreo, ¿no podrías colaborar un poco?-le dijo Fanny.
-Por mí que se pudra en el bosque, podríamos haber muerto todos por su culpa-contestó Ángel.
-Sabes que no es verdad, no la habrían visto, estaban demasiado entretenidos en su caza.
Ángel dejó de replicar.
-A ti lo que te pasa es que  tienes miedo de que la pase algo porque no tiene ni idea de qué es esto y el qué está pasando.
-Sí lo sabe, Igor se lo contó ayer.
Un pequeño silencio cortó su conversación, hasta que Fanny dijo:
-Ángel, tú no estás enfadado con Clary, a ti te sigue gustando y estás celoso.
-¿Qué? Que chorradas… ¿Por qué lo dices?-dijo, manteniendo su cara de enfado.
-Porque tú nunca has hablado con Igor ni con ningún otro, solo has hablado conmigo.
-¿Y?
-Que o les has espiado mientras hablabas, o has estado interrogando a alguien.
Ángel mantuvo su cara de enfado, aunque en el fondo sabía que Fanny le había descubierto.
-Eres demasiado lista, ¿sabes?
Fanny no pudo evitar reírse, pero no duró mucho ese momento de diversión, porque vieron que algo se escondía de repente entre los arbustos que tenían delante.
-No será más que una ardilla o un pájaro-dijo Ángel.
-Has visto lo mismo que yo, esa era la zapatilla de Clary.
-¿Y qué quieres que hagamos, que vayamos allí?
-No, escondernos, vamos.
Y, tirando de él, ambos se escondieron tras la arboleda que había junto al río. Y fue desde allí donde vieron a Clary salir de entre los arbustos con un chico, un chico al que Fanny reconoció:
-Ese… ¿ese no es Tristán?-dijo.
-Sí, es él-respondió Ángel después de haber hecho un gran esfuerzo por reconocerlo
- Y es un… ¿cómo se llamaban? Ah ya, es un…


-… Camisas Negras.-dijo Tris.
- ¿Qué es eso?-preguntó Clary.
-Verás, desde que llegó El Gran Mago a La Ciudad sin Alma y todo ese rollo, los reyes han sido cada vez más tontos con los temas de justicia, ¿puedes creer que en pleno siglo XXI hayan condenado a una niña pequeña a la hoguera por brujería? Nadie podía creerlo, pero claro, es el rey.
-¿Estáis también en el siglo XXI?
-Sigues con la idea de que vivimos en la Edad Media, ¿eh?
Clary asintió, algo avergonzada y soltando una pequeña risita.
-Bueno, a lo que iba, el caso es que somos


-…Una especie de organización secreta- siguió explicando Fanny- Se dedican a salvar a gente que está castigada injustamente, pero claro, no siempre llegan a tiempo, o hay veces que están a punto de descubrirles y, al final no lo consiguen, pero no suelen rendirse fácilmente.
-¿Son esos que…?


-…Salvamos a muchos desalmados y les cuidamos hasta que ya están listos para salir, incluso a algunos les damos pelucas, ya sabes, por eso de que reflejan sus emociones en el pelo, pues a algunos se les nota demasiado. La mayoría nos ayuda con cosas simples como muestra de gratitud, ya sabes, si se enteran de que hemos salvado a muchos desalmados y no damos abasto, nos ayudan y nos traen comida y ropa, cosas así. Pero hay algunos que se unen a nuestra causa, la mayoría son niños a  los que salvamos y que, al cumplir los catorce, quieren unirse a nosotros.
-¿Por qué a los catorce?-preguntó Clary-Todavía no son mayores de edad.
-Ya, pero a esa edad te empiezan a tomar más en serio en Elimara, y la gente aquí es impaciente, sobre todo los chicos, las chicas suelen esperar a los dieciocho.


-Creía que esto era solo cosa de hombres-dijo Ángel.
-Ángel, estamos en el siglo XXI, ¿no crees que esos machismos no deberían existir? Además, toda ayuda es poca. Bueno, aparte de salvar desalmados suelen encargarse de asuntos muy extraños que la policía no se cree, de hecho, su lema es…


-… “Porque hasta la idea más loca puede ser posible”.
-Bonito lema.
-Gracias. Pero yo nunca seré como los fundadores de los Camisas Negras, ellos eran increíbles, deberías ver sus retratos, incluso sus historias, escritas por ellos. Los llaman así: La Valiente, El Sabio, El Fuerte, La Justa y El Ingenioso, pero sus nombres eran…


-Tikia, La Valiente, Garci, El Sabio, Merr, El Justo, Victia, La Justa, y Marco, El Ingenioso.
-Espera Fanny, ¿son los mismos que conocemos? ¿Mis padres y Garci eran Camisas Negras? ¿Los Primeros Camisas Negrass?
-Exacto.


-Vaya- dijo Tris-¿Así que conoces a La Valiente, El Sabio y a El Ingenioso?
-Sí, ayer me enteré de sus nombres, y, por lo me que has enseñado en la cámara, son claramente ellos.
-¿Me los presentarías? Es mi sueño conocerles.
-Claro, solo habría que volver al campamento.
-¡Genial! Podríamos ir…
Pero en ese momento se calló, les había escuchado, y, sin girarse, tiró de Clary y empezó a correr.


-¡Mierda, nos han visto!-gritó Ángel.
- Y ¿qué hacemos? ¿Les seguimos?

Pero, Ángel no la estaba escuchando, pues ya había salido corriendo, tenía que encontrar a Clary ¿y si la pasaba algo? ¿Y si ese no era más que un farsante?

jueves, 23 de enero de 2014

Capítulo 1: Los Camisas Negras

AQUÍ COMIENZA LA SEGUNDA PARTE DE LA CIUDAD SIN ALMA: ELIMARA


Se escondieron aún más, sintiéndose aún más inseguros, por si los cazadesalmados los encontraban en su viaje de vuelta. Esperaron hasta que no fueron siquiera un murmullo lejano, y todos salieron de su escondite. Clary se sentía extraña, sin saber muy bien qué hacía allí. Pero no tuvo mucho tiempo de pensarlo, porque ese silencio y esa sensación de alivio que les rodeaba apenas duró un minuto.
-¡¿Cómo se te ha ocurrido cruzar?! ¡Eres idiota Clary! ¡No sabes en el peligro que te has puesto, en el que has puesto a tu familia y en el que nos has puesto! ¡¿No se te ocurrió que esto no te incumbía?! ¡No siempre te tienes que enterar de todo!
Clary intentó aguantar todos aquellos gritos de Ángel, a los que luego se unió Fanny, seguida del regaño sin gritos de Dalia, Max y Khalil. Los adultos también se unieron a ese regaño pasivo mientras Hugo miraba el bosque, ignorando todo aquello, y los más pequeños prestaban atención a aquella escena, algo incómodos. Clary sentía que no tenía salvación, que se ahogaría en esa marea de gritos y miradas de desaprobación, ya ni siquiera distinguía las voces de cada uno, y se veía rodeada de miles de personas, intentando mirarlas a todas a la vez, estaba a punto de caer. Hasta que algo la salvó. Era un pequeño hueco entre toda esa marea de personas que la lanzaba cualquier cosa que pillara en su cabeza, y, en  ese pequeño hueco vio una mirada. No una mirada de desaprobación, ni una mirada burlona, solo una mirada, una mirada que parecía divertirse con esa escena. La mirada de Igor. Él también consiguió localizar a Clary e, intentando apoyarla, le mostró una sonrisa, y algún que otro gesto divertido para puntualizar la locura de los componentes de ese griterío. Eso fue algo que Clary agradeció de verdad, y, al fin teniendo algo a lo que fijar su atención, le devolvió la sonrisa, algo más feliz. En ese momento empezaron una pequeña conversación por gestos de la que, al parecer, nadie se dio cuenta, estaban demasiado ocupados gritando, gritando cosas que para Clary ya eran solo ruido, un ruido como otro cualquiera, un ruido como el de un coche, un ruido al que nadie hace caso.



Tris comenzó a correr, le habían descubierto. Ya le quedaba poco para llegar a La Frontera, si la traspasaba, no tendrían nada que hacer, pues casi había amanecido. Los escritos, al igual que Holl, tenían razón, La Ciudad sin Alma estaba demasiado protegida como para intentarlo, pero no había querido rendirse, él no. Estaba completamente seguro de que, si hubieran ido todos, por lo menos la mitad, lo habrían conseguido, pero Holl prefería no arriesgarse, y, en el fondo, lo entendía. Era demasiado lo que había en juego y, si no lo conseguían, no volverían a salvar a ningún otro. Ya veía el otro lado, corrió más deprisa, pero, cuando llegó, chocó de lleno, la barrera se estaba cerrando. Por suerte, les sacaba algo de ventaja, así que se volvió a poner en marcha. Fue a volverse hacia la derecha, y, gracias a eso, dos guardias lo localizaron y corrieron tras Tris, que ahora iba con un brazo extendido, intentando localizar alguna parte que todavía estuviera abierta. Intentó ir más rápido, cada vez más, y aunque sus fuerzas eran casi nulas, lo consiguió, y al fin encontró un hueco por donde colarse. Pero no se fijó en que, al salir de La Ciudad sin Alma, le esperaba una fuerte caída, por lo que, sorprendido, se golpeó duramente y rodó cuesta abajo, terminando en un charco de barro. Si hubiera sido de noche, no se habría despertado, lo daba por hecho, pero dio gracias a la fuerte y molesta luz del sol, que le obligó a limpiarse el barro de la cara. Se dio la vuelta, dolorido, y comprobó, feliz y magullado, que lo había conseguido.
Se levantó y, a duras penas, comenzó a caminar hacia el bosque, donde se encontraría una gran sorpresa.


Clary se despertó, llena de hierba, por mucho que dijeran, para ella el bosque no era tan bonito como lo pintaban. Sacudió la cabeza para quitarse las hojas del pelo y se limpió un poco la ropa. Todos seguían dormidos, todos menos Igor. Recordaba que esa misma noche, cuando todos se habían cansado de gritarla y habían decidido buscar algo que llevarse a la boca, Clary se quedó con Igor, mientras éste intentaba explicarla todo aquello. Por suerte para todos, Clary asimiló todo bastante bien y no tardó en creerlo. Al parecer, en esos momentos, Igor parecía su único amigo, por lo que se preocupó bastante al no verlo. Miró por todos lados hasta que algo captó su atención: parecía el sonido de un río. Su mente y su boca seca la pidieron con  afán que se guiara por ese sonido.
Corriendo, hizo caso de aquellas peticiones y, después de hacerse arañazos con cientos de ramas en los brazos y en las piernas, llegó a aquel río. Habría llorado de la emoción, si le hubiera quedado algo de agua en el cuerpo, pero llevaba casi un día entero sin llevarse algo de agua a la boca. Por suerte, antes de que bebiera, alguien la advirtió:
-Yo que tú no haría eso, no creo que esa agua sea potable.
Clary se giró y encontró allí a un joven de unos quince años, alto y fuerte. Su pelo era negro, de un negro extraño, y en su cara se podía ver una expresión divertida.
-Gracias, esto…
-Tris.
-Tris-repitió Clary- Un momento… ¿Tris? ¡Yo te conozco! ¡Eres ese chico tan raro del colegio!
-¿Clary?-dijo Tris.
-¡Sí! ¿Tú no te habías mudado a…?
De pronto, Tris tiró de ella con fuerza, escondiéndolos a ambos entre los arbustos.
-¿Se puede saber qué...?-comenzó a decir Clary, antes de que su compañero la mandara callar.
-Cállate un minuto, no puede verme nadie, ¿entiendes?-susurró Tris.
Clary se dio cuenta de que una pareja se acercaba, al principio no los reconoció, pero luego no pudo evitar que una lágrima recorriera su rostro, luego otra, una a una, hasta que ya no pudo contenerse y se echó a llorar en silencio.
-¿Pero se puede saber qué te pasa?-preguntó Tris bruscamente, algo desconcertado.
- Es que conozco a esa pareja que viene por allí-respondió entre lágrimas- ¿Te acuerdas de Fanny y Ángel, no?
-Sí, creía que tardarían más en descubrir que eran de aquí.
- Sí, pues ya ves que no. El caso es que… que yo no pertenezco a esto, aunque no me costó creerlo, difícil no hacerlo teniéndolo todo en las narices. El caso es que no sé por qué hice esto, no sé por qué demonios crucé esa estúpida Brecha, me ha destrozado la vida, y eso que solo ha pasado un día. Con esta estupidez  solo he conseguido que me griten durante horas y perder a mis amigos. Y eso me pasa por hacer lo de siempre, no pensar en el qué pasaría. Antes creía que todo tenía un lado bueno, pero, ahora no lo veo, lo único bueno de esto es que he aprendido a mantener una conversación por gestos.
-Vale, no tengo ni idea de por qué me acabas de contar todo esto, pero, en parte, eres idiota.
-Lo sé-dijo simplemente.
-Vale, sí que estas mal Clarisa.
-¿Por qué lo dices?
-Porque te he llamado idiota y Clarisa, y no me has dado un bofetón.
Ese comentario consiguió que Clary soltara una pequeña risa.
Tris asomó la cabeza por encima de su pequeño escondrijo.
-Bueno, parece que ya se han ido-dijo-Y me da que tanta lágrima habrá agotado el agua que te quedaba en el cuerpo, así que toma.
Se sacó de una mochila que Cristel no había visto una cantimplora y se la dejó encima de sus piernas. Clary se apresuró a abrirla y a dar un buen trago de ella.
-Creía que aquí vivíais como en la Edad Media-dijo, después de devolverle su cantimplora.
-Claro Clary, me has visto en vaqueros y con zapatillas deportivas y estamos en la Edad Media, te recordaba más observadora.
Por ese comentario, a parte de una sonrisa, recibió un pequeño golpe en el brazo.
-Deberías volver con tu grupo, no creo que hayáis venido solo los tres.
-No, pero dudo que alguien me eche de menos, así que tengo tiempo para qué me cuentes qué haces con una camiseta blanca en el bosque y qué narices haces aquí señor… ¿cómo te llamabas en el colegio? ¿Tristán?
-¿Te acuerdas de mi nombre falso?

-Bueno, para mí nunca fue falso, y tengo buena memoria. No me cambies de tema y empieza a contármelo todo.

sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 16: Grandes locuras(Parte III)

-¡Asier! ¡Vito! ¿Qué os trae por aquí?-dijo el dueño del bar.
-Hemos encontrado la forma de volver Modlec, La Brecha está aquí.
-¿En serio? No juegues conmigo Asier.
-Es la verdad, hemos encontrado a una Donista, ella lo escribió.
-Una Donista, ¡me vas a provocar un infarto! ¿Dónde está?
Fanny dio un paso al frente, seria.
-Y no está instruida, ¡os ha tocado el gordo! Bien, y ¿en qué parte está?
Fanny sacó el colgante y lo fue moviendo, como había hecho durante el camino. Brilló hacia la derecha, a las escaleras de los baños. Fueron corriendo hacia esa dirección, bajaron y bajaron. Vieron un brillo detrás de una puerta en la que ponía: solo personal autorizado. Modlec les abrió y allí la encontraron. La Brecha.

Debajo de aquellas mesas, Clary podía ver con claridad aquella luz extraña, era como una especie de brecha. Al parecer era eso lo que habían andado buscando, una brecha, ¿hacia dónde? No lo sabía, pero tenían intención de cruzar. Tenía que decidir si seguirles o dejar ahí su búsqueda. Estaba a punto de salir de aquellas mesas y marcharse a su casa, su madre estaría preocupada. Entonces vio a Ángel, a punto de cruzar, no quería separarse de él, y por lo que había oído, no era seguro que volvieran, de hecho, sus dos mejores amigos podrían morir en ese viaje. Tenía segundos para decidir, pues ya se marchaban.
-¿Seguro que prefieres quedarte Modlec?
-Sí, tranquilo Asier, Elimara ya no es para mí.
 El último de ellos cruzó y el tabernero subió las escaleras, dejando aquella puerta abierta. Clary tenía una oportunidad, menos de un segundo para pensar, ¿cruzaba? ¿Se iba? Pensó de pronto la posibilidad de que Fanny y Ángel murieran en ese viaje y no les volviera a ver. Eso fue suficiente para salir de dudas.

Bajó otra vez, con unas tablas de madera, unos cuantos clavos y un martillo. Aquella espía estúpida había cruzado con los demás hacia Elimara, y no volverían a salir, pues su poder de la intuición le decía que la brecha volvería a abrirse allí.
Empezó a clavar las tablas, después cerró con llave y, por último puso unas cuantas sillas y mesas delante de aquella puerta, por si las moscas.
Al terminar, sacó de dentro una gran carcajada y se dispuso a esperar a su próxima invitada, cuya suerte no sería tan buena.


Eva paró en seco. Volvió a mirar la dirección que había apuntado en el papel. Era allí. Llamó a la puerta del bar, pues parecía que ya habían cerrado.
Un hombre medio calvo, gordo y algo sudoroso le abrió la puerta.
-¿Qué puedo hacer por ti?-preguntó.
-¿Está aquí Taia?
-¿Taia? Se fue hace un par de horas, lo siento.
-Vaya, y ¿sabe dónde puedo encontrarla? Solo me ha dado esta dirección.
-Bueno, si quieres puedes pasar y la llamo, ¿qué te parece?
-Muchísimas gracias esto…
-Modlec.
-¿Modlec?
-Sí, es un nombre un poco raro, la de palizas que me dieron de niño.
Ambos rieron.
-Bueno, pasa y siéntate.
Eva obedeció, y la puerta del bar se cerró tras ella. El hombre bajó unas escaleras, seguramente para coger el teléfono. Esperó un buen rato, y se sumergió en sus pensamientos. Ahora Luisa, su madrastra, la estaría buscando, tal vez no debería haberse escapado. Pero aún le dolía lo que había dicho: “¡Tú no eres mi hija, y jamás lo serás! ¡Nunca te querré! ¿Lo entiendes?” Eso la había dolido y mucho. Pero seguramente no mucho más del golpe que, Modlec le acababa de propinar en la cabeza con una sartén. Eva se cayó del taburete y se quedó en el suelo, inconsciente. Modlec, soltó una gran carcajada, ¿o tal vez deberíamos llamarle Dalei, El Gran Mago?



Todos habían llegado ya al bosque de Elimara y comenzaban a esconderse, esperando a que la caza de los desalmados acabara. Hugo y Fanny estaban detrás de un arbusto, en las ramas de algún árbol se habían puesto Cristel, Khalil y Beda junto a Garci, Eli y Ania. Sadhie encontró un hueco entre dos árboles por el que entraba. Dalia estaba con Asier y Vito entre unas rocas que había cerca de un lago. Todos se quedaron sorprendidos al ver quién aparecía de pronto. Pero nadie sabía si salir. Al ver la caza de los desalmados y oír los disparos estuvo a punto de gritar, de no ser porque alguien tiró de ella, ocultándola tras un árbol.

-¿Se puede saber que haces aquí, Clary?-preguntó Ángel.


AQUÍ TERMINA LA PRIMERA PARTE DE LA CIUDAD SIN ALMA

martes, 7 de enero de 2014

Capítulo 16: Grandes locuras (Parte II)


El tiempo se hacía eterno entre los coches de aquella calle, esperando y esperando a que salieran de la casa. Ángel y Fanny últimamente se comportaban de una forma extraña y, aquella noche, había decidido seguir a Ángel en cuanto se había despedido de ella tan apresuradamente. Llevaba una media hora esperando, en ese tiempo había estado cambiando de escondite: detrás de una pared, detrás de unos arbustos, en frente de la puerta de un garaje… y finalmente se había quedado detrás de los coches de la zona, lo qu9e en el fondo era una mala elección, dado que quién pasara por allí la vería. Estaba a punto de levantarse y volver detrás de aquella pared cuando la puerta de la casa se abrió y la gente fue saliendo hacia la calle. No tuvo más remedio que agacharse más y esperar a seguirles. Mientras, escuchó con atención lo que decían:
-Bueno Fanny, tú nos guías. Será  mejor que te quites el colgante, su brillo puede llamar la atención de la gente.
Oyó entonces como se ponían en marcha y se atrevió a asomar un poco la cabeza para ver cómo se guiaban a través del colgante de Fanny.


El brillo era cada vez más intenso, Hugo tenía razón, gracias al colgante encontrarían La Brecha y volverían a Elimara, algo que a simple vista podía resultar bueno, pero que para cada uno era, en parte, un suplicio. Max aún pensaba que sería desterrado, Tikia (o Marta) y Marco tendrían que enfrentarse a su pasado, del que Fanny toda vía no sabía mucho, Sadhie temía volver a ser torturada, y Cristel recaer en sus desmayos. Khalil temía por lo que le podría pasar a su hermana, Dalia por los cambios que habrían surgido desde que se marchó y el no encontrar a su familia, y a Beda lo que le asustaba era encontrarla, pero eso era algo que nadie sabía. Asier y Vito no querían dejar atrás esos años que habían vivido en Alcorcón, al igual que Ángel, que allí había tenido una vida normal y corriente hasta el momento en el que Fanny le contó todo. Hugo no quería desilusionarse si no lograba encontrar a sus padres allí, y Garci temía que llegase ese momento. Y Fanny tenía miedo de morir.
Al fin llegaron a su destino, y todos se sorprendieron al ver que era un simple bar.
-Creo que nos hemos confundido-dijo Fanny.
-Para nada-respondió Asier, medio riendo-conozco este sitio, es donde encontré a Max.
-¿Es este bar?-preguntó Max.
-Sí, de hecho el dueño es un gran amigo nuestro, ¿verdad Vito?
Éste asintió. Más convencidos, todos entraron en aquel bar, que le traía recuerdos a Max, recuerdos de cuando todo había empezado. Entonces Max se acordó de algo.
-Asier, ¿cómo es que hablé español con el dueño si no tenía ni idea entonces?
-Chico, hablasteis en nuestro idioma, ¿no te diste cuenta?-contestó.


Clary vio cómo entraban en aquel bar, por lo que lo único que se le ocurrió  fue ponerse detrás de ellos sin que se diesen cuenta ni las pequeñas Ania y Eli. Se quedó detrás de la pared que tapaba las escaleras para ir a los baños, y desde allí lo escuchó todo.