sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 16: Grandes locuras(Parte III)

-¡Asier! ¡Vito! ¿Qué os trae por aquí?-dijo el dueño del bar.
-Hemos encontrado la forma de volver Modlec, La Brecha está aquí.
-¿En serio? No juegues conmigo Asier.
-Es la verdad, hemos encontrado a una Donista, ella lo escribió.
-Una Donista, ¡me vas a provocar un infarto! ¿Dónde está?
Fanny dio un paso al frente, seria.
-Y no está instruida, ¡os ha tocado el gordo! Bien, y ¿en qué parte está?
Fanny sacó el colgante y lo fue moviendo, como había hecho durante el camino. Brilló hacia la derecha, a las escaleras de los baños. Fueron corriendo hacia esa dirección, bajaron y bajaron. Vieron un brillo detrás de una puerta en la que ponía: solo personal autorizado. Modlec les abrió y allí la encontraron. La Brecha.

Debajo de aquellas mesas, Clary podía ver con claridad aquella luz extraña, era como una especie de brecha. Al parecer era eso lo que habían andado buscando, una brecha, ¿hacia dónde? No lo sabía, pero tenían intención de cruzar. Tenía que decidir si seguirles o dejar ahí su búsqueda. Estaba a punto de salir de aquellas mesas y marcharse a su casa, su madre estaría preocupada. Entonces vio a Ángel, a punto de cruzar, no quería separarse de él, y por lo que había oído, no era seguro que volvieran, de hecho, sus dos mejores amigos podrían morir en ese viaje. Tenía segundos para decidir, pues ya se marchaban.
-¿Seguro que prefieres quedarte Modlec?
-Sí, tranquilo Asier, Elimara ya no es para mí.
 El último de ellos cruzó y el tabernero subió las escaleras, dejando aquella puerta abierta. Clary tenía una oportunidad, menos de un segundo para pensar, ¿cruzaba? ¿Se iba? Pensó de pronto la posibilidad de que Fanny y Ángel murieran en ese viaje y no les volviera a ver. Eso fue suficiente para salir de dudas.

Bajó otra vez, con unas tablas de madera, unos cuantos clavos y un martillo. Aquella espía estúpida había cruzado con los demás hacia Elimara, y no volverían a salir, pues su poder de la intuición le decía que la brecha volvería a abrirse allí.
Empezó a clavar las tablas, después cerró con llave y, por último puso unas cuantas sillas y mesas delante de aquella puerta, por si las moscas.
Al terminar, sacó de dentro una gran carcajada y se dispuso a esperar a su próxima invitada, cuya suerte no sería tan buena.


Eva paró en seco. Volvió a mirar la dirección que había apuntado en el papel. Era allí. Llamó a la puerta del bar, pues parecía que ya habían cerrado.
Un hombre medio calvo, gordo y algo sudoroso le abrió la puerta.
-¿Qué puedo hacer por ti?-preguntó.
-¿Está aquí Taia?
-¿Taia? Se fue hace un par de horas, lo siento.
-Vaya, y ¿sabe dónde puedo encontrarla? Solo me ha dado esta dirección.
-Bueno, si quieres puedes pasar y la llamo, ¿qué te parece?
-Muchísimas gracias esto…
-Modlec.
-¿Modlec?
-Sí, es un nombre un poco raro, la de palizas que me dieron de niño.
Ambos rieron.
-Bueno, pasa y siéntate.
Eva obedeció, y la puerta del bar se cerró tras ella. El hombre bajó unas escaleras, seguramente para coger el teléfono. Esperó un buen rato, y se sumergió en sus pensamientos. Ahora Luisa, su madrastra, la estaría buscando, tal vez no debería haberse escapado. Pero aún le dolía lo que había dicho: “¡Tú no eres mi hija, y jamás lo serás! ¡Nunca te querré! ¿Lo entiendes?” Eso la había dolido y mucho. Pero seguramente no mucho más del golpe que, Modlec le acababa de propinar en la cabeza con una sartén. Eva se cayó del taburete y se quedó en el suelo, inconsciente. Modlec, soltó una gran carcajada, ¿o tal vez deberíamos llamarle Dalei, El Gran Mago?



Todos habían llegado ya al bosque de Elimara y comenzaban a esconderse, esperando a que la caza de los desalmados acabara. Hugo y Fanny estaban detrás de un arbusto, en las ramas de algún árbol se habían puesto Cristel, Khalil y Beda junto a Garci, Eli y Ania. Sadhie encontró un hueco entre dos árboles por el que entraba. Dalia estaba con Asier y Vito entre unas rocas que había cerca de un lago. Todos se quedaron sorprendidos al ver quién aparecía de pronto. Pero nadie sabía si salir. Al ver la caza de los desalmados y oír los disparos estuvo a punto de gritar, de no ser porque alguien tiró de ella, ocultándola tras un árbol.

-¿Se puede saber que haces aquí, Clary?-preguntó Ángel.


AQUÍ TERMINA LA PRIMERA PARTE DE LA CIUDAD SIN ALMA

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