-¡Asier! ¡Vito! ¿Qué os trae por
aquí?-dijo el dueño del bar.
-Hemos encontrado la forma de
volver Modlec, La Brecha está aquí.
-¿En serio? No juegues conmigo
Asier.
-Es la verdad, hemos encontrado a
una Donista, ella lo escribió.
-Una Donista, ¡me vas a provocar
un infarto! ¿Dónde está?
Fanny dio un paso al frente,
seria.
-Y no está instruida, ¡os ha tocado
el gordo! Bien, y ¿en qué parte está?
Fanny sacó el colgante y lo fue
moviendo, como había hecho durante el camino. Brilló hacia la derecha, a las
escaleras de los baños. Fueron corriendo hacia esa dirección, bajaron y
bajaron. Vieron un brillo detrás de una puerta en la que ponía: solo personal
autorizado. Modlec les abrió y allí la encontraron. La Brecha.
Debajo de aquellas mesas, Clary
podía ver con claridad aquella luz extraña, era como una especie de brecha. Al
parecer era eso lo que habían andado buscando, una brecha, ¿hacia dónde? No lo
sabía, pero tenían intención de cruzar. Tenía que decidir si seguirles o dejar
ahí su búsqueda. Estaba a punto de salir de aquellas mesas y marcharse a su
casa, su madre estaría preocupada. Entonces vio a Ángel, a punto de cruzar, no
quería separarse de él, y por lo que había oído, no era seguro que volvieran,
de hecho, sus dos mejores amigos podrían morir en ese viaje. Tenía segundos
para decidir, pues ya se marchaban.
-¿Seguro que prefieres quedarte
Modlec?
-Sí, tranquilo Asier, Elimara ya
no es para mí.
El último de ellos cruzó y el tabernero subió
las escaleras, dejando aquella puerta abierta. Clary tenía una oportunidad,
menos de un segundo para pensar, ¿cruzaba? ¿Se iba? Pensó de pronto la
posibilidad de que Fanny y Ángel murieran en ese viaje y no les volviera a ver.
Eso fue suficiente para salir de dudas.
Bajó otra vez, con unas tablas de
madera, unos cuantos clavos y un martillo. Aquella espía estúpida había cruzado
con los demás hacia Elimara, y no volverían a salir, pues su poder de la
intuición le decía que la brecha volvería a abrirse allí.
Empezó a clavar las tablas,
después cerró con llave y, por último puso unas cuantas sillas y mesas delante
de aquella puerta, por si las moscas.
Al terminar, sacó de dentro una
gran carcajada y se dispuso a esperar a su próxima invitada, cuya suerte no
sería tan buena.
Eva paró en seco. Volvió a mirar
la dirección que había apuntado en el papel. Era allí. Llamó a la puerta del
bar, pues parecía que ya habían cerrado.
Un hombre medio calvo, gordo y
algo sudoroso le abrió la puerta.
-¿Qué puedo hacer por
ti?-preguntó.
-¿Está aquí Taia?
-¿Taia? Se fue hace un par de
horas, lo siento.
-Vaya, y ¿sabe dónde puedo
encontrarla? Solo me ha dado esta dirección.
-Bueno, si quieres puedes pasar y
la llamo, ¿qué te parece?
-Muchísimas gracias esto…
-Modlec.
-¿Modlec?
-Sí, es un nombre un poco raro,
la de palizas que me dieron de niño.
Ambos rieron.
-Bueno, pasa y siéntate.
Eva obedeció, y la puerta del bar
se cerró tras ella. El hombre bajó unas escaleras, seguramente para coger el
teléfono. Esperó un buen rato, y se sumergió en sus pensamientos. Ahora Luisa,
su madrastra, la estaría buscando, tal vez no debería haberse escapado. Pero
aún le dolía lo que había dicho: “¡Tú no eres mi hija, y jamás lo serás!
¡Nunca te querré! ¿Lo entiendes?” Eso la había dolido y mucho. Pero seguramente
no mucho más del golpe que, Modlec le acababa de propinar en la cabeza con una
sartén. Eva se cayó del taburete y se quedó en el suelo, inconsciente. Modlec,
soltó una gran carcajada, ¿o tal vez deberíamos llamarle Dalei, El Gran Mago?
Todos habían llegado ya al bosque
de Elimara y comenzaban a esconderse, esperando a que la caza de los desalmados
acabara. Hugo y Fanny estaban detrás de un arbusto, en las ramas de algún árbol
se habían puesto Cristel, Khalil y Beda junto a Garci, Eli y Ania. Sadhie
encontró un hueco entre dos árboles por el que entraba. Dalia estaba con Asier
y Vito entre unas rocas que había cerca de un lago. Todos se quedaron
sorprendidos al ver quién aparecía de pronto. Pero nadie sabía si salir. Al ver
la caza de los desalmados y oír los disparos estuvo a punto de gritar, de no
ser porque alguien tiró de ella, ocultándola tras un árbol.
-¿Se puede saber que haces aquí,
Clary?-preguntó Ángel.
AQUÍ TERMINA LA PRIMERA PARTE DE LA CIUDAD SIN ALMA
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