domingo, 23 de febrero de 2014

Capítulo 3: Bienvenida a los Camisas Negras (Parte I)

Beda caminaba por el bosque, muerto de frío, no había sido buena idea salir solo a pasear. Como siempre, nadie había notado su ausencia, y había acabado perdido. Empezaba a ver luces al fondo, por lo que pensó que estaría cerca de algún motel o un bar de las afueras. Sonrió, los demás no podían estar muy lejos. Corrió todo lo que le permitieron sus escasas fuerzas, hasta llegar al lugar de donde salían las luces. Pero no era un motel, ni un bar, era una casa, una casa que le traía muchos recuerdos, pero ninguno bueno. Se paró en seco y se apoyó en u árbol para no caerse. El tejado de aquella casa aun estaba lleno de sus juguetes.
¡No te mereces ni uno! ¡¿Me oyes Beda?! ¡No vales nada!”
La puerta todavía tenía aquella marca por aquel golpe con un viejo martillo.
¡Mira lo que has conseguido al apartarte idiota! ¡Has destrozado la puerta que tanto me costó pagar! ¡Tú te merecías ese golpe!”
La ventana seguía teniendo aquellas manchas.
“¡Tu sangre acaba de manchar la ventana y mi camiseta favorita, estúpido! ¡Te mereces otra leche!”
Y parte de la pared todavía tenía ese tono negruzco de la ceniza.
“¿Te crees que mereces aprender? ¡Todos estos libros se desperdiciarían contigo, estúpido! ¡En el fuego están mejor! ¡Y tráeme otra cerveza si no quieres un guantazo!”

Alguien abrió de pronto la puerta. Por ella asomó una mano pálida y llena de cortes, seguida de una manga desgarrada de color grisáceo. Un pie, un cabello rubio y, por último, unos ojos marrones, infantiles, pero llenos de miedo y de dolor. Parecía una niña de no más de ocho años, pero su color de piel era enfermizo y su vestido grisáceo estaba tan sucio y desgastado que parecía que jamás se había puesto otra ropa. Ese era el aspecto de su hermana.
-Riah-dijo Beda al verla.
-Be… ¿Beda?-dijo ella, asustada.
-¡Ron, ron, ron, la botella de ron!-cantó alguien a pleno pulmón dentro de la casa.- ¡Riah! ¿Dónde te has metido?
Al oír eso, Riah cerró la puerta y salió corriendo en dirección a su hermano y le abrazó con fuerza, temblando de puro terror.
-¡Riah! ¡Cría estúpida! ¡Sal de una vez si no quieres que me enfade!
Riah se abrazó con más fuerza a su hermano, temblando, y empezó a repetir una y otra vez la misma frase:
-En cuanto abra los ojos todo habrá acabado, en cuanto abra los ojos todo habrá acabado…
Su padre abrió entonces la puerta de una patada. En su mano sujetaba una botella rota.
-¡Con que estabas aquí! Vamos pequeña acércate.
-¡No!-gritó Riah.
Y siguió repitiendo, con voz temblorosa, la misma frase, mientras ambos oían como su padre gritaba, insultaba y lanzaba amenazas.
-¡Vete! ¡Vete por favor, déjanos en paz!-gritó Beda, mientras abrazaba con fuerza a su hermana pequeña.


Tres toques a la puerta, Hull ya sabía quien llamaba, siempre hacía lo mismo.
-Pasa, Tris-dijo.
Por supuesto, la puerta se abrió, dejando ver la cara de aquel muchacho que le había traído tantos problemas a Hull, pero otras muchas soluciones para problemas imposibles.
-¿Vienes a decirme que tenía razón no?-dijo Hull, con una sonrisa en la cara.
-Pues, la verdad es que…
-Oh, ¿no sabes que decir?-le interrumpió Hull- No te preocupes, yo te digo que decir: “Hull, tenías razón, no volveré a desobedecerte”.
-La verdad es que venía a…-intentó decir Tris.
-Espera, eso no sería verdad-volvió a interrumpir Hull-quedaría mejor decir: “No te volveré a desobedecer, a no ser que me digas que no haga algo, en ese caso sí te desobedeceré”.-y terminó con una carcajada.
-Si me dejas hablar, te diré que vengo a…
Alguien entreabrió la puerta un poco.
-Dijiste un minuto, Tris-dijo una voz femenina detrás.
-Sí, pero todavía no he terminado-contestó él, acercándose a la puerta.
-¿En serio? ¿Tanto se tarda?
-Haciendo las cosas bien sí.
-¿Qué me ocultas tras esa puerta, Tris?-dijo Hull, algo confuso
Tris se giró hacia su jefe.
-Bueno, esto, yo…
-¡Por Dios Tris! Se tarda menos en correr un maratón-dijo la persona de detrás de la puerta, que entró por fin a la habitación.-Lo que le lleva queriendo decir Tris media hora es que me gustaría unirme a los Camisas Negras. ¿Ves como no era tan difícil?-finalizó, mirando a Tris con cara burlona.
-¿Unirte a…? Tris, ¿qué narices le has dicho?
-Nada, ha sido decisión suya, dice que no quiere morir.
Hull suspiró si se frotó los ojos.
-Mira, esto…
-Clary-dijo ella.
-Clary-continuó Hull-, esto es algo duro, ¿sabes? No es solo un juego, es algo serio. Salvamos vidas que, según la gente, no merecen ser salvadas.
-No me lo tomo como un juego, señor. Pero, si pongo un pie fuera, sé que en cinco minutos acabaré muerta. Yo no pertenezco a este lugar, es algo difícil de explicar, pero no sé cómo sobrevivir en un mundo que no es el mío, por eso necesito unirme a vosotros, necesito ser capaz de defenderme, de sobrevivir y de salvar a quien lo necesite.
-Está bien.-dijo, sin mucho ánimo- Cuantos más mejor. Bienvenida a bordo.

Y le estrechó la mano.

No hay comentarios: