El tiempo se hacía eterno entre
los coches de aquella calle, esperando y esperando a que salieran de la casa.
Ángel y Fanny últimamente se comportaban de una forma extraña y, aquella noche,
había decidido seguir a Ángel en cuanto se había despedido de ella tan
apresuradamente. Llevaba una media hora esperando, en ese tiempo había estado
cambiando de escondite: detrás de una pared, detrás de unos arbustos, en frente
de la puerta de un garaje… y finalmente se había quedado detrás de los coches
de la zona, lo qu9e en el fondo era una mala elección, dado que quién pasara
por allí la vería. Estaba a punto de levantarse y volver detrás de aquella
pared cuando la puerta de la casa se abrió y la gente fue saliendo hacia la
calle. No tuvo más remedio que agacharse más y esperar a seguirles. Mientras,
escuchó con atención lo que decían:
-Bueno Fanny, tú nos guías.
Será mejor que te quites el colgante, su
brillo puede llamar la atención de la gente.
Oyó entonces como se ponían en
marcha y se atrevió a asomar un poco la cabeza para ver cómo se guiaban a
través del colgante de Fanny.
El brillo era cada vez más
intenso, Hugo tenía razón, gracias al colgante encontrarían La Brecha y
volverían a Elimara, algo que a simple vista podía resultar bueno, pero que
para cada uno era, en parte, un suplicio. Max aún pensaba que sería desterrado,
Tikia (o Marta) y Marco tendrían que enfrentarse a su pasado, del que Fanny
toda vía no sabía mucho, Sadhie temía volver a ser torturada, y Cristel recaer
en sus desmayos. Khalil temía por lo que le podría pasar a su hermana, Dalia
por los cambios que habrían surgido desde que se marchó y el no encontrar a su
familia, y a Beda lo que le asustaba era encontrarla, pero eso era algo que nadie
sabía. Asier y Vito no querían dejar atrás esos años que habían vivido en
Alcorcón, al igual que Ángel, que allí había tenido una vida normal y corriente
hasta el momento en el que Fanny le contó todo. Hugo no quería desilusionarse
si no lograba encontrar a sus padres allí, y Garci temía que llegase ese
momento. Y Fanny tenía miedo de morir.
Al fin llegaron a su destino, y
todos se sorprendieron al ver que era un simple bar.
-Creo que nos hemos
confundido-dijo Fanny.
-Para nada-respondió Asier, medio
riendo-conozco este sitio, es donde encontré a Max.
-¿Es este bar?-preguntó Max.
-Sí, de hecho el dueño es un gran
amigo nuestro, ¿verdad Vito?
Éste asintió. Más convencidos,
todos entraron en aquel bar, que le traía recuerdos a Max, recuerdos de cuando
todo había empezado. Entonces Max se acordó de algo.
-Asier, ¿cómo es que hablé
español con el dueño si no tenía ni idea entonces?
-Chico, hablasteis en nuestro
idioma, ¿no te diste cuenta?-contestó.
Clary vio cómo entraban en aquel
bar, por lo que lo único que se le ocurrió
fue ponerse detrás de ellos sin que se diesen cuenta ni las pequeñas
Ania y Eli. Se quedó detrás de la pared que tapaba las escaleras para ir a los
baños, y desde allí lo escuchó todo.
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