Cuando Fanny consiguió alcanzar a
Ángel, se lo encontró derrumbado en el suelo, con la mirada perdida.
-¿Qué…?-comenzó a decir Fanny.
-No están.-interrumpió Ángel, con
voz llorosa- Han desaparecido.
Fanny sintió que le fallaban las
piernas y, temblando, cayó al suelo, la historia acababa de empezar. Y ya
habían perdido a uno.
Recordaba haber corrido, mientras
ramas y hierbajos le arañaban la piel. Recordaba haber escalado un árbol, a
duras penas por el cansancio. Y después… nada. Se encontraba en una habitación
que no había visto nunca, tumbada en una cama que no era la suya y con un dolor
de cabeza muy fuerte. A su derecha, veía una mesilla con una lámpara y un trapo
amarillo cubriendo algo. Lo tocó: parecía una bolsa de hielo. De pronto se fijó
en las mangas de su camiseta, estaban sucias y rotas. Al destaparse, vio que el
resto de su ropa estaba exactamente en el mismo estado. Buscó sus zapatillas
alrededor, y las encontró llenas de barro.
Por suerte alguien le había
dejado algo de ropa colgada del pomo de la puerta. Se levantó, aguantando todas
las agujetas que tenía, y alcanzó la ropa para vestirse: un jersey blanco, una
especie de vaqueros marrones y unas zapatillas deportivas negras. De pronto, un
olor a pan le hizo girar la cabeza: encima de una cómoda, había una bandeja con
mantequilla y una rebanada de pan. No era mucho pero, en ese momento, aquello
le parecía un banquete.
Al terminar, no sabía si salir de
la habitación o no, pero un grito le hizo decidirse.
-¡Un desalmado!
Sin pensar abrió la puerta, y lo
que encontró allí fue un pasillo vacío, sin nadie con agua, ni ropa limpia, ni
trayendo comida para el pobre hombre que estaba pálido en el suelo, con unas
cuantas manchas de sangre y de barro y la ropa destrozada, junto a otro que no
tenía mucha mejor pinta.
-¡Ayúdanos por favor!´-gritó uno.
Pero Clary estaba paralizada. Su
mente no paraba de criticarla “¡Eres una inútil! ¡No eres capaz ni de mover un
dedo! ¿Vas a llorar? ¡Llora idiota! ¡No vales para nada!”, la tranquilizaba
“Relájate, ve a buscar ayuda y todo irá bien, vamos, solo están pidiendo ayuda”, se quejaba “Por
favor… te has dado un golpe muy fuerte… necesitas hielo…por favor…”, incluso la
recordaba la marea de gritos que recibió al llegar allí.
-Por… favor… ayuda….nos…-gritó el
desalmado, con sus últimas fuerzas.
A Clary le temblaban las piernas,
seguía paralizada, sin saber qué hacer: si ayudar, derrumbarse, o hacer como si
no hubiera visto nada. Por fin llegó gente y todos se pusieron en marcha, como
si aquello fuera lo más normal del mundo. Clary se metió en su habitación, y
retrocedió, de espaldas, con una mano en la boca e intentando aguantar las
lágrimas. No pudo.
Estaba sentada en frente de la
chimenea, sola No habían conseguido encontrar a Clary. En lo que llevaban
caminando, la única palabra que habían dicho todos había sido su nombre, pero
no había aparecido. Después de eso, habían encontrado un motel y, después de
una dura negociación entre el dueño y Asier, había podido hospedarse allí
durante una noche a cambio de unas cuantas horas de trabajo en la cocina. Todos
habían comenzado a hablar ya, todos menos Fanny y Ángel, cada uno separado, en
silencio. Solos. En ese momento. Hugo se acercó a ella. Se estaba preparando
para no reaccionar a nada, pero la pilló desprevenida:
-La encontraremos, Fanny-dijo
simplemente.
De pronto, lo único que se le
ocurrió hacer fue abrazarle, abrazarle y dejar escapar el dolor en sus pequeñas
lágrimas.
De pronto, Igor entró en la habitación.
-Creo que deberíais ver
esto-dijo, cogiendo el mando y encendiendo la televisión.
-Aun no se ha reconocido a la víctima de este terrible accidente
sucedido esta misma tarde en el bosque.- decía el presentador de las
noticias- Encontraron a la joven horas
después de la muerte. La policía nos ha dado su descripción: una joven de unos
catorce años, pero castaño y rizado. No nos han podido decir micho mas, al
parecer le habían sacado los ojos. Se cree que fue obra de desalmados y…
Ya nadie prestaba atención al
televisor, todos pensaban lo mismo, pero solo Fanny se atrevió a decirlo:
-Clary ha muerto.
Tris entró en la habitación en la
que, horas antes, habían dejado a Clary.
-Hola-dijo.
Pero parecía que Clary no lo escuchaba.
Estaba sentada en el borde de la cama. Tenía los ojos rojos y las manos
temblorosas, apretando las sábanas.
-Habría venido antes, pero hemos
tenido problemas con un desalmado, es increíble que no lo hayas oído, ha
ocurrido aquí en frente.
-Estoy muerta.-dijo Clary.
Aquello asombró a Tris. Se
acercó un poco a ella.
-Tú no estás muerta.
Clary asintió.
-Qué faena lo de la chica esa, ¿no? Ha dicho un chico en mi puerta. Sí, la descripción me suena. ¿Te acuerdas?
Pelo castaño y rizado, de unos catorce años… Me suena de algo Ha dicho una chica Sí, es verdad. Y encima le han sacado los ojos, pobrecilla, qué
lunático habrá sido Le ha contestado el primero. Así que, estoy muerta.
-Sé parece a ti, sí, pero, tú
estás viva.
-¡Pero mis amigos no lo saben! ¡Todo
lo que me queda aquí, todo lo que tengo en ese sitio son ellos, y creen que
estoy muerta!
-¿Y qué? Estás viva, les
buscaremos y ya está. No hay por qué ponerse así.
Entonces, Clary se levanto, cogió
una cosa que había encima de la cama y la tiró con todas sus fuerzas hacia
Tris. Al caer al suelo, sonó como a cristales rotos.
-¿¡No entiendes que sigo muerta!?- gritó entre lágrimas-
¡Soy estúpida y estoy muerta! ¡En cuánto ponga un paso en la calle o yo acabaré
muerta, o tú acabarás muerto, o cualquiera que me proteja acabará muerto y
entonces yo moriré! ¡Y no pienso dejar que unos estúpidos mueran por
protegerme! ¡Así que sí, estoy muerta!
Cayó de pronto al suelo, explotando en
lágrimas. Tris se acercó a ella, despacio.
-Escúchame bien Clary, tú no estás
muerta, tú no vas a morir.
-No puedes saberlo.
-Sí puedo.
-¿Cómo?
-Porque tú no mereces morir, y
algo de justicia queda en este mundo.
Clary le sonrió, agradecida. Entonces se levantó, se secó las lágrimas y,
muy seria, dijo:
-Entonces, me uno a los Camisas
Blancas.
-¿Qué? ¿Estás loca?
-No. Es la única solución que
veo.
-Clary, unirte a nosotros es una
buena forma de que te maten.
-Pero la única para sobrevivir.
Tris lanzó un suspiro de
resignación y dijo:
-Está bien, hablaré con Holl,
pero no te prometo nada.
-¿Holl?
-Sí Holl, mi jefe.
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