Clary se puso muy contenta al ver que Ángel aceptaba su petición. Para
él era muy pronto, pues normalmente se despertaba sobre las dos de la tarde los
fines de semana, ¿significaría eso algo? No lo sabía, últimamente se hacía
ilusiones respecto a todo sobre él, puede que no le gustara simplemente, pero
eso tenía que aclararlo aún.
-Buenas-saludó alegre Ángel desde su habitación.
-Hola, vaya, estás ya vestido.
-Sí, es que me he despertado pronto hoy
Clary sabía que era mentira, nada más levantarse, Ángel tenía la manía
de hacer la cama, y estaba deshecha, lo que indicaba que había estado pensando
en otras cosas, ¿en ella quizá?
-¿Y no haces la cama?
-Me has pillado. He estado pensando en muchas cosas y se me olvidó.
-¿Sí?-dijo Clary, mientras se ponía colorada, deseando que eso no lo
viera Ángel, cosa que por desgracia sí pasó.
-Sí, oye, ¿te has quemado la cara?
-No-dijo, poniéndose aún más colorada-. Bueno, ¿en qué estabas pensando?
"En ti, en lo mucho que me
gustas desde hace tiempo, ¿quieres salir conmigo?" Eso era lo que
se le hacía ocurrido ahora mismo, y lo que le encantaría decirle a Clary, pero
no podía, tenía que decir algo, y se le vino una idea a la cabeza, no era toda
la verdad, pero al menos o era mentira. Al volver a pensarlo, una lágrima
recorrió su mejilla, pero lo dijo:
-Me he enterado hace poco de que... soy adoptado.
Se sentía raro, esto no le había pasado nunca, era parecido a un
sentimiento de nostalgia, pero muy fuerte, ¿qué le pasaba? No lo entendía. Sonó
el timbre y esa sensación se disipó, ahora su corazón se estaba acelerando,
¿sería ella? No miró por la ventana como hacía siempre, la ilusión se apoderó
de él y salió corriendo de su cuarto, en dirección hacia la puerta, ¿sería
ella? Abrió la puerta, su corazón latía con fuerza, giro el pomo y abrió la
puerta, cada segundo que pasaba se le hacía eterno. ¡Sí, era ella! Fue a hablar
pero él no le dejó, la cogió la mano, tiró de ella hacia él y, sin que Fanny se
lo esperara, Hugo la besó.
-Hola-dijo Fanny
sorprendida, pero sonriendo.-Hola-contestó Hugo, al que le estaba pasando lo
mismo que a ella.
-¿Estás comiendo regaliz?
-¿Cómo lo has...?-calló de repente, ya sabía por qué-Pasa, tenemos que
estudiar.
-Puaj, odio esa palabra.
-¿Prefieres que diga: pasa, tienes que aprender otra lección más sobre
tu Don, algo muy importante?
-De repente me encanta esa palabra.
-Pasa anda-dijo Hugo entre risas.
-Y, ¿qué tal lo llevas?-preguntó Clary, que al final sí había comprado
chuches y un poco de chocolate.
-Pues mal, pero bueno, aunque no sean mis padres, padres, lo son en el
fondo, ¿me entiendes?
-Sí, ellos son tus padres, aunque no sea de sangre.
-Pero ahora, me siento raro con ellos, es como si me hubieran engañad
toda la vida, y me duele, pero…
-Pero les quieres.
-Sí, exacto.
Aunque eso no era lo peor de todo el asunto, y Ángel lo sabía. Tal vez
le hubiera sido más fácil asimilar todo esto si hubiera creído a Fanny desde el
principio, pero eso no fue así. Ahora tenía que encontrar la forma de
explicarle todo esto a Fanny, y él había decidido decírselo todo de golpe, le
sentaría mejor a él para desahogarse y a ella no le sería muy difícil de
asimilar.
Tikia entró al baño a lavarse las manos, ese día libraba en el hospital
así que había hecho algo que llevaba un tiempo sin hacer, pintar. Estaba feliz
esa mañana, se había arreglado todo con su hija y volvería a pisar Elimara, a
ver su adorada luna. Se miró al espejo y notó algo raro en su pelo castaño.
-Mierda-dijo para sí.
Su pelo estaba cambiando,
al parecer ese tinte castaño ya no era rival para sus emociones. Normalmente se
teñía el pelo una vez cada dos meses, pero esta vez no había durado suficiente,
su cuerpo ya sabía combatirlo, y eso era una mala señal, Esa tarde, antes de
que llegara Fanny, tendría que teñirse el pelo… de un color diferente, lo que
la dolería muchísimo más que el otro tinte, que casi era igual que el color de
su pelo. Y es que, cortarles el pelo los mata, pero cambiarlo les produce un
gran dolor a los desalmados, sobretodo el tinte, que oculta sus emociones.
“…y cruzaron” Fanny abrió los ojos, despacio, como la última vez que
escribió. Vio que estaba llorando, ¿por qué? No lo sabía. Miró desde la primera
página, había vuelto a escribir sobre el padre de Max y lo mal que lo pasaba,
ahora sabía por qué estaba llorando. Volvía a tener hambre, así que miró a su
derecha: tenía puestos unos macarrones con tomate y queso rallado, un vaso de
agua, un yogurt de fresa y luego un helado de chocolate.
Empezó a comerse los macarrones, parecían recién hechos, y estaban
deliciosos. Se terminó todo el plato, toda la jarra de agua y su yogurt de
fresa. Aun tenía hambre, levaba un buen tiempo sin comer y en nada sería la
hora de la cena, o eso le decía la pobre luz que entraba por la ventana.
Abrió el helado de chocolate y empezó a comérselo. Se abrió la puerta en
ese momento, pero ya sabía quién era, o eso era lo que pensaba.
-Hola-dijo Fanny.
-Hola-dijeron dos vocecillas infantiles detrás de ella.
Fanny se dio la vuelta y se encontró a dos niñas de unos cuatro años,
totalmente idénticas: el mismo pelo, los mismos ojos, las mismas pecas… o tal
vez una tuviera una peca más que otra, un detalle que no se apreciaba.
-Yo…yo soy… Ania-dijo la gemela de la derecha.
-Y yo… yo soy Eli-dijo la gemela de la izquierda.
-Hola, yo soy Fanny.
-Lo sabemos-dijeron a la vez.
-Hugo nos ha dicho que estabas aquí y queríamos conocerte-dijo Eli, o
tal vez Ania, se habían movido desde que habían dicho sus nombres y ya no las
diferenciaba.
-¿Si?-dijo extrañada, no pensaba que unas niñas pequeñas estuvieran
interesadas en ella.
-Claro, eres muy especial, ¿verdad Ania?
-Sí, Hugo nunca había tenido una novia-dijo Ania un con una risita final
por parte de las dos.
Fanny sintió un cosquilleo por dentro, ¿Hugo la consideraba su novia?
-¿Quién dice que Hugo y yo
seamos novios?-Nos lo dijo ayer en la cena, él y el tío Garci.
Así que sí la consideraba su novia, bueno, no era de extrañar, lo eran.
-Vaya, pues sí que os enteráis de todo.
-Sí, ese es nuestro poder especial nadie nos puede ocultar nada, lo
notamos.
Una de las gemelas se acercó al ordenador donde Fanny acababa de
escribir. Tenía una pulsera en la que ponía su nombre: Eli.
-¿Esto es lo que has escrito hoy?-preguntó la pequeña.
-Sí, ¿también sabéis eso?
-Si-dijo Ania mientras se acercaba al ordenador- Como ya te nos dicho,
nadie nos puede ocultar nada, lo notamos.
-¿Cómo que lo notáis?
-En sus caras, notamos cuando alguien nos miente, nos tiene preparada
una sorpresa… Cosas así, cada persona tiene una forma diferente de expresarlo,
pero a veces es muy difícil conseguirlo, hay personas que se ocultan muy bien.
-¿Y cómo lo conseguís?
-Recordamos las clases de Garci, él nos ha enseñado, para poder
defendernos.
-¿Podemos leer tu historia?-preguntó Eli, muy emocionada.
-Claro, como queráis.
Las dos hermanas comenzaron a leer en el ordenador portátil mientras que
alguien había la puerta de la habitación.
-Hola, ¿ya has abierto los ojos?-preguntó Hugo al entrar-Vaya, ¿qué
hacéis aquí peques?-añadió al ver a Eli y Ania.
-Fanny nos deja leer lo que ha escrito hoy-contestó una de las gemelas.
-Sí, estaban muy ilusionadas con ello-dijo Fanny.
Hugo sonrió y le entregó el vaso de agua que llevaba en la mano a Fanny.
Con ese movimiento, dejó que Fanny viera su reloj, y se dio cuenta de que ya
tendría que estar en casa de Max.
-Tengo que irme-dijo mientras se levantaba corriendo y empezaba a
recoger sus cosas-He quedado con Max y los demás en que cenaría con ellos hoy,
adiós.
-Adiós-contestó Hugo, sorprendido al ver las prisas que llevaba Fanny.