lunes, 30 de diciembre de 2013

Capítulo 16: Grandes Locuras (Parte I)

Era un día extraño, y los nervios cargaban el ambiente. Para todos era un día especial, en el que tenían que tomar grandes decisiones. Todos estaban asustados, y no sabían qué les esperaba: unos estaban inseguros, otros cegados por el enfado, otros tenían curiosidad, pero, una cosa tenían clara, una vez elegido su camino en ese día, ya nada volvería a ser igual. Y es que ese día, era uno de julio, primero de mes.


Metía cosas en su mochila a gran velocidad: comida, bebida, camisetas, pantalones, zapatos, ropa interior, dinero… cualquier cosa que le pudiera ser útil para su largo viaje. El odio la cegaba, ocultando al miedo y a la razón, y colaborando con la locura. Cerró el primer bolsillo de la mochila, abrió el segundo: su móvil, papel, bolígrafos, más dinero… Cerró el segundo bolsillo y abrió el tercero: un mapa. Dejó abierto el bolsillo y volvió al anterior, cogió un folio y un bolígrafo. Lo partió por la mitad, en una de ellas escribió una dirección y fue destinada al tercer bolsillo, en la otra escribió simplemente “ADIOS”. Cerró todos los bolsillos y se colgó la mochila en el hombro y, totalmente segura de que estaba sola en casa, Eva salió por la puerta, cerrando de un portazo, dispuesta a encontrar a su madre.

Estaba sentado en el jardín, inquieto, pensando, asustado y nervioso. Se había puesto la ropa con la que había llegado a Alcorcón, después de tanto tiempo: su camisa, ajustada y calentita de color negro con la insignia de Elimara dibujada que se ajustaba a su cuerpo y unos pantalones de un tejido y un color que desde que llegó no había vuelto a ver. Lo había echado de menos. Miró al cielo, ese día sí había luna llena, pero eso no le animaba mucho, pues nada podía impedirle a Max pensar que estaría desterrado para siempre.
 En ese momento, notó cómo la puerta corredera del jardín se abría. Al girarse vio a Fanny, vestida con ropa típica de Elimara: una camisa negra, atada con un lazo del mismo color y con mangas anchas, al igual que la parte de la camisa que cubría el vientre. Debajo una especie de mallas blancas y unas manoletinas del mismo color de la camisa. Por supuesto, también su colgante.
-Hola-dijo Fanny, no con mucho ánimo.
Max saludó con la mano, pero no dijo nada. Fanny se acercó a él, sentándose a su lado. Ninguno dijo nada, cada uno estaba sumido en sus pensamientos, con la mirada perdida en la noche.
-Tengo miedo-dijo Max, rompiendo ese ligero silencio-Llevo callándomelo todo este tiempo, dejándolo atrás, como si no existiera pero, es la verdad. Tengo miedo.
-No entiendo de qué. Eres el príncipe de Elimara, adorado por todos, pronto serás el rey. 
-No lo seré, nunca lo conseguiré. En cuanto llegue, me desterrarán.
-¿Pero qué dices? No te van a desterrar, el rey no tiene más descendencia.
-Pero me negué a matar a un deslamado, y hay testigos. En cuanto ponga un pie allí, me echarán.
-No, no lo van a hacer Max, eso es impo…
-¿Qué? ¿Imposible? Fanny, no es la primera vez que pasa, se le expulsa y se le olvida. Fin.
-No Max, no va a pasar.
-¿Y cómo puedes saberlo, eh?
-¡Porque lo escribí, lo escribí hace días!
La brutalidad de las palabras de Fanny dejó a ambos sorprendidos.
-Tu padre te quiere, y te echa de menos-siguió Fanny-Nadie cree que te negaras a matar a nadie, al parecer, tu compañero divulgó que los desalmados te hicieron algo en la mente y que por eso huiste, y al parecer, te han secuestrado. Han empezado a atacar directamente a La Ciudad sin alma por ti, Max. Así que no tengas miedo por ti, tenlo por todos esos desalmados que están muriendo ahora mismo.
En ese momento, Vito entró por la puerta.
-Chicos, ya estamos todos, nos vamos.
Al terminar de decirlo, se fue tan  rápido como había aparecido, volviendo a dejarlos solos.
-Lo siento Max… Yo también tengo miedo-dijo Fanny- Yo… yo podría morir-añadió con voz llorosa y reteniendo las lágrimas.
Max no tuvo otra idea que abrazarla, pues pensar en la posibilidad de su muerte no le ayudaba mucho.
-No vas a morir, ¿entiendes? No puedes morir.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Capítulo 15: Confesiones (Parte II)

Ambas despertaron de su extraño sueño de la misma forma, levantándose de un golpe de la cama. Se miraron de repente, muy extrañadas, con los ojos muy abiertos, con miles de preguntas en sus cabezas, diferentes las de una que las de la otra. Ambas se levantaron de la cama y Fanny apagó el espantoso sonido del despertador rápidamente.
-Tenemos que desayunar, vamos Eva-dijo Fanny, sin cambiar su expresión de sorpresa, al igual que su compañera.
Eva asintió, sin decir nada, y ambas intentaron tratarse normal, sin éxito.


Fanny había decidido volver sola a casa, necesitaba tiempo para pensar, aunque la verdad, echaba de menos la compañía de sus amigos. Ese día había sido muy cansado desde que se había despertado de su sueño esa misma mañana. Después había tenido unas charlas sin fin sobre Elimara con todos, incluido Ángel. Lo único bueno del día había sido hablar con Clary y sus problemas amorosos, aunque ni eso había conseguido cambiar los enredados pensamientos de su mente. Para colmo, el recuerdo de su madre, derrumbada en el suelo en un salón destrozado y, la segunda imagen de ella en la cama del hospital, la habían hecho perder sus pocas fuerzas del día. Solo deseaba llegar a casa, tumbarse en su cama y quedarse profundamente dormida. Lo que no esperaba era que, lo único capaz de animarla en ese momento, la estaba esperando en casa.


 Eva acababa de llegar a casa, muy frustrada. El sueño de ese día la había dado en qué pensar: ¿qué hacía Fanny en mis sueños? Si ella también lo h soñado ¿será más que un sueño? ¿Mi madre se está comunicando conmigo en mis sueños? ¿Cómo¿ ¿Acaso existe la magia? Eran preguntas que no dejaban de aparecer una y otra vez en su mente. Nada conseguía distraerla y el cansancio empezaba a apoderarse de todo su cuerpo, pues hoy había intentado lo imposible por olvidarse de lo que rondaba en su cabeza. Decidió dormirse un rato y, rezando para que su madre no volviera a aparecer en su cabeza, cogió una fina manta y se tumbó en el sofá, quedándose plácidamente dormida en segundos. Por desgracia, soñar o no con su madre no dependía de Eva, y eso era algo que ella no descubriría hasta dentro de mucho.


Metió su llave en la cerradura, pero alguien, que ya la estaba esperando desde hace rato, abrió primero, sorprendiéndola enormemente. Padre e hija se dieron un cariñoso y fuerte abrazo, ambos lo necesitaban.
-He ido a ver a tu madre-dijo.
-Lo imaginaba, ¿cómo está?-preguntó Fanny.
-Dicen que podrá salir esta tarde.
Se quedaron un buen rato en silencio, Fanny todavía estaba dolida.
-Fanny, deberíamos ir a verla, necesitas hablar con ella, es tu madre.
-¡Una madre que prefiere morir antes que contarme la verdad!
-Para protegerme.
-¿¡De que!? ¡No me pondría en peligro saber de dónde viene mi madre, ni vuestra historia!
-Sabíamos que querrías volver en cuando supieras qué papel juegas en esto.
-¡Pero no te das cuenta de que ni si quiera lo sé todavía! Pero tengo que volver, y salvarlos de algún modo.
-Puedes morir intentándolo, ¿lo sabes?
-Sí. Pero al menos, sabré que no me rendí.


La gente acababa de llegar, preguntándose por qué Garci los habría reunido a todos, incluido a Ángel y su familia. Todos estaban sorprendidos, sobretodo Ángel, que no sabía qué hacía ahí.
Por fin, los anfitriones decidieron hablar, rompiendo el claro y alargado silencio que no quería acabar.
-Sé que os extraña que estéis todos aquí pero, tenemos algo importante que deciros-dijo Garci-Hugo, ¿quieres hacer los honores?
Éste asintió.
-Sabemos cómo volver a Elimara.


Ya era de noche, y las calles de Alcorcón estaban prácticamente vacías, los estudiantes ya no salían de casa, dado que los exámenes andaban cerca, y la mayoría de la gente estaba cansada de ese primer día de semana que todos odian. El bar ya había cerrado, y su dueño estaba a punto de acabar su limpieza, solo necesitaba una señal. La recibió, un grito sonó por todo el establecimiento, el tinte la había hecho efecto. Sonrió.
-Pobre Eva-dijo para sí, como si contestara a aquel grito- ahora que te he descubierto, Taia, ¿quién la protegerá?


lunes, 28 de octubre de 2013

Capítulo 15: Confesiones (Parte I)


“Volvía a encontrarse en la playa, sentada junto a la última Donista. Llevaban un buen rato calladas, únicamente escuchando el sonido del mar, disfrutando de la suave brisa.
-¿Recuerdas lo que hablamos ayer?-preguntó Fanny.
-Si ha pasado un día desde la última vez que hablamos, sí, lo recuerdo.
-Hay algo que no entiendo, si eres una de los Donistas instruidos, ¿cómo es que lloraste cuando el Gran Mago te hizo escribir aquella historia? ¿Cómo es que sufriste?
-¿Pero qué clase de historia se cuenta de mí?
-Dicen que te secuestró, y te hizo escribir una historia con un final horrendo y un principio igual y que, al ir contra la naturaleza de los Donistas, moriste al finalizar.
Soltó una carcajada.
-Fanny, no ocurrió así, pero si es verdad que sufrí, y mucho, pero no por escribir aquella historia, qué tontería.
-Entonces, ¿qué pasó?
-Verás Fanny, los Donistas formados ya no podían sentir emociones. Yo acababa de formarme, y me había convertido en uno de esos seres desalmados a los que ya no les importaba nada ni nadie. Como a todos nosotros, me asignaron un lugar de La Ciudad sin Alma, un lugar que estaba justo al lado de La Frontera.
>>A penas habían pasado unos días de mi instrucción, pero yo ya había escrito un montón de historias. Pero, el primer día de mes, empecé a oír sonidos de escopetas, gritos de dolor y llantos de bebés, algo que desde mi frontera nunca había oído, bueno nunca había oído de verdad, en los vídeos de mi instrucción sí. Sentí una profunda curiosidad y me asomé por la ventana, pero no se veía nada, así que salí de mi hogar para contemplarlo todo. Había un montón de muertos, tanto niños como personas adultas o envejecidas, y en todas veía mi mismo tono de pelo, por lo que me parecían vivas todavía, aunque para un desalmado normal, ese tono significara la muerte. Salté desde la rama del árbol en la que había presenciado aquella matanza, cuando todo parecía dispersado, y empecé a caminar tranquilamente alrededor de los cuerpos, sin importarme sus vidas. Tuve la mala suerte de que un joven cazador, por llamarlo de alguna forma, me alcanzó en el brazo. Estaba solo, y lo único que se le ocurrió fue acercarse a mí. A mí no me dolía el brazo para nada, pero me había pasado la vida encerrada y alimentándome de lo mínimo, por lo que ese disparo fue suficiente para que me callera al suelo. Habría seguido con consciencia de no ser por el golpe y la pérdida de sangre, así que lo único que pude ver en el rostro de aquel joven fue puro arrepentimiento.
>> Desperté en una casa que no era la mía, y en una habitación que tampoco, claro. Tenía una venda algo ensangrentada justo donde había recibido el disparo. Estaba tumbada en una cama y, al lado de ella, un pequeño escritorio con una bandeja llena de comida. Como comprenderás, tampoco sentía hambre, pero decidí comer porque en los libros que había leído no comer se consideraba una falta de respeto. Cuando casi había acabado, apareció aquel muchacho en la habitación. Empezamos a hablar, bueno, más bien él intentó entablar una conversación conmigo, pero no sabía qué responderle, así que daba respuestas sencillas. Hasta que me preguntó cómo me encontraba, no le respondí más de tres palabras seguidas, pero esa pregunta nunca me la habían hecho.
-No lo sé, no siento nada, nunca siento nada-le dije.
>>Él pareció extrañado y siguió preguntándome cosas: que cómo era posible, que quién era, que cómo era mi vida, preguntas fáciles de responder para mí.              Ese día descubrió que era una Donista y llegamos a un acuerdo, él me enseñaría lo que se siente con cada sentimiento y yo no intentaría escapar hasta estar recuperada, lo que tenía un significado diferente para cada uno, al parecer. Pasaban los días, las semanas, los meses, y mi herida empezaba a sanar, le pregunté si ya podía irme, pero él me dijo que no estaba curada todavía. Pronto descubrí que para él el estar curada era dejar de estar tan delgada como lo estaba yo, coger un tono saludable de piel y que tuviera sentimientos, lo que para él al parecer era estar enferma. Para mí todas esas cosas eran normales, pero él insistía en curarme, así que me quedé. A sí que siguieron pasando los días, las semanas, los meses y los años, estuve allí hasta los dieciocho, cuatro años en total. Empezaba a poder sentir cosas, mi piel ya no era tan blanca como antes, de hecho, empezaba a tornarse algo morena, y mi pelo, empezaba a enseñar tonos diferentes. Pero, cuando esas cosas aparecían, mi escritura se iba resintiendo y me iba convirtiendo en una Medio Donista. Lo malo fue que no me daba cuenta, ya que no tenía tiempo para escribir, dado que Dalei, que era el nombre del chico, no paraba de llevarme a dar paseos por los campos de alrededor, me llevaba al bosque, a la capital de Elimara… Acabó por enseñarme los sentimientos del todo, y acabé por aprender a sentir del todo, lo que me acabó convirtiendo en una Medio Donista entera sin enterarme. Empecé a enamorarme de él, cada vez más, hasta darme cuenta de que no podía vivir sin él. Una noche me llevó hasta el bosque, decía que tenía algo que contarme en privado, y que no había lugar más privado que el bosque.
-Taia, tengo que decirte que….-empezó a decir Dalei, pero no podía continuar, que era muy difícil.
>>Se quedó pensando un buen rato, y yo, con mi intriga, le miraba suplicando que lo soltara ya. En vez de decírmelo, lo demostró, se acercó a mí, cogiéndome de la mano, y me besó. Yo le devolví el beso. Tardó bastante en presentarme a su familia, dado que vivían lejos. Cuando me conocieron, yo ya estaba embarazada de ocho meses. Iban a ser mellizos, niño y niña. Todos se alegraron de ello y me trataban bien pero su hermano Mag se comportaba de una forma muy extraña conmigo, era amable, pero su rostro tenía una expresión siniestra. A la semana de conocerme, Mag me secuestró. Me llevó hasta el Gran Mago, y pude contemplar  mi verdadera ciudad, que se había convertido en una auténtica ciudad sin alma, como indicaba su nombre. Yo no comprendía para qué me llevaban ante él.
-¿Qué pasó después?-preguntó Fanny intrigada.
-En ese momento no le vi la cara, ni escuché su voz, él no dijo nada, se mantuvo en la sombra mientras les dictaba mensajes a Mag. Al parecer la gente de Elimara estaba cambiando de opinión acerca de La Ciudad sin Alma, se estaba planeando un ataque contra él y quería asegurarse de que su mandato durase para siempre. Me dijo que escribiera una historia y, me amenazó con matar a Dalei y al hijo que esperaba. Acepté y escribí la historia, pero no llegué a terminarla, la dejé por la mitad, como él quería que ocurriera, pero me enteré muy tarde de aquello.
>>Un mes después, me volvieron a secuestrar. Esta vez el Gran Mago si se dejó ver: era Dalei. Me dijo que, cuando diera a luz, debía entregarle a mi hijo varón. Yo no quería hacerlo, eran mis hijos y no pensaba dejar a ninguno con ese monstruo de hombre. Estuve cuatro días secuestrada hasta que di a luz a mi primer hijo, tres minutos antes de las doce. Un poco después de las doce, di a luz a una preciosa niña. Por desgracia, yo estaba demasiado débil, así que Dalei se llevó a mi hijo.
>>Al día siguiente me desperté en mi casa, sola. No sabía dónde estaba la familia de Dalei ni dónde estaba él, así que lo único que se me ocurrió fue ir a buscar a los Camisas Blancas y pedirles que rescataran a mi hijo.
Dejó de hablar, y, al ver que Fanny esperaba más historia que escuchar, dijo:
-El resto ya lo sabes, te lo ha contado Ángel. Seguramente haya otras historias sobre esto, pero esta es la de verdad.
-Así que, ¿eres la madre de mi mejor amigo?-preguntó Fanny asombrada.
-Eso ya lo sabías.
Fanny asintió, era verdad.
-Pero, has dicho que tuviste una hija, ¿qué ha sido de ella?
-La tienes a tu derecha.
Fanny giró su cabeza hacia ese lado, y encontró a una niña pequeña, al lado de una mujer rubia. Ambas reían y se abrazaban, colmándose de besos. Aunque aquella niña tendría unos cuatro años, era inconfundible. Su pelo largo, su rostro, sus ojos azules, su sonrisa.
-Eva-dijo a media voz, lo suficientemente alto para que la oyeran.
La Donista asintió mientras Eva y aquella mujer las miraban. Fanny vio cómo Eva crecía de repente, hasta sus catorce años de edad, mientras se levantaba y abría mucho los ojos:

-¿Fanny?-preguntó.”

miércoles, 9 de octubre de 2013

Capítulo 14: Descubriendo las cosas (Parte V)

-¿Cómo sabes esa frase?-preguntó.
-Es el lema de los Camisas Negras, mi tío era uno de ellos, igual que tu madre, tu padre, el de Max…
-¿Los Camisas Negras?
-Sí, era un grupo que tenían cuando vivían en Elimara. Al principio surgió como un grupo tonto de adolescentes, pero acabaron ayudando a todos los que la ley tomaba por locos y no les ofrecían su ayuda, de ahí el lema. Pero claro, era un grupo secreto, nadie sabe de él.
-Vaya, así que eran como una especie de héroes.
-Podría decirse que sí.
-Pero, hay algo que no entiendo, si mi madre era una desalmada, ¿cómo podía vivir en Elimara?
-Una gran pregunta-dijo Hugo después de un momento de reflexión.
Fanny volvió a abrazar el brazo de su novio y se quedaron en la misma posición de antes, en silencio, en ese momento sobraban las palabras.
-Bueno, ya he hablado con mi madre, me deja quedarme aquí a acompañaros.-dijo Eva-Oh… creo que interrumpo algo.
Ambos le mostraron una sonrisa, invitándola a sentarse junto a ellos.
Poco tiempo después, llegó un médico, que les dijo que se fueran a casa y volvieran al día siguiente, después de las clases y que, si había algún problema, les llamarían, pero que de momento, su madre estaba bien.

-Bueno, pues yo me quedo aquí-dijo Eva, al llegar a la entrada de su casa.
Acababan de dejar a Hugo en su casa y ahora era el turno de Eva, lo que hacía que Fanny volviera a casa sola. Al principio había creído que no le importaría estar sola, pero, cuando llegaron a aquella puerta, supo que prefería pasar la noche en compañía.
-Eva-dijo Fanny, haciendo así que no entrara del todo en su casa-Se que parece raro ya que no nos conocemos mucho pero… ¿te importaría quedarte a dormir conmigo esta noche?
-En absoluto, voy a decírselo a mi madre-respondió ella amablemente, con una sonrisa dibujada en la cara.
Fanny esperó tranquila y paciente en la entrada, contenta de no pasar la noche sola después de lo sucedido.


Sus padres ya estaban dormidos, pero Clary no podía dormir, se maldijo así misma por ello: por no poder dormir, por a ver encendido la luz y el ordenador y por haber cogido el batido del Starbucks que le había comprado su madre en Madrid, porque se había acordado de que ese sitio salía en el libro favorito de Clary, Canciones para Paula, justo en ese momento, como si todas esas cosas fueran a ayudarla a dormir. A falta de material de lectura, había abierto su Hotmail, cosa que no hacía desde la aparición del Tuenti, y se había puesto a leer todos los mensajes que tenía. Dio el último sorbo de su bebida del Starbucks y, nada más terminarla, se levantó a por su cámara de fotos. Le hizo una foto a su vaso de plástico ahora vacío, asegurándose de que se veía bien el logo de la cafetería. Después conectó su cámara al ordenador y guardó la foto en su carpeta de “Fotos para la pared”. No había pasado mucho tiempo dese el comienzo de julio, así que dentro de poco quedaría otra vez con sus dos mejores amigos para redecorar las paredes de su cuarto. Suspiró, eso es lo que eran, amigos, y nada más que amigos. Miró el reloj, ya iba siendo hora de acostarse, así que apagó todo y puso la alarma en su móvil.


Ya en casa de Fanny, las dos chicas comenzaron a organizarse para dormir. Como de costumbre, su padre se había ido de viaje el fin de semana, así que no habría nadie con ellas. Por suerte, la cama de Fanny era lo bastante grande para las dos, así que no durmieron muy agobiadas. Esa noche, se durmieron siendo algo más amigas la una de la otra, sin saber que  la mañana siguiente, no sabrían el qué pensar.
Hugo se estaba preparando para dormir: ya tenía su pijama, los dientes lavados y un vaso de agua por si se despertaba por la noche. Al pasar por delante de su ordenado, sintió curiosidad por leer lo que Eli y Ania habían dejado a medias, así que, antes de acostarse, encendió su portátil y comenzó a leer. Cuando llegó al final se quedó sorprendido, alegre, asustado, emocionado… una gran mezcla de emociones circulaba por su interior. Salió corriendo de su cuarto y fue a buscar a su tío Garci, pronto volverían a casa.





martes, 1 de octubre de 2013

Capítulo 14: Descubriendo las cosas (Parte IV)

-¿Qué?
-Sí, mi pelo no representa ninguna emoción, lo que me protege de mis enemigos, pues nunca pueden saber si tengo o no miedo, si siento tristeza o alegría… Y he sido formada entre la desgracia, ya nada me parece horrendo, lo he visto todo. Pero también he visto toda la alegría del mundo.
-¿Cómo?
-Verás Fanny, tengo una educación de la que tú careces,  te lo explicaré. Hace muchos años, cuando La Ciudad sin Alma pertenecía a Elimara, había un montón de Donistas, miles, millones, y era algo normal y fabuloso, que tu hijo fuese un Donista era lo más maravilloso que se les podía decir a unos padres. Los Donistas aprendían por su cuenta, en el mundo veían cosas hermosas y cosas desagradables, lo que les ayudaba a formarse correctamente, pero sin perder la oportunidad de sentir. Pero ocurrió algo que lo cambió todo. Dos Donistas se enamoraron, y todo el mundo pensó que eso sería algo bueno, maravilloso, y que si la mujer quedaba embarazada traería a luz al más poderoso de todos los Donistas. Se equivocaron, todos ellos, todos equivocados, pues al ser hijo de dos Donistas, parte de tu poder se perdía, por lo que esos hijos nunca podrían terminar una historia. Se supo demasiado tarde, cuando ya había más de cien Medio Donistas. Elimara aprobó que no se les mataría, pero que se les prohibiría escribir historias, ay… que ingenuos fueron, pues cuando un Donista escribe su primera historia, ya no puede parar. Fue una epidemia horrible: los Medio Donistas morían de sufrimiento por no poder escribir, otros seguían escribiendo a escondidas, lo que hacía que las vidas de las personas fueran siempre felices,  siempre oscuras y terribles o siempre monótonas y aburridas, haciendo cada día lo mismo que el anterior, pues no había otro capítulo en sus vidas, haciéndoles llegar a la locura.
>>Se volvió a pensar en matarlos a todos, pero esa idea volvió a ser denegada. Un Desalmado entonces tuvo una gran idea. Los Medio Desalmados no estaban instruidos, no del todo, ellos necesitaban ver más cosas en el mundo, más sufrimiento, más alegría, así que les hicieron leer miles de historias, les hicieron ver miles y miles de vídeos, hasta que tuvieran suficiente para acabar sus historias.  Pero eso les convirtió en seres sin sentimientos: ya habían visto toda la alegría, nada les emocionaba, y ya habían visto todo lo horrible, nada les daba miedo o les hacía llorar. El problema fue que no muchos se dieron cuenta de esto, pues ya la mayoría de los Donistas eran Medio Donistas y se empezaban a formar en grandes escuelas que se habían creado. Los Donistas originales se acabaron extinguiendo cuando La Ciudad sin Alma se separó de Elimara, y todos se acabaron extinguiendo porque los que quedaban eran seres sin sentimientos, por lo que nada les llevaba a reproducirse. Yo soy una instruida, eso creo que ya lo has deducido claro.
-Pero, si se extinguieron, ¿cómo es que tú estás viva?-preguntó Fanny-¿y yo?
-Tú no sé cómo existes pero yo soy la última Donista, o, al menos, lo era.
-¿Qué? Pero todos dicen que estás muerta.
-Porque el Gran Mago me retiene encerrada, estoy moribunda porque no veo la luz del sol, a penas como y me ha teñido.
-¿En serio?
-Yo soy rubia, ¿sabes?
Se quedaron un rato en silencio, hasta que Fanny preguntó:
-Yo no soy instruida, pero mi pelo no cambia de emociones, ¿sabes el por qué?
-Sí, no has vivido en Elimara, si no en España, y has tenido la vida de una persona normal, los Donistas en Elimara buscaban aventuras y así aprendían, de hecho, a tu edad, empezaban a escribir. Pero tú, en cambio, no has vivido lo que los demás, y te has criado entre humanos, los Donistas se criaban entre desalmados mayoritariamente, por eso, tú no expresas las emociones en el pelo, las expresas por los ojos, algo menos visible incluso, tienes suerte. Ahora tu pelo está alegre siempre porque te has convertido en la primera Donista especializada en un único género: la felicidad. Puedes escribir cualquier cosa, pero sufriendo más que un Donista normal, eres la primera de muchos, espero.
Pasaron otros minutos en silencio, un silencio que Donista interrumpió:
-Tengo que irme, estoy despertando, ya nos veremos otro día Fanny, aún hay muchas cosas que debo confesarte…”

Abrió los ojos, despertándose de golpe. Seguía estando en la sala de espera del hospital y el reloj de pared que tenía en frente marcaba las doce. A esas horas la sala de espera estaba prácticamente vacía, y por un momento Fanny pensó que estaba sola solo por un momento.
-Al fin te despiertas, esto es muy aburrido sin nadie con quien hablar.-dijo Hugo a su lado.
-¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?-preguntó.
-Más o menos una hora, pero Eva se ha quedado conmigo un rato, luego ha ido a hablar con su madre por teléfono, aun la estoy esperando.
Fanny asintió. Después se apoyó en el hombro de Hugo y se cogió de su brazo.
-Muchas gracias por quedaros.-dijo simplemente.
-No las des-respondió-He entrado a ver a tu madre antes-continuó Hugo-Se ha teñido, ¿verdad?
Fanny asintió.
-Y por eso está así, tu madre es una desalmada, ¿no es eso?
Fanny repitió su gesto anterior, haciendo todo lo posible por no derramar las lágrimas que deseaban salir de sus bonitos ojos.
-¿Por qué no me contaste que tu madre era una desalmada?
-Ni si quiera lo sabía, me he tenido que enterar de esta forma-respondió, dejando caer una lágrima que no había sabido retener.
-Pero lo sospechabas, ¿me equivoco?
-Lo sospechaba, pero no era capaz de creerlo, mi madre una desalmada, era una idea tan loca.
-Bueno, hasta la idea más loca puede ser posible.

Fanny se enderezó entonces, reconocía esa frase de la noche en que se lo había creído todo, la noche en la que había hablado con Max.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Capítulo 14: Descubriendo las cosas (Parte III)

Garci acababa de llegar a su casa, tal y como le había prometido a su sobrino, para avisar a las gemelas. No le fue difícil encontrarlas, pues desde la entrada se oía cómo la televisión estaba puesta en el canal Clan, donde las niñas veían series que les gustaban. Las encontró jugando con sus muñecas, imitando a los personajes de la serie de dibujos animados que se emitía en aquel momento.
Lo que le extrañó fue no encontrar allí a Natalia, la canguro que había contratado para que se quedara con ellas, pues tenía que salir a hablar seriamente con Hugo y no pensaba dejarlas solas.
-¿Dónde está Natalia, chicas?-preguntó.
-Estamos jugando a un juego. Nosotras nos quedamos en un sitio de la casa, y cuando vuelva nos tiene que encontrar en ese sitio y nos da galletas.-dijo Ania.
-¿Y qué hace ella mientras?
-No lo sabemos, simplemente se ha ido de casa, con un tal Roberto, creo.-explicó Eli.
-Bueno chicas, se acabó el juego, tenemos que ir al hospital-dijo Garci.
-¿Por qué? ¿Quién ha muerto?-preguntaron a la vez.
-Nadie ha muerto, simplemente vamos a ver a la mamá de Fanny, que se ha puesto malita.
-No se ha puesto malita, le ha dado un ataque de ansiedad y se ha desmayado.-dijo Eli.
-¿Cómo sabéis eso?
-Lo ha dicho una señora en la tele-dijo Ania.
-Bueno, calzaros que hay que ir a verla, vamos niñas.
Las dos gemelas salieron del salón. Garci se acercó a una estantería de la pared y cogió un folio que partió por la mitad. Con una de las mitades hizo un sobre, y en éste metió una moneda de un euro. Lo dejó en la mesilla del salón, junto a la otra mitad en blanco. Abrió uno de los cajones del mueble que sujetaba la televisión, y sacó de él un bolígrafo de tinta azul. Se sentó en el sofá y, en la mitad del folio en blanco escribió:
               

Natalia:
Estás despedida. En el sobre que tienes al lado de esta nota está lo que te debo. Dijimos cuatro euros por hora hasta las 9, y figuro que habrás estado quince minutos esperando a ese tal “Roberto”. Me voy con las niñas, no te molestes en esperarnos.
“Gracias por tus servicios de canguro”
P.D: Con lo que has cobrado hoy puedes quedar con Roberto en un McDonald’s y comprarte una hamburguesa, pero la próxima vez, que sea un día en el que no trabajes.
                                                                                                                                             Francisco G.
Dobló la nota y la dejó encima de la mesita del salón, al lado del sobre con una moneda de un euro en él, y salió de aquella habitación, para dirigirse a la puerta, donde las gemelas le esperaban con impaciencia.



“Se encontraba en una playa, totalmente desierta, en la que solo se oía el sonido del mar. A lo lejos se podía ver parte de un pequeño pueblo, pero estaba muy lejos, seguramente a más de dos horas a pie, pero en coche sería imposible ir, pues lo único que había detrás de la playa era un inmenso bosque.
Fanny estaba observándolo todo, cada detalle de esa playa, sin saber el por qué, pero le resultaba muy familiar.
-Bonita playa, ¿eh?-preguntó alguien delante de ella.
Fanny asintió y se sentó a su lado. La persona que acababa de hablar era una mujer, de unos treinta y cinco años, con el pelo moreno, igual que Fanny, pero más corto, por los hombros.
-Es solitaria, pero a la vez perfecta-añadió Fanny.
-Perfecta para todo-dijo la desconocida-para desahogar tus penas, gritar de felicidad o de sufrimiento, llorar, reír, vivir una historia de amor, matar a alguien…
Esto último le dio escalofríos a Fanny.
-¿Cómo dices?-preguntó.
-Sí, piénsalo, la única civilización que hay por aquí cerca es ese pueblo de allí, y está demasiado lejos para que oigan los gritos de la víctima. Luego tirarías el cuerpo al mar y, o lo dejas flotando hasta que se aleje, lo le atas algo pesado para que se hunda y nadie lo encuentre.
Fanny no sabía que decir, ¿acaso esa extraña era una asesina?
-Pero también puede ser perfecto para una historia perfecta de amor. Piénsalo, nadie que interrumpa a la pareja, el silencio perfecto que pueden llenar con música, besos, abrazos y palabras cariñosas que decir el uno al otro. Y, si cuando uno de los dos se va, la otra persona quiere gritar de la emoción, no hay nadie que se lo prohíba ni ningún motivo para no hacerlo, está sola y nadie puede escucharla.
-¿Cómo puedes hablar de un asesino tan tranquilamente y luego contar una historia de amor?

-Porque, al contrario que tú, soy una Donista completa.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Capítulo 14: Descubriendo las cosas (Parte II)

-Gracias por acompañarme Sadhie.
-No me las des, no te iba a dejar sola con todo esto, Fanny.
Se encontraban en la sala de espera del hospital de Alcorcón, esa que Fanny no conocía tan bien, pues allí no trabajaba su madre, pero que le traía recuerdos del repentino desmayo de Max. Cuando había llegado la policía, las había pillado en pleno proceso de desteñir, por llamarlo de alguna manera, el hermoso y castaño pelo de su madre. Cuando, la policía estaba a punto de echar la puerta abajo. Tuvieron que decirles que Fanny se había quedado en un pequeño estado de shock al ver a su madre en el suelo y con varios golpes por su cuerpo, hasta que Olga, que era como, para sorpresa de Fanny, se había nombrado Sadhie, no la sacó del shock, no se atrevía a abrir la puerta. Y así era cómo habían acabado ambas en el hospital, en esa sala de espera, después de que a Fanny la hicieran unas cuantas pruebas que ella no entendía, esperando que los médicos les dijeran el estado de Marta.
-Tengo que dártelas. Me has acompañado hasta aquí, en el autobús, me has consolado, te has quedado aquí sola, en vez de irte, esperándome para no dejarme sola. Y, por si fuera poco, has salvado a mi madre.
Sadhie no sabía que decir ante esas palabras, pero no hizo falta, porque Fanny empezó a hablar:
-Al principio, me sentía rara al hablar contigo, ¿sabes?
-¿Por qué? Lo lógico es que te sintieras más cómoda, soy como tú, bueno, casi.
-Ese es el problema, con todos los demás me sentía rara al principio, pero porque tenía que hacerme a la idea de que Elimara existía. Pero, con ellos me sentía de Elimara, no una desalmada. Ahora…
-Tienes miedo, porque, cuando volvamos, piensas que te van a tratar mal. Fanny, no te voy a mentir, si alguien de Elimara descubre que eres una desalmada, querrán matarte, y si descubren que eres una Donista, te matarán a ti, a tus padres por concebirte y buscarían a todos los que te ayudaron para matarlos también.
-Vaya, lo de no mentirme iba en serio.
Ambas sonrieron. Sadhie sabía que lo había dicho para que pensara que Fanny no estaba asustada, pero sus ojos expresaban lo contrario, Y es que, Fanny, en vez de expresar sus emociones por su pelo, como cualquier desalmado y Donista, lo expresaba en su mirada, en sus ojos, que se iluminaban cuando estaba contenta, se oscurecían cuando se enfadaba, brillaban, como si tuvieran humedad, cuando estaba triste, cuando tenía miedo, su pupila se hacía algo más grande, como queriendo ocultar el color castaño grisáceo de sus ojos, como queriendo ocultarla a ella. Lo que hizo fue cambiar de tema:
-Fanny, ¿sabes que la gente de Elimara no tiene gentilicio?
-¿En serio? Pensé que se llamarían “elimarenses” o algo así.
-Sí, piensan que no deben inventarse nombres para saber lo que son. Y el idioma tampoco, bueno, antes tenían nombre, pero…
-Peor, al separarse La Ciudad sin Alma, le quitaron el nombre porque vosotros lo hablabais, ¿no es eso?
Sadhie asintió. De pronto, Fanny se sintió estúpida por sufrir delante de Sadhie, se sintió inferior. Ella había vivido cosas peores, ahora, Fanny no se sentía con derecho a sufrir y quejarse delante de ella. Sin que Sadhie se lo esperara, la abrazó, y así las encontraron Los Buscadores, cuando llegaron al hospital.

-Fanny, hemos venido lo más rápido posible, ¿qué tal está tu madre?-dijo Vito, exhausto.
-Hemos venido tan rápido que gracias a alguien-dijo Asier mirando a Vito-nos ponen una multa.
-¡Fanny!-gritaron los otros cinco Buscadores.
-Hemos…venido…co…riendo… desde…casa….-dijo Khalil, muerto de cansancio.
-Sí…no cabíamos en el coche… está lleno de cajas…-añadió Cristel, igual de cansada que Khalil o los demás.
-¿Qué… ha… pasado?-preguntó Dalia.
Fanny iba a empezar su explicación cuando se oyeron tres voces que gritaban su nombre. Eran Eva, Clary y Ángel.
-Dios mío, Max me ha llamado hace unos veinte minutos-dijo Clary-He ido pasando la noticia y hemos tenido la suerte de pillar un autobús-explicó.
-Sí, por poco se va sin nosotros.-continuó Eva.
-¿Qué narices ha pasado? ¿Tu madre está bien? Me voy de tu calle y justo me llama Clary.
Fanny iba a empezar otra vez a explicar, pero, de nuevo, la interrumpió alguien gritando su nombre: esta vez era Hugo.
-Que suerte encontrarte, había salido a dar una vuelta con mi tío, entramos en una cafetería, y vemos en la tele la noticia de que tu madre se ha desmayado y ha sufrido un ataque de ansiedad, ¿cómo ha pasado todo esto?

Fanny suspiró e intentó explicar las cosas a todos los presentes, que ahora, eran la comidilla de todas las personas que había alrededor y que no trataban de disimular que intentaban enterarse de lo sucedido.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Capítulo 14: Descubriendo las cosas (Parte I)


Llamó a la puerta, intentando dejar atrás todo lo que Ángel le había contado, era más difícil de asumir de lo que ella había planteado, aunque, claro, no tanto como lo que tuvo que asumir ella hacía un mes más o menos. Volvió a llamar al timbre, y al rato Sadhie abrió la puerta.
-Hola-dijeron ambas a la vez.
-Max me invitó a cenar-dijo Fanny.
-Sí, lo sé, pasa- contestó Sadhie con una sonrisa.
Fanny se la devolvió y entró a la casa. Aunque era muy maja, se sentía rara hablando con Sadhie, ella era una desalmada, y le recordaba que Fanny también, y que si llegaban a encontrar La Brecha, tal vez no sería bien recibida.
-¡Fanny! Pensé que ya no vendrías-dijo Max.
-Lo siento, me entretuve en casa de Hugo-contestó ella, sin decir toda la verdad.-¿Ya habéis cenado?
-No, te estábamos esperando, aunque está todo puesto.
-Bien, porque me muero de hambre.


Entró a casa, ya era bastante tarde, había sido una suerte que le hubieran atendido en la peluquería.
-Marco, ¿estás en casa?-preguntó Marta.
Su marido no contestó, aún no había vuelto de su viaje, vía libre, ya no lo aguantaba más. El dolor, en vez de ir cesando, había aumentado cada vez más, tal vez porque, en vez de cambiarse el tono de castaño, había cambiado a ser totalmente morena. No sabía por qué era, pero no cesaba. Dejó su bolso en el salón, pero no logró salir de él, el dolor aumentó y no tuvo más remedio que gritar y llorar del sufrimiento tan grande que estaba sintiendo. Perdió la consciencia, la recuperó, así un par de veces. Se arrancó parte de un mechón de su bello y largo pelo, lo que la provocó más dolor aun. Algunos de sus vecinos habían empezado a llamar a la policía, porque se iban encendiendo las luces de alrededor y los perros del barrio empezaban a ladrar con fuerza, tal vez pidiendo que Tikia se callara, tal vez solidarizándose con su dolor, tal vez intentando tapar sus gritos.


La luna ya había salido, y Max, Dalia y Fanny disfrutaban de ella, soñando, recordando, deseando, todo a la vez, pero todo relacionado con Elimara. Los gritos que se oían, al otro lado de la calle, eran inaudibles para ellos, pues estaban demasiado concentrados en la luna, tanto, que ni si quiera se dieron cuenta de que el colgante de Fanny, de cadena dorada y una luna perfecta, había empezado a brillar levemente. Sadhie entró entonces muy preocupada, y les vio tumbados en el césped del jardín. Le parecía mal despertarlos, pero sabía que era necesario, los gritos de la mujer habían vuelto a cesar, pero era cuestión de tiempo que volvieran, y ya se empezaban a oír las sirenas de los coches policía. Los zarandeó y gritó sus nombres hasta que despertaron de su ensoñación.
-¿Qué es lo que pasa Sadhie?-preguntó Dalia-Dijimos que no nos molestaran.
-Alguien está gritando en frente, creemos que puede ser…
-Mi madre-completó Fanny, tremendamente preocupada y alterada.
Salió corriendo de la casa de Los Buscadores, mientras su colgante seguía brillando levemente. Todos se quedaron sorprendidos al ver cómo Fanny salía a toda velocidad de allí y cruzaba la calle, nadie la seguía, estaban demasiado sorprendidos, nadie la siguió menos Sadhie, que fue casi a su misma velocidad en su ayuda.
Las sirenas se oían cada vez más, pero  aun les faltaba un buen trecho para llegar.
Fanny no paraba de llamar al timbre, preocupada y llorando. Cuando Sadhie llegó junto a ella, la vio buscando desesperada sus llaves de casa.
-Fanny-dijo Sadhie- las sacaste del bolso, toma.
Fanny las agarró corriendo y abrió ambas puertas de su casa lo más rápido que pudo. Entró corriendo, tirando su juego de llaves en cualquier lado, y se dirigió al salón, donde encontró a su madre inconsciente de nuevo. Acudió corriendo hacia ella, sin darse cuenta de que Sadhie estaba detrás de ella.
-Mama, mama ¿qué pasa? Mama despierta, vamos-dijo Fanny llorando.
Vio entonces parte de su pelo tirado por el suelo, y el tinte que se había puesto su madre en el pelo, recordó entonces todas las cosas que le había contado Garci ese día: “Verás Fanny, los desalmados mueren cuando se cortan el pelo pero, también sufren muchísimo cuando se hacen un cambio en su pelo. No pienses que me refiero a ponerse una diadema o algo así, pero imagina que deciden ponerse mechas, o teñirse el pelo. Eso les causa un gran dolor, en algunos casos pueden morir” Fanny lo comprendió en ese momento, su madre no era de Elimara.
-Sé cómo ayudarte-dijo Sadhie detrás suya.
-¿Si?
-Claro, el Gran Mago a veces mandaba a sus hombres a algunas casas de La Ciudad sin Alma y nos cortaban el pelo un poco, nos teñían de otro color… Y al final aprendimos a combatir el tinte.
-¡¿Qué hay que hacer?!-gritó ella, suplicando entre lloros.

-Necesitaremos lo siguiente.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Capítulo 13: Palabras extrañas (Parte VI)

Hacía ya rato que andaba por la calle, no quería volver a su casa todavía, y sabía por qué. Ángel no podía soportarlo, quería a sus padres, bueno, a sus padres adoptivos, pero ahora se sentía raro con ellos, y sobretodo sabiendo que su verdadero padre había querido matarlo igual que mató a su madre. No sabía cómo, pero había acabado en frente de la casa de Los Buscadores, tal vez se sintiera culpable por haber sido tan brusco con él en la fiesta de La Chismosa, pero ese día estaba muy enfadado, triste... una mezcla extraña de emociones, lo normal cuando la mañana de ese mismo día te enteras de todo lo que se enteró él.
En ese momento, vio a Fanny cruzando la calle,  mientras miraba su reloj todo el tiempo. Tal vez Ángel no había acabado ahí por pura casualidad, tal vez su poder de la intuición, el que había heredado de su padre biológico, le hubiera traído hasta allí.
-¡Fanny!-gritó-¡Espera! Tengo que hablar contigo, y va para largo.
-¿Qué haces aquí?-preguntó ella sorprendida-Da igual, tengo prisa, llego tarde a cenar a casa de Max.
Y siguió su camino. Ángel pensó con rapidez, tenía que decir algo que atrajera su atención.
-Elimara existe. Te... te creo.
Fanny entonces se paró en seco y sacó su móvil:
-Dame media hora más para llegar, me ha surgido algo.-escribió en su WhatsApp.
-Vale, habla.-dijo Fanny, se empezaba a acostumbrar  estos momentos de confesiones.

Y Ángel lo contó todo.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Capítulo 13: Palabras extrañas (Parte V)

Clary se puso muy contenta al ver que Ángel aceptaba su petición. Para él era muy pronto, pues normalmente se despertaba sobre las dos de la tarde los fines de semana, ¿significaría eso algo? No lo sabía, últimamente se hacía ilusiones respecto a todo sobre él, puede que no le gustara simplemente, pero eso tenía que aclararlo aún.
-Buenas-saludó alegre Ángel desde su habitación.
-Hola, vaya, estás ya vestido.
-Sí, es que me he despertado pronto hoy
Clary sabía que era mentira, nada más levantarse, Ángel tenía la manía de hacer la cama, y estaba deshecha, lo que indicaba que había estado pensando en otras cosas, ¿en ella quizá?
-¿Y no haces la cama?
-Me has pillado. He estado pensando en muchas cosas y se me olvidó.
-¿Sí?-dijo Clary, mientras se ponía colorada, deseando que eso no lo viera Ángel, cosa que por desgracia sí pasó.
-Sí, oye, ¿te has quemado la cara?
-No-dijo, poniéndose aún más colorada-. Bueno, ¿en qué estabas pensando?
"En ti, en lo mucho que me  gustas desde hace tiempo, ¿quieres salir conmigo?" Eso era lo que se le hacía ocurrido ahora mismo, y lo que le encantaría decirle a Clary, pero no podía, tenía que decir algo, y se le vino una idea a la cabeza, no era toda la verdad, pero al menos o era mentira. Al volver a pensarlo, una lágrima recorrió su mejilla, pero lo dijo:
-Me he enterado hace poco de que... soy adoptado.



Se sentía raro, esto no le había pasado nunca, era parecido a un sentimiento de nostalgia, pero muy fuerte, ¿qué le pasaba? No lo entendía. Sonó el timbre y esa sensación se disipó, ahora su corazón se estaba acelerando, ¿sería ella? No miró por la ventana como hacía siempre, la ilusión se apoderó de él y salió corriendo de su cuarto, en dirección hacia la puerta, ¿sería ella? Abrió la puerta, su corazón latía con fuerza, giro el pomo y abrió la puerta, cada segundo que pasaba se le hacía eterno. ¡Sí, era ella! Fue a hablar pero él no le dejó, la cogió la mano, tiró de ella hacia él y, sin que Fanny se lo esperara, Hugo la besó.
-Hola-dijo Fanny sorprendida, pero sonriendo.-Hola-contestó Hugo, al que le estaba pasando lo mismo que a ella.
-¿Estás comiendo regaliz?
-¿Cómo lo has...?-calló de repente, ya sabía por qué-Pasa, tenemos que estudiar.
-Puaj, odio esa palabra.
-¿Prefieres que diga: pasa, tienes que aprender otra lección más sobre tu Don, algo muy importante?
-De repente me encanta esa palabra.
-Pasa anda-dijo Hugo entre risas.

-Y, ¿qué tal lo llevas?-preguntó Clary, que al final sí había comprado chuches y un poco de chocolate.
-Pues mal, pero bueno, aunque no sean mis padres, padres, lo son en el fondo, ¿me entiendes?
-Sí, ellos son tus padres, aunque no sea de sangre.
-Pero ahora, me siento raro con ellos, es como si me hubieran engañad toda la vida, y me duele, pero…
-Pero les quieres.
-Sí, exacto.
Aunque eso no era lo peor de todo el asunto, y Ángel lo sabía. Tal vez le hubiera sido más fácil asimilar todo esto si hubiera creído a Fanny desde el principio, pero eso no fue así. Ahora tenía que encontrar la forma de explicarle todo esto a Fanny, y él había decidido decírselo todo de golpe, le sentaría mejor a él para desahogarse y a ella no le sería muy difícil de asimilar.


Tikia entró al baño a lavarse las manos, ese día libraba en el hospital así que había hecho algo que llevaba un tiempo sin hacer, pintar. Estaba feliz esa mañana, se había arreglado todo con su hija y volvería a pisar Elimara, a ver su adorada luna. Se miró al espejo y notó algo raro en su pelo castaño.
-Mierda-dijo para sí.
Su pelo estaba cambiando, al parecer ese tinte castaño ya no era rival para sus emociones. Normalmente se teñía el pelo una vez cada dos meses, pero esta vez no había durado suficiente, su cuerpo ya sabía combatirlo, y eso era una mala señal, Esa tarde, antes de que llegara Fanny, tendría que teñirse el pelo… de un color diferente, lo que la dolería muchísimo más que el otro tinte, que casi era igual que el color de su pelo. Y es que, cortarles el pelo los mata, pero cambiarlo les produce un gran dolor a los desalmados, sobretodo el tinte, que oculta sus emociones.

“…y cruzaron” Fanny abrió los ojos, despacio, como la última vez que escribió. Vio que estaba llorando, ¿por qué? No lo sabía. Miró desde la primera página, había vuelto a escribir sobre el padre de Max y lo mal que lo pasaba, ahora sabía por qué estaba llorando. Volvía a tener hambre, así que miró a su derecha: tenía puestos unos macarrones con tomate y queso rallado, un vaso de agua, un yogurt de fresa y luego un helado de chocolate.
Empezó a comerse los macarrones, parecían recién hechos, y estaban deliciosos. Se terminó todo el plato, toda la jarra de agua y su yogurt de fresa. Aun tenía hambre, levaba un buen tiempo sin comer y en nada sería la hora de la cena, o eso le decía la pobre luz que entraba por la ventana.
Abrió el helado de chocolate y empezó a comérselo. Se abrió la puerta en ese momento, pero ya sabía quién era, o eso era lo que pensaba.
-Hola-dijo Fanny.
-Hola-dijeron dos vocecillas infantiles detrás de ella.
Fanny se dio la vuelta y se encontró a dos niñas de unos cuatro años, totalmente idénticas: el mismo pelo, los mismos ojos, las mismas pecas… o tal vez una tuviera una peca más que otra, un detalle que no se apreciaba.
-Yo…yo soy… Ania-dijo la gemela de la derecha.
-Y yo… yo soy Eli-dijo la gemela de la izquierda.
-Hola, yo soy Fanny.
-Lo sabemos-dijeron a la vez.
-Hugo nos ha dicho que estabas aquí y queríamos conocerte-dijo Eli, o tal vez Ania, se habían movido desde que habían dicho sus nombres y ya no las diferenciaba.
-¿Si?-dijo extrañada, no pensaba que unas niñas pequeñas estuvieran interesadas en ella.
-Claro, eres muy especial, ¿verdad Ania?
-Sí, Hugo nunca había tenido una novia-dijo Ania un con una risita final por parte de las dos.
Fanny sintió un cosquilleo por dentro, ¿Hugo la consideraba su novia?
-¿Quién dice que Hugo y yo seamos novios?-Nos lo dijo ayer en la cena, él y el tío Garci.
Así que sí la consideraba su novia, bueno, no era de extrañar, lo eran.
-Vaya, pues sí que os enteráis de todo.
-Sí, ese es nuestro poder especial nadie nos puede ocultar nada, lo notamos.
Una de las gemelas se acercó al ordenador donde Fanny acababa de escribir. Tenía una pulsera en la que ponía su nombre: Eli.
-¿Esto es lo que has escrito hoy?-preguntó la pequeña.
-Sí, ¿también sabéis eso?
-Si-dijo Ania mientras se acercaba al ordenador- Como ya te nos dicho, nadie nos puede ocultar nada, lo notamos.
-¿Cómo que lo notáis?
-En sus caras, notamos cuando alguien nos miente, nos tiene preparada una sorpresa… Cosas así, cada persona tiene una forma diferente de expresarlo, pero a veces es muy difícil conseguirlo, hay personas que se ocultan muy bien.
-¿Y cómo lo conseguís?
-Recordamos las clases de Garci, él nos ha enseñado, para poder defendernos.
-¿Podemos leer tu historia?-preguntó Eli, muy emocionada.
-Claro, como queráis.
Las dos hermanas comenzaron a leer en el ordenador portátil mientras que alguien había la puerta de la habitación.
-Hola, ¿ya has abierto los ojos?-preguntó Hugo al entrar-Vaya, ¿qué hacéis aquí peques?-añadió al ver a Eli y Ania.
-Fanny nos deja leer lo que ha escrito hoy-contestó una de las gemelas.
-Sí, estaban muy ilusionadas con ello-dijo Fanny.
Hugo sonrió y le entregó el vaso de agua que llevaba en la mano a Fanny. Con ese movimiento, dejó que Fanny viera su reloj, y se dio cuenta de que ya tendría que estar en casa de Max.
-Tengo que irme-dijo mientras se levantaba corriendo y empezaba a recoger sus cosas-He quedado con Max y los demás en que cenaría con ellos hoy, adiós.

-Adiós-contestó Hugo, sorprendido al ver las prisas que llevaba Fanny.

martes, 3 de septiembre de 2013

Capítulo 13: Palabras extrañas (Parte IV)

Un pitido sonó desde el ordenador de Ángel, lo que le despertó de su bonito sueño esa tarde de domingo, ese sueño imposible. Últimamente soñaba con Elimara, el lugar que le habían descrito sus padres, que, como recientemente habían descubierto, no eran biológicos. Por un momento, revivió el día en el que lo descubrió todo:
"-Ángel, ven un momento por favor, tenemos que contarte una cuantas cosas sobre ti."En ese momento, Ángel pensó que lo que se le venía encima mientras se acercaba a su salón, era una charla asquerosa sobre los cambios en su cuerpo, pero, cuando se enteró de la realidad deseó mil veces haber tenido esa charla.
"-Verás Ángel,-le explicó su padre- ya ha llegado el momento de decírtelo todo, no eres nuestro hijo, eres adoptado. Marta...digo Tikia te salvó de el destino más horrible del mundo entero, y te dio a nosotros.
-¿Tikia?-preguntó Ángel-¿Quién es?
-La madre de Fanny.
-No entiendo nada.
-Te lo explicaré todo, aunque te costará creerlo-dijo su madre-. Verás, provienes de Elimara, que es...
-¿Elimara existe?
-¿Cómo sabes lo que es?
-Fanny me lo dijo, pero no la creí, debí haberlo hecho.
-Bueno, esto facilita mucho las cosas, ¿sabes quién es el Gran Mago?
-Sí.
-Ese es tu padre biológico.
-¿Qué?
-Sí, lo es-continuó su padre-. Él y la última desalmada te crearon, aunque ahora no es la última, la... la forzó... y luego te dio a luz a ti.
-Pero no lo entiendo, ¿para qué querría el Gran Mago, un hijo?
-Para tener un descendiente, pero no contó con que su hijo podía no heredar el don de la magia que él tenía y heredar el de su madre.
-¿Soy un Donista?
-No, heredaste parte de sus poderes, uno en concreto, pero es imposible de saber si lo tienes, así que, cuando naciste, dejó que te desarrollaras durante un mes, él tardó un año entero en saber que tenía poderes pero pensó que al haber sido concebido por una Donista y un mago, se sabría antes pero fue un error. Al ver que no tenías aún tus poderes, quiso matarte, pero, un miembro de los Camisas Blancas se enteró, Tikia en concreto. Entre todos te salvaron Pero a un precio. Verás, ningún desalmado tiene permio para entrar en Elimara a no ser que lo utilicen como protector, y es lo que hicieron contigo.
-¿Soy el protector de Tikia?
-No, eres el protector de Fanny."
Y así fue como se enteró de todo lo que era, y, desde ese momento, se prometió una cosa, mataría a su padre, para que nadie más sufriera por él.
El pitido de su ordenador volvió a sonar, y salió de su ensueño. Se dio cuenta entonces de que se había vestido y peinado. Se acercó, extrañado, hacia su ordenador, y vio que tenía una petición de video chat de Clary, dio gracias a su poder de intuición.


"Su madre se levantó, dejando así de acariciar y abrazar a su pequeña de ojos azues que en esos sueños aparecía con cuatro años.
-¿A dónde vas?-preguntó Eva.
-A casa, no puedo estar más tiempo aquí, tienes que despertarte.
-Pero no quiero despertarme, quiero estar contigo siempre, llevo esperándote mucho tiempo-dijo Eva, mientras, sin darse cuenta, empezaba a crecer poco a poco.
-Volveremos  vernos, cielo. Tal vez mañana, o tal vez dentro de unos días, pero nos veremos.
Y con una sonrisa, su madre se fue alejando por la playa.
Eva que corriendo hacia ella, mientras crecía y crecía hasta llegar a sus catorce años de edad, casi quince, mientras gritaba:
-¡Mamá espera! ¡Vuelve!"

Eva despertó de golpe, levantándose rápidamente y quedándose sentada en su cama. Otra vez había soñado con su madre. Al principio se asustaba, parecía tan real, y desconfiaba de ella, ahora en cambio, le parecía un recuerdo bonito de su madre. Pero ese día su madre se había ido antes de que ella despertara, eso nunca pasaba, y la había alterado bastante, ¿qué significaba eso? Tenía una vaga idea de lo que podía ser, tal vez necesitara más, necesitaba encontrarla, saber si estaba viva.Bajó a desayunar, con su madre adoptiva, pero dio la casualidad de que Luisa no estaba. En la encimera de la cocina habían dejado una nota:
"Me voy a comprar, volveré sobre la una de la tarde, tienes leche ya calentada en el microondas. Disfruta tu desayuno, y estudia un poco que dentro de nada empiezan los finales."
Volvió a dejar la nota donde estaba después de leerla, y se acercó a coger su vaso de leche en el microondas. Se fue al salón, después otra vez a la cocina para coger su desayuno y una cuchara, tomaría cereales esa mañana.