Hacía ya rato que andaba por la calle, no quería volver a su casa
todavía, y sabía por qué. Ángel no podía soportarlo, quería a sus padres,
bueno, a sus padres adoptivos, pero ahora se sentía raro con ellos, y sobretodo
sabiendo que su verdadero padre había querido matarlo igual que mató a su
madre. No sabía cómo, pero había acabado en frente de la casa de Los
Buscadores, tal vez se sintiera culpable por haber sido tan brusco con él en la
fiesta de La Chismosa, pero ese día estaba muy enfadado, triste...
una mezcla extraña de emociones, lo normal cuando la mañana de ese mismo día te
enteras de todo lo que se enteró él.
En ese momento, vio a Fanny cruzando la calle, mientras miraba su reloj todo el tiempo. Tal vez Ángel no había acabado
ahí por pura casualidad, tal vez su poder de la intuición, el que había
heredado de su padre biológico, le hubiera traído hasta allí.
-¡Fanny!-gritó-¡Espera! Tengo que hablar contigo, y va para largo.
-¿Qué haces aquí?-preguntó ella sorprendida-Da igual, tengo prisa, llego
tarde a cenar a casa de Max.
Y siguió su camino. Ángel pensó con rapidez, tenía que decir algo que
atrajera su atención.
-Elimara existe. Te... te creo.
Fanny entonces se paró en seco y sacó su móvil:
-Dame media hora más para llegar, me ha surgido algo.-escribió en su WhatsApp.
-Vale, habla.-dijo Fanny, se empezaba a acostumbrar estos momentos de confesiones.
Y Ángel lo contó todo.
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