Ambas despertaron de su extraño
sueño de la misma forma, levantándose de un golpe de la cama. Se miraron de
repente, muy extrañadas, con los ojos muy abiertos, con miles de preguntas en
sus cabezas, diferentes las de una que las de la otra. Ambas se levantaron de
la cama y Fanny apagó el espantoso sonido del despertador rápidamente.
-Tenemos que desayunar, vamos
Eva-dijo Fanny, sin cambiar su expresión de sorpresa, al igual que su
compañera.
Eva asintió, sin decir nada, y
ambas intentaron tratarse normal, sin éxito.
Fanny había decidido volver sola
a casa, necesitaba tiempo para pensar, aunque la verdad, echaba de menos la
compañía de sus amigos. Ese día había sido muy cansado desde que se había
despertado de su sueño esa misma mañana. Después había tenido unas charlas sin
fin sobre Elimara con todos, incluido Ángel. Lo único bueno del día había sido
hablar con Clary y sus problemas amorosos, aunque ni eso había conseguido
cambiar los enredados pensamientos de su mente. Para colmo, el recuerdo de su
madre, derrumbada en el suelo en un salón destrozado y, la segunda imagen de
ella en la cama del hospital, la habían hecho perder sus pocas fuerzas del día.
Solo deseaba llegar a casa, tumbarse en su cama y quedarse profundamente
dormida. Lo que no esperaba era que, lo único capaz de animarla en ese momento,
la estaba esperando en casa.
Eva acababa de llegar a casa, muy frustrada.
El sueño de ese día la había dado en qué pensar: ¿qué hacía Fanny en mis
sueños? Si ella también lo h soñado ¿será más que un sueño? ¿Mi madre se está
comunicando conmigo en mis sueños? ¿Cómo¿ ¿Acaso existe la magia? Eran
preguntas que no dejaban de aparecer una y otra vez en su mente. Nada conseguía
distraerla y el cansancio empezaba a apoderarse de todo su cuerpo, pues hoy
había intentado lo imposible por olvidarse de lo que rondaba en su cabeza.
Decidió dormirse un rato y, rezando para que su madre no volviera a aparecer en
su cabeza, cogió una fina manta y se tumbó en el sofá, quedándose plácidamente
dormida en segundos. Por desgracia, soñar o no con su madre no dependía de Eva,
y eso era algo que ella no descubriría hasta dentro de mucho.
Metió su llave en la cerradura,
pero alguien, que ya la estaba esperando desde hace rato, abrió primero,
sorprendiéndola enormemente. Padre e hija se dieron un cariñoso y fuerte
abrazo, ambos lo necesitaban.
-He ido a ver a tu madre-dijo.
-Lo imaginaba, ¿cómo
está?-preguntó Fanny.
-Dicen que podrá salir esta
tarde.
Se quedaron un buen rato en
silencio, Fanny todavía estaba dolida.
-Fanny, deberíamos ir a verla,
necesitas hablar con ella, es tu madre.
-¡Una madre que prefiere morir
antes que contarme la verdad!
-Para protegerme.
-¿¡De que!? ¡No me pondría en
peligro saber de dónde viene mi madre, ni vuestra historia!
-Sabíamos que querrías volver en cuando supieras qué papel
juegas en esto.
-¡Pero no te das cuenta de que ni si quiera lo sé todavía!
Pero tengo que volver, y salvarlos de algún modo.
-Puedes morir intentándolo, ¿lo sabes?
-Sí. Pero al menos, sabré que no me rendí.
La gente acababa de llegar, preguntándose por qué Garci los
habría reunido a todos, incluido a Ángel y su familia. Todos estaban
sorprendidos, sobretodo Ángel, que no sabía qué hacía ahí.
Por fin, los anfitriones decidieron hablar, rompiendo el
claro y alargado silencio que no quería acabar.
-Sé que os extraña que estéis todos aquí pero, tenemos algo
importante que deciros-dijo Garci-Hugo, ¿quieres hacer los honores?
Éste asintió.
-Sabemos cómo volver a Elimara.
Ya era de noche, y las calles de Alcorcón estaban
prácticamente vacías, los estudiantes ya no salían de casa, dado que los
exámenes andaban cerca, y la mayoría de la gente estaba cansada de ese primer
día de semana que todos odian. El bar ya había cerrado, y su dueño estaba a
punto de acabar su limpieza, solo necesitaba una señal. La recibió, un grito
sonó por todo el establecimiento, el tinte la había hecho efecto. Sonrió.
-Pobre Eva-dijo para sí, como si contestara a aquel grito-
ahora que te he descubierto, Taia, ¿quién la protegerá?
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