Max no pudo aguantarlo más y salió corriendo en busca de Cristel:
-¿¡Es que no os preocupa ni un poco!?- les había gritado a los demás antes de salir corriendo tras la más pequeña de sus supuestos primos.
Al llegar a casa, lo que encontró no le mejoró mucho el ánimo: había destrozos por todas partes y, en el salón, encontró a Cristel desmayada, en brazos de Vito, que la estaba levantando para llevarla a su habitación.
Ahora se encontraba con Vito hablando de lo sucedido mientras esperaban a los demás. Él estaba casi tan desconcertado como Max. Le contó todo lo que había visto y seguían sin comprender lo que le había pasado a Cristel.
Ya bien entrada la noche, Cristel seguía sin despertar. La habían llevado a Urgencias cuando llegaron todos y explicaron lo sucedido un par de veces, pero lo único que les habían dicho era que debía reposar en casa, no había otra solución y que, con suerte en un par de horas despertaría.
Habían llegado las doce de la noche y Cristel seguía con los ojos cerrados, tumbada en la cama de su habitación.
Max había estado toda la tarde con ella, ayudando en lo que podía. De todos los demás, Cristel era la que mejor se había comportado con él. Para colmo,(y esto era lo que más le enfadaba) ni Khalil, ni Igor ni Dalia se habían presentado para ver que tal estaba, solo había ido Beda, pero no se había quedado mucho tiempo ya que Vito y Asier le habían obligado a irse a la cama por mucho que el chico de doce años protestase.
Max sonrió para sí, daba gusto ver que alguien se preocupaba de los demás en esa casa.
De pronto, se oyó el ruido de la puerta abriéndose. Max pensó que serían Asier o Vito para intentar mandarle a la cama y que estuviera descansado al día siguente, pero el ya se había opuesto otras tres veces, así que estaba preparado para conseguir que le dejaran quedarse con Cristel a ver si mejoraba. Pero para su sorpresa, el que venía no era nada más ni nada menos que Khalil.
Max estaba muy enfadado con él y los demás por no presentarse en ningún momento, así que, sin poder evitarlo, le lanzó de un empujón hacia la puerta. El chico de trece años y cabello castaño levantó la cabeza hacia Max, desconcertado.
-¿Qué haces aquí?, ¿no te da vergüenza?, no os habéis preocupado en ningún momento por ella y ahora tienes el morro de venir-le dijo muy enfadado Max.
-Oye, déjame que…
-No, déjame no, pasáis de ella continuamente, incluso cuando de camino a casa salió corriendo, ¿y tienes el morro de venir ahora?, y, ¿a qué vienes?, ¿a escupirla en la cara?, porque parece que es lo único que queréis de ella, tratarla como si fuera una…
-¡Cierra tu estúpida bocaza real un momento y déjame ver cómo esta mi hermana imbécil!-saltó de repente Khalil, casi gritando.
Dicho esto, apartó a Max con un brazo y se acercó muy dulcemente hacia Cristel.
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