-¿Eli… qué?
-Elimara, ¿es que no lo conoces?
-¿Eli… qué?-repitió Fanny aun
sorprendida.
-Elimara. E-L-I-M-A-R-A, pensaba
que eras de allí también.
-¿Qué?, ¿por qué?
Max abrió la boca para decir
algo, pero sus palabras quedaron ahogadas por el timbre.
-Lo siento, tengo que irme a
clase- se despidió Fanny- un placer Max, hasta otra- dijo con una sonrisa
mientras subía por las escaleras para llegar hasta su clase.
Max se quedó mirando a Fanny
hasta perderla de vista, después, dirigió su mirada hacia la puerta del
edificio, por donde un montón de alumnos entraban empujándose unos a otros y
haciendo un ruido prácticamente insoportable para Max, que siempre había vivido
cerca del bosque.
Cuando ya no había nadie y Max
había recibido unos cuantos empujones, salió del instituto.
“Tengo que volver a casa” se dijo
“pero, ¿cómo? No sé dónde estoy ni a qué distancia está Elimara”
Aunque, lo que más preocupaba a
Max, era adentrarse por error en La ciudad sin alma, ya había pasado por eso a
sus 12 años, y lo que vio allí aún le causaba pesadillas: miles de muertos en
el suelo, llantos de niños pequeños, hombres y mujeres con la piel pálida y un
rostro inexpresivo, gritos de terrible sufrimiento… era horrible, por eso
estaba en contra de “la matanza de los desalmados”.
Apartó esos recuerdos de su mente
y se decidió por dar una vuelta por la ciudad, ya que parecía que iba a
quedarse bastante tiempo y tendría que aprender bastantes cosas.
Después de estar un buen rato
andando por la ciudad, entró en un bar y se sentó en la barra.
Empezó a mirar la carta cuando de
repente, alguien le cogió del cuello de la camisa y lo hizo girarse y dejar
caer la carta al suelo.
Miró al hombre que lo había
agarrado con tal brusquedad y lo examinó. Parecía el dueño del local: estaba
cubierto de sudor, tenía la ropa sucia y negro el poco pelo que le quedaba en
la cabeza.
Aquel hombre gruñó y dejo escapar
su sucio aliento en dirección a Max, acto seguido, condujo a Max hacia la
puerta y dijo:
-¡Fuera de mi bar mocoso!, Aquí
lo único que haces es molestar.
-¿Así es como trata usted a sus
clientes?
El hombre soltó una carcajada
seca y terrorífica:
-¿Tu?, ¿cliente?-dijo con un tono
de burla- y con qué pensabas pagar mequetrefe.
El joven se llevó la mano al bolsillo
de su pantalón, sacó una moneda y se la enseñó al hombre.
-¡¿Qué es esto?!-dijo el hombre
aún más enfadado de lo que estaba.
-Dinero-respondió muy serio Max.
-Chico, no me hagas perder más el
tiempo anda, guárdate tu asqueroso dinero de juguete y vuélvete al instituto, o
avisaré a la policía.
Max salió del bar malhumorado,
sin darse cuenta del espectáculo que acababa de montar en el bar y que había
captado la atención de todo el mundo, pero de un hombre en particular.
Este hombre misterioso levantó la
cabeza sacudiendo su largo pelo negro y pagó su cuenta. Acto seguido, se
dispuso a salir del bar y a seguir a Max.
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