lunes, 6 de agosto de 2012

Capítulo 1: El encuentro (Parte IV)


-¿Eli… qué?
-Elimara, ¿es que no lo conoces?
-¿Eli… qué?-repitió Fanny aun sorprendida.
-Elimara. E-L-I-M-A-R-A, pensaba que eras de allí también.
-¿Qué?, ¿por qué?
Max abrió la boca para decir algo, pero sus palabras quedaron ahogadas por el timbre.
-Lo siento, tengo que irme a clase- se despidió Fanny- un placer Max, hasta otra- dijo con una sonrisa mientras subía por las escaleras para llegar hasta su clase.
Max se quedó mirando a Fanny hasta perderla de vista, después, dirigió su mirada hacia la puerta del edificio, por donde un montón de alumnos entraban empujándose unos a otros y haciendo un ruido prácticamente insoportable para Max, que siempre había vivido cerca del bosque.
Cuando ya no había nadie y Max había recibido unos cuantos empujones, salió del instituto.
“Tengo que volver a casa” se dijo “pero, ¿cómo? No sé dónde estoy ni a qué distancia está Elimara”
Aunque, lo que más preocupaba a Max, era adentrarse por error en La ciudad sin alma, ya había pasado por eso a sus 12 años, y lo que vio allí aún le causaba pesadillas: miles de muertos en el suelo, llantos de niños pequeños, hombres y mujeres con la piel pálida y un rostro inexpresivo, gritos de terrible sufrimiento… era horrible, por eso estaba en contra de “la matanza de los desalmados”.
Apartó esos recuerdos de su mente y se decidió por dar una vuelta por la ciudad, ya que parecía que iba a quedarse bastante tiempo y tendría que aprender bastantes cosas.
Después de estar un buen rato andando por la ciudad, entró en un bar y se sentó en la barra.
Empezó a mirar la carta cuando de repente, alguien le cogió del cuello de la camisa y lo hizo girarse y dejar caer la carta al suelo.
Miró al hombre que lo había agarrado con tal brusquedad y lo examinó. Parecía el dueño del local: estaba cubierto de sudor, tenía la ropa sucia y negro el poco pelo que le quedaba en la cabeza.
Aquel hombre gruñó y dejo escapar su sucio aliento en dirección a Max, acto seguido, condujo a Max hacia la puerta y dijo:
-¡Fuera de mi bar mocoso!, Aquí lo único que haces es molestar.
-¿Así es como trata usted a sus clientes?
El hombre soltó una carcajada seca y terrorífica:
-¿Tu?, ¿cliente?-dijo con un tono de burla- y con qué pensabas pagar mequetrefe.
El joven se llevó la mano al bolsillo de su pantalón, sacó una moneda y se la enseñó al hombre.
-¡¿Qué es esto?!-dijo el hombre aún más enfadado de lo que estaba.
-Dinero-respondió muy serio Max.
-Chico, no me hagas perder más el tiempo anda, guárdate tu asqueroso dinero de juguete y vuélvete al instituto, o avisaré a la policía.
Max salió del bar malhumorado, sin darse cuenta del espectáculo que acababa de montar en el bar y que había captado la atención de todo el mundo, pero de un hombre en particular.
Este hombre misterioso levantó la cabeza sacudiendo su largo pelo negro y pagó su cuenta. Acto seguido, se dispuso a salir del bar y a seguir a Max.

No hay comentarios: