El sonido de una puerta cerrándose de golpe hizo que Vito despertase del susto.
Miró por la ventana, debían de ser las cinco de la tarde. Asier había salido hace más o menos una hora para hacer la compra y, de paso, mirar algún empleo para Vito, pero siempre los rechazaba todos. Lentamente, se desperezó y se levantó de la cama para ver quién había llegado.
Otra vez una puerta cerrándose de golpe. “¿Qué está pasando ahí fuera?” se pregunta Vito.
Otra puerta, pero esta vez más fuerte. Lo último que oyó Vito antes de encontrarse con el desastre de detrás de la puerta de su habitación, fueron un par de jarrones rompiéndose.
Cristel iba corriendo en dirección a su hogar, muy por delante de sus supuestos familiares que no se molestaban en seguir su ritmo. El encuentro con aquella chica la había afectado mucho: Esos ojos…
En un desesperado intento por ahogar un grito de puro terror y sufrimiento, Cristel soltó un ruido casi inaudible. Apresuró la marcha, no podía evitarlo, estaba de los nervios.
Al fin llegó a casa y, de un portazo, cerró la puerta de entrada de su casa, tiró la mochila al suelo y, sin poder evitarlo, como si no fuera ella la que controlaba sus acciones, fue rompiendo cosas sin ton ni son por la casa.
Vito encontró a Cristel llorando y gritando en el suelo del salón. Sorprendido, se acercó a ella para intentar consolarla, pero nunca había visto nada como aquello.
-Eh, eh, Cristel, ¿qué te pasa?
La pobre niña no podía cesar de llorar y gritar, como si la torturasen por dentro. Después de un rato intentando calmarla, Cristel por fin pudo decir algo:
-La…la… la he visto
-¿Qué?-dijo Vito desconcertado-¿A quién has visto? ¿Qué ha pasado?
Pero Cristel no pudo responder, porque en ese momento, se desmayó.
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