domingo, 9 de septiembre de 2012

Capítulo 4: Un colgante, una señal (Parte I)

Fanny abrió los ojos y se desperezó  lentamente. Se sentó en la cama y miró a su alrededor.
Había ido a dormir a casa de Clary un millón de veces, pero no podía evitar sentirse un poquito extraña  al no despertarse en su casa.
Miró en la cama que estaba justo encima suya para ver si su amiga estaba despierta pero, como imaginaba, estaba dormida. Y no le extrañaba nada, dado que, al  mirar por la ventana, vio que no debían ser más de las ocho. Soltó un suspiro, era demasiado temprano para levantarse un sábado, pero sabía que no se volvería a dormir.
Se levantó intentando hacer el menor ruido y se dirigió a su mochila para coger su iPod con sus cascos blancos y escuchar un poco de música para entretenerse.
Volvió y se tumbó en la cama mientras los primeros acordes de su canción favorita le llegaban a los oídos a través de sus cascos.
Cuando ya había escuchado la mitad de la lista de reproducción que había creado, decidió ponerse un poco la radio, pero se acordó que a esas horas seguirían los programas que tanto detestaba, así que siguió escuchando su lista de reproducción.
Llevaba una media hora escuchando música cuando Clary se despertó. Vio uno de sus brazos estirándose y luego a su cabeza colgando desde su cama.
Los rizos castaños le tapaban un poco la cara, pero aún así podía distinguir una sonrisa en su mejor amiga.
-Buenos días dormilona-dijo Fanny.
Su amiga soltó un bostezo y dijo:
-¡¿Dormilona?! Si solo son las nueve menos diez, y es sábado, sabes que yo no me despierto mínimo hasta las diez.
-A lo mejor tú subconsciente te ha dicho: despierta Clary, que tu amiga se aburre.
-Puede ser.
Las dos amigas siguieron hablando un rato y, entre risas, bromas y almohadas volando por la habitación, acabaron por despertarse del todo.
-¡Casandra, he hecho tortitas para desayunar!, ¿le parece bien a tu amiga?
Fanny vio que Clary soltaba un <<ya empezamos…>> por lo bajo y no pudo evitar reírse. Todo el mundo sabía que Clary odiaba su verdadero nombre, pero no su madre y, como todos los profesores la seguía llamando Casandra.
-¡Me parece bien Belén!-dijo Fanny a la madre de su amiga-¡Casandra y yo estaremos abajo en nada!
Ese comentario le costó a Fanny otro golpe de almohada en la cara. Las dos amigas se rieron y bajaron las escaleras para ir a la cocina y desayunar.


Max se despertó de pronto y miró a su alrededor. Aún estaba con Cristel, pero se había dormido. Se levantó de la silla en la que había dormido, le dolía el cuello y la espalda, pero no sabía si de mala postura o por la rigidez de la silla.
Miró en dirección a la cama de Cristel. Seguía sin despertar, pero respiraba. Y a su lado estaba Khalil, que se había quedado dormido arrodillado en el suelo.
Max no pudo evitar una sonrisa, a pesar de que nunca la hiciera caso, se notaba que la quería.
Se acordó de pronto de la conversación que habían tenido ayer y, sin dudarlo, despertó a Khalil. No sabía lo que les harían a los dos hermanos si descubrían que Khalil había estado cuidando de Cristel toda la noche.
-Eh, eh, Khalil despierta, ya es de día, vamos- dijo mientras movía cada vez con más impaciencia a Khalil para despertarlo.
El chico se despertó de golpe y se levantó después de estirarse un poco.
-Gracias por despertarme, no sé qué pasaría si Igor o Dalia me llegaran  a ver aquí.
-Tranquilo, dudo que quieran pasarse-respondió Max con una sonrisa-, vamos, tienes que volver a tu cuarto antes de que se despierten y te vean,  porque entonces preguntarán.
Khalil asintió y se dirigió a la puerta, pero, al abrirla, se encontró con una sorpresa que les dejó helados a los dos: Igor estaba allí.

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