jueves, 30 de agosto de 2012

Capítulo 3: Recuerdos (Parte II)

Max no pudo aguantarlo más y salió corriendo en busca de Cristel:
-¿¡Es que no os preocupa ni un poco!?- les había gritado a los demás antes de salir corriendo tras la más pequeña de sus supuestos primos.
Al llegar a casa, lo que encontró no le mejoró mucho el ánimo: había destrozos por todas partes y, en el salón, encontró a Cristel desmayada, en brazos de Vito, que la estaba levantando para llevarla a su habitación.
Ahora se encontraba con Vito hablando de lo sucedido mientras esperaban a los demás. Él estaba casi tan desconcertado como Max. Le contó todo lo que había visto y seguían sin comprender lo que le había pasado a Cristel.
Ya bien entrada la noche, Cristel seguía sin despertar. La habían llevado a Urgencias cuando llegaron todos y explicaron lo sucedido un par de veces, pero lo único que les habían dicho era que debía reposar en casa, no había otra solución y que, con suerte en un par de horas despertaría.



Habían llegado las doce de la noche y Cristel seguía con los ojos cerrados, tumbada en la cama de su habitación.
Max había estado toda la tarde con ella, ayudando en lo que podía. De todos los demás, Cristel era la que mejor se había comportado con él. Para colmo,(y esto era lo que más le enfadaba) ni Khalil, ni Igor ni Dalia se habían presentado para ver que tal estaba, solo había ido Beda, pero no se había quedado mucho tiempo ya que Vito y Asier le habían obligado a irse a la cama por mucho que el chico de doce años protestase.
Max sonrió para sí, daba gusto ver que alguien se preocupaba de los demás en esa casa.
De pronto, se oyó el ruido de la puerta abriéndose. Max pensó que serían Asier o Vito para intentar mandarle a la cama y que estuviera descansado al día siguente, pero el ya se había opuesto otras tres veces, así que estaba preparado para conseguir que le dejaran quedarse con Cristel a ver si mejoraba. Pero para su sorpresa, el que venía no era nada más ni nada menos que Khalil.
Max estaba muy enfadado con él y los demás por no presentarse en ningún momento, así que, sin poder evitarlo, le lanzó de un empujón hacia la puerta. El chico de trece años y cabello castaño levantó la cabeza hacia Max, desconcertado.
-¿Qué haces aquí?, ¿no te da vergüenza?, no os habéis preocupado en ningún momento por ella y ahora tienes el morro de venir-le dijo muy enfadado Max.
-Oye, déjame que…
-No, déjame no, pasáis de ella continuamente, incluso cuando de camino a casa salió corriendo, ¿y tienes el morro de venir ahora?, y, ¿a qué vienes?, ¿a escupirla en la cara?, porque parece que es lo único que queréis de ella, tratarla como si fuera una…
-¡Cierra tu estúpida bocaza real un momento y déjame ver cómo esta mi hermana imbécil!-saltó de repente Khalil, casi gritando.
Dicho esto, apartó a Max con un brazo y se acercó muy dulcemente hacia Cristel.

domingo, 26 de agosto de 2012

Capítulo 3: Recuerdos (Parte I)

El sonido de una puerta cerrándose de golpe hizo que Vito despertase del susto.
Miró por la ventana, debían de ser las cinco de la tarde. Asier había salido hace más o menos una hora para hacer la compra y, de paso, mirar algún empleo para Vito, pero siempre los rechazaba todos. Lentamente, se desperezó y se levantó de la cama para ver quién había llegado.
Otra vez una puerta cerrándose de golpe. “¿Qué está pasando ahí fuera?” se pregunta Vito.
Otra puerta, pero esta vez más fuerte. Lo último que oyó Vito antes de encontrarse con el desastre de detrás de la puerta de su habitación, fueron un par de jarrones rompiéndose.

Cristel iba corriendo en dirección a su hogar, muy por delante de sus supuestos familiares que no se molestaban en seguir su ritmo. El encuentro con aquella chica la había afectado mucho: Esos ojos…
En un desesperado intento por ahogar un grito de puro terror y sufrimiento, Cristel soltó  un ruido casi inaudible. Apresuró la marcha, no podía evitarlo, estaba de los nervios.
Al fin llegó a casa y, de un portazo, cerró la puerta de entrada de su casa, tiró la mochila al suelo y, sin poder evitarlo, como si no fuera ella la que controlaba sus acciones, fue rompiendo cosas sin ton ni son por la casa.

Vito encontró a Cristel llorando y gritando en el suelo del salón. Sorprendido, se acercó a ella para intentar consolarla, pero nunca había visto nada como aquello.
-Eh, eh, Cristel, ¿qué te pasa?
La pobre niña no podía cesar de llorar y gritar, como si la torturasen por dentro.  Después de un rato intentando calmarla, Cristel por fin pudo decir algo:
-La…la… la he visto
-¿Qué?-dijo Vito desconcertado-¿A quién has visto? ¿Qué ha pasado?
Pero Cristel no pudo responder, porque en ese momento, se desmayó.

sábado, 25 de agosto de 2012

Capítulo 2: Los Buscadores (Parte II)

“Oh, pobrecillo” pensó Fanny. Había estado escuchando la conversación que Max había tenido con  la profesora de Ciencias Naturales, la señora Pérez (era la única profesora que se hacía llamar señora, aun que también la más simpática). No era que le gustara espiar, sobre todo si se trataba de conversaciones de alumnos con profesores, aun que, Fanny tenía que admitir que de vez en cuando era muy cotilla, pero esta vez solo había estado esperando a Max y lo había oído todo.
Cuando el chico salió de la clase, Fanny fue a consolarlo.
-Eh Max, he oído la conversación que has tenido con Pérez, lo siento mucho, no sabía lo de tus padres.
-No pasa nada Fanny-contestó Max intentando parecer abatido-lo voy superando, pero, no deberías escuchar conversaciones ajenas-continuó con una sonrisa pícara.
Fanny no pudo evitar sonrojarse un poco, pero apenas duró un segundo, porque Max empezó a hacerla cosquillas como si fueran amigos de toda la vida.
Después de un rato de risas, llegaron a la cafetería.
En ella, un par de chicos y una chica que parecía sacarles unos cuantos años saludaron a Max, y él, con mucho gusto, les devolvió el saludo.
-¿Quiénes eran?-le preguntó Fanny.
Max iba a contestar, pero entonces, alguien se acercó corriendo hacia ellos. Era una chica de unos doce años, con el pelo rubio y los ojos azules:
-¡Max!-gritó la niña.
El chico sacó una sonrisa y dijo:
-Hola, Fanny, te presento a mi prima Cristel.
-Encantada.
-Igualmente Fanny, oye Max, ¿qué tal ha ido tu primer día?
-Muy bien, gracias por preguntar Cristel y, respondiendo a tu pregunta Fanny, esos eran mis otros tres primos: la chica morena era Dalia, el chico castaño era Beda y el bajito y rubio era Khalil.
-Bueno Max-dijo Cristel interrumpiendo su conversación-yo me voy yendo, hasta luego.
Max se despidió de ella con la mano y siguió hablando con Fanny.
Durante el resto del recreo le habló a Fanny un poco de sus primos y luego estuvieron con sus amigos un buen rato, pero Fanny notaba que Max estaba algo triste, aun que no le dio importancia, porque se lo atribuyó a la conversación que había tenido con la señorita Pérez.


Por fin acabaron las clases del día y los alumnos recogían deprisa para salir por fin del instituto. Todos estaban contentos de que al fin acababa el día y porque tenían pocos deberes que hacer en casa, pero Max seguía con cara larga. A él le tocaban más horas de estudio que a los otros niños, ya que se había enterado de que tenía que aprender otros dos idiomas más y seguía teniendo, mucha, mucha nostalgia.  Lo único que le recordaba a su verdadero hogar eran sus supuestos tíos y primos, pero, le había costado hacer migas con algunos de ellos:
Cristel le había hecho una reverencia nada más verle y los demás la habían imitado, pero Max, desde ese momento, había dejado claro que no quería que le tratasen de la realeza, que allí era uno más y que no quería tratos especiales. Al parecer, Cristel lo había entendido perfectamente y así lo había hecho, y Khalil había hecho igual que ella, pero a Igor le costaba un poco y, tanto él como Dalia parecían odiarlo.
Sumergido en sus pensamientos, no se dio cuenta de que alguien se acercaba por detrás de él:
-¡Max espera!
El chico se dio la vuelta, sobresaltado. Vio que le había llamado Clary, que iba junto a Fanny.
-Ah, hola chicas.
-¿A dónde vas tan corriendo?-preguntó Fanny, dando a notar que se había cansado un poco.
-Lo siento chicas, pero-dijo señalando hacia la entrada-mis primos me están esperando.
-Oh, bueno, pues hasta mañana Max-se despidió Clary.
Max les mostró una sonrisa y se marcho, pero, entonces, se dio cuenta de que se le había olvidado algo, algo que había acordado con Vito. Se dio la vuelta corriendo hacia las chicas y dijo:
-Oye chicas, sé que suena raro, pero, ¿qué nombre pondríais a un grupo de personas que están intentando conseguir algo?           
Las dos chicas se quedaron un rato mirándole, asombradas y pensativas, pero, después de un rato corto, Clary dijo: 
-Mmmm… ¿La Resistencia?, ¿Los Luchadores?
Max negó con la cabeza:
-No, no, eso no sirve, son unas personas que intentan encontrar algo.
-Ah-dijo Fanny-entonces, ¿por qué no Los Buscadores?
-Los Buscadores…-murmuró Max-¡Claro!, perfecto, gracias chicas, ¡nos vemos!-dijo medio gritando mientras se alejaba de ellas.
Después de quedarse un rato mirando cómo se alejaba, Clary dijo:
-¿Para qué quería saber eso?
Fanny encogió los hombros y contestó:
-No tengo ni idea, tal vez para algún trabajo de literatura, no sé.

jueves, 23 de agosto de 2012

Capítulo 2: Los Buscadores (Parte I)

Max se despertó con un terrible grito. “Otra vez la misma pesadilla” pensó.
Se levantó de la cama y sacudió la cabeza, hoy le esperaba un día duro.
Le Asier y Vito le habían llevado a una casa más o menos grande, en un barrio tranquilo y poco transitado, perfecto para ellos.
Les había contado a Asier  y Vito cómo había llegado y su encuentro con Fanny en el instituto. “Pero ella tiene que ser de Elimara” se repetía continuamente “¡si habla el idioma!”.
Esto a Asier y a Vito les había inquietado un poco, así que habían decidido matricular a Max y a los demás en ese instituto para poder investigar un poco más.
Mientras, Max había tenido tiempo de conocer a todos los que vivían allí. Sin contar a Asier y Vito, eran siete: Igor, Cristel, Beda, Dalia y Khalil. Todos eran más o menos de la misma edad: 12, 14, 13…, todos menos Dalia, que pronto cumpliría los 18.
Todos habían sido muy simpáticos con él y le habían ofrecido un cuarto bien grande que no había tardado tiempo en decorar a su gusto.
Alguien llamó a la puerta en ese momento, haciendo que Max volviera a la realidad:
-Alte… digo Max-dijo Dalia detrás de la puerta-, vístete y baja a desayunar, vamos, o llegarás tarde.
-¡Ya voy!-contestó Max alzando la voz.
Mientras buscaba el qué ponerse, sonrió para sí, le había costado, pero había conseguido que le dejaran de llamar alteza, nunca le había gustado que se dirigieran a él así, le parecía muy aburrido. A la que más le costaba no llamarle así, era a Dalia, ya que era la más mayor y le habían enseñado a dirigirse así  ante la realeza, “pero yo ya no soy de la realeza” pensó a penado, “me he negado a matar a un desalmado  y hay testigos para confirmarlo, me expulsarán de Elimara”
Procuró evitar esos pensamientos por el momento, se vistió lo más rápido que pudo y salió de su habitación y, procurando no caerse por las escaleras con sus prisas innecesarias, se fue a la cocina a desayunar.



El sol brillaba sobre las calles de Alcorcón, dando a todo un tono más vivo y alegre. Mientras, Fanny caminaba con prisa para no retrasarse, “o llego bien o se irán sin mi” se dijo “y no es muy agradable ir sola al instituto”.  Y no es que tuviera miedo de estar sola, solo que le parecía muy aburrido estar por la calle sin alguien con quien hablar. Así que, para evitar esto, Fanny quedaba todos los días con sus amigos en un parque muy cercano a su instituto e iban todos juntos.
Cuando llegó al parque, y vio que sus amigos seguían allí, no pudo evitar sacar una sonrisa, ya había tenido que ir sola dos días seguidos, y no pensaba ir otro más.
-¡Fanny! ¡Ya pensábamos que no vendrías!-gritó una de sus amigas.
Se acercó a ella corriendo, muy contenta de verla.
-Hola Clary- respondió Fanny, mientras daba un abrazo a su amiga.
Clary era como se había apodado ella misma, porque no le gustaba mucho su nombre, “Es muy aburrido y soso” decía siempre “no pega conmigo”. Y era cierto, Clary era una chica que muy a menudo, por no decir siempre, estaba contenta y era la chica más amable y divertida que Fanny conocía. De pronto, Fanny dirigió una mirada al pelo castaño rizado y los ojos azules de su amiga:
-¿Te has maquillado?-preguntó Fanny a su amiga extrañada- ¿y qué te has hecho en el pelo?
-Sí, -contestó un poco avergonzada-pero solo en los ojos y porque, como sabes, la comunión de mi prima es dentro de poco y mi madre me ha obligado, por no decir que estuve como una hora intentando quitármelo y nada, en cuanto al pelo, simplemente, me apetecía ponerme flequillo.
Fanny rió para sus adentros, su amiga odiaba ponerse maquillaje, al igual que ella, pero siempre estaba probando nuevas formas de llevar el pelo.
-Hey Fanny-dijo uno de los chicos que estaba en el grupillo que se había formado por delante de las dos amigas-¿hoy te has despertado antes?
-Tu tan graciosillo como siempre, ¿no Ángel?-contestó riéndose Fanny.
Ángel era uno de los mejores amigos de Fanny, se conocían desde que era pequeños, era como su hermano, pero, ya que era como su hermano, se trataban como tal: a veces se metían entre ellos, pero nada grave, se chinchaban un poco… de hecho, Fanny recordaba que, cuando eran pequeños, ella le había cortado varios mechones su pelo negro mientras dormía. Luego claro, se habían peleado durante un buen rato pero, acabaron el día tan amigos.
-Sí, soy así-contestó simplemente- bueno, hemos conocido a un chico majísimo, espera que te lo presentemos. ¡Eh Max, ven que voy a presentarte a alguien!
Fanny se quedó muda de repente,” ¿ha dicho Max?” pensó, ¡no podía ser el mismo Max! Pero sí lo era, del grupillo formado anteriormente, salió el Max al que ella conocía, ese chico tan extraño al que le había guiado hasta la cafetería durante todo el recreo.
-Vaya, hola Fanny- dijo Max con una sonrisa.
-Hola, ¿encontraste tu clase?
-No, mis tíos aún estaban arreglando lo de matricularme, solo había ido a ver el instituto y me perdí, pero, gracias de todas formas.
-De nada-contestó Fanny sonriendo, había juzgado a ese chico mal, era muy majo en realidad, pero lo que no le encajaba eran todas las tonterías que había dicho cuando se conocieron.
-Así, que ¿ya os conocéis?-Dijo Clary.
-Sí, nos encontramos el otro día por el instituto y le llevé hasta la cafetería.
-Bueno, si nos entretenemos más llegaremos tarde, así que vamos-interrumpió Ángel.
Cuando los amigos de Fanny se alejaron, Max la cogió por el brazo y dijo:
-Oye, quería disculparme por las tonterías del otro día, me había dado una insolación y no sabía lo que estaba diciendo, seguramente pensaste que estaba loco o que era raro, lo siento.
Fanny se quedó sorprendida, sí que había juzgado erróneamente a Max.
-No-dijo Fanny- discúlpame tú a mí, me hice una idea equivocada de ti, lo siento mucho.
-No te disculpes.
Y dicho esto, se fueron para intentar alcanzar a sus amigos, que ya los llevaban una gran ventaja.


Sonó el timbre, señal de que ya terminaba la tercera clase de la mañana y llegaba el recreo y Max no pudo evitar lanzar un suspiro.
Le habían puesto en la misma clase que Igor y ambos habían dicho que eran primos. Luego, Max estuvo a punto de revelar que eran de Elimara, de no ser por un rápido codazo de Igor que le hizo reaccionar y, su supuesto primo contestó por él diciendo que eran de Extremadura, para tapar la metedura de pata de Max. Por si fuera poco, a Max aún le costaba entender el idioma, aunque había aprendido a hablarlo con destreza, pero muchas veces olvidaba el significado de alguna palabra, por lo que apenas había entendido las explicaciones de los últimos tres profesores que habían pasado por su clase.
Lo único bueno del día para Max había sido que, gracias a Fanny, no le había costado hacer nuevos amigos, pero le costaba bastante acostumbrarse, porque echaban de menos los que ya tenía en Elimara.
-Max, me gustaría hablar contigo-dijo una voz detrás de él.
El chico se dio la vuelta y vio que había sido su profesora. Después de haberse asegurado de que había entendido perfectamente la petición de la profesora, dijo:
-Sí, por su puesto.
-Verás, cuando estaba explicando, parecía como si… como si te costara entender lo que digo, ¿me explico?
Max, que no se esperaba para nada que le dijeran eso, pues había intentado que no se notara lo que le pasaba, improvisó rápido una excusa:
-Eh, sí, vera, es que el año pasado lo pasé con mis padres en Inglaterra porque a mi padre le trasladaron allí por motivos de trabajo y cuesta un poco acostumbrarse a oír un nuevo idioma.
-Oh, pero tenía entendido que tus padres habían… bueno… muerto-intentó decir con sutileza la maestra.
Max quedó sorprendido, no se había acordado de que sus padres estaban supuestamente muertos en ese lado de la brecha. Así que intentó parecer triste, como si le costara hablar de algo que no había ocurrido nunca, cuando dijo:
-Sí… lo están… murieron en Inglaterra, en un accidente de coche, por eso volví un mes antes de lo previsto y me quedé con mis tíos.
-Vaya, no tenía ni idea, lo siento mucho.
-No pasa nada, las cosas pasan, si no le importa, ¿puedo irme ya?
-Claro Max, vete al recreo.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Capítulo 1: El encuentro (Parte VI)


<<… No sabía qué era eso tan extraño ni a dónde conduciría, pero solo quería escapar y, sin pensárselo dos veces, cruzó…>>
Fanny se despertó de golpe e intentó calmarse un poco. Tenía el pelo sudado y la manta descolocada, ya era la 3ª vez que soñaba lo mismo “¿Por qué se repite ese mismo sueño?, ¿qué significa?” se preguntaba. Colocó la manta, se levantó de un salto de la cama y salió de su habitación en dirección al baño para lavarse la cara y así, despejarse un poco. Se acordaba perfectamente del sueño, salvo por una cosa: recordaba ver a un chico en un descampado, en frente de una especie de agujero en medio de la nada y cruzarlo, pero no se acordaba de su rostro. Se esforzó para hacer memoria: pelo castaño, ojos verdes…
-¡Max!- gritó de repente.
Habían pasado ya tres semanas desde que se encontró con aquel extraño muchacho, y no lo había vuelto a ver por el instituto.
De pronto, alguien llamo a la puerta, y hablando prácticamente en un susurro dijo:
-Fanny, ¿estás bien?, me ha parecido oír un grito.
La chica abrió la puerta y contestó:
-Si mamá, no es nada, me ha parecido ver una araña.
No acostumbraba a mentir a su madre, pero en chicos y sueños no tenía otra opción. Su madre se obsesionaba con esas cosas, incluso hubo un año en que la obligó a hablar con la orientadora del instituto y luego, la había gritado por no haber conseguido hablar de nada interesante con Fanny, por mucho que la orientadora insistiera de que era porque no tenía ningún problema. Sin poder evitarlo, lanzó un suspiro, “así es mi madre “dijo para sí.
-Fanny, date prisa en bajar a desayunar o llegarás tarde- le dijo su madre mientras bajaba por las escaleras.
La joven asintió y encendió el grifo.
-Al fin viernes.
Y dicho esto, metió las manos en el agua y se lavó la cara.

martes, 7 de agosto de 2012

Capítulo 1: El encuentro (Parte V)


Max se dio cuenta de que alguien lo seguía en poco tiempo, e intentó despistarlo, pero su mala suerte lo llevó hacia un callejón sin salida. Maldijo para sus adentros, pero, la voz del desconocido le desconcentró:
-Vaya vaya, menudo numerito que has montado en el bar chico, no deberías haberlo hecho.
-¿Qui… qui… quién eres?-respondió Max con voz temblorosa.
El extraño pareció sonreír y prosiguió hablando:
-¿No reconoces a tu gente, príncipe Melas de Elimara?
El joven se sobresaltó, nadie sabía su verdadero nombre, solo su padre y él. Nunca le había gustado ese nombre, así que, simplemente, se había apodado como Max.  Aún más asustado, contestó:
-¡¿Cómo sabéis quién soy?!
-¿Te crees que eres el primero en cruzar “la brecha”?
Sus últimas palabras resonaron en la mente de Max: “la brecha”, ¿era eso lo que había cruzado desde Elimara? No tenía tiempo de pensarlo ahora mismo, tenía que averiguar más cosa de ese desconocido:
-¿Cuántos más hay?
El extraño iba a contestar, cuando de repente, alguien llegó a su lado.
-¡Eh! lo has encontrado- dijo muy contento el recién llegado.
Entonces, dirigió su mirada hacia Max y dijo:
-¡Asier!, ¿pero qué te pasa? Lo has asustado.
Los dos hombres avanzaron hacia la luz y Max al fin pudo verlos con claridad: el tal Asier no parecía tener más de 20 años y tenía un largo pelo negro, su compañero, del que aún desconocía el nombre, tenía el pelo castaño, pero mucho más corto  que Asier.
-Oh, lo siento-se disculpó Asier algo avergonzado- discúlpeme alteza, no lo pretendía, aún no controlo bien la entonación del… ¿cómo se llamaba? Ah, ya caigo, español .
Max seguía asombrado con todo esto.
-Veréis-explicó el recién llegado- él, como ya habréis adivinado, es Asier y yo soy Vito, cruzamos a lo que llamamos “la brecha” hace unos 3 años y estamos intentando averiguar cómo volver, pero, mientras recogemos y ayudamos a todos los que cruzan para que no se asusten, ni mueran de hambre, ni los lleven a un orfanato y los llevamos a una casa cerca de aquí, les damos una habitación y más cosas para que lleven en este mundo una vida normal hasta que consigamos volver y, así nos vamos enterando como van las cosas por Elimara, por favor, acompañarnos antes de que os pase algo irremediable.
Max asintió, algo más tranquilo y se acercó a ellos.

lunes, 6 de agosto de 2012

Capítulo 1: El encuentro (Parte IV)


-¿Eli… qué?
-Elimara, ¿es que no lo conoces?
-¿Eli… qué?-repitió Fanny aun sorprendida.
-Elimara. E-L-I-M-A-R-A, pensaba que eras de allí también.
-¿Qué?, ¿por qué?
Max abrió la boca para decir algo, pero sus palabras quedaron ahogadas por el timbre.
-Lo siento, tengo que irme a clase- se despidió Fanny- un placer Max, hasta otra- dijo con una sonrisa mientras subía por las escaleras para llegar hasta su clase.
Max se quedó mirando a Fanny hasta perderla de vista, después, dirigió su mirada hacia la puerta del edificio, por donde un montón de alumnos entraban empujándose unos a otros y haciendo un ruido prácticamente insoportable para Max, que siempre había vivido cerca del bosque.
Cuando ya no había nadie y Max había recibido unos cuantos empujones, salió del instituto.
“Tengo que volver a casa” se dijo “pero, ¿cómo? No sé dónde estoy ni a qué distancia está Elimara”
Aunque, lo que más preocupaba a Max, era adentrarse por error en La ciudad sin alma, ya había pasado por eso a sus 12 años, y lo que vio allí aún le causaba pesadillas: miles de muertos en el suelo, llantos de niños pequeños, hombres y mujeres con la piel pálida y un rostro inexpresivo, gritos de terrible sufrimiento… era horrible, por eso estaba en contra de “la matanza de los desalmados”.
Apartó esos recuerdos de su mente y se decidió por dar una vuelta por la ciudad, ya que parecía que iba a quedarse bastante tiempo y tendría que aprender bastantes cosas.
Después de estar un buen rato andando por la ciudad, entró en un bar y se sentó en la barra.
Empezó a mirar la carta cuando de repente, alguien le cogió del cuello de la camisa y lo hizo girarse y dejar caer la carta al suelo.
Miró al hombre que lo había agarrado con tal brusquedad y lo examinó. Parecía el dueño del local: estaba cubierto de sudor, tenía la ropa sucia y negro el poco pelo que le quedaba en la cabeza.
Aquel hombre gruñó y dejo escapar su sucio aliento en dirección a Max, acto seguido, condujo a Max hacia la puerta y dijo:
-¡Fuera de mi bar mocoso!, Aquí lo único que haces es molestar.
-¿Así es como trata usted a sus clientes?
El hombre soltó una carcajada seca y terrorífica:
-¿Tu?, ¿cliente?-dijo con un tono de burla- y con qué pensabas pagar mequetrefe.
El joven se llevó la mano al bolsillo de su pantalón, sacó una moneda y se la enseñó al hombre.
-¡¿Qué es esto?!-dijo el hombre aún más enfadado de lo que estaba.
-Dinero-respondió muy serio Max.
-Chico, no me hagas perder más el tiempo anda, guárdate tu asqueroso dinero de juguete y vuélvete al instituto, o avisaré a la policía.
Max salió del bar malhumorado, sin darse cuenta del espectáculo que acababa de montar en el bar y que había captado la atención de todo el mundo, pero de un hombre en particular.
Este hombre misterioso levantó la cabeza sacudiendo su largo pelo negro y pagó su cuenta. Acto seguido, se dispuso a salir del bar y a seguir a Max.

jueves, 2 de agosto de 2012

Capítulo 1: El encuentro (Parte III)

Nunca había visto algo como eso, era una extraña raja en medio de la nada. De pronto, oyó los gritos de sus compañeros, que le llamaban desde lo lejos. No sabía qué era eso tan extraño ni a dónde conduciría, pero solo quería escapar y, sin pensárselo dos veces, cruzó.
Al salir de aquella especie de brecha, no sabía dónde se encontraba. Era un edificio, pero en esos momentos estaba vacío, había un montón de puertas con carteles en ellas. Empezó a pensar dónde podría estar, pero a su alrededor no veía nada que le resultara familiar, solo puertas y escaleras.

Mientras salía del módulo, se puso a pensar en su historia, ¿por qué decían que era tétrica? Si, vale, empezaba mal, “pero si la historia no empezara mal, no podría acabar bien” se dijo a sí misma. Sus amigos y compañeros conseguían hacer historias que comenzaban bien y acababan aun mejor, pero a Fanny le resultaban demasiado cursis y sin emoción.
De pronto, tropezó y se cayó al suelo. Recogió su bocadillo y miró para atrás para ver con qué o quién había tropezado.
-Lo siento, no te he visto, estaba en mi mundo-le dijo el chico con quien había tropezado.
Fanny se levantó, aceptando la mano que le ofrecía, se sacudió sus pantalones grises y se colocó su pelo negro.
Se fijó más en la persona con la que acababa de tropezar. Tenía el pelo castaño y los ojos  verde esmeralda. Pero lo que más llamó la atención de Fanny eran sus extrañas ropas: el joven llevaba puesto una especie de jersey negro con una rara insignia dibujada que se ajustaba a su cuerpo y unos pantalones de un tejido y un color extraño que no sabía definir, pero que a la vez le resultaba muy familiar.
-No, es culpa mía, estaba pensando en una cosa y no te he visto, ¿eres nuevo en el instituto?
-Eh, sí, me llamo Max.
-Yo Fanny, encantada, ¿estás buscando algo?
-Pues… Sí, buscaba…
-¿La cafetería?
-Si si, eso mismo, ¿me podrías acompañar hasta allí?
-Claro-se ofreció Fanny con una sonrisa.
Desde donde se habían encontrado, se tardaba un tiempo en llegar a la cafetería, así que tuvieron tiempo de charlar y averiguar cosas el uno del otro.
Cuando quedaban apenas unos pasos para llegar, el joven pregunto:
-Y, ¿de dónde eres Fanny?
-Pues, soy de aquí, de España, aunque, claro, como podrás imaginar, mi nombre es inglés.
-¿España?, ¿qué es eso?
-¿Me estás tomando el pelo?
El chico negó con la cabeza.
Fanny no podía creerlo,” ¿cómo no puede saber qué es España?, ¿me estará tomando el pelo?” se dijo a sí misma, pero veía la duda en la expresión de su rostro.
Apartó esos pensamientos de su mente y buscó mapas por las paredes de recepción. Vio en la pared los trabajos expuestos de los alumnos de 1º y, aunque no eran del todo mapas, le servirían. Se digirió hasta uno que tenía una foto del mapa de Europa y, en él, señaló un punto con el dedo y dijo:
-Esto es España.
-Y ¿qué representa esa foto?-siguió preguntando Max.
-Pues Europa, ¿qué iba a ser si no?- contestó Fanny extrañada
-¿Euro… qué?
-Europa, nuestro continente, ¿cómo es posible que no lo sepas?, ¿de dónde eres?
-Pues de Elimara