martes, 28 de enero de 2014

Capítulo 1: Los Camisas Negras (Parte II)

-No entiendo por qué tenemos que ir a buscar a esa idiota.
-Venga ya Ángel, a todos se nos ha pasado el cabreo, ¿no podrías colaborar un poco?-le dijo Fanny.
-Por mí que se pudra en el bosque, podríamos haber muerto todos por su culpa-contestó Ángel.
-Sabes que no es verdad, no la habrían visto, estaban demasiado entretenidos en su caza.
Ángel dejó de replicar.
-A ti lo que te pasa es que  tienes miedo de que la pase algo porque no tiene ni idea de qué es esto y el qué está pasando.
-Sí lo sabe, Igor se lo contó ayer.
Un pequeño silencio cortó su conversación, hasta que Fanny dijo:
-Ángel, tú no estás enfadado con Clary, a ti te sigue gustando y estás celoso.
-¿Qué? Que chorradas… ¿Por qué lo dices?-dijo, manteniendo su cara de enfado.
-Porque tú nunca has hablado con Igor ni con ningún otro, solo has hablado conmigo.
-¿Y?
-Que o les has espiado mientras hablabas, o has estado interrogando a alguien.
Ángel mantuvo su cara de enfado, aunque en el fondo sabía que Fanny le había descubierto.
-Eres demasiado lista, ¿sabes?
Fanny no pudo evitar reírse, pero no duró mucho ese momento de diversión, porque vieron que algo se escondía de repente entre los arbustos que tenían delante.
-No será más que una ardilla o un pájaro-dijo Ángel.
-Has visto lo mismo que yo, esa era la zapatilla de Clary.
-¿Y qué quieres que hagamos, que vayamos allí?
-No, escondernos, vamos.
Y, tirando de él, ambos se escondieron tras la arboleda que había junto al río. Y fue desde allí donde vieron a Clary salir de entre los arbustos con un chico, un chico al que Fanny reconoció:
-Ese… ¿ese no es Tristán?-dijo.
-Sí, es él-respondió Ángel después de haber hecho un gran esfuerzo por reconocerlo
- Y es un… ¿cómo se llamaban? Ah ya, es un…


-… Camisas Negras.-dijo Tris.
- ¿Qué es eso?-preguntó Clary.
-Verás, desde que llegó El Gran Mago a La Ciudad sin Alma y todo ese rollo, los reyes han sido cada vez más tontos con los temas de justicia, ¿puedes creer que en pleno siglo XXI hayan condenado a una niña pequeña a la hoguera por brujería? Nadie podía creerlo, pero claro, es el rey.
-¿Estáis también en el siglo XXI?
-Sigues con la idea de que vivimos en la Edad Media, ¿eh?
Clary asintió, algo avergonzada y soltando una pequeña risita.
-Bueno, a lo que iba, el caso es que somos


-…Una especie de organización secreta- siguió explicando Fanny- Se dedican a salvar a gente que está castigada injustamente, pero claro, no siempre llegan a tiempo, o hay veces que están a punto de descubrirles y, al final no lo consiguen, pero no suelen rendirse fácilmente.
-¿Son esos que…?


-…Salvamos a muchos desalmados y les cuidamos hasta que ya están listos para salir, incluso a algunos les damos pelucas, ya sabes, por eso de que reflejan sus emociones en el pelo, pues a algunos se les nota demasiado. La mayoría nos ayuda con cosas simples como muestra de gratitud, ya sabes, si se enteran de que hemos salvado a muchos desalmados y no damos abasto, nos ayudan y nos traen comida y ropa, cosas así. Pero hay algunos que se unen a nuestra causa, la mayoría son niños a  los que salvamos y que, al cumplir los catorce, quieren unirse a nosotros.
-¿Por qué a los catorce?-preguntó Clary-Todavía no son mayores de edad.
-Ya, pero a esa edad te empiezan a tomar más en serio en Elimara, y la gente aquí es impaciente, sobre todo los chicos, las chicas suelen esperar a los dieciocho.


-Creía que esto era solo cosa de hombres-dijo Ángel.
-Ángel, estamos en el siglo XXI, ¿no crees que esos machismos no deberían existir? Además, toda ayuda es poca. Bueno, aparte de salvar desalmados suelen encargarse de asuntos muy extraños que la policía no se cree, de hecho, su lema es…


-… “Porque hasta la idea más loca puede ser posible”.
-Bonito lema.
-Gracias. Pero yo nunca seré como los fundadores de los Camisas Negras, ellos eran increíbles, deberías ver sus retratos, incluso sus historias, escritas por ellos. Los llaman así: La Valiente, El Sabio, El Fuerte, La Justa y El Ingenioso, pero sus nombres eran…


-Tikia, La Valiente, Garci, El Sabio, Merr, El Justo, Victia, La Justa, y Marco, El Ingenioso.
-Espera Fanny, ¿son los mismos que conocemos? ¿Mis padres y Garci eran Camisas Negras? ¿Los Primeros Camisas Negrass?
-Exacto.


-Vaya- dijo Tris-¿Así que conoces a La Valiente, El Sabio y a El Ingenioso?
-Sí, ayer me enteré de sus nombres, y, por lo me que has enseñado en la cámara, son claramente ellos.
-¿Me los presentarías? Es mi sueño conocerles.
-Claro, solo habría que volver al campamento.
-¡Genial! Podríamos ir…
Pero en ese momento se calló, les había escuchado, y, sin girarse, tiró de Clary y empezó a correr.


-¡Mierda, nos han visto!-gritó Ángel.
- Y ¿qué hacemos? ¿Les seguimos?

Pero, Ángel no la estaba escuchando, pues ya había salido corriendo, tenía que encontrar a Clary ¿y si la pasaba algo? ¿Y si ese no era más que un farsante?

jueves, 23 de enero de 2014

Capítulo 1: Los Camisas Negras

AQUÍ COMIENZA LA SEGUNDA PARTE DE LA CIUDAD SIN ALMA: ELIMARA


Se escondieron aún más, sintiéndose aún más inseguros, por si los cazadesalmados los encontraban en su viaje de vuelta. Esperaron hasta que no fueron siquiera un murmullo lejano, y todos salieron de su escondite. Clary se sentía extraña, sin saber muy bien qué hacía allí. Pero no tuvo mucho tiempo de pensarlo, porque ese silencio y esa sensación de alivio que les rodeaba apenas duró un minuto.
-¡¿Cómo se te ha ocurrido cruzar?! ¡Eres idiota Clary! ¡No sabes en el peligro que te has puesto, en el que has puesto a tu familia y en el que nos has puesto! ¡¿No se te ocurrió que esto no te incumbía?! ¡No siempre te tienes que enterar de todo!
Clary intentó aguantar todos aquellos gritos de Ángel, a los que luego se unió Fanny, seguida del regaño sin gritos de Dalia, Max y Khalil. Los adultos también se unieron a ese regaño pasivo mientras Hugo miraba el bosque, ignorando todo aquello, y los más pequeños prestaban atención a aquella escena, algo incómodos. Clary sentía que no tenía salvación, que se ahogaría en esa marea de gritos y miradas de desaprobación, ya ni siquiera distinguía las voces de cada uno, y se veía rodeada de miles de personas, intentando mirarlas a todas a la vez, estaba a punto de caer. Hasta que algo la salvó. Era un pequeño hueco entre toda esa marea de personas que la lanzaba cualquier cosa que pillara en su cabeza, y, en  ese pequeño hueco vio una mirada. No una mirada de desaprobación, ni una mirada burlona, solo una mirada, una mirada que parecía divertirse con esa escena. La mirada de Igor. Él también consiguió localizar a Clary e, intentando apoyarla, le mostró una sonrisa, y algún que otro gesto divertido para puntualizar la locura de los componentes de ese griterío. Eso fue algo que Clary agradeció de verdad, y, al fin teniendo algo a lo que fijar su atención, le devolvió la sonrisa, algo más feliz. En ese momento empezaron una pequeña conversación por gestos de la que, al parecer, nadie se dio cuenta, estaban demasiado ocupados gritando, gritando cosas que para Clary ya eran solo ruido, un ruido como otro cualquiera, un ruido como el de un coche, un ruido al que nadie hace caso.



Tris comenzó a correr, le habían descubierto. Ya le quedaba poco para llegar a La Frontera, si la traspasaba, no tendrían nada que hacer, pues casi había amanecido. Los escritos, al igual que Holl, tenían razón, La Ciudad sin Alma estaba demasiado protegida como para intentarlo, pero no había querido rendirse, él no. Estaba completamente seguro de que, si hubieran ido todos, por lo menos la mitad, lo habrían conseguido, pero Holl prefería no arriesgarse, y, en el fondo, lo entendía. Era demasiado lo que había en juego y, si no lo conseguían, no volverían a salvar a ningún otro. Ya veía el otro lado, corrió más deprisa, pero, cuando llegó, chocó de lleno, la barrera se estaba cerrando. Por suerte, les sacaba algo de ventaja, así que se volvió a poner en marcha. Fue a volverse hacia la derecha, y, gracias a eso, dos guardias lo localizaron y corrieron tras Tris, que ahora iba con un brazo extendido, intentando localizar alguna parte que todavía estuviera abierta. Intentó ir más rápido, cada vez más, y aunque sus fuerzas eran casi nulas, lo consiguió, y al fin encontró un hueco por donde colarse. Pero no se fijó en que, al salir de La Ciudad sin Alma, le esperaba una fuerte caída, por lo que, sorprendido, se golpeó duramente y rodó cuesta abajo, terminando en un charco de barro. Si hubiera sido de noche, no se habría despertado, lo daba por hecho, pero dio gracias a la fuerte y molesta luz del sol, que le obligó a limpiarse el barro de la cara. Se dio la vuelta, dolorido, y comprobó, feliz y magullado, que lo había conseguido.
Se levantó y, a duras penas, comenzó a caminar hacia el bosque, donde se encontraría una gran sorpresa.


Clary se despertó, llena de hierba, por mucho que dijeran, para ella el bosque no era tan bonito como lo pintaban. Sacudió la cabeza para quitarse las hojas del pelo y se limpió un poco la ropa. Todos seguían dormidos, todos menos Igor. Recordaba que esa misma noche, cuando todos se habían cansado de gritarla y habían decidido buscar algo que llevarse a la boca, Clary se quedó con Igor, mientras éste intentaba explicarla todo aquello. Por suerte para todos, Clary asimiló todo bastante bien y no tardó en creerlo. Al parecer, en esos momentos, Igor parecía su único amigo, por lo que se preocupó bastante al no verlo. Miró por todos lados hasta que algo captó su atención: parecía el sonido de un río. Su mente y su boca seca la pidieron con  afán que se guiara por ese sonido.
Corriendo, hizo caso de aquellas peticiones y, después de hacerse arañazos con cientos de ramas en los brazos y en las piernas, llegó a aquel río. Habría llorado de la emoción, si le hubiera quedado algo de agua en el cuerpo, pero llevaba casi un día entero sin llevarse algo de agua a la boca. Por suerte, antes de que bebiera, alguien la advirtió:
-Yo que tú no haría eso, no creo que esa agua sea potable.
Clary se giró y encontró allí a un joven de unos quince años, alto y fuerte. Su pelo era negro, de un negro extraño, y en su cara se podía ver una expresión divertida.
-Gracias, esto…
-Tris.
-Tris-repitió Clary- Un momento… ¿Tris? ¡Yo te conozco! ¡Eres ese chico tan raro del colegio!
-¿Clary?-dijo Tris.
-¡Sí! ¿Tú no te habías mudado a…?
De pronto, Tris tiró de ella con fuerza, escondiéndolos a ambos entre los arbustos.
-¿Se puede saber qué...?-comenzó a decir Clary, antes de que su compañero la mandara callar.
-Cállate un minuto, no puede verme nadie, ¿entiendes?-susurró Tris.
Clary se dio cuenta de que una pareja se acercaba, al principio no los reconoció, pero luego no pudo evitar que una lágrima recorriera su rostro, luego otra, una a una, hasta que ya no pudo contenerse y se echó a llorar en silencio.
-¿Pero se puede saber qué te pasa?-preguntó Tris bruscamente, algo desconcertado.
- Es que conozco a esa pareja que viene por allí-respondió entre lágrimas- ¿Te acuerdas de Fanny y Ángel, no?
-Sí, creía que tardarían más en descubrir que eran de aquí.
- Sí, pues ya ves que no. El caso es que… que yo no pertenezco a esto, aunque no me costó creerlo, difícil no hacerlo teniéndolo todo en las narices. El caso es que no sé por qué hice esto, no sé por qué demonios crucé esa estúpida Brecha, me ha destrozado la vida, y eso que solo ha pasado un día. Con esta estupidez  solo he conseguido que me griten durante horas y perder a mis amigos. Y eso me pasa por hacer lo de siempre, no pensar en el qué pasaría. Antes creía que todo tenía un lado bueno, pero, ahora no lo veo, lo único bueno de esto es que he aprendido a mantener una conversación por gestos.
-Vale, no tengo ni idea de por qué me acabas de contar todo esto, pero, en parte, eres idiota.
-Lo sé-dijo simplemente.
-Vale, sí que estas mal Clarisa.
-¿Por qué lo dices?
-Porque te he llamado idiota y Clarisa, y no me has dado un bofetón.
Ese comentario consiguió que Clary soltara una pequeña risa.
Tris asomó la cabeza por encima de su pequeño escondrijo.
-Bueno, parece que ya se han ido-dijo-Y me da que tanta lágrima habrá agotado el agua que te quedaba en el cuerpo, así que toma.
Se sacó de una mochila que Cristel no había visto una cantimplora y se la dejó encima de sus piernas. Clary se apresuró a abrirla y a dar un buen trago de ella.
-Creía que aquí vivíais como en la Edad Media-dijo, después de devolverle su cantimplora.
-Claro Clary, me has visto en vaqueros y con zapatillas deportivas y estamos en la Edad Media, te recordaba más observadora.
Por ese comentario, a parte de una sonrisa, recibió un pequeño golpe en el brazo.
-Deberías volver con tu grupo, no creo que hayáis venido solo los tres.
-No, pero dudo que alguien me eche de menos, así que tengo tiempo para qué me cuentes qué haces con una camiseta blanca en el bosque y qué narices haces aquí señor… ¿cómo te llamabas en el colegio? ¿Tristán?
-¿Te acuerdas de mi nombre falso?

-Bueno, para mí nunca fue falso, y tengo buena memoria. No me cambies de tema y empieza a contármelo todo.

sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 16: Grandes locuras(Parte III)

-¡Asier! ¡Vito! ¿Qué os trae por aquí?-dijo el dueño del bar.
-Hemos encontrado la forma de volver Modlec, La Brecha está aquí.
-¿En serio? No juegues conmigo Asier.
-Es la verdad, hemos encontrado a una Donista, ella lo escribió.
-Una Donista, ¡me vas a provocar un infarto! ¿Dónde está?
Fanny dio un paso al frente, seria.
-Y no está instruida, ¡os ha tocado el gordo! Bien, y ¿en qué parte está?
Fanny sacó el colgante y lo fue moviendo, como había hecho durante el camino. Brilló hacia la derecha, a las escaleras de los baños. Fueron corriendo hacia esa dirección, bajaron y bajaron. Vieron un brillo detrás de una puerta en la que ponía: solo personal autorizado. Modlec les abrió y allí la encontraron. La Brecha.

Debajo de aquellas mesas, Clary podía ver con claridad aquella luz extraña, era como una especie de brecha. Al parecer era eso lo que habían andado buscando, una brecha, ¿hacia dónde? No lo sabía, pero tenían intención de cruzar. Tenía que decidir si seguirles o dejar ahí su búsqueda. Estaba a punto de salir de aquellas mesas y marcharse a su casa, su madre estaría preocupada. Entonces vio a Ángel, a punto de cruzar, no quería separarse de él, y por lo que había oído, no era seguro que volvieran, de hecho, sus dos mejores amigos podrían morir en ese viaje. Tenía segundos para decidir, pues ya se marchaban.
-¿Seguro que prefieres quedarte Modlec?
-Sí, tranquilo Asier, Elimara ya no es para mí.
 El último de ellos cruzó y el tabernero subió las escaleras, dejando aquella puerta abierta. Clary tenía una oportunidad, menos de un segundo para pensar, ¿cruzaba? ¿Se iba? Pensó de pronto la posibilidad de que Fanny y Ángel murieran en ese viaje y no les volviera a ver. Eso fue suficiente para salir de dudas.

Bajó otra vez, con unas tablas de madera, unos cuantos clavos y un martillo. Aquella espía estúpida había cruzado con los demás hacia Elimara, y no volverían a salir, pues su poder de la intuición le decía que la brecha volvería a abrirse allí.
Empezó a clavar las tablas, después cerró con llave y, por último puso unas cuantas sillas y mesas delante de aquella puerta, por si las moscas.
Al terminar, sacó de dentro una gran carcajada y se dispuso a esperar a su próxima invitada, cuya suerte no sería tan buena.


Eva paró en seco. Volvió a mirar la dirección que había apuntado en el papel. Era allí. Llamó a la puerta del bar, pues parecía que ya habían cerrado.
Un hombre medio calvo, gordo y algo sudoroso le abrió la puerta.
-¿Qué puedo hacer por ti?-preguntó.
-¿Está aquí Taia?
-¿Taia? Se fue hace un par de horas, lo siento.
-Vaya, y ¿sabe dónde puedo encontrarla? Solo me ha dado esta dirección.
-Bueno, si quieres puedes pasar y la llamo, ¿qué te parece?
-Muchísimas gracias esto…
-Modlec.
-¿Modlec?
-Sí, es un nombre un poco raro, la de palizas que me dieron de niño.
Ambos rieron.
-Bueno, pasa y siéntate.
Eva obedeció, y la puerta del bar se cerró tras ella. El hombre bajó unas escaleras, seguramente para coger el teléfono. Esperó un buen rato, y se sumergió en sus pensamientos. Ahora Luisa, su madrastra, la estaría buscando, tal vez no debería haberse escapado. Pero aún le dolía lo que había dicho: “¡Tú no eres mi hija, y jamás lo serás! ¡Nunca te querré! ¿Lo entiendes?” Eso la había dolido y mucho. Pero seguramente no mucho más del golpe que, Modlec le acababa de propinar en la cabeza con una sartén. Eva se cayó del taburete y se quedó en el suelo, inconsciente. Modlec, soltó una gran carcajada, ¿o tal vez deberíamos llamarle Dalei, El Gran Mago?



Todos habían llegado ya al bosque de Elimara y comenzaban a esconderse, esperando a que la caza de los desalmados acabara. Hugo y Fanny estaban detrás de un arbusto, en las ramas de algún árbol se habían puesto Cristel, Khalil y Beda junto a Garci, Eli y Ania. Sadhie encontró un hueco entre dos árboles por el que entraba. Dalia estaba con Asier y Vito entre unas rocas que había cerca de un lago. Todos se quedaron sorprendidos al ver quién aparecía de pronto. Pero nadie sabía si salir. Al ver la caza de los desalmados y oír los disparos estuvo a punto de gritar, de no ser porque alguien tiró de ella, ocultándola tras un árbol.

-¿Se puede saber que haces aquí, Clary?-preguntó Ángel.


AQUÍ TERMINA LA PRIMERA PARTE DE LA CIUDAD SIN ALMA

martes, 7 de enero de 2014

Capítulo 16: Grandes locuras (Parte II)


El tiempo se hacía eterno entre los coches de aquella calle, esperando y esperando a que salieran de la casa. Ángel y Fanny últimamente se comportaban de una forma extraña y, aquella noche, había decidido seguir a Ángel en cuanto se había despedido de ella tan apresuradamente. Llevaba una media hora esperando, en ese tiempo había estado cambiando de escondite: detrás de una pared, detrás de unos arbustos, en frente de la puerta de un garaje… y finalmente se había quedado detrás de los coches de la zona, lo qu9e en el fondo era una mala elección, dado que quién pasara por allí la vería. Estaba a punto de levantarse y volver detrás de aquella pared cuando la puerta de la casa se abrió y la gente fue saliendo hacia la calle. No tuvo más remedio que agacharse más y esperar a seguirles. Mientras, escuchó con atención lo que decían:
-Bueno Fanny, tú nos guías. Será  mejor que te quites el colgante, su brillo puede llamar la atención de la gente.
Oyó entonces como se ponían en marcha y se atrevió a asomar un poco la cabeza para ver cómo se guiaban a través del colgante de Fanny.


El brillo era cada vez más intenso, Hugo tenía razón, gracias al colgante encontrarían La Brecha y volverían a Elimara, algo que a simple vista podía resultar bueno, pero que para cada uno era, en parte, un suplicio. Max aún pensaba que sería desterrado, Tikia (o Marta) y Marco tendrían que enfrentarse a su pasado, del que Fanny toda vía no sabía mucho, Sadhie temía volver a ser torturada, y Cristel recaer en sus desmayos. Khalil temía por lo que le podría pasar a su hermana, Dalia por los cambios que habrían surgido desde que se marchó y el no encontrar a su familia, y a Beda lo que le asustaba era encontrarla, pero eso era algo que nadie sabía. Asier y Vito no querían dejar atrás esos años que habían vivido en Alcorcón, al igual que Ángel, que allí había tenido una vida normal y corriente hasta el momento en el que Fanny le contó todo. Hugo no quería desilusionarse si no lograba encontrar a sus padres allí, y Garci temía que llegase ese momento. Y Fanny tenía miedo de morir.
Al fin llegaron a su destino, y todos se sorprendieron al ver que era un simple bar.
-Creo que nos hemos confundido-dijo Fanny.
-Para nada-respondió Asier, medio riendo-conozco este sitio, es donde encontré a Max.
-¿Es este bar?-preguntó Max.
-Sí, de hecho el dueño es un gran amigo nuestro, ¿verdad Vito?
Éste asintió. Más convencidos, todos entraron en aquel bar, que le traía recuerdos a Max, recuerdos de cuando todo había empezado. Entonces Max se acordó de algo.
-Asier, ¿cómo es que hablé español con el dueño si no tenía ni idea entonces?
-Chico, hablasteis en nuestro idioma, ¿no te diste cuenta?-contestó.


Clary vio cómo entraban en aquel bar, por lo que lo único que se le ocurrió  fue ponerse detrás de ellos sin que se diesen cuenta ni las pequeñas Ania y Eli. Se quedó detrás de la pared que tapaba las escaleras para ir a los baños, y desde allí lo escuchó todo.