Garci acababa de llegar a su
casa, tal y como le había prometido a su sobrino, para avisar a las gemelas. No
le fue difícil encontrarlas, pues desde la entrada se oía cómo la televisión
estaba puesta en el canal Clan, donde las niñas veían series que les gustaban.
Las encontró jugando con sus muñecas, imitando a los personajes de la serie de
dibujos animados que se emitía en aquel momento.
Lo que le extrañó fue no
encontrar allí a Natalia, la canguro que había contratado para que se quedara
con ellas, pues tenía que salir a hablar seriamente con Hugo y no pensaba
dejarlas solas.
-¿Dónde está Natalia,
chicas?-preguntó.
-Estamos jugando a un juego.
Nosotras nos quedamos en un sitio de la casa, y cuando vuelva nos tiene que
encontrar en ese sitio y nos da galletas.-dijo Ania.
-¿Y qué hace ella mientras?
-No lo sabemos, simplemente se ha
ido de casa, con un tal Roberto, creo.-explicó Eli.
-Bueno chicas, se acabó el juego,
tenemos que ir al hospital-dijo Garci.
-¿Por qué? ¿Quién ha
muerto?-preguntaron a la vez.
-Nadie ha muerto, simplemente
vamos a ver a la mamá de Fanny, que se ha puesto malita.
-No se ha puesto malita, le ha
dado un ataque de ansiedad y se ha desmayado.-dijo Eli.
-¿Cómo sabéis eso?
-Lo ha dicho una señora en la
tele-dijo Ania.
-Bueno, calzaros que hay que ir a
verla, vamos niñas.
Las dos gemelas salieron del
salón. Garci se acercó a una estantería de la pared y cogió un folio que partió
por la mitad. Con una de las mitades hizo un sobre, y en éste metió una moneda
de un euro. Lo dejó en la mesilla del salón, junto a la otra mitad en blanco.
Abrió uno de los cajones del mueble que sujetaba la televisión, y sacó de él un
bolígrafo de tinta azul. Se sentó en el sofá y, en la mitad del folio en blanco
escribió:
Natalia:
Estás despedida. En el sobre que tienes al lado de esta nota está lo
que te debo. Dijimos cuatro euros por hora hasta las 9, y figuro que habrás
estado quince minutos esperando a ese tal “Roberto”. Me voy con las niñas, no
te molestes en esperarnos.
“Gracias por tus servicios de canguro”
P.D: Con lo que has cobrado hoy puedes quedar con Roberto en un
McDonald’s y comprarte una hamburguesa, pero la próxima vez, que sea un día en
el que no trabajes.
Francisco
G.
Dobló la nota y la dejó encima de
la mesita del salón, al lado del sobre con una moneda de un euro en él, y salió
de aquella habitación, para dirigirse a la puerta, donde las gemelas le
esperaban con impaciencia.
“Se encontraba en una playa, totalmente
desierta, en la que solo se oía el sonido del mar. A lo lejos se podía ver
parte de un pequeño pueblo, pero estaba muy lejos, seguramente a más de dos
horas a pie, pero en coche sería imposible ir, pues lo único que había detrás
de la playa era un inmenso bosque.
Fanny estaba observándolo todo,
cada detalle de esa playa, sin saber el por qué, pero le resultaba muy
familiar.
-Bonita playa, ¿eh?-preguntó
alguien delante de ella.
Fanny asintió y se sentó a su
lado. La persona que acababa de hablar era una mujer, de unos treinta y cinco
años, con el pelo moreno, igual que Fanny, pero más corto, por los hombros.
-Es solitaria, pero a la vez
perfecta-añadió Fanny.
-Perfecta para todo-dijo la
desconocida-para desahogar tus penas, gritar de felicidad o de sufrimiento,
llorar, reír, vivir una historia de amor, matar a alguien…
Esto último le dio escalofríos a
Fanny.
-¿Cómo dices?-preguntó.
-Sí, piénsalo, la única
civilización que hay por aquí cerca es ese pueblo de allí, y está demasiado
lejos para que oigan los gritos de la víctima. Luego tirarías el cuerpo al mar
y, o lo dejas flotando hasta que se aleje, lo le atas algo pesado para que se
hunda y nadie lo encuentre.
Fanny no sabía que decir, ¿acaso
esa extraña era una asesina?
-Pero también puede ser perfecto
para una historia perfecta de amor. Piénsalo, nadie que interrumpa a la pareja,
el silencio perfecto que pueden llenar con música, besos, abrazos y palabras
cariñosas que decir el uno al otro. Y, si cuando uno de los dos se va, la otra
persona quiere gritar de la emoción, no hay nadie que se lo prohíba ni ningún
motivo para no hacerlo, está sola y nadie puede escucharla.
-¿Cómo puedes hablar de un
asesino tan tranquilamente y luego contar una historia de amor?
-Porque, al contrario que tú, soy
una Donista completa.