lunes, 23 de septiembre de 2013

Capítulo 14: Descubriendo las cosas (Parte III)

Garci acababa de llegar a su casa, tal y como le había prometido a su sobrino, para avisar a las gemelas. No le fue difícil encontrarlas, pues desde la entrada se oía cómo la televisión estaba puesta en el canal Clan, donde las niñas veían series que les gustaban. Las encontró jugando con sus muñecas, imitando a los personajes de la serie de dibujos animados que se emitía en aquel momento.
Lo que le extrañó fue no encontrar allí a Natalia, la canguro que había contratado para que se quedara con ellas, pues tenía que salir a hablar seriamente con Hugo y no pensaba dejarlas solas.
-¿Dónde está Natalia, chicas?-preguntó.
-Estamos jugando a un juego. Nosotras nos quedamos en un sitio de la casa, y cuando vuelva nos tiene que encontrar en ese sitio y nos da galletas.-dijo Ania.
-¿Y qué hace ella mientras?
-No lo sabemos, simplemente se ha ido de casa, con un tal Roberto, creo.-explicó Eli.
-Bueno chicas, se acabó el juego, tenemos que ir al hospital-dijo Garci.
-¿Por qué? ¿Quién ha muerto?-preguntaron a la vez.
-Nadie ha muerto, simplemente vamos a ver a la mamá de Fanny, que se ha puesto malita.
-No se ha puesto malita, le ha dado un ataque de ansiedad y se ha desmayado.-dijo Eli.
-¿Cómo sabéis eso?
-Lo ha dicho una señora en la tele-dijo Ania.
-Bueno, calzaros que hay que ir a verla, vamos niñas.
Las dos gemelas salieron del salón. Garci se acercó a una estantería de la pared y cogió un folio que partió por la mitad. Con una de las mitades hizo un sobre, y en éste metió una moneda de un euro. Lo dejó en la mesilla del salón, junto a la otra mitad en blanco. Abrió uno de los cajones del mueble que sujetaba la televisión, y sacó de él un bolígrafo de tinta azul. Se sentó en el sofá y, en la mitad del folio en blanco escribió:
               

Natalia:
Estás despedida. En el sobre que tienes al lado de esta nota está lo que te debo. Dijimos cuatro euros por hora hasta las 9, y figuro que habrás estado quince minutos esperando a ese tal “Roberto”. Me voy con las niñas, no te molestes en esperarnos.
“Gracias por tus servicios de canguro”
P.D: Con lo que has cobrado hoy puedes quedar con Roberto en un McDonald’s y comprarte una hamburguesa, pero la próxima vez, que sea un día en el que no trabajes.
                                                                                                                                             Francisco G.
Dobló la nota y la dejó encima de la mesita del salón, al lado del sobre con una moneda de un euro en él, y salió de aquella habitación, para dirigirse a la puerta, donde las gemelas le esperaban con impaciencia.



“Se encontraba en una playa, totalmente desierta, en la que solo se oía el sonido del mar. A lo lejos se podía ver parte de un pequeño pueblo, pero estaba muy lejos, seguramente a más de dos horas a pie, pero en coche sería imposible ir, pues lo único que había detrás de la playa era un inmenso bosque.
Fanny estaba observándolo todo, cada detalle de esa playa, sin saber el por qué, pero le resultaba muy familiar.
-Bonita playa, ¿eh?-preguntó alguien delante de ella.
Fanny asintió y se sentó a su lado. La persona que acababa de hablar era una mujer, de unos treinta y cinco años, con el pelo moreno, igual que Fanny, pero más corto, por los hombros.
-Es solitaria, pero a la vez perfecta-añadió Fanny.
-Perfecta para todo-dijo la desconocida-para desahogar tus penas, gritar de felicidad o de sufrimiento, llorar, reír, vivir una historia de amor, matar a alguien…
Esto último le dio escalofríos a Fanny.
-¿Cómo dices?-preguntó.
-Sí, piénsalo, la única civilización que hay por aquí cerca es ese pueblo de allí, y está demasiado lejos para que oigan los gritos de la víctima. Luego tirarías el cuerpo al mar y, o lo dejas flotando hasta que se aleje, lo le atas algo pesado para que se hunda y nadie lo encuentre.
Fanny no sabía que decir, ¿acaso esa extraña era una asesina?
-Pero también puede ser perfecto para una historia perfecta de amor. Piénsalo, nadie que interrumpa a la pareja, el silencio perfecto que pueden llenar con música, besos, abrazos y palabras cariñosas que decir el uno al otro. Y, si cuando uno de los dos se va, la otra persona quiere gritar de la emoción, no hay nadie que se lo prohíba ni ningún motivo para no hacerlo, está sola y nadie puede escucharla.
-¿Cómo puedes hablar de un asesino tan tranquilamente y luego contar una historia de amor?

-Porque, al contrario que tú, soy una Donista completa.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Capítulo 14: Descubriendo las cosas (Parte II)

-Gracias por acompañarme Sadhie.
-No me las des, no te iba a dejar sola con todo esto, Fanny.
Se encontraban en la sala de espera del hospital de Alcorcón, esa que Fanny no conocía tan bien, pues allí no trabajaba su madre, pero que le traía recuerdos del repentino desmayo de Max. Cuando había llegado la policía, las había pillado en pleno proceso de desteñir, por llamarlo de alguna manera, el hermoso y castaño pelo de su madre. Cuando, la policía estaba a punto de echar la puerta abajo. Tuvieron que decirles que Fanny se había quedado en un pequeño estado de shock al ver a su madre en el suelo y con varios golpes por su cuerpo, hasta que Olga, que era como, para sorpresa de Fanny, se había nombrado Sadhie, no la sacó del shock, no se atrevía a abrir la puerta. Y así era cómo habían acabado ambas en el hospital, en esa sala de espera, después de que a Fanny la hicieran unas cuantas pruebas que ella no entendía, esperando que los médicos les dijeran el estado de Marta.
-Tengo que dártelas. Me has acompañado hasta aquí, en el autobús, me has consolado, te has quedado aquí sola, en vez de irte, esperándome para no dejarme sola. Y, por si fuera poco, has salvado a mi madre.
Sadhie no sabía que decir ante esas palabras, pero no hizo falta, porque Fanny empezó a hablar:
-Al principio, me sentía rara al hablar contigo, ¿sabes?
-¿Por qué? Lo lógico es que te sintieras más cómoda, soy como tú, bueno, casi.
-Ese es el problema, con todos los demás me sentía rara al principio, pero porque tenía que hacerme a la idea de que Elimara existía. Pero, con ellos me sentía de Elimara, no una desalmada. Ahora…
-Tienes miedo, porque, cuando volvamos, piensas que te van a tratar mal. Fanny, no te voy a mentir, si alguien de Elimara descubre que eres una desalmada, querrán matarte, y si descubren que eres una Donista, te matarán a ti, a tus padres por concebirte y buscarían a todos los que te ayudaron para matarlos también.
-Vaya, lo de no mentirme iba en serio.
Ambas sonrieron. Sadhie sabía que lo había dicho para que pensara que Fanny no estaba asustada, pero sus ojos expresaban lo contrario, Y es que, Fanny, en vez de expresar sus emociones por su pelo, como cualquier desalmado y Donista, lo expresaba en su mirada, en sus ojos, que se iluminaban cuando estaba contenta, se oscurecían cuando se enfadaba, brillaban, como si tuvieran humedad, cuando estaba triste, cuando tenía miedo, su pupila se hacía algo más grande, como queriendo ocultar el color castaño grisáceo de sus ojos, como queriendo ocultarla a ella. Lo que hizo fue cambiar de tema:
-Fanny, ¿sabes que la gente de Elimara no tiene gentilicio?
-¿En serio? Pensé que se llamarían “elimarenses” o algo así.
-Sí, piensan que no deben inventarse nombres para saber lo que son. Y el idioma tampoco, bueno, antes tenían nombre, pero…
-Peor, al separarse La Ciudad sin Alma, le quitaron el nombre porque vosotros lo hablabais, ¿no es eso?
Sadhie asintió. De pronto, Fanny se sintió estúpida por sufrir delante de Sadhie, se sintió inferior. Ella había vivido cosas peores, ahora, Fanny no se sentía con derecho a sufrir y quejarse delante de ella. Sin que Sadhie se lo esperara, la abrazó, y así las encontraron Los Buscadores, cuando llegaron al hospital.

-Fanny, hemos venido lo más rápido posible, ¿qué tal está tu madre?-dijo Vito, exhausto.
-Hemos venido tan rápido que gracias a alguien-dijo Asier mirando a Vito-nos ponen una multa.
-¡Fanny!-gritaron los otros cinco Buscadores.
-Hemos…venido…co…riendo… desde…casa….-dijo Khalil, muerto de cansancio.
-Sí…no cabíamos en el coche… está lleno de cajas…-añadió Cristel, igual de cansada que Khalil o los demás.
-¿Qué… ha… pasado?-preguntó Dalia.
Fanny iba a empezar su explicación cuando se oyeron tres voces que gritaban su nombre. Eran Eva, Clary y Ángel.
-Dios mío, Max me ha llamado hace unos veinte minutos-dijo Clary-He ido pasando la noticia y hemos tenido la suerte de pillar un autobús-explicó.
-Sí, por poco se va sin nosotros.-continuó Eva.
-¿Qué narices ha pasado? ¿Tu madre está bien? Me voy de tu calle y justo me llama Clary.
Fanny iba a empezar otra vez a explicar, pero, de nuevo, la interrumpió alguien gritando su nombre: esta vez era Hugo.
-Que suerte encontrarte, había salido a dar una vuelta con mi tío, entramos en una cafetería, y vemos en la tele la noticia de que tu madre se ha desmayado y ha sufrido un ataque de ansiedad, ¿cómo ha pasado todo esto?

Fanny suspiró e intentó explicar las cosas a todos los presentes, que ahora, eran la comidilla de todas las personas que había alrededor y que no trataban de disimular que intentaban enterarse de lo sucedido.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Capítulo 14: Descubriendo las cosas (Parte I)


Llamó a la puerta, intentando dejar atrás todo lo que Ángel le había contado, era más difícil de asumir de lo que ella había planteado, aunque, claro, no tanto como lo que tuvo que asumir ella hacía un mes más o menos. Volvió a llamar al timbre, y al rato Sadhie abrió la puerta.
-Hola-dijeron ambas a la vez.
-Max me invitó a cenar-dijo Fanny.
-Sí, lo sé, pasa- contestó Sadhie con una sonrisa.
Fanny se la devolvió y entró a la casa. Aunque era muy maja, se sentía rara hablando con Sadhie, ella era una desalmada, y le recordaba que Fanny también, y que si llegaban a encontrar La Brecha, tal vez no sería bien recibida.
-¡Fanny! Pensé que ya no vendrías-dijo Max.
-Lo siento, me entretuve en casa de Hugo-contestó ella, sin decir toda la verdad.-¿Ya habéis cenado?
-No, te estábamos esperando, aunque está todo puesto.
-Bien, porque me muero de hambre.


Entró a casa, ya era bastante tarde, había sido una suerte que le hubieran atendido en la peluquería.
-Marco, ¿estás en casa?-preguntó Marta.
Su marido no contestó, aún no había vuelto de su viaje, vía libre, ya no lo aguantaba más. El dolor, en vez de ir cesando, había aumentado cada vez más, tal vez porque, en vez de cambiarse el tono de castaño, había cambiado a ser totalmente morena. No sabía por qué era, pero no cesaba. Dejó su bolso en el salón, pero no logró salir de él, el dolor aumentó y no tuvo más remedio que gritar y llorar del sufrimiento tan grande que estaba sintiendo. Perdió la consciencia, la recuperó, así un par de veces. Se arrancó parte de un mechón de su bello y largo pelo, lo que la provocó más dolor aun. Algunos de sus vecinos habían empezado a llamar a la policía, porque se iban encendiendo las luces de alrededor y los perros del barrio empezaban a ladrar con fuerza, tal vez pidiendo que Tikia se callara, tal vez solidarizándose con su dolor, tal vez intentando tapar sus gritos.


La luna ya había salido, y Max, Dalia y Fanny disfrutaban de ella, soñando, recordando, deseando, todo a la vez, pero todo relacionado con Elimara. Los gritos que se oían, al otro lado de la calle, eran inaudibles para ellos, pues estaban demasiado concentrados en la luna, tanto, que ni si quiera se dieron cuenta de que el colgante de Fanny, de cadena dorada y una luna perfecta, había empezado a brillar levemente. Sadhie entró entonces muy preocupada, y les vio tumbados en el césped del jardín. Le parecía mal despertarlos, pero sabía que era necesario, los gritos de la mujer habían vuelto a cesar, pero era cuestión de tiempo que volvieran, y ya se empezaban a oír las sirenas de los coches policía. Los zarandeó y gritó sus nombres hasta que despertaron de su ensoñación.
-¿Qué es lo que pasa Sadhie?-preguntó Dalia-Dijimos que no nos molestaran.
-Alguien está gritando en frente, creemos que puede ser…
-Mi madre-completó Fanny, tremendamente preocupada y alterada.
Salió corriendo de la casa de Los Buscadores, mientras su colgante seguía brillando levemente. Todos se quedaron sorprendidos al ver cómo Fanny salía a toda velocidad de allí y cruzaba la calle, nadie la seguía, estaban demasiado sorprendidos, nadie la siguió menos Sadhie, que fue casi a su misma velocidad en su ayuda.
Las sirenas se oían cada vez más, pero  aun les faltaba un buen trecho para llegar.
Fanny no paraba de llamar al timbre, preocupada y llorando. Cuando Sadhie llegó junto a ella, la vio buscando desesperada sus llaves de casa.
-Fanny-dijo Sadhie- las sacaste del bolso, toma.
Fanny las agarró corriendo y abrió ambas puertas de su casa lo más rápido que pudo. Entró corriendo, tirando su juego de llaves en cualquier lado, y se dirigió al salón, donde encontró a su madre inconsciente de nuevo. Acudió corriendo hacia ella, sin darse cuenta de que Sadhie estaba detrás de ella.
-Mama, mama ¿qué pasa? Mama despierta, vamos-dijo Fanny llorando.
Vio entonces parte de su pelo tirado por el suelo, y el tinte que se había puesto su madre en el pelo, recordó entonces todas las cosas que le había contado Garci ese día: “Verás Fanny, los desalmados mueren cuando se cortan el pelo pero, también sufren muchísimo cuando se hacen un cambio en su pelo. No pienses que me refiero a ponerse una diadema o algo así, pero imagina que deciden ponerse mechas, o teñirse el pelo. Eso les causa un gran dolor, en algunos casos pueden morir” Fanny lo comprendió en ese momento, su madre no era de Elimara.
-Sé cómo ayudarte-dijo Sadhie detrás suya.
-¿Si?
-Claro, el Gran Mago a veces mandaba a sus hombres a algunas casas de La Ciudad sin Alma y nos cortaban el pelo un poco, nos teñían de otro color… Y al final aprendimos a combatir el tinte.
-¡¿Qué hay que hacer?!-gritó ella, suplicando entre lloros.

-Necesitaremos lo siguiente.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Capítulo 13: Palabras extrañas (Parte VI)

Hacía ya rato que andaba por la calle, no quería volver a su casa todavía, y sabía por qué. Ángel no podía soportarlo, quería a sus padres, bueno, a sus padres adoptivos, pero ahora se sentía raro con ellos, y sobretodo sabiendo que su verdadero padre había querido matarlo igual que mató a su madre. No sabía cómo, pero había acabado en frente de la casa de Los Buscadores, tal vez se sintiera culpable por haber sido tan brusco con él en la fiesta de La Chismosa, pero ese día estaba muy enfadado, triste... una mezcla extraña de emociones, lo normal cuando la mañana de ese mismo día te enteras de todo lo que se enteró él.
En ese momento, vio a Fanny cruzando la calle,  mientras miraba su reloj todo el tiempo. Tal vez Ángel no había acabado ahí por pura casualidad, tal vez su poder de la intuición, el que había heredado de su padre biológico, le hubiera traído hasta allí.
-¡Fanny!-gritó-¡Espera! Tengo que hablar contigo, y va para largo.
-¿Qué haces aquí?-preguntó ella sorprendida-Da igual, tengo prisa, llego tarde a cenar a casa de Max.
Y siguió su camino. Ángel pensó con rapidez, tenía que decir algo que atrajera su atención.
-Elimara existe. Te... te creo.
Fanny entonces se paró en seco y sacó su móvil:
-Dame media hora más para llegar, me ha surgido algo.-escribió en su WhatsApp.
-Vale, habla.-dijo Fanny, se empezaba a acostumbrar  estos momentos de confesiones.

Y Ángel lo contó todo.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Capítulo 13: Palabras extrañas (Parte V)

Clary se puso muy contenta al ver que Ángel aceptaba su petición. Para él era muy pronto, pues normalmente se despertaba sobre las dos de la tarde los fines de semana, ¿significaría eso algo? No lo sabía, últimamente se hacía ilusiones respecto a todo sobre él, puede que no le gustara simplemente, pero eso tenía que aclararlo aún.
-Buenas-saludó alegre Ángel desde su habitación.
-Hola, vaya, estás ya vestido.
-Sí, es que me he despertado pronto hoy
Clary sabía que era mentira, nada más levantarse, Ángel tenía la manía de hacer la cama, y estaba deshecha, lo que indicaba que había estado pensando en otras cosas, ¿en ella quizá?
-¿Y no haces la cama?
-Me has pillado. He estado pensando en muchas cosas y se me olvidó.
-¿Sí?-dijo Clary, mientras se ponía colorada, deseando que eso no lo viera Ángel, cosa que por desgracia sí pasó.
-Sí, oye, ¿te has quemado la cara?
-No-dijo, poniéndose aún más colorada-. Bueno, ¿en qué estabas pensando?
"En ti, en lo mucho que me  gustas desde hace tiempo, ¿quieres salir conmigo?" Eso era lo que se le hacía ocurrido ahora mismo, y lo que le encantaría decirle a Clary, pero no podía, tenía que decir algo, y se le vino una idea a la cabeza, no era toda la verdad, pero al menos o era mentira. Al volver a pensarlo, una lágrima recorrió su mejilla, pero lo dijo:
-Me he enterado hace poco de que... soy adoptado.



Se sentía raro, esto no le había pasado nunca, era parecido a un sentimiento de nostalgia, pero muy fuerte, ¿qué le pasaba? No lo entendía. Sonó el timbre y esa sensación se disipó, ahora su corazón se estaba acelerando, ¿sería ella? No miró por la ventana como hacía siempre, la ilusión se apoderó de él y salió corriendo de su cuarto, en dirección hacia la puerta, ¿sería ella? Abrió la puerta, su corazón latía con fuerza, giro el pomo y abrió la puerta, cada segundo que pasaba se le hacía eterno. ¡Sí, era ella! Fue a hablar pero él no le dejó, la cogió la mano, tiró de ella hacia él y, sin que Fanny se lo esperara, Hugo la besó.
-Hola-dijo Fanny sorprendida, pero sonriendo.-Hola-contestó Hugo, al que le estaba pasando lo mismo que a ella.
-¿Estás comiendo regaliz?
-¿Cómo lo has...?-calló de repente, ya sabía por qué-Pasa, tenemos que estudiar.
-Puaj, odio esa palabra.
-¿Prefieres que diga: pasa, tienes que aprender otra lección más sobre tu Don, algo muy importante?
-De repente me encanta esa palabra.
-Pasa anda-dijo Hugo entre risas.

-Y, ¿qué tal lo llevas?-preguntó Clary, que al final sí había comprado chuches y un poco de chocolate.
-Pues mal, pero bueno, aunque no sean mis padres, padres, lo son en el fondo, ¿me entiendes?
-Sí, ellos son tus padres, aunque no sea de sangre.
-Pero ahora, me siento raro con ellos, es como si me hubieran engañad toda la vida, y me duele, pero…
-Pero les quieres.
-Sí, exacto.
Aunque eso no era lo peor de todo el asunto, y Ángel lo sabía. Tal vez le hubiera sido más fácil asimilar todo esto si hubiera creído a Fanny desde el principio, pero eso no fue así. Ahora tenía que encontrar la forma de explicarle todo esto a Fanny, y él había decidido decírselo todo de golpe, le sentaría mejor a él para desahogarse y a ella no le sería muy difícil de asimilar.


Tikia entró al baño a lavarse las manos, ese día libraba en el hospital así que había hecho algo que llevaba un tiempo sin hacer, pintar. Estaba feliz esa mañana, se había arreglado todo con su hija y volvería a pisar Elimara, a ver su adorada luna. Se miró al espejo y notó algo raro en su pelo castaño.
-Mierda-dijo para sí.
Su pelo estaba cambiando, al parecer ese tinte castaño ya no era rival para sus emociones. Normalmente se teñía el pelo una vez cada dos meses, pero esta vez no había durado suficiente, su cuerpo ya sabía combatirlo, y eso era una mala señal, Esa tarde, antes de que llegara Fanny, tendría que teñirse el pelo… de un color diferente, lo que la dolería muchísimo más que el otro tinte, que casi era igual que el color de su pelo. Y es que, cortarles el pelo los mata, pero cambiarlo les produce un gran dolor a los desalmados, sobretodo el tinte, que oculta sus emociones.

“…y cruzaron” Fanny abrió los ojos, despacio, como la última vez que escribió. Vio que estaba llorando, ¿por qué? No lo sabía. Miró desde la primera página, había vuelto a escribir sobre el padre de Max y lo mal que lo pasaba, ahora sabía por qué estaba llorando. Volvía a tener hambre, así que miró a su derecha: tenía puestos unos macarrones con tomate y queso rallado, un vaso de agua, un yogurt de fresa y luego un helado de chocolate.
Empezó a comerse los macarrones, parecían recién hechos, y estaban deliciosos. Se terminó todo el plato, toda la jarra de agua y su yogurt de fresa. Aun tenía hambre, levaba un buen tiempo sin comer y en nada sería la hora de la cena, o eso le decía la pobre luz que entraba por la ventana.
Abrió el helado de chocolate y empezó a comérselo. Se abrió la puerta en ese momento, pero ya sabía quién era, o eso era lo que pensaba.
-Hola-dijo Fanny.
-Hola-dijeron dos vocecillas infantiles detrás de ella.
Fanny se dio la vuelta y se encontró a dos niñas de unos cuatro años, totalmente idénticas: el mismo pelo, los mismos ojos, las mismas pecas… o tal vez una tuviera una peca más que otra, un detalle que no se apreciaba.
-Yo…yo soy… Ania-dijo la gemela de la derecha.
-Y yo… yo soy Eli-dijo la gemela de la izquierda.
-Hola, yo soy Fanny.
-Lo sabemos-dijeron a la vez.
-Hugo nos ha dicho que estabas aquí y queríamos conocerte-dijo Eli, o tal vez Ania, se habían movido desde que habían dicho sus nombres y ya no las diferenciaba.
-¿Si?-dijo extrañada, no pensaba que unas niñas pequeñas estuvieran interesadas en ella.
-Claro, eres muy especial, ¿verdad Ania?
-Sí, Hugo nunca había tenido una novia-dijo Ania un con una risita final por parte de las dos.
Fanny sintió un cosquilleo por dentro, ¿Hugo la consideraba su novia?
-¿Quién dice que Hugo y yo seamos novios?-Nos lo dijo ayer en la cena, él y el tío Garci.
Así que sí la consideraba su novia, bueno, no era de extrañar, lo eran.
-Vaya, pues sí que os enteráis de todo.
-Sí, ese es nuestro poder especial nadie nos puede ocultar nada, lo notamos.
Una de las gemelas se acercó al ordenador donde Fanny acababa de escribir. Tenía una pulsera en la que ponía su nombre: Eli.
-¿Esto es lo que has escrito hoy?-preguntó la pequeña.
-Sí, ¿también sabéis eso?
-Si-dijo Ania mientras se acercaba al ordenador- Como ya te nos dicho, nadie nos puede ocultar nada, lo notamos.
-¿Cómo que lo notáis?
-En sus caras, notamos cuando alguien nos miente, nos tiene preparada una sorpresa… Cosas así, cada persona tiene una forma diferente de expresarlo, pero a veces es muy difícil conseguirlo, hay personas que se ocultan muy bien.
-¿Y cómo lo conseguís?
-Recordamos las clases de Garci, él nos ha enseñado, para poder defendernos.
-¿Podemos leer tu historia?-preguntó Eli, muy emocionada.
-Claro, como queráis.
Las dos hermanas comenzaron a leer en el ordenador portátil mientras que alguien había la puerta de la habitación.
-Hola, ¿ya has abierto los ojos?-preguntó Hugo al entrar-Vaya, ¿qué hacéis aquí peques?-añadió al ver a Eli y Ania.
-Fanny nos deja leer lo que ha escrito hoy-contestó una de las gemelas.
-Sí, estaban muy ilusionadas con ello-dijo Fanny.
Hugo sonrió y le entregó el vaso de agua que llevaba en la mano a Fanny. Con ese movimiento, dejó que Fanny viera su reloj, y se dio cuenta de que ya tendría que estar en casa de Max.
-Tengo que irme-dijo mientras se levantaba corriendo y empezaba a recoger sus cosas-He quedado con Max y los demás en que cenaría con ellos hoy, adiós.

-Adiós-contestó Hugo, sorprendido al ver las prisas que llevaba Fanny.

martes, 3 de septiembre de 2013

Capítulo 13: Palabras extrañas (Parte IV)

Un pitido sonó desde el ordenador de Ángel, lo que le despertó de su bonito sueño esa tarde de domingo, ese sueño imposible. Últimamente soñaba con Elimara, el lugar que le habían descrito sus padres, que, como recientemente habían descubierto, no eran biológicos. Por un momento, revivió el día en el que lo descubrió todo:
"-Ángel, ven un momento por favor, tenemos que contarte una cuantas cosas sobre ti."En ese momento, Ángel pensó que lo que se le venía encima mientras se acercaba a su salón, era una charla asquerosa sobre los cambios en su cuerpo, pero, cuando se enteró de la realidad deseó mil veces haber tenido esa charla.
"-Verás Ángel,-le explicó su padre- ya ha llegado el momento de decírtelo todo, no eres nuestro hijo, eres adoptado. Marta...digo Tikia te salvó de el destino más horrible del mundo entero, y te dio a nosotros.
-¿Tikia?-preguntó Ángel-¿Quién es?
-La madre de Fanny.
-No entiendo nada.
-Te lo explicaré todo, aunque te costará creerlo-dijo su madre-. Verás, provienes de Elimara, que es...
-¿Elimara existe?
-¿Cómo sabes lo que es?
-Fanny me lo dijo, pero no la creí, debí haberlo hecho.
-Bueno, esto facilita mucho las cosas, ¿sabes quién es el Gran Mago?
-Sí.
-Ese es tu padre biológico.
-¿Qué?
-Sí, lo es-continuó su padre-. Él y la última desalmada te crearon, aunque ahora no es la última, la... la forzó... y luego te dio a luz a ti.
-Pero no lo entiendo, ¿para qué querría el Gran Mago, un hijo?
-Para tener un descendiente, pero no contó con que su hijo podía no heredar el don de la magia que él tenía y heredar el de su madre.
-¿Soy un Donista?
-No, heredaste parte de sus poderes, uno en concreto, pero es imposible de saber si lo tienes, así que, cuando naciste, dejó que te desarrollaras durante un mes, él tardó un año entero en saber que tenía poderes pero pensó que al haber sido concebido por una Donista y un mago, se sabría antes pero fue un error. Al ver que no tenías aún tus poderes, quiso matarte, pero, un miembro de los Camisas Blancas se enteró, Tikia en concreto. Entre todos te salvaron Pero a un precio. Verás, ningún desalmado tiene permio para entrar en Elimara a no ser que lo utilicen como protector, y es lo que hicieron contigo.
-¿Soy el protector de Tikia?
-No, eres el protector de Fanny."
Y así fue como se enteró de todo lo que era, y, desde ese momento, se prometió una cosa, mataría a su padre, para que nadie más sufriera por él.
El pitido de su ordenador volvió a sonar, y salió de su ensueño. Se dio cuenta entonces de que se había vestido y peinado. Se acercó, extrañado, hacia su ordenador, y vio que tenía una petición de video chat de Clary, dio gracias a su poder de intuición.


"Su madre se levantó, dejando así de acariciar y abrazar a su pequeña de ojos azues que en esos sueños aparecía con cuatro años.
-¿A dónde vas?-preguntó Eva.
-A casa, no puedo estar más tiempo aquí, tienes que despertarte.
-Pero no quiero despertarme, quiero estar contigo siempre, llevo esperándote mucho tiempo-dijo Eva, mientras, sin darse cuenta, empezaba a crecer poco a poco.
-Volveremos  vernos, cielo. Tal vez mañana, o tal vez dentro de unos días, pero nos veremos.
Y con una sonrisa, su madre se fue alejando por la playa.
Eva que corriendo hacia ella, mientras crecía y crecía hasta llegar a sus catorce años de edad, casi quince, mientras gritaba:
-¡Mamá espera! ¡Vuelve!"

Eva despertó de golpe, levantándose rápidamente y quedándose sentada en su cama. Otra vez había soñado con su madre. Al principio se asustaba, parecía tan real, y desconfiaba de ella, ahora en cambio, le parecía un recuerdo bonito de su madre. Pero ese día su madre se había ido antes de que ella despertara, eso nunca pasaba, y la había alterado bastante, ¿qué significaba eso? Tenía una vaga idea de lo que podía ser, tal vez necesitara más, necesitaba encontrarla, saber si estaba viva.Bajó a desayunar, con su madre adoptiva, pero dio la casualidad de que Luisa no estaba. En la encimera de la cocina habían dejado una nota:
"Me voy a comprar, volveré sobre la una de la tarde, tienes leche ya calentada en el microondas. Disfruta tu desayuno, y estudia un poco que dentro de nada empiezan los finales."
Volvió a dejar la nota donde estaba después de leerla, y se acercó a coger su vaso de leche en el microondas. Se fue al salón, después otra vez a la cocina para coger su desayuno y una cuchara, tomaría cereales esa mañana.