jueves, 3 de marzo de 2016
miércoles, 6 de enero de 2016
Publicación de La Ciudad sin Alma
¡Hola!
Sé que llevo bastante tiempo sin publicar y lo siento, pero fue por una buena causa. He publicado mi libro. Puedes contactar conmigo para obtenerlo (el e-mail está en el blog) o pedirlo por Amazon. Espero que algunos de vosotros sigáis enganchados y queráis continuar la historia.
Aquí os dejo la portada:
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Muchas gracias a todos :)
lunes, 26 de mayo de 2014
Capítulo 3: Bienvenida a los Camisas Negras (Parte III)
Entraron en la cocina justo antes
que el barullo de gente. Era una habitación enorme y llena de mesas, alimentos
y cubertería que, en unos segundos se llenó de gente. Pero Clary no les prestó
atención, siguió a Tris en silencio hasta que una puerta los separó. Se quedó
tirada, en medio de la estancia, sin saber qué hacer. Cuando se dio cuenta de
su situación, comenzó a fijarse en lo que hacía la gente y siguió sus pasos:
comenzando por ir a una enorme pila de bandejas y siguiendo hacia una terrible
cola que terminaba en una especie de buffet de comida. Le recordaba a los
comedores que salían en las películas americanas de adolescentes en las que
siempre salía el comedor escolar.
Cuando terminó la larguísima cola
y el extraño paseo por la recogida de su comida, echó un vistazo por las mesas,
buscando un sitio libre.
-¿Os importa que me
siente?-preguntó en una de las miles de
mesas ocupadas únicamente por chicos.
-Esto… Los novatos no se sientan
aquí precios.-dijo uno de ellos con
tono burlón y de superioridad- Sobre todo los perritos falderos de Tris.
Clary le dedicó una sonrisa a
aquel chico y, sin hacerle caso, apoyó con fuerza su bandeja en la mesa y se
sentó y comenzó a comer mientras veía como trataban de ignorarla.
-¿Os importa pasarme la
sal?-preguntó Clary con tono brusco.
Ante ese comentario, toda la mesa
se levantó y la dejó sola.
-Oh vaya, ¿os marcháis? Pensaba
que era vuestra mesa de
profesionales.
Sonrió, triunfante, mientras veía
como se iban de mala gana sus compañeros de mesa y escuchaba las disimuladas
risas de la gente de la mesa que tenía detrás.
-¿Te importa que nos
sentemos?-dijo alguien antes de que Clary retomara su almuerzo.
Levantó la vista y se encontró a
seis chicos sonriendo, esperando a que Clary respondiera positivamente a su
pregunta.
-Claro, no creo que nadie más
quiera sentarse.
-¿Es verdad que eres el perrito
faldero de Tris?-preguntó uno de ellos, nada más sentarse.
-¡No seas grosero Sil! Perdónale,
es un poco idiota. Soy Est, y lo que Sil quería decir es que… es que...
-Justo lo que he dicho, si eres
su perrito faldero.-dijo Sil. De no ser por su sonrisa, su aspecto tenebroso de
pelo y ojos negros le habría intimidado en el primer instante.
-Yo no me consideraría su perrito
faldero ya que no llevo aquí ni un día. Más bien diría que estoy perdida y que es al único que
conozco.
-¿Un día? ¡Entonces es día de
presentaciones! Veamos-continuó Est- Ellos son Kop, Ruj, Liz y Jury. Y a los que
has echado de esta mesa son…
-No quiero saber sus nombres, me
quedaré simplemente con que son idiotas. Soy Clary, encantada.
-Bueno, Clary, y, ¿dónde está Tris ahora?-preguntó Liz. Ella era
de una piel morena, diferente a los otros cinco. Era la más bajita de los seis,
pero sus ojos verde esmeralda y su pelo negro le hacían destacar.
-Le han suspendido por mi
culpa-contestó.
-¿Suspendido? ¿Otra vez? ¡Ah!
Entonces tu eres la que se ha colado en la misión hoy-dijo Kop con una sonrisa
en la cara. Su pelo pelirrojo y sus ojos oscuros parecen brillar frente a su
piel clara.-Os vais a llevar muy bien, pero espera a que se le pase el cabreo,
odia que lo suspendan.
-¿Por qué? No me parece tan
malo-dijo Clary.
-Cuando lleves aquí un tiempo lo
comprenderás-dice Est- Además, está el caso de que…
-¡Chicos! ¡Le he visto, le han
obligado a ponerse el delantal! He ido corriendo a por mi cámara… Oh, Hola,
¿quién eres?
-Soy Clary, ¿y tú?
-Soy Oitsue-contestó. La chica
tenía el pelo castaño que le llega a la mitad de la espalda y, a diferencia de
Est, que tiene los ojos castaños al igual que su pelo, ella tenía unos ojos
azules brillantes.
-Es nueva-aclaró Jury, una chica
alta y rubia de ojos color miel- La chica que se ha colado en la misión de hoy
y la culpable de la suspensión de Tris.
-¿En serio?-preguntó Oitsue.
Clary asintió, tiste.
-¡Gracias, gracias, gracias!-dijo
mientras me da un abrazo y se sienta a mi lado-Hacía tiempo que no veíamos a
Tris en suspensión, pensé que iba a perder la porra.
-Y, ¿qué has ganado?-preguntó
Clary.
-La oportunidad de quedarse con
la foto. ¡Ya van tres seguidas!-comentó Sil. Aunque debería asustar, ya que
tiene los ojos y el pelo del mismo negro oscuro, que sonría en todo momento es
lo que hace que no sea inquietante.-Yo hace tiempo que no gano. Suertuda…
-Pero, ¿por qué tiene tanta
importancia esa foto?
-Ahora lo verás. ¡Comienza la
cuenta atrás!-gritó Ruj. El único chico al que Clary había visto con el pelo
blanco y los ojos negros.
Todos los de la mesa empiezan a
contar a la vez.
-¡…cinco, cuatro, tres, dos, uno!
De pronto, Clary comprendió por
qué estaban todos así: Tris salió de lo que parecía ser la cocina con una
redecilla de pelo, un delantal blanco y una ropa de rayas de colores, cargando
con jarras de agua. Toda la mesa, incluida ella, estalló a carcajadas.
Mientras veían cómo Tris se acercaba a la mesa
se fueron calmando y, cuando llegó le dejaron un hueco después de obligarle a
posar para la foto de la ganadora.
-Menudos amigos que tengo…-se
quejó Tris.
-Yaya… No te quejes que tienes suerte
de que te hagamos caso-dijo Oitsue.
-Bueno, cambiando de tema, creo
que todos le debemos un aplauso enorme a Clary por humillar y echar a Jet y los
suyos-dijo Est.
-¿En serio los has echado de
aquí?- preguntó Tris. Clary asiente.-Bien, entonces deberíamos dejar de
llamarlos así, si Clary los ha echado, ya no son los guays. Ahora son…
-Los Idiotas-dijo Sil.
viernes, 21 de marzo de 2014
Capítulo 3: Bienvenida a los Camisas Negras(Parte II)
Khalil entró en la habitación
donde esa noche dormiría su hermana. Desde los episodios de la Terapia de
Fuego, no había podido evitar el impulso de ir a verla cada noche. Pero, ese
día solo encontró una pequeña bolsa con la marca de aquel motel encima de una
mesa.
-Ejem…-dijo alguien a su espalda-
¿Piensas dejarme pasar, Khalil?
-¿Qué hay en esa bolsa,
Cristel?-preguntó, apartándose un poco para que su hermana pudiera entrar en la
habitación.
-Vayaa, ni un: Hola Cristel ¿cómo
estás? No espera, sería mejor decir esto: he venido aquí solo para comprobar
que estás bien, ya sabes por… aquello que paso hace…poco tiempo-dijo Cristel.
-Yo nunca digo eso, y no pongo
esa cara de estresado.
-Ya, claro, ¿y de dónde crees que lo he aprendido?
-¿Qué hay en esa bolsa,
Cristel?-dijo Khalil, ignorando totalmente la pregunta de su hermana.
-Pues comida, algo de ropa, agua,
mantas… ya sabes, lo normal.
-Sí, lo normal si te vas una
semana a la montaña, ¿para qué necesitas todo esto?
-Para ir a buscar a Clary-dijo
con total normalidad-He pensado que un grupo solo no lo conseguiría.
-¿Un grupo solo, de qué estás
hablando?
-Fanny, Hugo, Max y Ángel han
salido a buscarla, ¿cómo puedes no haberlos visto? Hace nada estaban en el
pasillo hablando de eso.
-Bueno, eso da igual, ¿piensas ir
sola a buscarlos? ¿Estás loca?
-Para empezar podría ir
perfectamente sola, se cuidar de mi misma, lo demostré cuando papá murió y mamá
se ahorcó. Pero no, no voy sola, voy con…
Alguien entró en la habitación
hablando, haciendo inútil la explicación de Cristel. Dalia, Asier y Vito.
-¿Estás lista Cristel? No
conseguiremos salir de aquí si no te das prisa, he oído al dueño algo sobre
otro turno de fregar platos. Oh… Hola Khalil, ¿también te unes?
Todo pasó muy rápido y, cuando
Beda y Riah quisieron darse cuenta, ya estaban muy lejos de su casa y de su
padre. Estaban un poco desconcertados, hasta que Beda vio una cara conocida.
-¡Clary!-gritó con entusiasmo.
-Shhh, no grites. Estamos muy
cerca del motel y no quiero que sepan que estoy aquí.
-¿Qué ha pasado, Clary?
-Los Camisas Negras. Ahora
escúchame bien, tienes que hacerme un favor-miró a la chica que lo
acompañaba-los dos tenéis que hacerme un favor. Volved con los demás, no les
digáis que he estado aquí, necesito tiempo para hacer… cosas. No puedo deciros
el qué, pero popr favor, no digáis que me habéis visto.
Ambos asintieron.
-Pero ellos creen que estás
muerta-dijo Beda-¿de verdad no quieres que les diga nada?
-Ya sé lo que piensan, pero es
mejor que de momento no lo sepan, solo necesito tiempo.
-¿Cuándo volverás?
Clary suspiró y desvió la mirada
-No lo sé.
Y, finalmente, se marchó.
-¿Quién era esa, Beda?-preguntó
Riah.
-Una chica a la que no veremos en
mucho tiempo, pero, la próxima vez que la veas, dale las gracias porque acaba
de salvarnos la vida.
-¡Te dije que no la llevaras
Tris! ¿En qué narices estabas pensando?
-Lo siento Hull, lo intenté pero
no me hizo caso.
-¡Porque desististe! ¡Nunca
desistas en estos casos Tris!
Clary llevaba un buen rato oyendo
esos gritos desde fuera del despacho de Hull. No entendía por qué no le gritaba
a ella en vez de a Tris, no tenía sentido. De pronto, los gritos cesaron, y las
voces de Hull y Tris ya no traspasaban a gruesa puerta cerrada acal y canto de
la habitación. Minutos después, Tris salió, serio.
-¿Qué ha pasado?-preguntó Clary,
deseando que Tris fuera directamente al grano y se saltara la parte de los
gritos.
-Me han suspendido tres
semanas.-Contestó Tris mientras se iba alejando del despacho de Hull.
-¿Eso qué significa?-preguntó
Clary, siguiendo el rápido ritmo de Tris.
-Que en tres semanas no podré
hacer nada, bueno, salvo dar clase y ayudar con la comida y eso. Pero nada de misiones.
-Pero, eso no es justo. Debería
cargármela yo, tú no has hecho nada, intestaste detenerme.
-Pero no lo conseguí.
-Pero, lo intentaste-insistió
Clary.
-¡Pero no lo conseguí!-contestó
Tris, cortante.
domingo, 23 de febrero de 2014
Capítulo 3: Bienvenida a los Camisas Negras (Parte I)
Beda caminaba por el bosque,
muerto de frío, no había sido buena idea salir solo a pasear. Como siempre,
nadie había notado su ausencia, y había acabado perdido. Empezaba a ver luces
al fondo, por lo que pensó que estaría cerca de algún motel o un bar de las
afueras. Sonrió, los demás no podían estar muy lejos. Corrió todo lo que le
permitieron sus escasas fuerzas, hasta llegar al lugar de donde salían las
luces. Pero no era un motel, ni un bar, era una casa, una casa que le traía
muchos recuerdos, pero ninguno bueno. Se paró en seco y se apoyó en u árbol
para no caerse. El tejado de aquella casa aun estaba lleno de sus juguetes.
“¡No te mereces ni uno! ¡¿Me oyes Beda?! ¡No vales nada!”
La puerta todavía tenía aquella
marca por aquel golpe con un viejo martillo.
“¡Mira lo que has conseguido al apartarte idiota! ¡Has destrozado la
puerta que tanto me costó pagar! ¡Tú te merecías ese golpe!”
La ventana seguía teniendo
aquellas manchas.
“¡Tu sangre acaba de manchar la ventana y mi camiseta favorita,
estúpido! ¡Te mereces otra leche!”
Y parte de la pared todavía tenía
ese tono negruzco de la ceniza.
“¿Te crees que mereces aprender? ¡Todos estos libros se desperdiciarían
contigo, estúpido! ¡En el fuego están mejor! ¡Y tráeme otra cerveza si no
quieres un guantazo!”
Alguien abrió de pronto la
puerta. Por ella asomó una mano pálida y llena de cortes, seguida de una manga
desgarrada de color grisáceo. Un pie, un cabello rubio y, por último, unos ojos
marrones, infantiles, pero llenos de miedo y de dolor. Parecía una niña de no
más de ocho años, pero su color de piel era enfermizo y su vestido grisáceo
estaba tan sucio y desgastado que parecía que jamás se había puesto otra ropa.
Ese era el aspecto de su hermana.
-Riah-dijo Beda al verla.
-Be… ¿Beda?-dijo ella, asustada.
-¡Ron, ron, ron, la botella de
ron!-cantó alguien a pleno pulmón dentro de la casa.- ¡Riah! ¿Dónde te has
metido?
Al oír eso, Riah cerró la puerta
y salió corriendo en dirección a su hermano y le abrazó con fuerza, temblando
de puro terror.
-¡Riah! ¡Cría estúpida! ¡Sal de
una vez si no quieres que me enfade!
Riah se abrazó con más fuerza a
su hermano, temblando, y empezó a repetir una y otra vez la misma frase:
-En cuanto abra los ojos todo
habrá acabado, en cuanto abra los ojos todo habrá acabado…
Su padre abrió entonces la puerta
de una patada. En su mano sujetaba una botella rota.
-¡Con que estabas aquí! Vamos
pequeña acércate.
-¡No!-gritó Riah.
Y siguió repitiendo, con voz
temblorosa, la misma frase, mientras ambos oían como su padre gritaba,
insultaba y lanzaba amenazas.
-¡Vete! ¡Vete por favor, déjanos
en paz!-gritó Beda, mientras abrazaba con fuerza a su hermana pequeña.
Tres toques a la puerta, Hull ya
sabía quien llamaba, siempre hacía lo mismo.
-Pasa, Tris-dijo.
Por supuesto, la puerta se abrió,
dejando ver la cara de aquel muchacho que le había traído tantos problemas a
Hull, pero otras muchas soluciones para problemas imposibles.
-¿Vienes a decirme que tenía
razón no?-dijo Hull, con una sonrisa en la cara.
-Pues, la verdad es que…
-Oh, ¿no sabes que decir?-le
interrumpió Hull- No te preocupes, yo te digo que decir: “Hull, tenías razón,
no volveré a desobedecerte”.
-La verdad es que venía
a…-intentó decir Tris.
-Espera, eso no sería
verdad-volvió a interrumpir Hull-quedaría mejor decir: “No te volveré a
desobedecer, a no ser que me digas que no haga algo, en ese caso sí te
desobedeceré”.-y terminó con una carcajada.
-Si me dejas hablar, te diré que
vengo a…
Alguien entreabrió la puerta un
poco.
-Dijiste un minuto, Tris-dijo una
voz femenina detrás.
-Sí, pero todavía no he
terminado-contestó él, acercándose a la puerta.
-¿En serio? ¿Tanto se tarda?
-Haciendo las cosas bien sí.
-¿Qué me ocultas tras esa puerta,
Tris?-dijo Hull, algo confuso
Tris se giró hacia su jefe.
-Bueno, esto, yo…
-¡Por Dios Tris! Se tarda menos
en correr un maratón-dijo la persona de detrás de la puerta, que entró por fin
a la habitación.-Lo que le lleva queriendo decir Tris media hora es que me
gustaría unirme a los Camisas Negras. ¿Ves como no era tan difícil?-finalizó,
mirando a Tris con cara burlona.
-¿Unirte a…? Tris, ¿qué narices
le has dicho?
-Nada, ha sido decisión suya,
dice que no quiere morir.
Hull suspiró si se frotó los
ojos.
-Mira, esto…
-Clary-dijo ella.
-Clary-continuó Hull-, esto es
algo duro, ¿sabes? No es solo un juego, es algo serio. Salvamos vidas que,
según la gente, no merecen ser salvadas.
-No me lo tomo como un juego,
señor. Pero, si pongo un pie fuera, sé que en cinco minutos acabaré muerta. Yo
no pertenezco a este lugar, es algo difícil de explicar, pero no sé cómo
sobrevivir en un mundo que no es el mío, por eso necesito unirme a vosotros,
necesito ser capaz de defenderme, de sobrevivir y de salvar a quien lo
necesite.
-Está bien.-dijo, sin mucho
ánimo- Cuantos más mejor. Bienvenida a bordo.
Y le estrechó la mano.
Capítulo 2: Cambios de Rumbo (Parte II)
Se habían reunido en aquella
habitación, en aquella en la que se habían enterado de su muerte. Todos
lloraban, se abrazaban y se consolaban. Ninguno era capaz de contenerse.
Entonces Ángel sintió algo dentro del, se secó las lágrimas
y, con una sonrisa en la cara, dijo:
-No está muerta.
-¿Qué dices Ángel?-preguntó Max.
-No está muerta, lo he notado. ¡Clary sigue viva!
Todos le miraron. Fanny no aguantaba allí ni un segundo más,
así que salió de aquella habitación, llorando.
-Ángel, no está viva, tus sentimientos te la están jugando.
-No, no Max, sigue viva, lo sé.
-Ángel-dijo Dalia-, está muerta.
-No, no lo está ¿me oís? ¡Está viva!
-Ángel, por favor, tranquilízate-rogó Tikia.
Ángel les miró uno a uno, le miraban como si estuviera loco.
-No estoy loco, ¡está viva!
Y salió corriendo.
Fanny le encontró en una esquina, solo. Sabía que estaría
solo, le conocía muy bien. Le tiró una de las mochilas que tenía.
-¿Qué es esto?-preguntó Ángel.
-Comida, ropa, agua, y más comida.-dijo Fanny.
-¿Para qué?
-Nos vamos.
-¿A dónde?
-¿No lo adivinas? A buscar a Clary.
Ángel se quedó asombrado.
-¿Te piensas que no te iba a creer? Vamos, antes de que nos
vean.
Ángel sonrió de oreja a oreja, en agradecimiento a su amiga,
y salieron corriendo. Entonces, en la puerta, se encontraron a Max, Igor y Hugo.
Bueno, más bien, se chocaron con ellos.
-¿Qué hacéis aquí?-preguntó Fanny.
-Pues… esto… nosotros…-tartamudeó Max.
-Íbamos a buscaros, nos creemos lo de Clary.-resumió Igor.
-¿En serio?-preguntó Ángel- ¿Y cómo sabíais que…?
-¿Qué aceptaríais salir a buscarla? Por favor Ángel-dijo
Max, mucho más seguro que antes- No somos idiotas.
Fanny sonrió y, antes
de salir, le entregó una nota a un camarero, para que se la diera a los demás.
Salió corriendo
después y se reunió con los demás.
-¿De dónde has sacado el papel?-preguntó Hugo, que la tenía
cogida por la cintura.
-Por favor, ¿qué Donista saldría de casa sin papel y
boli?-dijo ella con una sonrisa.
Hugo le devolvió la sonrisa. Después se apresuraron para
seguir a los demás. La búsqueda de Clary comenzaba.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Capítulo 2:Cambios de rumbo (Parte I)
Cuando Fanny consiguió alcanzar a
Ángel, se lo encontró derrumbado en el suelo, con la mirada perdida.
-¿Qué…?-comenzó a decir Fanny.
-No están.-interrumpió Ángel, con
voz llorosa- Han desaparecido.
Fanny sintió que le fallaban las
piernas y, temblando, cayó al suelo, la historia acababa de empezar. Y ya
habían perdido a uno.
Recordaba haber corrido, mientras
ramas y hierbajos le arañaban la piel. Recordaba haber escalado un árbol, a
duras penas por el cansancio. Y después… nada. Se encontraba en una habitación
que no había visto nunca, tumbada en una cama que no era la suya y con un dolor
de cabeza muy fuerte. A su derecha, veía una mesilla con una lámpara y un trapo
amarillo cubriendo algo. Lo tocó: parecía una bolsa de hielo. De pronto se fijó
en las mangas de su camiseta, estaban sucias y rotas. Al destaparse, vio que el
resto de su ropa estaba exactamente en el mismo estado. Buscó sus zapatillas
alrededor, y las encontró llenas de barro.
Por suerte alguien le había
dejado algo de ropa colgada del pomo de la puerta. Se levantó, aguantando todas
las agujetas que tenía, y alcanzó la ropa para vestirse: un jersey blanco, una
especie de vaqueros marrones y unas zapatillas deportivas negras. De pronto, un
olor a pan le hizo girar la cabeza: encima de una cómoda, había una bandeja con
mantequilla y una rebanada de pan. No era mucho pero, en ese momento, aquello
le parecía un banquete.
Al terminar, no sabía si salir de
la habitación o no, pero un grito le hizo decidirse.
-¡Un desalmado!
Sin pensar abrió la puerta, y lo
que encontró allí fue un pasillo vacío, sin nadie con agua, ni ropa limpia, ni
trayendo comida para el pobre hombre que estaba pálido en el suelo, con unas
cuantas manchas de sangre y de barro y la ropa destrozada, junto a otro que no
tenía mucha mejor pinta.
-¡Ayúdanos por favor!´-gritó uno.
Pero Clary estaba paralizada. Su
mente no paraba de criticarla “¡Eres una inútil! ¡No eres capaz ni de mover un
dedo! ¿Vas a llorar? ¡Llora idiota! ¡No vales para nada!”, la tranquilizaba
“Relájate, ve a buscar ayuda y todo irá bien, vamos, solo están pidiendo ayuda”, se quejaba “Por
favor… te has dado un golpe muy fuerte… necesitas hielo…por favor…”, incluso la
recordaba la marea de gritos que recibió al llegar allí.
-Por… favor… ayuda….nos…-gritó el
desalmado, con sus últimas fuerzas.
A Clary le temblaban las piernas,
seguía paralizada, sin saber qué hacer: si ayudar, derrumbarse, o hacer como si
no hubiera visto nada. Por fin llegó gente y todos se pusieron en marcha, como
si aquello fuera lo más normal del mundo. Clary se metió en su habitación, y
retrocedió, de espaldas, con una mano en la boca e intentando aguantar las
lágrimas. No pudo.
Estaba sentada en frente de la
chimenea, sola No habían conseguido encontrar a Clary. En lo que llevaban
caminando, la única palabra que habían dicho todos había sido su nombre, pero
no había aparecido. Después de eso, habían encontrado un motel y, después de
una dura negociación entre el dueño y Asier, había podido hospedarse allí
durante una noche a cambio de unas cuantas horas de trabajo en la cocina. Todos
habían comenzado a hablar ya, todos menos Fanny y Ángel, cada uno separado, en
silencio. Solos. En ese momento. Hugo se acercó a ella. Se estaba preparando
para no reaccionar a nada, pero la pilló desprevenida:
-La encontraremos, Fanny-dijo
simplemente.
De pronto, lo único que se le
ocurrió hacer fue abrazarle, abrazarle y dejar escapar el dolor en sus pequeñas
lágrimas.
De pronto, Igor entró en la habitación.
-Creo que deberíais ver
esto-dijo, cogiendo el mando y encendiendo la televisión.
-Aun no se ha reconocido a la víctima de este terrible accidente
sucedido esta misma tarde en el bosque.- decía el presentador de las
noticias- Encontraron a la joven horas
después de la muerte. La policía nos ha dado su descripción: una joven de unos
catorce años, pero castaño y rizado. No nos han podido decir micho mas, al
parecer le habían sacado los ojos. Se cree que fue obra de desalmados y…
Ya nadie prestaba atención al
televisor, todos pensaban lo mismo, pero solo Fanny se atrevió a decirlo:
-Clary ha muerto.
Tris entró en la habitación en la
que, horas antes, habían dejado a Clary.
-Hola-dijo.
Pero parecía que Clary no lo escuchaba.
Estaba sentada en el borde de la cama. Tenía los ojos rojos y las manos
temblorosas, apretando las sábanas.
-Habría venido antes, pero hemos
tenido problemas con un desalmado, es increíble que no lo hayas oído, ha
ocurrido aquí en frente.
-Estoy muerta.-dijo Clary.
Aquello asombró a Tris. Se
acercó un poco a ella.
-Tú no estás muerta.
Clary asintió.
-Qué faena lo de la chica esa, ¿no? Ha dicho un chico en mi puerta. Sí, la descripción me suena. ¿Te acuerdas?
Pelo castaño y rizado, de unos catorce años… Me suena de algo Ha dicho una chica Sí, es verdad. Y encima le han sacado los ojos, pobrecilla, qué
lunático habrá sido Le ha contestado el primero. Así que, estoy muerta.
-Sé parece a ti, sí, pero, tú
estás viva.
-¡Pero mis amigos no lo saben! ¡Todo
lo que me queda aquí, todo lo que tengo en ese sitio son ellos, y creen que
estoy muerta!
-¿Y qué? Estás viva, les
buscaremos y ya está. No hay por qué ponerse así.
Entonces, Clary se levanto, cogió
una cosa que había encima de la cama y la tiró con todas sus fuerzas hacia
Tris. Al caer al suelo, sonó como a cristales rotos.
-¿¡No entiendes que sigo muerta!?- gritó entre lágrimas-
¡Soy estúpida y estoy muerta! ¡En cuánto ponga un paso en la calle o yo acabaré
muerta, o tú acabarás muerto, o cualquiera que me proteja acabará muerto y
entonces yo moriré! ¡Y no pienso dejar que unos estúpidos mueran por
protegerme! ¡Así que sí, estoy muerta!
Cayó de pronto al suelo, explotando en
lágrimas. Tris se acercó a ella, despacio.
-Escúchame bien Clary, tú no estás
muerta, tú no vas a morir.
-No puedes saberlo.
-Sí puedo.
-¿Cómo?
-Porque tú no mereces morir, y
algo de justicia queda en este mundo.
Clary le sonrió, agradecida. Entonces se levantó, se secó las lágrimas y,
muy seria, dijo:
-Entonces, me uno a los Camisas
Blancas.
-¿Qué? ¿Estás loca?
-No. Es la única solución que
veo.
-Clary, unirte a nosotros es una
buena forma de que te maten.
-Pero la única para sobrevivir.
Tris lanzó un suspiro de
resignación y dijo:
-Está bien, hablaré con Holl,
pero no te prometo nada.
-¿Holl?
-Sí Holl, mi jefe.
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