-¿Qué?
-Sí, mi pelo no representa
ninguna emoción, lo que me protege de mis enemigos, pues nunca pueden saber si
tengo o no miedo, si siento tristeza o alegría… Y he sido formada entre la
desgracia, ya nada me parece horrendo, lo he visto todo. Pero también he visto
toda la alegría del mundo.
-¿Cómo?
-Verás Fanny, tengo una educación
de la que tú careces, te lo explicaré.
Hace muchos años, cuando La Ciudad sin Alma pertenecía a Elimara, había un
montón de Donistas, miles, millones, y era algo normal y fabuloso, que tu hijo
fuese un Donista era lo más maravilloso que se les podía decir a unos padres.
Los Donistas aprendían por su cuenta, en el mundo veían cosas hermosas y cosas
desagradables, lo que les ayudaba a formarse correctamente, pero sin perder la
oportunidad de sentir. Pero ocurrió algo que lo cambió todo. Dos Donistas se
enamoraron, y todo el mundo pensó que eso sería algo bueno, maravilloso, y que
si la mujer quedaba embarazada traería a luz al más poderoso de todos los
Donistas. Se equivocaron, todos ellos, todos equivocados, pues al ser hijo de
dos Donistas, parte de tu poder se perdía, por lo que esos hijos nunca podrían
terminar una historia. Se supo demasiado tarde, cuando ya había más de cien
Medio Donistas. Elimara aprobó que no se les mataría, pero que se les
prohibiría escribir historias, ay… que ingenuos fueron, pues cuando un Donista
escribe su primera historia, ya no puede parar. Fue una epidemia horrible: los
Medio Donistas morían de sufrimiento por no poder escribir, otros seguían
escribiendo a escondidas, lo que hacía que las vidas de las personas fueran
siempre felices, siempre oscuras y
terribles o siempre monótonas y aburridas, haciendo cada día lo mismo que el
anterior, pues no había otro capítulo en sus vidas, haciéndoles llegar a la
locura.
>>Se volvió a pensar en
matarlos a todos, pero esa idea volvió a ser denegada. Un Desalmado entonces
tuvo una gran idea. Los Medio Desalmados no estaban instruidos, no del todo,
ellos necesitaban ver más cosas en el mundo, más sufrimiento, más alegría, así
que les hicieron leer miles de historias, les hicieron ver miles y miles de
vídeos, hasta que tuvieran suficiente para acabar sus historias. Pero eso les convirtió en seres sin
sentimientos: ya habían visto toda la alegría, nada les emocionaba, y ya habían
visto todo lo horrible, nada les daba miedo o les hacía llorar. El problema fue
que no muchos se dieron cuenta de esto, pues ya la mayoría de los Donistas eran
Medio Donistas y se empezaban a formar en grandes escuelas que se habían creado.
Los Donistas originales se acabaron extinguiendo cuando La Ciudad sin Alma se
separó de Elimara, y todos se acabaron extinguiendo porque los que quedaban
eran seres sin sentimientos, por lo que nada les llevaba a reproducirse. Yo soy
una instruida, eso creo que ya lo has deducido claro.
-Pero, si se extinguieron, ¿cómo
es que tú estás viva?-preguntó Fanny-¿y yo?
-Tú no sé cómo existes pero yo
soy la última Donista, o, al menos, lo era.
-¿Qué? Pero todos dicen que estás
muerta.
-Porque el Gran Mago me retiene
encerrada, estoy moribunda porque no veo la luz del sol, a penas como y me ha
teñido.
-¿En serio?
-Yo soy rubia, ¿sabes?
Se quedaron un rato en silencio,
hasta que Fanny preguntó:
-Yo no soy instruida, pero mi
pelo no cambia de emociones, ¿sabes el por qué?
-Sí, no has vivido en Elimara, si
no en España, y has tenido la vida de una persona normal, los Donistas en
Elimara buscaban aventuras y así aprendían, de hecho, a tu edad, empezaban a
escribir. Pero tú, en cambio, no has vivido lo que los demás, y te has criado
entre humanos, los Donistas se criaban entre desalmados mayoritariamente, por
eso, tú no expresas las emociones en el pelo, las expresas por los ojos, algo
menos visible incluso, tienes suerte. Ahora tu pelo está alegre siempre porque te
has convertido en la primera Donista especializada en un único género: la
felicidad. Puedes escribir cualquier cosa, pero sufriendo más que un Donista
normal, eres la primera de muchos, espero.
Pasaron otros minutos en
silencio, un silencio que Donista interrumpió:
-Tengo que irme, estoy
despertando, ya nos veremos otro día Fanny, aún hay muchas cosas que debo
confesarte…”
Abrió los ojos, despertándose de
golpe. Seguía estando en la sala de espera del hospital y el reloj de pared que
tenía en frente marcaba las doce. A esas horas la sala de espera estaba
prácticamente vacía, y por un momento Fanny pensó que estaba sola solo por un
momento.
-Al fin te despiertas, esto es
muy aburrido sin nadie con quien hablar.-dijo Hugo a su lado.
-¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?-preguntó.
-Más o menos una hora, pero Eva
se ha quedado conmigo un rato, luego ha ido a hablar con su madre por teléfono,
aun la estoy esperando.
Fanny asintió. Después se apoyó
en el hombro de Hugo y se cogió de su brazo.
-Muchas gracias por quedaros.-dijo
simplemente.
-No las des-respondió-He entrado
a ver a tu madre antes-continuó Hugo-Se ha teñido, ¿verdad?
Fanny asintió.
-Y por eso está así, tu madre es
una desalmada, ¿no es eso?
Fanny repitió su gesto anterior,
haciendo todo lo posible por no derramar las lágrimas que deseaban salir de sus
bonitos ojos.
-¿Por qué no me contaste que tu
madre era una desalmada?
-Ni si quiera lo sabía, me he
tenido que enterar de esta forma-respondió, dejando caer una lágrima que no
había sabido retener.
-Pero lo sospechabas, ¿me
equivoco?
-Lo sospechaba, pero no era capaz
de creerlo, mi madre una desalmada, era una idea tan loca.
-Bueno, hasta la idea más loca
puede ser posible.
Fanny se enderezó entonces,
reconocía esa frase de la noche en que se lo había creído todo, la noche en la
que había hablado con Max.
1 comentario:
muuuchas gracias y MUY buen capitulo y como siempre me dejas con la intriga. Te quejaras de anonima vergonzosa jaja ;)
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