Un sonido algo agudo sonó a las
siete de la mañana de ese sábado tan deseado para Fanny. Se quejó con un sonido
quejica e intentó volver a dormirse “estúpido móvil” pensó.
Al parecer, la persona que le
hablaba por Tuenti no pensaba darse por vencida, así que envió cuatro mensajes
más, a los que Fanny ignoró. Cuando por fin parecía haberse rendido, el tono de llamada de Fanny, que tanto le
gustaba, comenzó a sonar. Volvió a emitir el mismo sonido anterior.
-¿Es que la gente no tiene cosas
mejores que hacer un sábado a las siete de la mañana?-dijo para sí en voz baja.
Miró el nombre de la persona que
llamaba en la pantalla de su móvil: Casandra. Fanny sonrió al acordarse del
enfado que cogió Clary cuando descubrió que la había guardado en sus contactos
como Casandra. Descolgó y se puso el móvil en la oreja para atender la llamada:
-¿Qué es tan importante como para
que me despiertes a estas horas?
-Acabo de recordar una cosa muy
importante de Ángel, algo que me dijo…. Que me dijo ese día en el que casi te
parto la cabeza…
-No exageres con lo de la
cabeza-dijo Fanny entre risas-solo fue un golpe tonto, nada que no se arreglara
con un poco de hie…
-Deja el tema de la cabeza-cortó
Clary-, necesito contártelo, en persona, ¿puedes quedar hoy?
-No lo sé, normalmente no hago
planes a las siete de la mañana, sobre todo los sábados-contestó con tono
sarcástico.
-Ja, ja, ja, luego me llamas y
quedamos, adiós.
Y antes de que Fanny pudiera
decir algo, terminó la llamada.
“Se encontraba en una playa
desierta, en la que solo se oía el ruido del mar. La brisa traía el olor marino
propio de un lugar como aquel y revolvía la rubia melena de Eva. A ella le
encantaban las playas desde pequeña, sonrió para sí. Pero no estaba sola,
sentada frente a ella estaba una mujer, de unos treinta y cinco años, que
miraba hacia el mar. Eva no la veía la cara, así que no podía saber cómo se
sentía en aquella playa. Esa mujer, que Eva no conocía pero que, a la vez le
resultaba muy familiar, tenía su mismo color de pelo, pero lo llevaba mucho más
corto, justo por debajo de las orejas. No sabía por qué pero se sentó a su
lado, como en un impulso que no podía controlar. Vio a aquella mujer con los
ojos cerrados y una pequeña sonrisa en la boca, aspirando el aire marino que
traía esa agradable brisa.
-Hola-dijo Eva, dulcemente y sin
saber por qué.
La mujer le miró y, con una
amplia sonrisa le abrazó y dijo:
-No sabes cuánto te he echado de
menos.
-¿Por qué me dejasteis atrás? Yo
también quería ir de viaje-respondió Eva con una voz infantil.
Se dio cuenta de que se cavaba de
convertir en una niña de cuatro años, pero no le impresionaba.
-Era un viaje muy peligroso
pequeña-contestó la mujer.
-Lo he pasado muy mal mami,
en ese orfanato había personas muy
malas.
-Tranquila-dijo su madre mientras
le acariciaba suavemente la mejilla-, ahora estoy aquí, y seremos muy felices
juntas, ¿de acuerdo?”
Eva se despertó de su extraño
sueño. Se sentía relajada, bien, hasta que se dio cuenta de lo que había
soñado, ¡su madre! Aún la recordaba después de tantos años y eso había
despertado en ella antiguos sentimientos de alegría y añoranza en vez de los
que tenía últimamente de odio y tristeza, ¿sería verdad lo que había soñado, su
madre la echada de menos?
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