-Yo… oí un grito y… Cristel…
fuego… yo…-tartamudeó Fanny.
Max soltó un suspiro.
-Tendré que explicártelo a ti
también-dijo-vamos, te costará creerme, así que necesitaremos tiempo.
Fanny no tenía fuerzas para
retenerse allí y salir corriendo y, además, algo le inspiraba confianza en Max,
así que le siguió.
Cerró el álbum de fotos. Fanny,
su pequeña, había tenido la suerte de nacer en esa parte del mundo, no en
Elimara, donde la habrían matado. Una lágrima resbaló por su mejilla. Garci
había sido su mejor amigo en aquella época pasada de su vida, y él le había
ayudado a escapar junto con Fanny y Marco, un chico que había descubierto la
forma de llegar a Elimara, al que muchos de los de La Ciudad sin Alma y de
Elimara le echaron la culpa de todo y que, ahora, dormía a su lado, como había
hecho durante los últimos catorce años cuando no estaba viajando. Se llevó la
mano al cuello, deseando acariciar la luna que tanto añoraba y… y recordó que
eso era parte de su antigua vida como Tikia, una vida que ya no volvería a
existir nunca para ella, a menos que decidiera cumplir su promesa con Garci y…
Pero no, no podía hacerlo, no podía integrar a Fanny en ese mundo, y tampoco
dejaría que esas molestas personas de Elimara lo hicieran. Suspiró, ya no era
Tica, ni Garci era Garci, y Marco también había tenido que hacer un gran
esfuerzo por dejar atrás Elimara. Ahora ella era Marta, la madre de Fanny.
Miró la hora en su móvil: las cuatro
y media de la madrugada. Clary no había dormido casi nada, y cada vez estaba
más segura de la causa de su insomnio: Ángel. Cada vez que cerraba los ojos, su
imagen aparecía en su cabeza, y todo en él le parecía perfecto: su pelo, sus
ojos, su sonrisa, sus tontos comentarios en clase… Suspiró, necesitaba hablar
con alguien, y sabía exactamente con quién: Fanny. Abrió el Whats App en su teléfono móvil y le envió un mensaje a
su amiga, deseando con todas sus fuerzas que no estuviera dormida.
-Y de ahí todo lo que acabas de
ver-terminó Max.
Las últimas dos horas, Max le
había estado explicando a Fanny, como podía, todo lo que le tenía que contar.
La miró a los ojos, parecía desconcertada, y unas ojeras empezaban a crearse en
sus ojos.
-Pero, como siempre-empezó a
decir Max-no me creerás y…
-No tienes ni idea, de lo que he
tenido que pasar por esta historia estos últimos días, Max-le cortó Fanny-es
difícil creerlo, pero es más difícil aún no creerlo. Es que… todo encaja a la
perfección con tu historia, todo, y de una forma tan rara y fantasiosa que
cuesta creerse, pero que parece tan lógica como si estuvieras haciendo una
suma. Pero es una idea tan loca…-concluyó Fanny.
-Toda idea, por muy loca que sea,
merece una consideración, porque hasta la idea más loca puede ser verdad.
-Pero es tan… imposible, se sale
de todo lo que conozco.
-Las cosas que no conocemos
siempre nos dan miedo, nos horrorizan, nos parecen locuras, pero, a veces, son
verdad.
-De verdad que quiero creeros,
Max. A ti, a tu supuesta familia, a Hugo… Pero algo me lo impide saber al cien
por cien que estáis diciendo la verdad.
-La lógica te lo impide, porque
imaginas Elimara como una tierra de dragones, elfos y todas esas cosas. Pero,
cierra los ojos un momento, e imagina un bosque.
Fanny le obedeció. Un bosque,
algo normal y corriente, lleno de árboles, hierba, pequeños animales.
-Ahora, en ese bosque, es de
noche, y hay luna llena, la luna llena más brillante y preciosa que jamás hayas
visto. En frente del bosque, hay una ciudad enorme, pero no como las de aquí,
sino bastante más atrasada en tecnología. Y justo en los límites de la ciudad,
se levanta un precioso y grande castillo, con seis banderas alzadas en la
entrada, una por cada… Mmmm…. Provincia o comunidad, como quieras llamarlo. ¿Lo
ves?
Fanny asintió levemente, aún con
los ojos cerrados.
-Bien, desde ese punto de vista,
parece posible, ¿no?
-Claro-contestó Fanny-¿puedo
abrir ya los ojos?
-Sí, bien Fanny-continuó Max
mientras ella abría los ojos y se acostumbraba a la luz de la habitación-pues
eso es la capital de Elimara, Hipotelia.
-Vaya, pues parece una ciudad
normal y corriente.
-Lo es, salvo por una cosa, de la
que puedes no haberte dado cuenta.
-¿Cuál?
-La luna-contestó simplemente.
Fanny volvió a cerrar los ojos.
Recordó las palabras de Max sobre la luna, y vio lo que le estaba intentando
decir: Vio una luna brillante, muy brillante, casi se podía decir que era
mágica, tan blanca, tan perfecta... Solo había visto una luna así en un sitio,
y era en… Abrió los ojos de pronto. El colgante de sus padres, era exactamente
la luna que ella había imaginado. Una lágrima descendió por su mejilla, luego
otra y otra más, así hasta acabar sumergida en un mar de lágrimas. Max la
abrazó, en un desesperado intento por consolarla.
-Oh Max-dijo Fanny, en un
sollozo-¿qué se supone que debo hacer?
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