Abrió el armario, contenta. Fanny
tenía razón, todo se había arreglado con Ángel. Empezó a ponerse el pijama y se
metió en la cama. Cogió el libro que se estaba leyendo. Sonrió para sí, en este
capítulo, los dos protagonistas, enamorados pero sin saberlo, tenían otro de
sus tontos momentos, y, como ella esperaba, en ese momento se iban a confesar
lo que sentían. Leyó para sí.
>>Clary y Ángel acababan
de… espera, no. Alba y Diego acababan de llegar al lago, como Diego le había
pedido en la nota que había dejado en su puerta. Ángel cada vez estaba más
nervioso y Clary…
Cerró el libro de sopetón,
acababa de pasarle otra vez. Sabía perfectamente que los personajes de su libro
eran Alba y Diego, ¿por qué los estaba confundiendo con Ángel y ella? Solo
había una explicación para eso, y ella lo sabía, pero no podía creerlo, ¡si
acababa de conseguir que dejara de gustarle Max justo esa misma tarde! Pero, si
no era posible, ¿por qué confundía a los personajes? Se tocó, nerviosa, su pelo
rizado, ¿qué iba a hacer ahora?
-Oye, Fanny, todo esto es muy
raro-dijo Ángel por el teléfono- no, no es raro, es prácticamente imposible.
-¿Te crees que no lo sé?-contestó
Fanny con voz temblorosa y llorosa-pero es lo que es y, cada vez estoy más segura
de que Max no está loco y de que tiene razón, que Elimara existe.
-Mira, no sé si creerte,. Es
demasiado loco para ser verdad. Pero, mañana, “la chismosa” va a dar una fiesta
en su casa para dar la bienvenida al sustituto de Lengua, ¿por qué no lo hablamos
más detenidamente allí?
Era verdad, se había olvidado.
Esa misma tarde, “la chismosa”, que era la madre de una chica de su clase,
había repartido invitaciones para una fiesta ese sábado. Todos la llamaban la
chismosa porque era la persona más maruja del mundo y, si te descuidabas, tus
mayores secretos podían acabar en boca de todos los alumnos del instituto.
-Claro, lo hablamos mañana-dijo
al fin Fanny, que lo que más quería en ese momento era seguir hablando con su
amigo.
-Vale, adiós.
Colgó el teléfono, ella hizo lo
mismo y lo dejó en la mesita de noche. Fanny cogió el reloj que había al lado
de su osito de peluche: las dos de la madrugada. Seguía sin poder dormir. Abrió
el armario y cogió una chaqueta y unas sandalias, tal vez un paseo por la calle
le diera el sueño que necesitaba para dormir algo esa noche. Procuró no hacer
mucho ruido porque sus padres dormían profundamente. Lo pensó un momento y, al
final, cogió el móvil, si sus padres se despertaban, no quería preocuparles.
Cerró la puerta de su casa tras
ella. A esas horas, su calle estaba abandonada, solo estaban ella, las luces de
las farolas y… un grito de la casa de enfrente. Fanny se sobresaltó, aquella
era la casa de Max y sus primos. El grito parecía de una chica, Fanny empezó a
preocuparse de verdad. Su mente le decía: “¿de qué te preocupas? Es un chico
raro que apenas conoces y que afirma que existe Elimara, ¡está loco! Seguro que
no es nada” Pero, no podía evitar preocuparse.
Cruzó corriendo la calle y llamó
a la puerta con los nudillos. Al hacerlo, descubrió que ésta no estaba cerrada.
Entró, cada vez más preocupada, dado que
ya no escuchaba lo que su mente le había dicho unos segundos antes. Se asomó al
salón, pero allí solo vio a los tíos de Max y a Beda dormidos. Volvió a oír un grito,
y ya sabía de donde era. Se dio la vuelta y entornó despacio el pomo de la
habitación que tenía en frente de ella, con miedo a lo que se pudiera
encontrar. Lo que vio allí casi la mata, ¡estaban quemando a Cristel! Cuando
recordó a esa chica de doce años tan dulce que los había saludado a ella y a
Max meses antes en la cafetería del instituto, se le escapó una lágrima y tuvo
que reprimir un grito de horror y dolor a la vez. Alguien le cogió por el
hombro, haciendo que se diera la vuelta. Estaba aún tan horrorizada que no pudo
de decir su nombre.
-¿Qué estás haciendo en mi
casa?-le dijo Max.
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