miércoles, 27 de marzo de 2013

Capítulo 10: Empezando a creer (Parte I)


Abrió la puerta de casa y entró sin hacer ruido, sus padres todavía dormían. Se quitó las sandalias y fue descalza hasta su habitación. Cerró la puerta con cuidado y miró la hora en su reloj: las cinco de la madrugada. Fanny aun no había dormido, pero el sueño no llegaba a ella.
Se quitó la chaqueta y la dejó de cualquier manera por el suelo. Lanzó un largo suspiro y se tiró en la cama. Sacó el móvil de su chaqueta y la volvió a dejar en el suelo, tenía un nuevo Whats App. Era de Clary, lo leyó un par de veces, dado que no se lo podía creer, luego miró a qué hora se lo habían mandado, y lamentó no haber contestado media hora antes, la pobre Clary debería estar muy nerviosa.
Contestó lo más rápido que pudo para no hacer esperar más a su amiga. Al rato recibió su contestación, un gran párrafo con caritas para emoticonos para adornarlo. Volvió a suspirar, supuso que esa conversación le llevaría un buen rato.


La luz que entraba por la ventana acabó por despertarla. Fanny abrió los ojos lentamente y se desperezó, había dormido poco pero se sentía descansada, o eso creía ella. Se había dormido a las seis y media de la mañana y le había prometido a Clary que iría pronto a su casa para hablar de todas sus cosas y ayudarla. Pero cuando vio la hora casi pega un grito: ¡eran las dos de la tarde! Se levantó corriendo de la cama y sacó lo primero que vio en el armario: una camiseta de tirantes rosa y unos vaqueros cortos azules claros. Cogió el teléfono fijo y empezó a marcar el número de su amiga, mientras rezaba en su mente porque no se hubiera enfadado otra vez.


El ruido del teléfono la despertó de un sueño profundo. Hizo un pequeño ruido con la boca, como si le suplicara a su madre que le dejara dormir cinco minutos más. Como, al parecer, el ruido del teléfono no iba a parar, decidió abrir los ojos. Miró la hora en su móvil y se levantó rápidamente, debía estar despierta a las ocho y ya era muy tarde, seguro que la que llamaba era Fanny para decirla que por qué no abría la puerta de su casa.
Bajó corriendo las escaleras y fue hasta el salón para coger el teléfono. Sin siquiera saber si era ella dijo:
-Fanny lo siento, me he dormido, pero en seguida te abro y…
-¿Qué? ¿Tú también te has dormido?-dijo Fanny al otro lado del teléfono, soltando una risita a la vez que Clary-llamaba para decirte que no había visto la hora y que en seguida iba para allá.
-Vaya… pues desayuna tranquila en tu casa y vente aquí, mmm…. ¿sobre la una de la tarde?
-Vale, adiós.
Las dos colgaron el teléfono y se fueron en dirección a sus respectivas cocinas.


-Si y verá, se la doy ahora porque con tantos invitados que me puedo permitir en mi casa pues se me olvidó avisarles, qué cabeza la mía eh-concluyó “La Chismosa” mientras su hija, avergonzada, se iba cada vez más lejos.
-Iremos encantados-sonrió Garci, cumpliendo su papel como sustituto de Lengua.
-¿Iremos?-preguntó La Chismosa.
-Sí, mis tres sobrinos y yo, ¿no se había enterado de que vivo con ellos?
-Oh, claro, les esperamos a las ocho en nuestra casa, es esa grande con piscina propia del fondo-contestó, presumiendo.
Garci se había fijado en las reacciones de la hija de Doña Luisa, o La Chismosa, y la compadecía, tendría que pasarlo fatal con el nombre de cotilla en la frente.
-Oiga, ¿qué le parece si su hija se queda a comer a mi casa? Tengo un sobrino de su edad y así se conocerán para la fiesta-propuso Garci, que se fijó en la mirada de agradecimiento que le daba la chica de catorce años por librarla de su madre un rato.
-Bueno… me parece bien, así el chico conocerá a alguien en la fiesta. Me voy yendo que tengo que preparar las cosas, hacer fiestas así da un trabajo…
Luisa se marchó y Garci dejó pasar a su hija, feliz de tener una invitada.

sábado, 16 de marzo de 2013

Capítulo 9: ¿Qué se supone que debo hacer?(Parte VI)


-Yo… oí un grito y… Cristel… fuego… yo…-tartamudeó Fanny.
Max soltó un suspiro.
-Tendré que explicártelo a ti también-dijo-vamos, te costará creerme, así que necesitaremos tiempo.
Fanny no tenía fuerzas para retenerse allí y salir corriendo y, además, algo le inspiraba confianza en Max, así que le siguió.


Cerró el álbum de fotos. Fanny, su pequeña, había tenido la suerte de nacer en esa parte del mundo, no en Elimara, donde la habrían matado. Una lágrima resbaló por su mejilla. Garci había sido su mejor amigo en aquella época pasada de su vida, y él le había ayudado a escapar junto con Fanny y Marco, un chico que había descubierto la forma de llegar a Elimara, al que muchos de los de La Ciudad sin Alma y de Elimara le echaron la culpa de todo y que, ahora, dormía a su lado, como había hecho durante los últimos catorce años cuando no estaba viajando. Se llevó la mano al cuello, deseando acariciar la luna que tanto añoraba y… y recordó que eso era parte de su antigua vida como Tikia, una vida que ya no volvería a existir nunca para ella, a menos que decidiera cumplir su promesa con Garci y… Pero no, no podía hacerlo, no podía integrar a Fanny en ese mundo, y tampoco dejaría que esas molestas personas de Elimara lo hicieran. Suspiró, ya no era Tica, ni Garci era Garci, y Marco también había tenido que hacer un gran esfuerzo por dejar atrás Elimara. Ahora ella era Marta, la madre de Fanny.


Miró la hora en su móvil: las cuatro y media de la madrugada. Clary no había dormido casi nada, y cada vez estaba más segura de la causa de su insomnio: Ángel. Cada vez que cerraba los ojos, su imagen aparecía en su cabeza, y todo en él le parecía perfecto: su pelo, sus ojos, su sonrisa, sus tontos comentarios en clase… Suspiró, necesitaba hablar con alguien, y sabía exactamente con quién: Fanny. Abrió el Whats App  en su teléfono móvil y le envió un mensaje a su amiga, deseando con todas sus fuerzas que no estuviera dormida.

-Y de ahí todo lo que acabas de ver-terminó Max.
Las últimas dos horas, Max le había estado explicando a Fanny, como podía, todo lo que le tenía que contar. La miró a los ojos, parecía desconcertada, y unas ojeras empezaban a crearse en sus ojos.
-Pero, como siempre-empezó a decir Max-no me creerás y…
-No tienes ni idea, de lo que he tenido que pasar por esta historia estos últimos días, Max-le cortó Fanny-es difícil creerlo, pero es más difícil aún no creerlo. Es que… todo encaja a la perfección con tu historia, todo, y de una forma tan rara y fantasiosa que cuesta creerse, pero que parece tan lógica como si estuvieras haciendo una suma. Pero es una idea tan loca…-concluyó Fanny.
-Toda idea, por muy loca que sea, merece una consideración, porque hasta la idea más loca puede ser verdad.
-Pero es tan… imposible, se sale de todo lo que conozco.
-Las cosas que no conocemos siempre nos dan miedo, nos horrorizan, nos parecen locuras, pero, a veces, son verdad.
-De verdad que quiero creeros, Max. A ti, a tu supuesta familia, a Hugo… Pero algo me lo impide saber al cien por cien que estáis diciendo la verdad.
-La lógica te lo impide, porque imaginas Elimara como una tierra de dragones, elfos y todas esas cosas. Pero, cierra los ojos un momento, e imagina un bosque.
Fanny le obedeció. Un bosque, algo normal y corriente, lleno de árboles, hierba, pequeños animales.
-Ahora, en ese bosque, es de noche, y hay luna llena, la luna llena más brillante y preciosa que jamás hayas visto. En frente del bosque, hay una ciudad enorme, pero no como las de aquí, sino bastante más atrasada en tecnología. Y justo en los límites de la ciudad, se levanta un precioso y grande castillo, con seis banderas alzadas en la entrada, una por cada… Mmmm…. Provincia o comunidad, como quieras llamarlo. ¿Lo ves?
Fanny asintió levemente, aún con los ojos cerrados.
-Bien, desde ese punto de vista, parece posible, ¿no?
-Claro-contestó Fanny-¿puedo abrir ya los ojos?
-Sí, bien Fanny-continuó Max mientras ella abría los ojos y se acostumbraba a la luz de la habitación-pues eso es la capital de Elimara, Hipotelia.
-Vaya, pues parece una ciudad normal y corriente.
-Lo es, salvo por una cosa, de la que puedes no haberte dado cuenta.
-¿Cuál?
-La luna-contestó simplemente.
Fanny volvió a cerrar los ojos. Recordó las palabras de Max sobre la luna, y vio lo que le estaba intentando decir: Vio una luna brillante, muy brillante, casi se podía decir que era mágica, tan blanca, tan perfecta... Solo había visto una luna así en un sitio, y era en… Abrió los ojos de pronto. El colgante de sus padres, era exactamente la luna que ella había imaginado. Una lágrima descendió por su mejilla, luego otra y otra más, así hasta acabar sumergida en un mar de lágrimas. Max la abrazó, en un desesperado intento por consolarla.
-Oh Max-dijo Fanny, en un sollozo-¿qué se supone que debo hacer?

viernes, 15 de marzo de 2013

Capítulo 9: ¿Qué se supone que debo hacer? (Parte V)



Abrió el armario, contenta. Fanny tenía razón, todo se había arreglado con Ángel. Empezó a ponerse el pijama y se metió en la cama. Cogió el libro que se estaba leyendo. Sonrió para sí, en este capítulo, los dos protagonistas, enamorados pero sin saberlo, tenían otro de sus tontos momentos, y, como ella esperaba, en ese momento se iban a confesar lo que sentían. Leyó para sí.
>>Clary y Ángel acababan de… espera, no. Alba y Diego acababan de llegar al lago, como Diego le había pedido en la nota que había dejado en su puerta. Ángel cada vez estaba más nervioso y Clary…
Cerró el libro de sopetón, acababa de pasarle otra vez. Sabía perfectamente que los personajes de su libro eran Alba y Diego, ¿por qué los estaba confundiendo con Ángel y ella? Solo había una explicación para eso, y ella lo sabía, pero no podía creerlo, ¡si acababa de conseguir que dejara de gustarle Max justo esa misma tarde! Pero, si no era posible, ¿por qué confundía a los personajes? Se tocó, nerviosa, su pelo rizado, ¿qué iba a hacer ahora?


-Oye, Fanny, todo esto es muy raro-dijo Ángel por el teléfono- no, no es raro, es prácticamente imposible.
-¿Te crees que no lo sé?-contestó Fanny con voz temblorosa y llorosa-pero es lo que es y, cada vez estoy más segura de que Max no está loco y de que tiene razón, que Elimara existe.
-Mira, no sé si creerte,. Es demasiado loco para ser verdad. Pero, mañana, “la chismosa” va a dar una fiesta en su casa para dar la bienvenida al sustituto de Lengua, ¿por qué no lo hablamos más detenidamente allí?
Era verdad, se había olvidado. Esa misma tarde, “la chismosa”, que era la madre de una chica de su clase, había repartido invitaciones para una fiesta ese sábado. Todos la llamaban la chismosa porque era la persona más maruja del mundo y, si te descuidabas, tus mayores secretos podían acabar en boca de todos los alumnos del instituto.
-Claro, lo hablamos mañana-dijo al fin Fanny, que lo que más quería en ese momento era seguir hablando con su amigo.
-Vale, adiós.
Colgó el teléfono, ella hizo lo mismo y lo dejó en la mesita de noche. Fanny cogió el reloj que había al lado de su osito de peluche: las dos de la madrugada. Seguía sin poder dormir. Abrió el armario y cogió una chaqueta y unas sandalias, tal vez un paseo por la calle le diera el sueño que necesitaba para dormir algo esa noche. Procuró no hacer mucho ruido porque sus padres dormían profundamente. Lo pensó un momento y, al final, cogió el móvil, si sus padres se despertaban, no quería preocuparles.
Cerró la puerta de su casa tras ella. A esas horas, su calle estaba abandonada, solo estaban ella, las luces de las farolas y… un grito de la casa de enfrente. Fanny se sobresaltó, aquella era la casa de Max y sus primos. El grito parecía de una chica, Fanny empezó a preocuparse de verdad. Su mente le decía: “¿de qué te preocupas? Es un chico raro que apenas conoces y que afirma que existe Elimara, ¡está loco! Seguro que no es nada” Pero, no podía evitar preocuparse.
Cruzó corriendo la calle y llamó a la puerta con los nudillos. Al hacerlo, descubrió que ésta no estaba cerrada. Entró, cada vez más preocupada, dado  que ya no escuchaba lo que su mente le había dicho unos segundos antes. Se asomó al salón, pero allí solo vio a los tíos de Max y a Beda dormidos. Volvió a oír un grito, y ya sabía de donde era. Se dio la vuelta y entornó despacio el pomo de la habitación que tenía en frente de ella, con miedo a lo que se pudiera encontrar. Lo que vio allí casi la mata, ¡estaban quemando a Cristel! Cuando recordó a esa chica de doce años tan dulce que los había saludado a ella y a Max meses antes en la cafetería del instituto, se le escapó una lágrima y tuvo que reprimir un grito de horror y dolor a la vez. Alguien le cogió por el hombro, haciendo que se diera la vuelta. Estaba aún tan horrorizada que no pudo de decir su nombre.
-¿Qué estás haciendo en mi casa?-le dijo Max.