Abrió la puerta de casa y entró
sin hacer ruido, sus padres todavía dormían. Se quitó las sandalias y fue
descalza hasta su habitación. Cerró la puerta con cuidado y miró la hora en su reloj:
las cinco de la madrugada. Fanny aun no había dormido, pero el sueño no llegaba
a ella.
Se quitó la chaqueta y la dejó de
cualquier manera por el suelo. Lanzó un largo suspiro y se tiró en la cama.
Sacó el móvil de su chaqueta y la volvió a dejar en el suelo, tenía un nuevo
Whats App. Era de Clary, lo leyó un par de veces, dado que no se lo podía
creer, luego miró a qué hora se lo habían mandado, y lamentó no haber
contestado media hora antes, la pobre Clary debería estar muy nerviosa.
Contestó lo más rápido que pudo
para no hacer esperar más a su amiga. Al rato recibió su contestación, un gran
párrafo con caritas para emoticonos para adornarlo. Volvió a suspirar, supuso
que esa conversación le llevaría un buen rato.
La luz que entraba por la ventana
acabó por despertarla. Fanny abrió los ojos lentamente y se desperezó, había
dormido poco pero se sentía descansada, o eso creía ella. Se había dormido a
las seis y media de la mañana y le había prometido a Clary que iría pronto a su
casa para hablar de todas sus cosas y ayudarla. Pero cuando vio la hora casi
pega un grito: ¡eran las dos de la tarde! Se levantó corriendo de la cama y
sacó lo primero que vio en el armario: una camiseta de tirantes rosa y unos
vaqueros cortos azules claros. Cogió el teléfono fijo y empezó a marcar el
número de su amiga, mientras rezaba en su mente porque no se hubiera enfadado
otra vez.
El ruido del teléfono la despertó
de un sueño profundo. Hizo un pequeño ruido con la boca, como si le suplicara a
su madre que le dejara dormir cinco minutos más. Como, al parecer, el ruido del
teléfono no iba a parar, decidió abrir los ojos. Miró la hora en su móvil y se
levantó rápidamente, debía estar despierta a las ocho y ya era muy tarde,
seguro que la que llamaba era Fanny para decirla que por qué no abría la puerta
de su casa.
Bajó corriendo las escaleras y
fue hasta el salón para coger el teléfono. Sin siquiera saber si era ella dijo:
-Fanny lo siento, me he dormido,
pero en seguida te abro y…
-¿Qué? ¿Tú también te has
dormido?-dijo Fanny al otro lado del teléfono, soltando una risita a la vez que
Clary-llamaba para decirte que no había visto la hora y que en seguida iba para
allá.
-Vaya… pues desayuna tranquila en
tu casa y vente aquí, mmm…. ¿sobre la una de la tarde?
-Vale, adiós.
Las dos colgaron el teléfono y se
fueron en dirección a sus respectivas cocinas.
-Si y verá, se la doy ahora
porque con tantos invitados que me puedo permitir en mi casa pues se me olvidó
avisarles, qué cabeza la mía eh-concluyó “La Chismosa” mientras su hija,
avergonzada, se iba cada vez más lejos.
-Iremos encantados-sonrió Garci,
cumpliendo su papel como sustituto de Lengua.
-¿Iremos?-preguntó La Chismosa.
-Sí, mis tres sobrinos y yo, ¿no
se había enterado de que vivo con ellos?
-Oh, claro, les esperamos a las
ocho en nuestra casa, es esa grande con piscina propia del fondo-contestó,
presumiendo.
Garci se había fijado en las
reacciones de la hija de Doña Luisa, o La Chismosa, y la compadecía, tendría
que pasarlo fatal con el nombre de cotilla en la frente.
-Oiga, ¿qué le parece si su hija
se queda a comer a mi casa? Tengo un sobrino de su edad y así se conocerán para
la fiesta-propuso Garci, que se fijó en la mirada de agradecimiento que le daba
la chica de catorce años por librarla de su madre un rato.
-Bueno… me parece bien, así el
chico conocerá a alguien en la fiesta. Me voy yendo que tengo que preparar las
cosas, hacer fiestas así da un trabajo…
Luisa se marchó y Garci dejó
pasar a su hija, feliz de tener una invitada.