Metía cosas en su mochila a gran velocidad: comida, bebida, camisetas, pantalones, zapatos, ropa interior, dinero… cualquier cosa que le pudiera ser útil para su largo viaje. El odio la cegaba, ocultando al miedo y a la razón, y colaborando con la locura. Cerró el primer bolsillo de la mochila, abrió el segundo: su móvil, papel, bolígrafos, más dinero… Cerró el segundo bolsillo y abrió el tercero: un mapa. Dejó abierto el bolsillo y volvió al anterior, cogió un folio y un bolígrafo. Lo partió por la mitad, en una de ellas escribió una dirección y fue destinada al tercer bolsillo, en la otra escribió simplemente “ADIOS”. Cerró todos los bolsillos y se colgó la mochila en el hombro y, totalmente segura de que estaba sola en casa, Eva salió por la puerta, cerrando de un portazo, dispuesta a encontrar a su madre.
Estaba sentado en el jardín, inquieto, pensando, asustado y nervioso. Se había puesto la ropa con la que había llegado a Alcorcón, después de tanto tiempo: su camisa, ajustada y calentita de color negro con la insignia de Elimara dibujada que se ajustaba a su cuerpo y unos pantalones de un tejido y un color que desde que llegó no había vuelto a ver. Lo había echado de menos. Miró al cielo, ese día sí había luna llena, pero eso no le animaba mucho, pues nada podía impedirle a Max pensar que estaría desterrado para siempre.
En ese momento, notó cómo la puerta corredera del jardín se abría. Al girarse vio a Fanny, vestida con ropa típica de Elimara: una camisa negra, atada con un lazo del mismo color y con mangas anchas, al igual que la parte de la camisa que cubría el vientre. Debajo una especie de mallas blancas y unas manoletinas del mismo color de la camisa. Por supuesto, también su colgante.
-Hola-dijo Fanny, no con mucho ánimo.
Max saludó con la mano, pero no dijo nada. Fanny se acercó a él, sentándose a su lado. Ninguno dijo nada, cada uno estaba sumido en sus pensamientos, con la mirada perdida en la noche.
-Tengo miedo-dijo Max, rompiendo ese ligero silencio-Llevo callándomelo todo este tiempo, dejándolo atrás, como si no existiera pero, es la verdad. Tengo miedo.
-No entiendo de qué. Eres el príncipe de Elimara, adorado por todos, pronto serás el rey.
-No lo seré, nunca lo conseguiré. En cuanto llegue, me desterrarán.
-¿Pero qué dices? No te van a desterrar, el rey no tiene más descendencia.
-Pero me negué a matar a un deslamado, y hay testigos. En cuanto ponga un pie allí, me echarán.
-No, no lo van a hacer Max, eso es impo…
-¿Qué? ¿Imposible? Fanny, no es la primera vez que pasa, se le expulsa y se le olvida. Fin.
-No Max, no va a pasar.
-¿Y cómo puedes saberlo, eh?
-¡Porque lo escribí, lo escribí hace días!
La brutalidad de las palabras de Fanny dejó a ambos sorprendidos.
-Tu padre te quiere, y te echa de menos-siguió Fanny-Nadie cree que te negaras a matar a nadie, al parecer, tu compañero divulgó que los desalmados te hicieron algo en la mente y que por eso huiste, y al parecer, te han secuestrado. Han empezado a atacar directamente a La Ciudad sin alma por ti, Max. Así que no tengas miedo por ti, tenlo por todos esos desalmados que están muriendo ahora mismo.
En ese momento, Vito entró por la puerta.
-Chicos, ya estamos todos, nos vamos.
Al terminar de decirlo, se fue tan rápido como había aparecido, volviendo a dejarlos solos.
-Lo siento Max… Yo también tengo miedo-dijo Fanny- Yo… yo podría morir-añadió con voz llorosa y reteniendo las lágrimas.
Max no tuvo otra idea que abrazarla, pues pensar en la posibilidad de su muerte no le ayudaba mucho.
-No vas a morir, ¿entiendes? No puedes morir.