“Volvía a encontrarse en la
playa, sentada junto a la última Donista. Llevaban un buen rato calladas,
únicamente escuchando el sonido del mar, disfrutando de la suave brisa.
-¿Recuerdas lo que hablamos
ayer?-preguntó Fanny.
-Si ha pasado un día desde la
última vez que hablamos, sí, lo recuerdo.
-Hay algo que no entiendo, si
eres una de los Donistas instruidos, ¿cómo es que lloraste cuando el Gran Mago
te hizo escribir aquella historia? ¿Cómo es que sufriste?
-¿Pero qué clase de historia se
cuenta de mí?
-Dicen que te secuestró, y te
hizo escribir una historia con un final horrendo y un principio igual y que, al
ir contra la naturaleza de los Donistas, moriste al finalizar.
Soltó una carcajada.
-Fanny, no ocurrió así, pero si
es verdad que sufrí, y mucho, pero no por escribir aquella historia, qué
tontería.
-Entonces, ¿qué pasó?
-Verás Fanny, los Donistas
formados ya no podían sentir emociones. Yo acababa de formarme, y me había
convertido en uno de esos seres desalmados a los que ya no les importaba nada
ni nadie. Como a todos nosotros, me asignaron un lugar de La Ciudad sin Alma,
un lugar que estaba justo al lado de La Frontera.
>>A penas habían pasado
unos días de mi instrucción, pero yo ya había escrito un montón de historias. Pero,
el primer día de mes, empecé a oír sonidos de escopetas, gritos de dolor y
llantos de bebés, algo que desde mi frontera nunca había oído, bueno nunca
había oído de verdad, en los vídeos de mi instrucción sí. Sentí una profunda
curiosidad y me asomé por la ventana, pero no se veía nada, así que salí de mi
hogar para contemplarlo todo. Había un montón de muertos, tanto niños como
personas adultas o envejecidas, y en todas veía mi mismo tono de pelo, por lo
que me parecían vivas todavía, aunque para un desalmado normal, ese tono
significara la muerte. Salté desde la rama del árbol en la que había
presenciado aquella matanza, cuando todo parecía dispersado, y empecé a caminar
tranquilamente alrededor de los cuerpos, sin importarme sus vidas. Tuve la mala
suerte de que un joven cazador, por llamarlo de alguna forma, me alcanzó en el
brazo. Estaba solo, y lo único que se le ocurrió fue acercarse a mí. A mí no me
dolía el brazo para nada, pero me había pasado la vida encerrada y
alimentándome de lo mínimo, por lo que ese disparo fue suficiente para que me
callera al suelo. Habría seguido con consciencia de no ser por el golpe y la
pérdida de sangre, así que lo único que pude ver en el rostro de aquel joven
fue puro arrepentimiento.
>> Desperté en una casa que
no era la mía, y en una habitación que tampoco, claro. Tenía una venda algo
ensangrentada justo donde había recibido el disparo. Estaba tumbada en una cama
y, al lado de ella, un pequeño escritorio con una bandeja llena de comida. Como
comprenderás, tampoco sentía hambre, pero decidí comer porque en los libros que
había leído no comer se consideraba una falta de respeto. Cuando casi había
acabado, apareció aquel muchacho en la habitación. Empezamos a hablar, bueno,
más bien él intentó entablar una conversación conmigo, pero no sabía qué
responderle, así que daba respuestas sencillas. Hasta que me preguntó cómo me
encontraba, no le respondí más de tres palabras seguidas, pero esa pregunta
nunca me la habían hecho.
-No lo sé, no siento nada, nunca
siento nada-le dije.
>>Él pareció extrañado y
siguió preguntándome cosas: que cómo era posible, que quién era, que cómo era
mi vida, preguntas fáciles de responder para mí. Ese día descubrió que era una Donista y llegamos a un
acuerdo, él me enseñaría lo que se siente con cada sentimiento y yo no
intentaría escapar hasta estar recuperada, lo que tenía un significado
diferente para cada uno, al parecer. Pasaban los días, las semanas, los meses,
y mi herida empezaba a sanar, le pregunté si ya podía irme, pero él me dijo que
no estaba curada todavía. Pronto descubrí que para él el estar curada era dejar
de estar tan delgada como lo estaba yo, coger un tono saludable de piel y que
tuviera sentimientos, lo que para él al parecer era estar enferma. Para mí
todas esas cosas eran normales, pero él insistía en curarme, así que me quedé.
A sí que siguieron pasando los días, las semanas, los meses y los años, estuve
allí hasta los dieciocho, cuatro años en total. Empezaba a poder sentir cosas,
mi piel ya no era tan blanca como antes, de hecho, empezaba a tornarse algo
morena, y mi pelo, empezaba a enseñar tonos diferentes. Pero, cuando esas cosas
aparecían, mi escritura se iba resintiendo y me iba convirtiendo en una Medio
Donista. Lo malo fue que no me daba cuenta, ya que no tenía tiempo para
escribir, dado que Dalei, que era el nombre del chico, no paraba de llevarme a
dar paseos por los campos de alrededor, me llevaba al bosque, a la capital de
Elimara… Acabó por enseñarme los sentimientos del todo, y acabé por aprender a
sentir del todo, lo que me acabó convirtiendo en una Medio Donista entera sin
enterarme. Empecé a enamorarme de él, cada vez más, hasta darme cuenta de que
no podía vivir sin él. Una noche me llevó hasta el bosque, decía que tenía algo
que contarme en privado, y que no había lugar más privado que el bosque.
-Taia, tengo que decirte
que….-empezó a decir Dalei, pero no podía continuar, que era muy difícil.
>>Se quedó pensando un buen
rato, y yo, con mi intriga, le miraba suplicando que lo soltara ya. En vez de
decírmelo, lo demostró, se acercó a mí, cogiéndome de la mano, y me besó. Yo le
devolví el beso. Tardó bastante en presentarme a su familia, dado que vivían
lejos. Cuando me conocieron, yo ya estaba embarazada de ocho meses. Iban a ser
mellizos, niño y niña. Todos se alegraron de ello y me trataban bien pero su
hermano Mag se comportaba de una forma muy extraña conmigo, era amable, pero su
rostro tenía una expresión siniestra. A la semana de conocerme, Mag me
secuestró. Me llevó hasta el Gran Mago, y pude contemplar mi verdadera ciudad, que se había convertido
en una auténtica ciudad sin alma, como indicaba su nombre. Yo no comprendía
para qué me llevaban ante él.
-¿Qué pasó después?-preguntó
Fanny intrigada.
-En ese momento no le vi la cara,
ni escuché su voz, él no dijo nada, se mantuvo en la sombra mientras les
dictaba mensajes a Mag. Al parecer la gente de Elimara estaba cambiando de
opinión acerca de La Ciudad sin Alma, se estaba planeando un ataque contra él y
quería asegurarse de que su mandato durase para siempre. Me dijo que escribiera
una historia y, me amenazó con matar a Dalei y al hijo que esperaba. Acepté y
escribí la historia, pero no llegué a terminarla, la dejé por la mitad, como él
quería que ocurriera, pero me enteré muy tarde de aquello.
>>Un mes después, me
volvieron a secuestrar. Esta vez el Gran Mago si se dejó ver: era Dalei. Me
dijo que, cuando diera a luz, debía entregarle a mi hijo varón. Yo no quería
hacerlo, eran mis hijos y no pensaba dejar a ninguno con ese monstruo de
hombre. Estuve cuatro días secuestrada hasta que di a luz a mi primer hijo,
tres minutos antes de las doce. Un poco después de las doce, di a luz a una
preciosa niña. Por desgracia, yo estaba demasiado débil, así que Dalei se llevó
a mi hijo.
>>Al día siguiente me
desperté en mi casa, sola. No sabía dónde estaba la familia de Dalei ni dónde
estaba él, así que lo único que se me ocurrió fue ir a buscar a los Camisas
Blancas y pedirles que rescataran a mi hijo.
Dejó de hablar, y, al ver que
Fanny esperaba más historia que escuchar, dijo:
-El resto ya lo sabes, te lo ha
contado Ángel. Seguramente haya otras historias sobre esto, pero esta es la de
verdad.
-Así que, ¿eres la madre de mi
mejor amigo?-preguntó Fanny asombrada.
-Eso ya lo sabías.
Fanny asintió, era verdad.
-Pero, has dicho que tuviste una
hija, ¿qué ha sido de ella?
-La tienes a tu derecha.
Fanny giró su cabeza hacia ese
lado, y encontró a una niña pequeña, al lado de una mujer rubia. Ambas reían y
se abrazaban, colmándose de besos. Aunque aquella niña tendría unos cuatro
años, era inconfundible. Su pelo largo, su rostro, sus ojos azules, su sonrisa.
-Eva-dijo a media voz, lo
suficientemente alto para que la oyeran.
La Donista asintió mientras Eva y
aquella mujer las miraban. Fanny vio cómo Eva crecía de repente, hasta sus
catorce años de edad, mientras se levantaba y abría mucho los ojos:
-¿Fanny?-preguntó.”