lunes, 28 de octubre de 2013

Capítulo 15: Confesiones (Parte I)


“Volvía a encontrarse en la playa, sentada junto a la última Donista. Llevaban un buen rato calladas, únicamente escuchando el sonido del mar, disfrutando de la suave brisa.
-¿Recuerdas lo que hablamos ayer?-preguntó Fanny.
-Si ha pasado un día desde la última vez que hablamos, sí, lo recuerdo.
-Hay algo que no entiendo, si eres una de los Donistas instruidos, ¿cómo es que lloraste cuando el Gran Mago te hizo escribir aquella historia? ¿Cómo es que sufriste?
-¿Pero qué clase de historia se cuenta de mí?
-Dicen que te secuestró, y te hizo escribir una historia con un final horrendo y un principio igual y que, al ir contra la naturaleza de los Donistas, moriste al finalizar.
Soltó una carcajada.
-Fanny, no ocurrió así, pero si es verdad que sufrí, y mucho, pero no por escribir aquella historia, qué tontería.
-Entonces, ¿qué pasó?
-Verás Fanny, los Donistas formados ya no podían sentir emociones. Yo acababa de formarme, y me había convertido en uno de esos seres desalmados a los que ya no les importaba nada ni nadie. Como a todos nosotros, me asignaron un lugar de La Ciudad sin Alma, un lugar que estaba justo al lado de La Frontera.
>>A penas habían pasado unos días de mi instrucción, pero yo ya había escrito un montón de historias. Pero, el primer día de mes, empecé a oír sonidos de escopetas, gritos de dolor y llantos de bebés, algo que desde mi frontera nunca había oído, bueno nunca había oído de verdad, en los vídeos de mi instrucción sí. Sentí una profunda curiosidad y me asomé por la ventana, pero no se veía nada, así que salí de mi hogar para contemplarlo todo. Había un montón de muertos, tanto niños como personas adultas o envejecidas, y en todas veía mi mismo tono de pelo, por lo que me parecían vivas todavía, aunque para un desalmado normal, ese tono significara la muerte. Salté desde la rama del árbol en la que había presenciado aquella matanza, cuando todo parecía dispersado, y empecé a caminar tranquilamente alrededor de los cuerpos, sin importarme sus vidas. Tuve la mala suerte de que un joven cazador, por llamarlo de alguna forma, me alcanzó en el brazo. Estaba solo, y lo único que se le ocurrió fue acercarse a mí. A mí no me dolía el brazo para nada, pero me había pasado la vida encerrada y alimentándome de lo mínimo, por lo que ese disparo fue suficiente para que me callera al suelo. Habría seguido con consciencia de no ser por el golpe y la pérdida de sangre, así que lo único que pude ver en el rostro de aquel joven fue puro arrepentimiento.
>> Desperté en una casa que no era la mía, y en una habitación que tampoco, claro. Tenía una venda algo ensangrentada justo donde había recibido el disparo. Estaba tumbada en una cama y, al lado de ella, un pequeño escritorio con una bandeja llena de comida. Como comprenderás, tampoco sentía hambre, pero decidí comer porque en los libros que había leído no comer se consideraba una falta de respeto. Cuando casi había acabado, apareció aquel muchacho en la habitación. Empezamos a hablar, bueno, más bien él intentó entablar una conversación conmigo, pero no sabía qué responderle, así que daba respuestas sencillas. Hasta que me preguntó cómo me encontraba, no le respondí más de tres palabras seguidas, pero esa pregunta nunca me la habían hecho.
-No lo sé, no siento nada, nunca siento nada-le dije.
>>Él pareció extrañado y siguió preguntándome cosas: que cómo era posible, que quién era, que cómo era mi vida, preguntas fáciles de responder para mí.              Ese día descubrió que era una Donista y llegamos a un acuerdo, él me enseñaría lo que se siente con cada sentimiento y yo no intentaría escapar hasta estar recuperada, lo que tenía un significado diferente para cada uno, al parecer. Pasaban los días, las semanas, los meses, y mi herida empezaba a sanar, le pregunté si ya podía irme, pero él me dijo que no estaba curada todavía. Pronto descubrí que para él el estar curada era dejar de estar tan delgada como lo estaba yo, coger un tono saludable de piel y que tuviera sentimientos, lo que para él al parecer era estar enferma. Para mí todas esas cosas eran normales, pero él insistía en curarme, así que me quedé. A sí que siguieron pasando los días, las semanas, los meses y los años, estuve allí hasta los dieciocho, cuatro años en total. Empezaba a poder sentir cosas, mi piel ya no era tan blanca como antes, de hecho, empezaba a tornarse algo morena, y mi pelo, empezaba a enseñar tonos diferentes. Pero, cuando esas cosas aparecían, mi escritura se iba resintiendo y me iba convirtiendo en una Medio Donista. Lo malo fue que no me daba cuenta, ya que no tenía tiempo para escribir, dado que Dalei, que era el nombre del chico, no paraba de llevarme a dar paseos por los campos de alrededor, me llevaba al bosque, a la capital de Elimara… Acabó por enseñarme los sentimientos del todo, y acabé por aprender a sentir del todo, lo que me acabó convirtiendo en una Medio Donista entera sin enterarme. Empecé a enamorarme de él, cada vez más, hasta darme cuenta de que no podía vivir sin él. Una noche me llevó hasta el bosque, decía que tenía algo que contarme en privado, y que no había lugar más privado que el bosque.
-Taia, tengo que decirte que….-empezó a decir Dalei, pero no podía continuar, que era muy difícil.
>>Se quedó pensando un buen rato, y yo, con mi intriga, le miraba suplicando que lo soltara ya. En vez de decírmelo, lo demostró, se acercó a mí, cogiéndome de la mano, y me besó. Yo le devolví el beso. Tardó bastante en presentarme a su familia, dado que vivían lejos. Cuando me conocieron, yo ya estaba embarazada de ocho meses. Iban a ser mellizos, niño y niña. Todos se alegraron de ello y me trataban bien pero su hermano Mag se comportaba de una forma muy extraña conmigo, era amable, pero su rostro tenía una expresión siniestra. A la semana de conocerme, Mag me secuestró. Me llevó hasta el Gran Mago, y pude contemplar  mi verdadera ciudad, que se había convertido en una auténtica ciudad sin alma, como indicaba su nombre. Yo no comprendía para qué me llevaban ante él.
-¿Qué pasó después?-preguntó Fanny intrigada.
-En ese momento no le vi la cara, ni escuché su voz, él no dijo nada, se mantuvo en la sombra mientras les dictaba mensajes a Mag. Al parecer la gente de Elimara estaba cambiando de opinión acerca de La Ciudad sin Alma, se estaba planeando un ataque contra él y quería asegurarse de que su mandato durase para siempre. Me dijo que escribiera una historia y, me amenazó con matar a Dalei y al hijo que esperaba. Acepté y escribí la historia, pero no llegué a terminarla, la dejé por la mitad, como él quería que ocurriera, pero me enteré muy tarde de aquello.
>>Un mes después, me volvieron a secuestrar. Esta vez el Gran Mago si se dejó ver: era Dalei. Me dijo que, cuando diera a luz, debía entregarle a mi hijo varón. Yo no quería hacerlo, eran mis hijos y no pensaba dejar a ninguno con ese monstruo de hombre. Estuve cuatro días secuestrada hasta que di a luz a mi primer hijo, tres minutos antes de las doce. Un poco después de las doce, di a luz a una preciosa niña. Por desgracia, yo estaba demasiado débil, así que Dalei se llevó a mi hijo.
>>Al día siguiente me desperté en mi casa, sola. No sabía dónde estaba la familia de Dalei ni dónde estaba él, así que lo único que se me ocurrió fue ir a buscar a los Camisas Blancas y pedirles que rescataran a mi hijo.
Dejó de hablar, y, al ver que Fanny esperaba más historia que escuchar, dijo:
-El resto ya lo sabes, te lo ha contado Ángel. Seguramente haya otras historias sobre esto, pero esta es la de verdad.
-Así que, ¿eres la madre de mi mejor amigo?-preguntó Fanny asombrada.
-Eso ya lo sabías.
Fanny asintió, era verdad.
-Pero, has dicho que tuviste una hija, ¿qué ha sido de ella?
-La tienes a tu derecha.
Fanny giró su cabeza hacia ese lado, y encontró a una niña pequeña, al lado de una mujer rubia. Ambas reían y se abrazaban, colmándose de besos. Aunque aquella niña tendría unos cuatro años, era inconfundible. Su pelo largo, su rostro, sus ojos azules, su sonrisa.
-Eva-dijo a media voz, lo suficientemente alto para que la oyeran.
La Donista asintió mientras Eva y aquella mujer las miraban. Fanny vio cómo Eva crecía de repente, hasta sus catorce años de edad, mientras se levantaba y abría mucho los ojos:

-¿Fanny?-preguntó.”

miércoles, 9 de octubre de 2013

Capítulo 14: Descubriendo las cosas (Parte V)

-¿Cómo sabes esa frase?-preguntó.
-Es el lema de los Camisas Negras, mi tío era uno de ellos, igual que tu madre, tu padre, el de Max…
-¿Los Camisas Negras?
-Sí, era un grupo que tenían cuando vivían en Elimara. Al principio surgió como un grupo tonto de adolescentes, pero acabaron ayudando a todos los que la ley tomaba por locos y no les ofrecían su ayuda, de ahí el lema. Pero claro, era un grupo secreto, nadie sabe de él.
-Vaya, así que eran como una especie de héroes.
-Podría decirse que sí.
-Pero, hay algo que no entiendo, si mi madre era una desalmada, ¿cómo podía vivir en Elimara?
-Una gran pregunta-dijo Hugo después de un momento de reflexión.
Fanny volvió a abrazar el brazo de su novio y se quedaron en la misma posición de antes, en silencio, en ese momento sobraban las palabras.
-Bueno, ya he hablado con mi madre, me deja quedarme aquí a acompañaros.-dijo Eva-Oh… creo que interrumpo algo.
Ambos le mostraron una sonrisa, invitándola a sentarse junto a ellos.
Poco tiempo después, llegó un médico, que les dijo que se fueran a casa y volvieran al día siguiente, después de las clases y que, si había algún problema, les llamarían, pero que de momento, su madre estaba bien.

-Bueno, pues yo me quedo aquí-dijo Eva, al llegar a la entrada de su casa.
Acababan de dejar a Hugo en su casa y ahora era el turno de Eva, lo que hacía que Fanny volviera a casa sola. Al principio había creído que no le importaría estar sola, pero, cuando llegaron a aquella puerta, supo que prefería pasar la noche en compañía.
-Eva-dijo Fanny, haciendo así que no entrara del todo en su casa-Se que parece raro ya que no nos conocemos mucho pero… ¿te importaría quedarte a dormir conmigo esta noche?
-En absoluto, voy a decírselo a mi madre-respondió ella amablemente, con una sonrisa dibujada en la cara.
Fanny esperó tranquila y paciente en la entrada, contenta de no pasar la noche sola después de lo sucedido.


Sus padres ya estaban dormidos, pero Clary no podía dormir, se maldijo así misma por ello: por no poder dormir, por a ver encendido la luz y el ordenador y por haber cogido el batido del Starbucks que le había comprado su madre en Madrid, porque se había acordado de que ese sitio salía en el libro favorito de Clary, Canciones para Paula, justo en ese momento, como si todas esas cosas fueran a ayudarla a dormir. A falta de material de lectura, había abierto su Hotmail, cosa que no hacía desde la aparición del Tuenti, y se había puesto a leer todos los mensajes que tenía. Dio el último sorbo de su bebida del Starbucks y, nada más terminarla, se levantó a por su cámara de fotos. Le hizo una foto a su vaso de plástico ahora vacío, asegurándose de que se veía bien el logo de la cafetería. Después conectó su cámara al ordenador y guardó la foto en su carpeta de “Fotos para la pared”. No había pasado mucho tiempo dese el comienzo de julio, así que dentro de poco quedaría otra vez con sus dos mejores amigos para redecorar las paredes de su cuarto. Suspiró, eso es lo que eran, amigos, y nada más que amigos. Miró el reloj, ya iba siendo hora de acostarse, así que apagó todo y puso la alarma en su móvil.


Ya en casa de Fanny, las dos chicas comenzaron a organizarse para dormir. Como de costumbre, su padre se había ido de viaje el fin de semana, así que no habría nadie con ellas. Por suerte, la cama de Fanny era lo bastante grande para las dos, así que no durmieron muy agobiadas. Esa noche, se durmieron siendo algo más amigas la una de la otra, sin saber que  la mañana siguiente, no sabrían el qué pensar.
Hugo se estaba preparando para dormir: ya tenía su pijama, los dientes lavados y un vaso de agua por si se despertaba por la noche. Al pasar por delante de su ordenado, sintió curiosidad por leer lo que Eli y Ania habían dejado a medias, así que, antes de acostarse, encendió su portátil y comenzó a leer. Cuando llegó al final se quedó sorprendido, alegre, asustado, emocionado… una gran mezcla de emociones circulaba por su interior. Salió corriendo de su cuarto y fue a buscar a su tío Garci, pronto volverían a casa.





martes, 1 de octubre de 2013

Capítulo 14: Descubriendo las cosas (Parte IV)

-¿Qué?
-Sí, mi pelo no representa ninguna emoción, lo que me protege de mis enemigos, pues nunca pueden saber si tengo o no miedo, si siento tristeza o alegría… Y he sido formada entre la desgracia, ya nada me parece horrendo, lo he visto todo. Pero también he visto toda la alegría del mundo.
-¿Cómo?
-Verás Fanny, tengo una educación de la que tú careces,  te lo explicaré. Hace muchos años, cuando La Ciudad sin Alma pertenecía a Elimara, había un montón de Donistas, miles, millones, y era algo normal y fabuloso, que tu hijo fuese un Donista era lo más maravilloso que se les podía decir a unos padres. Los Donistas aprendían por su cuenta, en el mundo veían cosas hermosas y cosas desagradables, lo que les ayudaba a formarse correctamente, pero sin perder la oportunidad de sentir. Pero ocurrió algo que lo cambió todo. Dos Donistas se enamoraron, y todo el mundo pensó que eso sería algo bueno, maravilloso, y que si la mujer quedaba embarazada traería a luz al más poderoso de todos los Donistas. Se equivocaron, todos ellos, todos equivocados, pues al ser hijo de dos Donistas, parte de tu poder se perdía, por lo que esos hijos nunca podrían terminar una historia. Se supo demasiado tarde, cuando ya había más de cien Medio Donistas. Elimara aprobó que no se les mataría, pero que se les prohibiría escribir historias, ay… que ingenuos fueron, pues cuando un Donista escribe su primera historia, ya no puede parar. Fue una epidemia horrible: los Medio Donistas morían de sufrimiento por no poder escribir, otros seguían escribiendo a escondidas, lo que hacía que las vidas de las personas fueran siempre felices,  siempre oscuras y terribles o siempre monótonas y aburridas, haciendo cada día lo mismo que el anterior, pues no había otro capítulo en sus vidas, haciéndoles llegar a la locura.
>>Se volvió a pensar en matarlos a todos, pero esa idea volvió a ser denegada. Un Desalmado entonces tuvo una gran idea. Los Medio Desalmados no estaban instruidos, no del todo, ellos necesitaban ver más cosas en el mundo, más sufrimiento, más alegría, así que les hicieron leer miles de historias, les hicieron ver miles y miles de vídeos, hasta que tuvieran suficiente para acabar sus historias.  Pero eso les convirtió en seres sin sentimientos: ya habían visto toda la alegría, nada les emocionaba, y ya habían visto todo lo horrible, nada les daba miedo o les hacía llorar. El problema fue que no muchos se dieron cuenta de esto, pues ya la mayoría de los Donistas eran Medio Donistas y se empezaban a formar en grandes escuelas que se habían creado. Los Donistas originales se acabaron extinguiendo cuando La Ciudad sin Alma se separó de Elimara, y todos se acabaron extinguiendo porque los que quedaban eran seres sin sentimientos, por lo que nada les llevaba a reproducirse. Yo soy una instruida, eso creo que ya lo has deducido claro.
-Pero, si se extinguieron, ¿cómo es que tú estás viva?-preguntó Fanny-¿y yo?
-Tú no sé cómo existes pero yo soy la última Donista, o, al menos, lo era.
-¿Qué? Pero todos dicen que estás muerta.
-Porque el Gran Mago me retiene encerrada, estoy moribunda porque no veo la luz del sol, a penas como y me ha teñido.
-¿En serio?
-Yo soy rubia, ¿sabes?
Se quedaron un rato en silencio, hasta que Fanny preguntó:
-Yo no soy instruida, pero mi pelo no cambia de emociones, ¿sabes el por qué?
-Sí, no has vivido en Elimara, si no en España, y has tenido la vida de una persona normal, los Donistas en Elimara buscaban aventuras y así aprendían, de hecho, a tu edad, empezaban a escribir. Pero tú, en cambio, no has vivido lo que los demás, y te has criado entre humanos, los Donistas se criaban entre desalmados mayoritariamente, por eso, tú no expresas las emociones en el pelo, las expresas por los ojos, algo menos visible incluso, tienes suerte. Ahora tu pelo está alegre siempre porque te has convertido en la primera Donista especializada en un único género: la felicidad. Puedes escribir cualquier cosa, pero sufriendo más que un Donista normal, eres la primera de muchos, espero.
Pasaron otros minutos en silencio, un silencio que Donista interrumpió:
-Tengo que irme, estoy despertando, ya nos veremos otro día Fanny, aún hay muchas cosas que debo confesarte…”

Abrió los ojos, despertándose de golpe. Seguía estando en la sala de espera del hospital y el reloj de pared que tenía en frente marcaba las doce. A esas horas la sala de espera estaba prácticamente vacía, y por un momento Fanny pensó que estaba sola solo por un momento.
-Al fin te despiertas, esto es muy aburrido sin nadie con quien hablar.-dijo Hugo a su lado.
-¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?-preguntó.
-Más o menos una hora, pero Eva se ha quedado conmigo un rato, luego ha ido a hablar con su madre por teléfono, aun la estoy esperando.
Fanny asintió. Después se apoyó en el hombro de Hugo y se cogió de su brazo.
-Muchas gracias por quedaros.-dijo simplemente.
-No las des-respondió-He entrado a ver a tu madre antes-continuó Hugo-Se ha teñido, ¿verdad?
Fanny asintió.
-Y por eso está así, tu madre es una desalmada, ¿no es eso?
Fanny repitió su gesto anterior, haciendo todo lo posible por no derramar las lágrimas que deseaban salir de sus bonitos ojos.
-¿Por qué no me contaste que tu madre era una desalmada?
-Ni si quiera lo sabía, me he tenido que enterar de esta forma-respondió, dejando caer una lágrima que no había sabido retener.
-Pero lo sospechabas, ¿me equivoco?
-Lo sospechaba, pero no era capaz de creerlo, mi madre una desalmada, era una idea tan loca.
-Bueno, hasta la idea más loca puede ser posible.

Fanny se enderezó entonces, reconocía esa frase de la noche en que se lo había creído todo, la noche en la que había hablado con Max.