“Cristel corría por el bosque,
tenía que esconderse, su hermano siempre le encontraba demasiado rápido. Por
fin encontró un árbol lo bastante ancho como para esconderse. Se lo pensó
mejor, no sabía por dónde podría venir su hermano, así que no era un buen
escondite. Siguió buscando. Encontró un gran arbusto, y pensó que sería el
sitio perfecto, así que se ocultó allí.
-¡Y veinte!-escuchó Cristel
gritar a su hermano-¡Voy a por ti Cristel, espero que te hayas escondido bien!
La pequeña de seis años soltó una
risita, pensando que nunca la encontraría.
-Bu-dijo alguien a su espalda.
Se dio la vuelta y vio a Khalil
sonriente, era inútil, siempre la encontraba.
-¿Cómo lo haces? Siempre me
encuentras-preguntó Cristel, con cara de cachorrillo.
-No deberías soltar siempre esas
risitas, son inconfundibles.
-¡Chicos, la cena esta lista,
salid ya de ese arbusto que os vais a
llenar de hojas y ramas!-gritó su padre, a unos cuantos metros de allí.
Los dos hermanos salieron.
De pronto, esa imagen se borró
para Cristel y se quedó suspendida en un fondo negro, en el que solo estaba
ella.
-¿Qué está pasando?-preguntó
Cristel, pero su voz no se escuchaba, era como si hablara en su cabeza.
Recordó entonces que estaba
tumbada en su cama, inconsciente desde no sabía cuando, sin poder despertar.
Todos la esperaban, ya estaba curada perfectamente, sentía cómo la Terapia del
Fuego la reconfortaba, podía escapar de allí y abrir los ojos por fin, cuando
de repente cayó en picado, aterrizando en el bosque, a sus diez años. Toda su
mente se había despojado de los pensamientos anteriores, como si ni siquiera
hubieran llegado a existir, para concentrarse en llorar con su hermano. Era de
noche, y la luna brillaba, radiante, como siempre. Pero no la admiraban, como
solían hacer, si no que contemplaban a su padre, en el suelo y pálido.
-¿Esta… esta muerto?-preguntó
Cristel a Khalil.
Su hermano se acercó a tomarle el
pulso, después volvió a su antiguo sitio y, sin mirar a Cristel, asintió,
llorando aún más.
Cristel también lloraba cada vez
más y más.
-Chicos, ¿qué os pasa?-preguntó
su madre con dulzura y una sonrisa tierna en la cara, que podía quitarte casi
todos los males del cuerpo.
Los niños le miraron, y se
hicieron a un lado para que su madre pudiera contemplar a su padre, muerto en
el suelo del bosque.
-Oh, no…-dijo su madre
llorando-¿Por qué? ¡¡Por qué!!-añadió, mirando al cielo.
Se arrodilló frente a su marido y
empezó a acariciarle y, poco a poco, a quedarse quieta.
Cristel y Khalil se abrazaron
para consolarse mutuamente, por el estado de su madre y por la muerte de su
padre.
Otra vez, esa imagen se borró, y
se encontró con sus pensamientos desaparecidos y sus doce años. La Terapia del
Fuego seguía insistiendo y ella debía ayudarla, debía luchar por salir de su
desmayo. Pero éste no se rendía, tenía más cosas que mostrarle. Volvió a caer
en picado del fondo negro y, en vez de volver al bosque, se vio a los diez años
otra vez, intentando ver lo que su hermano ocultaba en la habitación de su
madre. Ya no se veía como una niña pequeña, parecía una adulta, pero sin estar
preparada para lo que consiguió ver a continuación: a su madre muerta, con una
sábana en el cuello, colgada. Mientras lloraba, su hermano intentaba, y con
éxito, descolgarla. Entró en apenas unos segundos la noche, a pesar de que
antes era plena mañana. Se vio otra vez en el bosque, cavando un agujero, al
lado de la tumba de su padre, junto a su hermano. Detrás de ellos había un
viejo pero resistente saco color marrón, atado con una cuerda ya desgastada.
Terminaron de cavar y metieron en el gran agujero el contenido del viejo saco,
el cuerpo muerto de su madre. Cristel se fijó entonces en que la luna estaba
llena. Segundos después, ya no se encontraba en la tumba de su padre, si no
mirando un enfrentamiento injusto entre desalmados y hombres adultos y
adolescentes de Elimara. Todo lo malo que había pasado durante ese año, incluso
lo que no había visto durante esta etapa de su desmayo, le vino a su mente: las
noches sin comer, los días fríos en los que no pudieron encender un fuego
porque su madre no los buscaba en el bosque y se perdían. Las mañanas
interminables y tristes de caza con su hermano, en las que mataban bellos e
inocentes animales…
Y se arrodilló en el suelo, con
un dolor demasiado insoportable para ella en su interior. Se preguntó entonces
por qué su hermano no la consolaba, sabía que estaba por allí, ¿habría muerto?
¿Ya no la quería? Sintió que no tenía a nadie
ni volvería a tener nunca que la protegiera o la cuidara, y su dolor
aumentó. Y volvió a ese fondo negro, con esos mismos pensamientos, sin saber
nada de su desmayo, la Terapia del Fuego ya no podía rescatarla, no la
encontraba en su cabeza, para ella eso no existía, ¿iba a morir?”
1 comentario:
Pero como esres tam mala persona de dejarlo así??? Cuelga el siguiente capítulo!!!
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