sábado, 15 de junio de 2013

Capítulo 12: Todo comienza (Parte VI)

Dalia paró y se derrumbó en el suelo. Estaba tan cansada, ya había perdido la cuenta de las veces que había realizado la Terapia del Fuego desde su pequeña aunque reparadora siesta. Comenzó a llorar, a llorar por Cristel, por Khalil, por Igor, por Max, por Fanny, por Asier y Vito, por Beda, por Sadhie, por su familia, por La Ciudad sin Alma, por Elimara y por ella misma. Igor, lo único que tenía parecido a un hermano pequeño, se acercó a consolarla, pero ni siquiera él podía conseguir que cesara su llanto en esos momentos. Igor se dio cuenta, y  aunque dejó de intentar consolarla, no se separó de ella.
-¡Ya hemos vuelto!-gritó Beda desde la puerta, acercándose a la habitación de Cristel-sentimos haber tardado pero perdimos la noción del…
Lo que encontró allí desanimó a Beda y a Sadhie: Cristel seguía sin despertar, y su cara empezaba a tener un tono pálido enfermizo, temieron por su vida. Luego fijaron su atención en Dalia e Igor, tirados en el suelo y en Khalil, Max, Asier y Vito, todos estaban allí, con caras largas, bastante desanimados, turnando su atención en Cristel y Dalia. El pelo de Sadhie había cambiado su tonalidad a un castaño deprimido, algo apagado. Su cara expresaba el mismo sentimiento. Pero una voz en su mente empezó a gritarle, diciendo que tenía la respuesta al problema de Cristel, sabía exactamente que se necesitaba: el plan de Dalia había sido hacerla volver con la Terapia del Fuego, y habría funcionado bien haciéndola una vez más, dado que allí solo había cosas que le recordaban a sus malos tiempos en Elimara. Pero, al llegar Sadhie, había recordado su mala experiencia con los desalmados, no solo necesitaba sentir que estaba a salvo con la gente de Elimara, sino que también necesitaba saber que estaba a salvo con Sadhie, y ella sabía exactamente lo que necesitaban para ello.
-¡Tengo la solución!-gritó en medio de la sala, feliz, mientras su pelo castaño volvía a ponerse con un tono más claro, dando a declarar que tenía esperanzas-¡Sé cómo curarla!



El móvil de Fanny empezó a sonar y se abalanzó hacia él. Esperaba que fuera Ángel, para poder contarle lo que la pasaba, o Clary, para que ella le contara lo que sentía por Ángel. Pero vio que era Max.
-Hola Max.
-Oye, no hay tiempo para saludos-dijo rápidamente-Sadhie ha descubierto cómo curar a Cristel-el corazón de Fanny casi explota de felicidad al oír eso, pero no detuvo a Max-verás, como ella ha llegado, Cristel no solo necesita sentirse segura con nosotros, sino también con ella, porque tuvo malas experiencias con desalmados, lo sabes. Para que se sienta segura con ella, dice que se necesita un poco de pelo de desalmado, que es lo que más los identifica. Pero Sadhie dice que ella no puede dárnoslo por dos razones, una de ellas es porque, si se cortase el pelo, moriría.
-¿Morir?-preguntó Fanny.
-Sí, moriría-dijo Max.-es una desalmada, su pelo cambia de tonalidad respecto a sus emociones, es como su alma, si lo cortas, mueren, ¿no te lo expliqué ya?. Bueno, la segunda razón es porque su pelo es irregular, puede cambiar de sentimientos. Pero el tuyo, según Sadhie, nunca cambia de estado de ánimo, está siempre feliz, como si tú fueras así siempre, y como no solo tienes sangre de desalmado, te lo puedes cortar, ya lo sabes, así que te necesitamos, date prisa, porque creemos que Cristel se está muriendo, sus pulsaciones bajan y empieza a estar pálida y fría-esto último lo dijo con voz llorosa-. Corre.-y colgó.
Fanny, alarmada y temiendo por la vida de Cristel, se calzó lo más rápido que pudo y salió de su habitación hacia la puerta de salida de su casa.
-¿A dónde vas?-le preguntó su madre.
-A salvar la vida de Cristel-dijo con un tono borde que nunca había usado con sus padres y jamás había pensado usar-porque al contrario que vosotros,  yo no huyo de esta historia en la que formo parte.
Y salió de allí, corriendo para llegar antes de que Cristel muriera.

“Cristel seguía con ese dolor dentro, sin poder pararlo. Sentía que se estaba muriendo, y en el fondo lo agradecía. Su dolor cesaría por fin y estaría segura. Sonrió, el dolor comenzaba a ser más suave, ya casi no lo notaba, estaba muriendo. Pero una voz llorosa se instaló en su mente:
-Por favor, por favor…-suplicaba la voz-por favor no te mueras Cristel…
Cristel la reconoció, era Dalia, ella la quería. Su sonrisa se borró, el dolor cesaba, pero no quería morirse ahora que sabía que con Dalia estaría segura. Se acordó de los demás y el dolor volvió, con su deseo de la muerte. Pero sus voces sonaron en su cabeza, suplicándole que no se marchara, que la querían y la protegían. En su mente aparecieron recuerdos bonitos, cariñosos y alegres que había vivido con todos: Max, Beda, Igor Dalia, Khalil, Asier, Vito… Su dolor cesaba más rápido cada vez, pero ella seguía luchando por su vida, luchando por despertar.”¿Y qué pasa con Fanny, con Hugo y con Sadhie?” le preguntó su cabeza. Escuchó también a Fanny, suplicando porque despertara, al igual que Sadhie. “Ellas también pe protegerán” contestó “Y si Hugo se junta con Fanny no puede ser malo, estoy segura, estoy a salvo con ellos, me importan y son mi familia” Empezó a luchar por salir de su inconsciencia, no quería morir, no podía morir. Su dolor e marchaba, pero no la llevaba hacia la muerte, sino a su habitación, donde todos esperaban con impaciencia que abriera los ojos.
Lo consiguió, logró abrirlos.
-Ho…hola-dijo, tartamudeando y provocando gritos, risas y lágrimas de alegría a su alrededor.

Cristel sonrió, había vuelto, estaba viva.

martes, 11 de junio de 2013

Capítulo 12: Todo comienza (Parte V)

“Cristel corría por el bosque, tenía que esconderse, su hermano siempre le encontraba demasiado rápido. Por fin encontró un árbol lo bastante ancho como para esconderse. Se lo pensó mejor, no sabía por dónde podría venir su hermano, así que no era un buen escondite. Siguió buscando. Encontró un gran arbusto, y pensó que sería el sitio perfecto, así que se ocultó allí.
-¡Y veinte!-escuchó Cristel gritar a su hermano-¡Voy a por ti Cristel, espero que te hayas escondido bien!
La pequeña de seis años soltó una risita, pensando que nunca la encontraría.
-Bu-dijo alguien a su espalda.
Se dio la vuelta y vio a Khalil sonriente, era inútil, siempre la encontraba.
-¿Cómo lo haces? Siempre me encuentras-preguntó Cristel, con cara de cachorrillo.
-No deberías soltar siempre esas risitas, son inconfundibles.
-¡Chicos, la cena esta lista, salid  ya de ese arbusto que os vais a llenar de hojas y ramas!-gritó su padre, a unos cuantos metros de allí.
Los dos hermanos salieron.
De pronto, esa imagen se borró para Cristel y se quedó suspendida en un fondo negro, en el que solo estaba ella.
-¿Qué está pasando?-preguntó Cristel, pero su voz no se escuchaba, era como si hablara en su cabeza.
Recordó entonces que estaba tumbada en su cama, inconsciente desde no sabía cuando, sin poder despertar. Todos la esperaban, ya estaba curada perfectamente, sentía cómo la Terapia del Fuego la reconfortaba, podía escapar de allí y abrir los ojos por fin, cuando de repente cayó en picado, aterrizando en el bosque, a sus diez años. Toda su mente se había despojado de los pensamientos anteriores, como si ni siquiera hubieran llegado a existir, para concentrarse en llorar con su hermano. Era de noche, y la luna brillaba, radiante, como siempre. Pero no la admiraban, como solían hacer, si no que contemplaban a su padre, en el suelo y pálido.
-¿Esta… esta muerto?-preguntó Cristel a Khalil.
Su hermano se acercó a tomarle el pulso, después volvió a su antiguo sitio y, sin mirar a Cristel, asintió, llorando aún más.
Cristel también lloraba cada vez más y más.
-Chicos, ¿qué os pasa?-preguntó su madre con dulzura y una sonrisa tierna en la cara, que podía quitarte casi todos los males del cuerpo.
Los niños le miraron, y se hicieron a un lado para que su madre pudiera contemplar a su padre, muerto en el suelo del bosque.
-Oh, no…-dijo su madre llorando-¿Por qué? ¡¡Por qué!!-añadió, mirando al cielo.
Se arrodilló frente a su marido y empezó a acariciarle y, poco a poco, a quedarse quieta.
Cristel y Khalil se abrazaron para consolarse mutuamente, por el estado de su madre y por la muerte de su padre.
Otra vez, esa imagen se borró, y se encontró con sus pensamientos desaparecidos y sus doce años. La Terapia del Fuego seguía insistiendo y ella debía ayudarla, debía luchar por salir de su desmayo. Pero éste no se rendía, tenía más cosas que mostrarle. Volvió a caer en picado del fondo negro y, en vez de volver al bosque, se vio a los diez años otra vez, intentando ver lo que su hermano ocultaba en la habitación de su madre. Ya no se veía como una niña pequeña, parecía una adulta, pero sin estar preparada para lo que consiguió ver a continuación: a su madre muerta, con una sábana en el cuello, colgada. Mientras lloraba, su hermano intentaba, y con éxito, descolgarla. Entró en apenas unos segundos la noche, a pesar de que antes era plena mañana. Se vio otra vez en el bosque, cavando un agujero, al lado de la tumba de su padre, junto a su hermano. Detrás de ellos había un viejo pero resistente saco color marrón, atado con una cuerda ya desgastada. Terminaron de cavar y metieron en el gran agujero el contenido del viejo saco, el cuerpo muerto de su madre. Cristel se fijó entonces en que la luna estaba llena. Segundos después, ya no se encontraba en la tumba de su padre, si no mirando un enfrentamiento injusto entre desalmados y hombres adultos y adolescentes de Elimara. Todo lo malo que había pasado durante ese año, incluso lo que no había visto durante esta etapa de su desmayo, le vino a su mente: las noches sin comer, los días fríos en los que no pudieron encender un fuego porque su madre no los buscaba en el bosque y se perdían. Las mañanas interminables y tristes de caza con su hermano, en las que mataban bellos e inocentes animales…
Y se arrodilló en el suelo, con un dolor demasiado insoportable para ella en su interior. Se preguntó entonces por qué su hermano no la consolaba, sabía que estaba por allí, ¿habría muerto? ¿Ya no la quería? Sintió que no tenía a nadie  ni volvería a tener nunca que la protegiera o la cuidara, y su dolor aumentó. Y volvió a ese fondo negro, con esos mismos pensamientos, sin saber nada de su desmayo, la Terapia del Fuego ya no podía rescatarla, no la encontraba en su cabeza, para ella eso no existía, ¿iba a morir?”