martes, 13 de noviembre de 2012

Capítulo 6: Un nuevo profesor (Parte I)

Suena el timbre, todos los alumnos sacan los libros de su mochila, los colocan en sus mesas y se reparten por la clase para hablar, cantar, gritar y correr en esos cinco minutos de gloria que tienen antes de que entre el profesor por la puerta. Pero Fanny no se siente muy animada por eso, encima de que ha perdido uno de sus libros favoritos, se siente culpable por haberse enfadado ayer con Max. No pensó que el golpe que pudo darse mientras se desmayaba posiblemente fuera el causante de todo lo que le dijo la tarde anterior. Además, empezaba a pensar que Max podría tener razón debido a una discusión que tuvo el día anterior con su madre, justo al llegar a casa.
La noche anterior…
-¡Hola Mamá!, ¡ya estoy aquí!-dijo Fanny mientras entraba por la puerta de casa.
Su madre no contestaba, así que figuró que aun no habría llegado del trabajo. Su madre era enfermera en un hospital de Leganés y a veces volvía tarde.
Fanny se dirigió al salón, se quitó los zapatos, dejó su chaqueta en el respaldo de una silla y se tiró en el sofá. Después cogió el mando de la tele y marcó el número 13: FDF.
-¡Fanny!, ¿puedes venir por favor?-gritó su madre desde su habitación.
La chica se levanto y se dirigió hacia allí, al parecer se había equivocado, su madre sí que estaba en casa.
Al llegar a su habitación, se sentó en la cama de matrimonio que había y acarició las sábanas blancas con un estampado de rosas, ella odiaba ese tipo de sábanas, pero su madre era muy clásica.
-Fanny, ¿me has cogido tú un collar? -preguntó su madre intentando no parecer muy preocupada.
-Sí, te lo cogí el otro día para prestárselo a Clary en su cita con Max, ese chico que te dije, y hoy me lo ha devuelto, lo llevo puesto, ¿lo ves?
-Sí sí, lo veo, ¿por qué no me pediste permiso?
-Es que no estabas y como muchas veces me has prestado algún collar no pensé que te importara. Además, estaba en el final del joyero, así que me imaginé que no lo debías usar mucho. Por cierto, es muy bonito, ¿me lo puedo quedar?
-¡No!, ¡nos meteremos en problemas como lo lleves por ahí! -gritó su madre perdiendo la paciencia y, seguidamente tapándose la boca al darse cuenta de lo que había dicho.
-¿Qué?, ¿problemas?, ¿qué pasa mamá?
-Nada cielo nada, es que me recuerda a tu padre y…-se volvió a tapar la boca al ver que había vuelvo a cometer un error.
-¿A papá? Ahh claro, está de viaje, pero, ¿por eso nos vamos a meter en problemas si lo llevo?
-No, claro que no, son tonterías mías, cariño, es que he estado viendo uno de mis culebrones y me he metido demasiado en la historia. Bueno, cambiemos de tema, ¿qué tal está tu amigo?, ¿se ha despertado?
-Sí, pero…
-¿Qué ha pasado?
-Que me he enfadado con él por mentirme y leer mi historia para clase sin pedírmelo, ya sabes lo quisquillosa que soy.
-¿Que te ha mentido  y leído tu historia? Cuéntame que te ha dicho.
-Bueno, el caso es que, cuando he ido a su habitación para ver cómo estaba, me ha empezado a decir un montón de cosas raras y todas aparecían en mi libro.
Su madre empezó a preocuparse, pero intentó que no se le notara, ¿no serían Max y sus primos…? No, eso no podía ser, ¿o sí?
-¿Qué clase de cosas raras te dijo?-preguntó su madre.
-Pues que si no se qué de una brecha, de Los Buscadores, que no son sus verdaderos primos, que viene de Elimara, que soy medio desalmada medio de Elimara que…
Su hija seguía contándole cosas, pero ella ya tenía la información que quería, estaba en lo cierto y no quería creérselo, Max y su supuesta familia eran de Elimara y, por desgracia, su hija había heredado el Don.
-Mamá, ¿me estás escuchando?
-Eh… claro, claro Fanny, oye, estoy muy cansada, ¿por qué no pido una pizza al Telepizza y así ahorramos tiempo?
-Vale -le contestó Fanny.


Y así había acabado su conversación, y por la cara que había puesto su madre con lo que le había contado de Max y sus primos y por cómo se había puesto por cogerle su colgante, Fanny estaba segura de que pasaba alago, ¿sería verdad lo que Max había dicho? No, eso era imposible. Lo que sí tenía claro era que él se había quedado con su libro, al menos, sabía dónde estaba.
-¡Que viene el jefe de estudios!-gritó un chico desde la puerta.

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