Todos los de la clase corrieron a sus sitios y se quedaron en silencio, por lo que Fanny tuvo que dejar a un lado sus pensamientos y centrarse un poco.
El jefe de estudios entró en la clase y se dirigió a la pizarra para captar toda la atención de la clase. Cuando hubo llegado, dijo:
-Chicos, la señorita Martínez, o como la llamarán ustedes, Laura, se ha puesto enferma y en lo que queda de semana no podrá venir. Por suerte llamó ayer y hemos podido encontrar un sustituto muy rápido, así que les presento al señor Francisco García.
Por la puerta entró un señor con una camisa de rayas azules y blancas, gafas, poco pelo castaño y algo de barba. Para todos, un simple sustituto que les arruinaba su hora libre, para Fanny, su perdición, ¡ese era el señor con el que había tropezado después de salir del hospital!
Empezó a asustarse, ¿y si le cogía manía y le hacía pasar la peor semana de su vida? ¿o le daba por hacer bromas sobre lo patosa que era? Solo le quedaba esperar y rezar porque ese sustituto no fuera rencoroso.
Caminaba tranquilo por la calle, como solía hacer. Pero esta vez era diferente, porque Garci le había pedido que la siguiera. Para él eso significaba mucho, porque Garci nunca confiaba en él para tareas importantes. Así que allí estaba, siguiendo a aquella chica por las calles de Alcorcón e intentar de alguna forma entrar en su vida.
Iba tranquila caminando por la calle en esa tarde de mayo. Llevaba una chaqueta beisbolera roja, unos pantalones vaquero de azul claro y sus deportivas. Fanny también llevaba su mochila colgada en la espalda, donde dentro guardaba su móvil, su estuche y un par de libros para estudiar en casa de Fanny con sus dos mejores amigos. Tenía que sacar más nota en el siguiente examen de geografía para no bajar en la última evaluación del curso, ya que era la que más contaba. Por eso había decidido estudiar hoy en compañía, porque así estudiaba mejor.
Se paró de pronto en seco, a un par de calles de llegar a su destino y se dio la vuelta. Habría jurado que alguien la seguía, no sabía por qué. Pensó que habrían sido imaginaciones suyas y siguió caminando. Pero no pudo dar ni dos pasos, porque de la nada apareció un chico y se chocó con él. Cayeron los dos al suelo y Fanny no pudo evitar tener una sensación de déjà vu.
-¡Eh!, ¿podrías tener más cuidado no?-dijo entonces él.
-Lo siento, no te había visto-le respondió Fanny.
Entonces el chico la miró y cambió la expresión de su rostro.
-No, perdóname tú por gritarte -dijo el chico- es que he tenido un día duro y lo voy pagando con la gente que no debo, aunque seguro que esto a ti no te importa dado que no me conoces y me estoy yendo por las ramas.
Fanny sacó una sonrisa divertida, ese chico era muy majo.
-No te disculpes porque yo no ponga atención a lo que tengo delante y, tranquilo, no te vas por las ramas-contestó Fanny, por cierto, soy Fanny.
-Yo Hugo.
-Pues encantada-dijo mientras le daba una mano.
-Igualmente.
-Oye, me quedaría un rato contigo pero tengo que ir a casa de una amiga para estudiar y creo que ya llego tarde-dijo mientras se ponía a correr-¡hasta otra Hugo!
Y siguió su camino hasta casa de Clary.
Hugo sacó una sonrisa pícara, tenía lo que quería, una excusa para volver a ver a Fanny, tal y como le había pedido Garci. Se dio la vuelta y, mientras movía en su mano la pulsera de Fanny, se dirigió de nuevo a su casa, donde su tío le esperaba.