domingo, 29 de julio de 2012

Capítulo 1: El encuentro (Parte II )

Antes de que saliera por la puerta, la profesora la llamó:
- Fanny.
-¿Si?
-Quisiera hablar contigo de tus trabajos de literatura.
-¿Qué les pasa? ¿Están mal redactados?
-Verás, no sé si me equivoco pero-continuó con voz temblorosa- no me parece normal que los pensamientos de una chica de 14 años sean tan tétricos, tus trabajos son buenos, y escribes muy bien pero…
-Pero no entiende como una chica tan dulce, amable y alegre como yo pueda pensar así, porque así me describen mis compañeros, mis profesores y mis padres, una persona buena, que se preocupa por los demás, que se relaciona con gente de su edad, madura…-dijo, finalizando la frase de su profesora.
-Exactamente.
-Pues si alguna vez me diera el tiempo suficiente como a los demás para acabar mi relato, en vez de hablar y hablar cada vez que me toca leer para matar el tiempo, comprendería por qué empiezo siempre mis historias así.
Su profesora se quedó mirando a la niña, algo sonrojada porque la había descubierto, pero más que nada sorprendida por la contestación tan madura que le había dado una niña de 14 años.
-Bien, pues si me permites, me gustaría llevarme tu historia a casa para entender por qué empiezas así tus historias.
-Lo siento mucho señorita, pero si le digo la verdad, solo escribí el principio en esta historia, porque sabía que no me dejaría terminarlas, por cierto, llevamos ya 10 minutos hablando, y no me gustaría perder el pequeño recreo que tenemos hablando con usted, sin ofender claro, pero preferiría estar con mis amigas.
-Claro  Fanny, puedes irte.
Fanny se despidió con una sonrisa de su profesora y se dirigió a las escaleras para bajar al patio con sus amigos.


Era una noche brillante, gracias a la hermosa luna que brillaba en el cielo.
Pero aquella noche era especial, era la primera del mes. Cada mes, los habitantes de Elimara, chicos y que tuvieran 14 años, salían con los adultos a matar a cualquiera que se adentrara en ese bosque, intentando escapar de La ciudad sin alma.
Todos los chicos soñaban con que llegara ese día en su vida, porque para ellos significaba que cada vez les quedaba menos para llegar a los 18 y convertirse en hombres, todos menos Max.
Max acababa de cumplir los catorce hacía ya un mes, sin mucho entusiasmo, sabiendo que al siguiente mes le tocaría salir a “la matanza de los desalmados” como la llamaban la mayoría del pueblo, pero, para Max, era “la matanza contra la justicia”. Algunas veces, algún chico se había negado y había sido expulsado de Elimara, pero, Max no podía permitirse ese privilegio, porque era el hijo del rey.
-¿Qué sentido tiene matarlos?-le había preguntado a su padre esa misma tarde-¿acaso no son personas? Merecen vivir y poder huir de su sufrimiento.
-¡Eso que huye al bosque no son personas!-le había gritado su padre- ¡son seres desalmados que vienen a condenarnos a todos a la muerte!, ¡por eso debemos acabar con ellos!
-Padre, con todos mis respetos, no pienso que debamos acabar con ellos, deberíamos acogerlos, darles comida y dejar que vivan.
-Hijo, tú no los has visto, y lo quieras o no, hoy matarás a unos cuantos.
Y así es como había llegado Max al bosque, contra su voluntad, a matar  “desalmados”.
Habían pasado horas, y no encontraban a ninguno “que suerte” pensó Max.
-Creo que hoy han decidido no huir, ¿por qué no nos vamos?-le dijo Max al líder de su equipo.
-No te impacientes chaval-dijo sujetando su rifle-falta poco para que salgan.
En ese momento, se oyeron ruidos entre los arbustos, y el grupo se separó de dos en dos.
Max y su compañero encontraron a un “desalmado”. Era una mujer, vestida con harapos sucios y viejos, estaba pálida, sus lágrimas recorrían sus mejillas y tenía graves heridas por todo el cuerpo.
El compañero de Max apuntó hacia ella con el rifle y, antes de que se diera cuenta, su compañero ya la había matado.
Max se quedó horrorizado al ver a esa mujer desangrándose poco a poco gracias al nefasto disparo que le había alcanzado el brazo y no lo soportó más, huyó del bosque, de aquella matanza y dejó a todos atrás.
Después de un buen rato caminando, encontró una especie de brecha.

domingo, 15 de julio de 2012

Capítulo 1:El Encuentro (Parte I )

<<Era un paisaje oscuro, siempre nublado, siempre igual. Nunca llovía, nunca nevaba, nunca hacía frío, nunca calor, solo viento, un viento muy fuerte que irrumpía siempre al atardecer, o eso se decía, tal vez solo para calcular el tiempo, ya que nunca se veía el intenso y cálido sol ni la brillante y dulce luna.
Allí, en ese lugar tan misterioso al que su creador ni siquiera había dado nombre, la gente intentaba sobrevivir como podía. Todos estaban pálidos por no recibir la luz del sol, sedientos porque apenas podían conseguir agua, y hambrientos porque nada crecía en ese lugar, solo hierba y árboles que, a falta de saber el paso de las estaciones, no daban ningún fruto. Y sí, he dicho bien, los árboles eran seres inteligentes, solo porque a su creador le daba una enorme satisfacción ver sufrir hasta al más pequeño e insignificante bicho.
El resto del mundo había cortado toda comunicación con ese lugar:
-¡Es la morada del diablo!-decían algunos.
-¡No!, ¡Es demasiado pequeño para ser un país, es una ciudad, una ciudad muerta!-deducía la mayoría.
-¡Ese sitio está maldito para los restos!-gritaban otros.
-Es La Ciudad sin Alma-dijeron los más sabios.
Y, en eso quedó el lugar, La Ciudad sin Alma, condenada para siempre a estar muerta y maldita. Más de un habitante de la ciudad sin alma se había quitado la vida para acabar con su sufrimiento, pero otros decidían seguir viviendo, aunque eso fuera más doloroso para ellos que la muerte…>>
Sonó el timbre y los alumnos recogieron sus cosas, Fanny fue camino a su sitio para coger su almuerzo y bajar al recreo, malhumorada. Nunca la dejaban el tiempo suficiente para terminar de leer sus trabajos de literatura desde que traumatizó a media clase durante 3 meses con el principio de uno de ellos, hacía ya un año, “qué sensibles son algunos”, dijo entonces.