Y, ¿qué tal el día peques?
-Muy bien-contestó Eri, con la boca entera manchada de tomate-después de ir al parque contigo, el tío Garci nos ha comprado unas muñecas nuevas.
-Qué bien, ¿no?-respondió Hugo, intentando no reírse mientras veía a las dos gemelas manchándose en sitios imposibles con los macarrones que acababa de preparar Garci.
-¿Y tú?-preguntó Ania-¿qué tal con tu novia?-añadió con un tono un poco cursi.
-No es mi novia-aclaró Hugo.
Pero en realidad, no tenía ni idea de lo que pasaría: ¿eran novios?, ¿amigos?, ¿no se volverían a dirigir la palabra?, ¿ella le evitaría? Se tragó todas sus dudas y sacó una sonrisa, intentando apartar los maravillosos y a la vez tristes momentos de esa tarde a un rincón muy apartado de su mente.
-A demás-añadió Garci-Hugo tiene otras cosas en las que pensar a parte de novias, ¿verdad?
Hugo asintió, sabía que su tío tenía razón.
-¿Qué? Si nosotros somos los únicos de Elimara de este sitio-dijo Asier.
Max tuvo que tragarse lo que estaba pensando, no creía oportuno decirlo en ese momento.
-Pues créetelo-replicó Khalil-ninguna persona de Elimara se confundiría con esto, y lo sabes.
-Tienen razón, Asier-dijo Vito, adelantándose a su amigo, que estaba a punto de replicar-pensé que eran imaginaciones mías pero, el otro día, cuando nos llamaron del instituto, noté al profesor de Max e Igor un tono de Elimara, y, a veces, se le escapaba el acento, pensé que eran imaginaciones mías pero, ya veo que no.
-Entonces…
Algo cortó a Dalia antes de que continuara hablando. Era el ruido de un jarrón. Todos se giraron a la vez, y lo que vieron no les agradó nada a la vista…
Era horrible, Cristel volvía a romper cosas, a arañar las pareces, dar portazos, a gritar, tirarse del pelo, clavarse las uñas… Dalia y Max se miraron, sabían lo que estaba pasando. Cristel había mejorado, pero el estar todo el rato cerca de su hermano había hecho que la mejora no sirviera para nada. Max no lo pensó ni un minuto más, asintió a Dalia y, juntos fueron hacia Cristel, la cogieron con mucha dificultad y, mientras iban a su habitación, Dalia gritó:
-¡Igor, tráelo todo y déjalo en su habitación, rápido!
Corriendo, Igor fue a la habitación de Dalia y, en un segundo, ya había cogido todas las cosas de la Terapia del Fuego y se disponía a entrar a la habitación de Cristel.
Khalil no tardó en reconocer las raras herramientas que llevaba Igor, y no tardó ni un segundo en ir corriendo hacia Cristel y Dalia.
-¡No!-gritó con voz llorosa y lágrimas en los ojos.
Dalia y Max se quedaron parados mientras Igor volvía de la habitación de Cristel.
-Todo listo, Dalia, vamos-dijo, haciendo señas para que entraran.
Los dos siguieron su camino hacia la habitación de Cristel, pero, la presencia de Khalil hacía que esos pocos centímetros resultara la caminata más larga de su s vidas. Por suerte, Asier y Vito sujetaban a Beda, dado que sabían que iba a hacer Dalia.
-Max, por favor-dijo Khalil, ya sin retener las lágrimas-tú me lo prometiste, me prometiste que la ayudarías.
Cristel ya había llegado a la fase del desmayo, así que Dalia no tuvo problemas cuando Max soltó a Cristel, para hablar más tranquilamente con Khalil.
-Y yo sigo cumpliendo mi promesa-le respondió a Khalil-esta es la única forma de ayudarla, lo sé. Creo que ya ha pasado demasiado tiempo y-paró un poco, esto le costaba mucho-por mucho que duela, tienes que saber la verdad, ven, te lo explicaré todo.
Khalil le siguió, sin entender nada, mientras, la puerta de Cristel se cerraba, para dar comienzo a la larga Terapia del Fuego.