-Medio desalmada medio de Elimara-contestó Max algo bajo de humor.
Sabía que pasaría esto, que no le creería, que le tomaría por loco, que no le creería y que dejaría de hablarle para siempre.
-No…no…no lo entiendo, es…estás de broma, ¿no?
-¿En serio crees que podría inventarme todo esto?
-N…no, claro que no, pero podrías haberlo leído en mi historia.
-¿Tu qué?
-Mi historia, la profe de literatura me mandó terminar la historia que empecé el día que nos conocimos, ¿recuerdas que me lo pidió el otro día, antes de salir al recreo?, pues he escrito exactamente lo que me acabas de contar, tú la has leído, ¿no?, ¿dónde?, ¿y cómo la has podido memorizar entera?
-¿Qué?, ¿Qué tú has escrito todo esto en una historia para clase?, eso… es imposible, y no me lo estoy inventando ni lo he leído, pero ya sabía que me tomarías por loco.
-Ya claro, y esperas que crea que soy una desalmada y de Elimara, igual que le pasa a Tamara en mi historia, ¿no?
-Fanny, te juro que es toda la verdad, y no me puedo creer que hayas escrito todo esto, eso es lo que no entiendo.
Pero Fanny no quiso escuchar ni una palabra más de lo que Max decía, salió corriendo de la habitación 256 y, después, del hospital y decidió volver a su casa andando. No podía creerse que Max la estuviera mintiendo de esa forma, le creía diferente. Para colmo, había leído su historia, y ella no toleraba que cogieran sus cosas sin permiso, ¡y menos sus historias! Estaba tan enfadada que casi se choca con un señor que pasaba por allí. Se disculpó amablemente ante la mirada desconcertada y sorprendida del señor y siguió su camino.
Lo que ella sabía ene se momento era el papel tan importante que iba a jugar ese señor en su vida los próximos días.
Max estaba tumbado en su cuarto, mirando al techo. Le había hecho mucho daño que Fanny no le creyera, pero eso ya se lo esperaba. Justo esa tarde le habían dado el alta, pero le habían prohibido ir al instituto los próximos tres días, por lo que no podría devolverle el libro a Fanny hasta el viernes. Y es que, Fanny había salido tan rápido de la habitación 256 que se había dejado allí el libro que se había traído.
Entonces, Max lo cogió y empezó a mirar la portada: en ella aparecía una chica preciosa y perfectamente dibujada, en la entrada de un bosque, que a primera vista parecía sacado de un sueño, pero que si te fijabas bien, estaba lleno de criaturas extrañas. La chica de la portada parecía una doncella, como las que había visto en los cuentos de Elimara cuando era pequeño, y parecía tener un pequeño corte en el labio inferior.
Pensó que esos tres días iban a ser muy aburridos, así que decidió que se lo leería. Y sin pensárselo dos veces, abrió el libro y empezó a leer la primera página.